miércoles, 21 de enero de 1976

LOS PATITOS SE LANZAN AL MAR

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! Mat. 23:37.

Uno de los viajes más peligrosos del mundo es el que emprende la pata madre cuando conduce a sus patitos por primera vez al mar. Esos patitos marinos se dirigen instintivamente hacia el océano y viven exclusivamente de lo que este les proporciona. Hacen sus nidos en lugares que están junto al mar y que se hallan ubicados a veces sobre acantilados que pueden tener de tres a seis metros de altura.

Las gaviotas son muy aficionadas a servirse para el almuerzo o la cena un patito marino extraviado. Sobrevuelan la zona en que se encuentran los nidos y vigilan constantemente para ver si pueden atrapar a un patito perdido o que se ha caído en una grieta de las rocas. Cuando la pata madre avanza hacia el acantilado con todos sus patitos detrás, a menudo estos forman una fila, lo que constituye la oportunidad perfecta para que las gaviotas atrapen a uno de ellos. Pero durante ese crítico viaje, las hembras que todavía no se han apareado se unen a la procesión y forman una firme escolta para proteger a los patitos en peligro. Cuando llegan al acantilado, los patitos siguen a su madre tan rápidamente como les resulta posible. Este es el momento más peligroso porque ni siquiera las "tías" que les están ayudando pueden acompañarlos mientras se lanzan desde las alturas detrás de su madre.

Una pareja que estaba estudiando las costumbres de los patos marinos observó que solo cuatro o cinco patitos se encaminaban hacia el mar con su madre. Estos dos amigos se apresuraron para llegar a la orilla del acantilado y ahuyentaron a las gaviotas que estaban descendiendo en picada para atrapar al patito que había caído en una grieta. Sin pérdida de tiempo el hombre tomó al patito y lo acercó a su madre tanto como le resultó posible. Entonces la pareja ahuyentó a las gaviotas hasta que la madre rescató a su patito.

Esta es una buena ilustración de la forma en que Jesús nos rescata y nos ayuda a reunirnos con la familia eterna. A veces nos parece que nos encontramos muy lejos de su reino, pero siempre podemos estar seguros de que él ahuyentará a los enemigos y se preocupará de que lleguemos a salvo a su hogar.    

Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»


martes, 20 de enero de 1976

SALVADO POR UNA TORTUGA MARINA

Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas. Isa. 43:15, 16.

Las tortugas marinas llegan a pesar de cuatrocientos a quinientos kilos, pero en término medio pesan entre ciento cincuenta y doscientos kilos según la especie. Viven en las aguas templadas y tropicales, y son muy conocidas por su habilidad para nadar año tras año, sin equivocarse, por el océano sin senderos, para llegar a las pequeñas islas en que nacieron. Allí depositan sus huevos en la arena y regresan al mar para merodear por miles de kilómetros antes de volver al año siguiente.

Hace poco un joven marinero coreano se cayó al agua desde un barco en la costa del Pacífico frente a Nicaragua. Nadie se dio cuenta de su ausencia y sus gritos de auxilio no pudieron sobreponerse a los ruidos del barco. Quince horas más tarde el barco sueco "La Ciudadela" navegaba por esas mismas aguas cuando uno de los miembros de la tripulación descubrió lo que le parecía la cabeza de un hombre. Al principio los marineros no lo podían creer, hasta que vieron emerger el cuello y los hombros por sobre el agua. El joven coreano fue rescatado inmediatamente y manifestó que poco después de caerse se acercó una tortuga marina y él trepó encima; fortuita o providencialmente, la tortuga no se sumergió durante las quince horas en que él estuvo aferrado a su caparazón.

Este es un extraordinario ejemplo de la forma en que Dios nos salva mientras flotamos sobre las procelosas aguas del mar de la vida. Cuando Jonás cayó al agua, Dios le proporcionó un gran pez para que no se ahogara. Yo estoy seguro de que Dios le proporcionó una gigantesca tortuga marina a ese marinero coreano para que no pereciera.

Jesús es el Rey del mundo y él conoce el sendero que recorren todas las criaturas que nadan por el mar. También conoce la orientación de tu vida. Sabe de dónde viniste, dónde te encuentras y hacia dónde vas. No solo es capaz de proporcionar medios para tu salvación enviando peces o tortugas si fuere necesario, sino que desea que tú te conviertas en esperanza y apoyo de los que están luchando en medio de la confusión. Con solo mantenernos en sintonía con Jesús, tal como debe haber ocurrido con la tortuga cuando Dios la necesitaba, podemos ser de gran ayuda para los demás.


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

lunes, 19 de enero de 1976

HUMBERTO, EL HIPOPÓTAMO FELIZ

“Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón”. Salmos 97:11.

Se nos dice que pocos animales son tan curiosos como los hipopótamos. Humberto es un clásico ejemplo de ello. Su famosa historia comenzó en noviembre de 1928 cuando salió un día de su laguna en África del Sur y comenzó a contemplar lo que lo rodeaba. Aparentemente se sintió tan fascinado por lo que descubrió, que se puso a marchar para ver qué otras cosas podía contemplar.

Humberto viajó durante diecisiete meses. Su viaje abarcó seis mil kilómetros y su itinerario lo llevó por más de una ciudad. Cierta mañana apareció en el centro de Durban, una de las ciudades más grandes de África del Sur. La gente que iba al trabajo se aterrorizó frente a ese gigante y llamó a la policía. Pero antes de que llegara, Humberto se había sumergido en el río cercano y había desaparecido. Se cuenta que entró en gran cantidad de ciudades y aldeas solo para mirar los negocios, las escuelas o las estaciones misioneras.

Humberto se convirtió en un héroe nacional y se promulgó una ley para que nadie le hiciera daño. En cierta oportunidad se le ocurrió dormir una siesta sobre las vías del tren, y no hubo gritos, ni campanas, ni pitazos, ni empujones que lo obligaran a salir de allí hasta que terminó de dormir.

Justamente cuando todo el mundo comenzó a encariñarse con Humberto, los agricultores empezaron a preocuparse porque estaba pisoteando sus campos. Por supuesto, Humberto no tenía la intención de causar daño, pero era capaz de destruir en un minuto el fruto del trabajo de muchos días. No debemos sorprendernos, entonces, por el hecho de que en abril de 1930 un enfurecido agricultor, que no tenía noticias acerca de la ley que protegía a Humberto, le disparó un tiro. El adagio dice que el que ríe al último, ríe mejor. Tal fue el caso de Humberto: cuando le hicieron la autopsia, descubrieron que no era macho, sino hembra.

No hay duda de que Humberto era un hipopótamo —o mejor dicho, una hipopótama— alegre. Si hubiera sido un ser humano, posiblemente se habría contado entre los "rectos de corazón". Ojalá que nos contemos entre ellos, para que podamos gozar de la alegría eterna del reino de los cielos.


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

domingo, 18 de enero de 1976

EL ÁGUILA

¿Se remonta el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido? Job 39:27.

El águila es conocida en todo el mundo como símbolo de varios países; entre ellos se encuentran Austria, Alemania y los Estados Unidos. Algunos han tratado de desacreditarla calificándola de depredadora y, a veces, de fanfarrona y ladrona.

Pues bien, ¿no somos todos a veces lo que no debiéramos ser? No hay nadie perfecto. Por lo tanto, meditemos un momento en algunas de las buenas cualidades del águila. Se aparean de por vida y nada puede separar a la pareja con excepción de la muerte. El águila solitaria lamenta la muerte de su compañera por meses enteros, volviendo cada vez al nido donde esta solía estar.

Las águilas construyen un hogar permanente y moran en él por toda la vida, a menos que una tormenta u otro desastre lo destruya. El águila es sumamente aficionada a su hogar y nunca lo abandona a menos que falte el alimento o tenga que buscar otra pareja. Las águilas emigran a veces por problemas de alimentación, pero regresan una y otra vez a sus gigantescos nidos; cada vez que lo hacen, lo remodelan añadiendo más varitas, musgo, pastos, líquenes y hojas para los polluelos que han de nacer.

Las águilas emprenden las tareas hogareñas con tanta paciencia y devoción como la que manifiestan la una por la otra. Un águila puede sentarse sobre el nido, sin moverse, por tres días seguidos. Se turnan, por supuesto, y al cabo de treinta y cinco días los polluelos salen de sus huevos. Entonces comienza en verdad el trabajo: durante semanas enteras, los padres les traen peces a sus crías y, con toda paciencia, les enseñan a trozarlos para poder comerlos.

Con el tiempo, se incita a los polluelos a salir del nido mediante el ofrecimiento de una recompensa en alimento, la cual los padres no les entregan hasta que se animen a hacer su primer vuelo, por torpe que sea. Pronto, sin embargo, los jóvenes aprenden a volar junto a sus padres.

Creo que el águila es un ave soberbia. Sin desconocer que tiene faltas, debemos concordar en que responde a los mandamientos de Dios como nosotros debiéramos hacerlo, manifestando un amor y una devoción por su hogar y su familia que Dios desea que nosotros también manifestemos

SEGUIDORES CIEGOS

El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento. Prov. 12:11.

En los tiempos bíblicos la gente dependía del cultivo del suelo para su sostén. La persona que trabajaba persistentemente y confiaba en Dios siempre vivía satisfecha. Pero entonces, como ahora, había quienes pensaban que habían descubierto la manera de hacerse ricos a corto plazo. Generalmente esas personas confiaban demasiado en sí mismas y siempre fracasaban. Pero el fracaso no las detenía. Estaban seguras de ser lo suficientemente hábiles para descubrir la manera de vivir mejor y con menos trabajo. Posiblemente hablaban mucho acerca de su “instinto”. Jamás sigamos a tales personas.

Un naturalista francés llamado Fabre observó cierta vez la conducta de unas orugas. Nos servirán de ilustración para lo que queremos enseñar. Se trata de unas orugas que siempre van la una detrás de la otra, en procesión. Su alimento favorito son las hojas de pinos. Cierta vez Fabre puso una fila de estas orugas en el borde de un macetero. Puso al mismo tiempo una rama de pino en la mesa al lado del macetero. Hubiera sido muy sencillo para las orugas deslizarse por el costado del macetero y llegar a la rama de pino. Lo hubieran hecho fácilmente si se hubiera tratado de algún vegetal. Pero evidentemente estas orugas no saben comportarse cuando se encuentran con una superficie circular. Además, su instinto les dice que tienen que dejar una estela de seda por donde pasan, con el aditamento de que deben seguir el hilo de seda que encuentran ante sí.

En el borde de ese macetero, la oruga capitana exploró su camino en todo el contorno, mientras las demás seguían religiosamente tras ella, guiadas por el hilo de seda. Llegó el momento en que la capitana se encontró con su propio rastro de seda, y su instinto le indicó que lo siguiera, y no solamente el suyo, sino el de todas las otras orugas que iban detrás de ella. Esas orugas dieron vueltas sin parar por siete días seguidos, incapaces de quebrantar el hábito que habían contraído, y que no las llevaba a ninguna parte.

Allí también llegaremos nosotros si seguimos a alguien que no tiene buen juicio. Pablo dijo:
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21).


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

sábado, 17 de enero de 1976

MONOS CIUDADANOS

"Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado". Gén. 2:8.

En la India, algunos de los monos que normalmente viven en la selva han cambiado por completo su forma de vivir. Su nueva selva está constituida por los techos de los viejos edificios de las aldeas, los pueblos y las ciudades.

Los monos que viven en las ciudades son, por cierto, muy diferentes de sus primos que viven en la selva. Los monos de la ciudad han aprendido a comer los alimentos cocinados que consumen los humanos, mientras que los de la selva viven de las frutas y las hojas que crecen naturalmente a su alrededor. Un hombre de ciencia que quería determinar hasta qué punto se encontraban arraigadas esas diferencias, ofreció alimento natural y alimento cocinado tanto a los monos de la ciudad como a los de la selva. Los resultados pusieron de manifiesto que los monos de la ciudad estaban totalmente adaptados a su forma de vida ciudadana, porque comieron el pan, los maníes tostados y los alimentos condimentados que se les presentaron. En cambio, los monos de la selva rechazaron sistemáticamente los alimentos cocinados y eligieron la fruta fresca y los vegetales crudos que se les presentaron.

Podríamos creer que los monos de la ciudad preferirían ir a la selva, donde la alimentación es abundante, pero no es así. Cuando se los captura y se los lleva a la selva, inmediatamente regresan a la ciudad, a pesar de todos los problemas que encuentran allí.

Otro hombre de ciencia puso monos de las dos clases en una jaula. La conducta de esos monos hacia sus compañeros de jaula fue muy diferente. Los de la selva se sentaron tranquilamente y permanecieron imperturbables, mientras que los de la ciudad comenzaron casi inmediatamente a pelear entre ellos y en algunos casos las batallas produjeron graves heridas y muertes.

Dios puso originalmente al hombre en un jardín y a través de su historia, cuando el hombre se apartó del Señor, lo primero que hizo fue edificar una ciudad. Eso fue lo que hicieron los hijos de Caín; eso fue lo que ocurrió después del diluvio; eso fue lo que impulsó a Lot a abandonar a Abrahán en las colinas de Palestina para ir a vivir a la ciudad que con el tiempo le causó la ruina.


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

jueves, 15 de enero de 1976

DEUDA DE OXÍGENO

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Gén. 2:7.

Se necesita más que oxígeno para conservar a un ser humano con vida, pero el oxígeno es un ingrediente sumamente importante para el sostén de la vida. Nuestro organismo emplea el oxígeno para liberar energía en una forma muy semejante a como se lo emplea en una chimenea para liberar calor. Al correr, consumimos energía. Incluso nos sentimos acalorados. Se está usando oxígeno. En efecto, cuando corremos o hacemos algún ejercicio al cual nuestro organismo no está acostumbrado, quedamos “sin aliento”. Significa entonces que el organismo está empleando más oxígeno del que le llega por medio de los pulmones y tiene que pedirlo prestado a otros órganos del cuerpo. Por algún tiempo el organismo siente la falta de oxígeno, y tú lo sabes porque tienes que respirar aceleradamente para devolver el oxígeno que tus músculos pidieron prestado a otros órganos del cuerpo. Esta falta de oxígeno, debido al hecho de que se lo ha pedido prestado para emplearlo en un consumo extraordinario de energía, recibe el nombre de “deuda de oxígeno”.

El hombre no está en condiciones de soportar por mucho tiempo este tipo de deuda, pero la ballena puede solicitar en préstamo litros y litros de oxígeno de los diferentes órganos de su enorme cuerpo, sin mayores dificultades. De ese modo puede permanecer bajo el agua por largos períodos. Cuando sale a la superficie, lanza al aire una columna de vapor al exhalar el dióxido de carbono y al inhalar grandes cantidades de oxígeno para pagar su deuda. Mientras más tiempo permanezca debajo del agua, más durará su columna de vapor.

A menudo se ha llamado a la oración el “aliento del alma”. Es la forma mediante la cual liberamos la energía espiritual que Dios nos concede. ¿Cuánto tiempo te parece que podrías vivir tú con oxígeno prestado? ¡Solo unos pocos minutos! No obstante, muchas veces tratamos de vivir con oraciones prestadas durante mucho tiempo.

Es fundamental que continuemos respirando; y también es esencial que continuemos orando. Cuando nos sintamos tan incómodos sin oración como cuando nos quedamos sin oxígeno, nos daremos cuenta de la clase de deuda que tenemos y desearemos inhalar grandes cantidades del amor de Dios.

Es decir: 

Así como el cuerpo no puede vivir mucho tiempo con oxígeno prestado, el alma tampoco puede sostenerse con una fe prestada. Dios sopló aliento de vida en el ser humano, y ese mismo Dios nos invita hoy a respirar profundamente de Su presencia mediante la oración.

Cuando dejamos de orar, acumulamos una deuda espiritual que nos agota, nos inquieta y nos deja sin fuerzas. Pero cuando volvemos a la comunión con Dios, inhalamos Su amor, Su paz y Su poder renovador.

Respirar es vital. Orar también lo es. Que cada día aprendamos a depender plenamente del aliento de Dios para vivir con verdadera vida.


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»

miércoles, 14 de enero de 1976

¿DE DÓNDE PROCEDE EL GANSO PERCEBE?

Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Gén. 1:20.

En nuestros días, sabemos que todo animal es hijo de otro animal semejante a él. Este principio básico está expuesto en Génesis 1:21, 24 y 25, donde se dice que los seres vivientes se produjeron según su especie. Pero durante la Edad Media, los hombres se olvidaron de las Escrituras. Creían que el origen de los animales que no conocían muy bien era de lo más fantástico.

Por ejemplo, hay una clase de ganso en el norte de Europa que no anida en el continente. Al llegar el otoño, aparecían bandadas de ellos, pero nadie los había visto empollar. Algunos habían observado que un animalito marino que se pega a los barcos y a las rocas tenía cierto parecido con el cuello y la cabeza de un ganso. Esos animalitos se llaman percebes. Supusieron entonces que de ellos salían las crías de los gansos. Por eso les pusieron el nombre de “gansos percebe”.

Otros opinaban que crecían en los árboles, donde permanecían colgados de las patas hasta madurar. Al fin, en 1907 se descubrió que anidan en unas lejanas islas del norte, llamadas Spitzberg. Allí ponen sus huevos y crían los pichones. El misterio de tantos siglos había llegado a su fin.

Hay muchas cosas que creemos en la actualidad y que sin duda parecerán ridículas cuando lleguemos al cielo y aprendamos más acerca de la creación. En muchas cosas estamos equivocados y nos hemos extraviado al estudiar la naturaleza. Pero el profeta Isaías, dirigiéndose a los redimidos en la Tierra Nueva, dice en el capítulo 29, versículo 24 de su profecía: “Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia”.

Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»