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miércoles, 19 de febrero de 2020

UN MAMÍFERO ESPECIAL

A pesar de que vuela, el murciélago es un mamífero.
Y aunque es ciego, no se equivoca en sus rutas de vuelo ni se golpea con los obstáculos. Dios lo creó con la capacidad de huir de los peligros a pesar de no verlos. Cuando Jesús está en nuestro corazón, también nos brinda una capacidad semejante a la del murciélago para evitar el mal  y los peligros.

¿Y yo?
¿Le pregunto yo a Jesús qué debo hacer y por dónde debo ir?

Mi oración para hoy Ayúdame, Jesús, a evitar el mal y los peligros.
En la Biblia leemos:«No temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo» (Salmo 23: 4)

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LOS MÁS PEQUEÑOS 2020
«CADA DÍA CON JESÚS»
Por: Maria Augusta Lopes, Lara Figueiredo, Paulo Sérgio Maced
Lecturas Devocionales para preescolares 2020.

jueves, 19 de mayo de 2016

LA MAYORÍA NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN

Siempre que una comunidad nos impida ser un individuo delante de Cristo, hay que detestarla. Dietrich Bonhoeffer

Por naturaleza, todos tendemos a identificamos con algún grupo o comunidad. Bien se trate de nuestra confesión religiosa o tendencia política, de la simpatía con un equipo deportivo o un artista, nos gusta allegamos a gente que tiene nuestras mismas inclinaciones, tendencias o gustos; nos sentimos acompañados y protegidos: “Mi familia”, “mis amigos”, “mis hermanos de iglesia”, “mis compatriotas”. El peligro de esta propensión nuestra radica en que nos escudemos en el grupo para actuar de formas que no estén avaladas por los principios bíblicos.
Cuando éramos niñas, nos servía de excusa la consabida frase “es que todos lo hacen”, pero ya como adultas, no. Hemos de depender de Dios para tener la valentía de pensar diferente y mostrarlo, por grande que sea la multitud en contra. El llamado de Jesús es individual; él quiere aislarte ante su presencia, para que no veas a nadie más que a aquel que te ha llamado.
No tiene nada de malo que busques la unidad con otras personas, especialmente la unidad con tus hermanos en la fe, pero la verdadera unidad ha de ser primero en Cristo. Sobre esa única base, hemos de construir toda unidad; si no lo hacemos así, ninguna “unidad” será real. Así nos lo enseñó Jesús:
“Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mi y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa, así como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mi, para que lleguen a ser perfectamente uno, y que así el mundo pueda darse cuenta de que tú me enviaste, y que los amas como me amas a mí” (Juan 17:21-23). “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. […] Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes; […] pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:1-5). .
La Biblia nos alerta de que tengamos cuidado con escudarnos en la masa. “No sigas a la mayoría en su maldad”, leemos en Éxodo 23:2, porque llegado el momento, cada una daremos cuenta de nosotras mismas. A Jesús hemos de seguirlo individualmente.

“No sigas a la mayoría en su maldad” (Éxo. 23:2).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 1 de mayo de 2016

¿ES ESA LA VOLUNTAD DE DIOS?

“Enséñame a hacer tu voluntad” (Salmo 143:10).

El mensaje fue bastante claro: “Cuando llegues, el Mediterráneo se dividirá para que pases con tu ejército”.

“¿Por qué dudar de estas palabras? ¿Acaso no dice el profeta Joel que en los últimos días ‘los jóvenes [verán] visiones’ (Joel 2:28)?” Estas eran las preguntas que revoloteaban en la cabeza de Esteban, un joven pastor de ovejas que vivía en Vendóme, Francia. Según él, Jesús le prometió abrir las aguas del mar si reclutaba a niños y jóvenes y los hacía marchar hacia Jerusalén, para asesinar a los musulmanes que dominaban la ciudad.
Tras recorrer varias naciones de Europa, y reunir a miles de niños, en 1212 Esteban dio inicio a la Cruzada de los Niños. Los católicos de esa época creían que el fracaso de las antiguas cruzadas se había debido a la impureza de los soldados adultos; pero que la pureza de los niños garantizaba que el Señor les daría el triunfo.
Los chiquillos salieron cantando, recitando pasajes bíblicos, confiando en que serían los vencedores porque estaban cumpliendo la voluntad divina. ¿Qué pasó con esos jovencitos que creían obedecer al pie de la letra un mandato del Señor? Muchos murieron de hambre cuando intentaron cruzar los Alpes. Como el mar no se abrió, una gran cantidad pereció tras zozobrar las embarcaciones que los llevarían a Jerusalén; entre estos se hallaba Esteban, el chico de la visión. Otros fueron vendidos como esclavos a mercaderes árabes. Sin duda alguna, la Cruzada de los Niños ha quedado registrado como uno de los capítulos más atroces de la historia cristiana.
Una religión enfermiza, desprovista de la gracia de Cristo, provocó la destrucción de los sueños e ilusiones de esos ingenuos muchachos. Y todo sucedió bajo el lema: “¡Dios lo quiere!” No prestes atención a ningún mensaje que contradiga la voluntad revelada de Dios en su Palabra. Ahí radicó el problema de Esteban, ¿cometeremos nosotros el mismo error?
A nosotros nos conviene unirnos a David y decirle al Señor: “Llévame por el camino de tus mandamientos, pues en él está mi felicidad” (Salmo 119:35). Y si nos parece muy complicado hacer de tales mandatos nuestra voluntad, entonces podemos arrodillarnos y pedirle a Jesús: “Enséñame a hacer tu voluntad” (Salmo 143:10), y él nos enseñará.

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
#VisitaMiMuro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaJovenes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #CumploTuVoluntad

domingo, 24 de enero de 2016

ELENA Y EL HIPNOTIZADOR

Cuida bien lo que se te ha confiado. No escuches palabrerías mundanas y vacías, ni los argumentos que opone el falsamente llamado conocimiento de la verdad (1 Timoteo 6:20, DHH).

Elena estaba desalentada. Dios le había dado Increíbles visiones, con mensajes que ella debía compartir con quienes la rodeaban. Pero, cuando contaba a otros lo que había visto, muchos creían que no era Dios quien le estaba dando esas visiones; en lugar de ello, se corría el rumor de que sus visiones eran el resultado del hipnotismo.
¿A esto hemos llegado? Se preguntaba Elena. Los que van con sinceridad a Dios para implorar sus promesas y reclamar su salvación ¿son tratados como si hubieran hecho algo malo?
Un día, un famoso médico que se especializaba en hipnotismo vino a verla. -Tú eres un blanco fácil -se burló arrogantemente-. Podría hipnotizarte y darte “mi” visión.
-Dios me ha mostrado que el hipnotismo es malo -insistió Elena-. Nunca deberíamos ceder el control de nuestras mentes a otro ser humano.
Ese doctor fue persistente. Para probar que lo que ella había estado diciendo era verdad, le dio permiso para hipnotizarla. Él lo intentó durante media hora, y finalmente se dio por vencido. Elena supo que Dios la había ayudado a resistir los intentos del médico de controlar su mente.
Hoy en día, mucha gente cree que el hipnotismo puede ayudarlos a perder peso, dejar de fumar, deshacerse de los recuerdos negativos o hacer otros cambios que serían útiles para sus vidas. Pero, la hipnosis no es la fuente verdadera de la curación o del cambio; Dios lo es. Y nosotros podemos hacer cualquier cosa por medio de su fuerza.

SPLASH:
Los encantadores de serpientes ¿de verdad las hipnotizan? En realidad, la cobra ve la flauta del “encantador” como un posible enemigo. Se levanta en una postura defensiva e imita el movimiento de la flauta con su cuerpo. No está hipnotizada: ¡solo trata de defenderse!

¿Y AHORA?
¿Te resulta a veces difícil romper la atracción hipnótica de la computadora o el televisor? Toma una decisión consciente sobre qué permitirás que influencie tu mente.

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual

miércoles, 13 de febrero de 2013

CUANDO LLAMAMOS A LO MALO BUENO



¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! Isaías 5:20

Vivimos en un mundo que lo relativiza todo. La línea divisoria entre el bien y el mal ya no es una línea recta que determina si una conducta es apropiada o inapropiada, correcta o incorrecta. Es más bien una línea ondulante que sigue la dirección de lo que creemos que nos conviene y se acomoda mejor a nuestros deseos.
En un mundo como el nuestro, los valores y los principios no son directrices de vida, sino únicamente opciones que se toman o se dejan de acuerdo a las circunstancias o la cultura. Son muchas las personas que ante una disyuntiva prefieren anteponer la palabra «depende» antes de tomar una decisión. Aun los niños cuestionan los valores.
Alguna vez interrogué a uno de mis pequeños alumnos acerca de cuan bueno o malo era golpear a un compañero si este le ofendía en algo. El niño respondió sin titubeos: «Si él me pega, yo también le pego». Esto me hace pensar que los valores se aprenden desde la cuna y se fijan con la práctica a lo largo de la vida.
Cuán importante es que las generaciones jóvenes sepan dónde comienza y termina la línea que divide lo bueno de lo malo. La confusión en la que muchos de ellos viven tiene que ver con la carencia de padres y madres que vivan y modelen frente a ellos lo que Dios manda. Y es aquí donde nosotras, las madres cristianas, desempeñamos el papel de modelos. Nuestros pequeños necesitan conocer y aprender por medio de la instrucción formal, pero también la informal y casual, valores que serán sus herramientas para la construcción de una vida exitosa.
Nunca un niño debiera crecer con dudas acerca de lo que es bueno o malo y de sus consecuencias. La conducta moral de un niño, que se forma desde los primeros años de vida, debiera desarrollarse al colocar como base los mandamientos de Dios. Y deben tener claro que son eso, mandamientos de Dios, no recomendaciones.
Cuando pensamos que el libre albedrío nos autoriza para interpretar a nuestro modo las ordenanzas de Dios, estamos en terreno de Satanás. Que nuestra voz no se quiebre, que nuestra mano no tiemble. Un «así dice el Señor» debiera ser el grito de batalla de las madres cristianas al enfrentar el desafío de sus hijos a la autoridad de Dios y a la nuestra.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿ADICTO A LO BUENO?


La mayor sabiduría consiste en honrar al Señor; los que lo honran, tienen buen juicio. ¡Dios será siempre alabado! Salmo 111:10

«¿ Todo lo que produce placer también puede causar adicción». Estaba en la sala de espera de una oficina cuando leí esa declaración. Al instante dejé de leer. «¿Cuáles son algunas de las cosas que normalmente causan placer a la gente?», me pregunté. La buena comida, practicar algún deporte, el sexo, navegar por Internet, hacer compras, trabajar... ¿Pueden estas cosas causar adicción? La verdad es que, en sí misma, ninguna de estas cosas es mala; pero también es cierto que, aun lo bueno, llevado al extremo, puede ser dañino.
Seguí leyendo. Entonces me encontré con esta otra: «Asegurémonos de que lo que nos produce placer es un motivo para celebrar sanamente y no se trata simplemente de un atajo que nos lleva al desastre» (Ernie y Carol Larsen, Days of Healing, Days of joy [Días de sanidad, días de gozo], lectura para el 10 de mayo).
Dicho de otra manera: La misma acción que puede brindarte sana satisfacción, te puede arruinar si la llevas al extremo. Es muy importante tener esto en cuenta, porque lo usual es que se nos lancen advertencias contra lo malo: «No consumas drogas, no bebas alcohol, no fumes, no visites lugares prohibidos, no tengas sexo fuera del matrimonio, etc.». ¿Pero cuan a menudo se nos dice que debemos cuidarnos de lo bueno?.
La pregunta obligada es, entonces: «¿Qué actividades buenas pueden conducirme al desastre si las llevo al extremo?» Es decir, ¿qué cosas buenas me gustan demasiado?. Yo necesito hacerme esta pregunta. Y tú también. Podría ocurrir, sin que lo sepamos, que alguna de esas cosas buenas se haya convertido en una obsesión. ¿Será posible, por ejemplo, que esté demasiado preocupado por mi cuerpo, mi figura, mi apariencia? ¿Muy preocupado por tener éxito? ¿Por ser el centro de atracción del grupo de amigos en la universidad, en la iglesia?
En fin, estemos en guardia. La palabra clave es equilibrio. Y he aquí lo mejor para combatir el desequilibrio en cualquier aspecto de nuestra vida: Dios en el trono de nuestro corazón. Como bien dice el libro La educación, página 39:

«LA VIDA QUE TIENE POR CENTRO A DOS ES UNA VIDA COMPLETA».

Te invito, Señor Jesús, a ocupar en mi corazón el lugar de honor.  Lo ganaste en la cruz.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

domingo, 11 de noviembre de 2012

EL PRIVILEGIO DE ABRIR PUERTAS

Manténganse constantes en la oración, siempre alerta y dando gracias a Dios. Colosenses 4:2

Imagina a una persona que ha pasado muchos años en prisión. ¿Qué piensas será lo primero que hará al obtener su libertad?
Hace poco leí de un hombre que lo primero que hizo al salir de la cárcel fue disfrutar el placer de abrir puertas. Él contaba que durante años, mientras estuvo en la cárcel, su vida giró alrededor de puertas cerradas. Cada puerta cerrada le recordaba el triste hecho de que no tenía libertad. Cuando una puerta se abría delante de él era porque otro la abría. Pero apenas salió en libertad se tomó el tiempo para ir a lugares donde él abría las puertas y las cerraba. Poco le importó que la gente se riera de él. Lo que para otros era una acción ordinaria, para él era todo un privilegio.
Al leer esta historia, no pude evitar pensar en la cantidad de «privilegios» que  a diario disfrutamos sin siquiera darnos cuenta. Entrar y salir con libertad, decidir qué comer, qué ropas usar, qué libros leer, qué lugares visitar... han llegado a ser cosas tan comunes en nuestra vida, que ni siquiera las vemos como privilegios o bendiciones, ¡pero lo son! Lo peor es que tampoco damos gracias por ellas. Ese es el problema que resulta de «acostumbrarnos» a las bendiciones de Dios.
Creo que algo parecido les ocurrió a los israelitas en el desierto. Durante años les «llovió» pan del cielo. ¿Puedes imaginar que el pan nos caiga del cielo? Listo para comer. ¡Y además, todos los días! Pero llegó el día cuando le dijeron a Moisés que estaban aburridos de ese pan (ver Núm. 11:1-6). Se acostumbraron tanto a la bendición del cielo, que al final dejaron de verla como una bendición.
¿Podrías tú pensar en la infinidad de cosas que a diario puedes hacer porque así lo deseas? ¿Verdad que son unas cuantas? ¿Puedes pensar en todas las cosas buenas que recibes cada día de tus familiares, amigos, profesores, vecinos, pastores...? Creo que haríamos bien en ser «un poquito» más agradecidos.

Dios, dame la capacidad de percibir todo lo bueno que hay en mi vida, y de ser más agradecido.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 9 de noviembre de 2012

DIOS SABE QUÉ NOS CONVIENE


«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha endurecido su oído para oír» Isaías 59:1.

El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta la historia de un hombre llamado Simón (Hech. 8:9-13). Antes de convertirse al cristianismo había servido al diablo. La gente no lo sabía y pensaba que su poder venía de Dios. Cierto día que Simón vio a los discípulos obrando milagros quedó impresionado y ofreció dinero para que le diesen ese mismo poder.
Algunos sienten una fuerte atracción por los milagros y los poderes sobrenaturales. Fíjese en el número cada vez mayor de películas en las que proliferan brujas, vampiros, extraterrestres y otros personajes dotados de poderes sobrehumanos. Quienes participan de esos espectáculos pueden ser presa fácil de un engaño que los lleve a seguir al enemigo de las almas.
Por lo general, no creo que sea apropiado que pidamos a Dios que obre milagros o que nos dé alguna señal. Esto puede equivaler a decir: «Señor, si tú no haces nada por mí, yo tampoco haré nada por ti.
Luego están aquellos que, como Simón, ven un futuro económico brillante para si mismos.  Hace poco, en Internet, vi a un predicador. Básicamente, venía a decir que sus espectadores quedarían sanados si ponían las manos en la pantalla. Desde luego, también pedía a la gente que le enviara dinero.
Hace años vi a un predicador de televisión desgarrando la camisa que llevaba puesta en pedazos pequeños. Dijo a los espectadores que, si le enviaban una ofrenda, él les enviaría un pedazo de la camisa y, como resultado, sus vidas estarían llenas de milagros.
A menudo, quienes están enfermos o tienen algún problema buscan ayuda en cualquier parte. Hay muchos que, como Simón, serían capaces de sacar provecho personal haciendo negocio con el sufrimiento o los problemas ajenos. Suelen vivir en mansiones y conducen automóviles de lujo.
¿En alguna parte de la Biblia se nos dice que Jesús pidió dinero a alguien a cambio de sanarlo? ¡En absoluto! Si alguien le promete obrar un milagro, alguna señal o cualquier acto sobrenatural, recuerde la historia de Simón el mago. Otra cosa que no tenemos que olvidar es que, pidamos lo que le pidamos a nuestro Padre celestial, siempre tiene que ir acompañado por las palabras: «Hágase tu voluntad».   Basado en Juan 4:48.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 4 de agosto de 2012

«ESPEREN UN MES»


Prueben, y vean que el Señor es bueno. ¡Feliz el hombre que en él confía! Salmo 34:8.

Era el año 1850. En Oswego, estado de Nueva York, se celebraban de manera simultánea dos campañas de evangelización, una dirigida por los adventistas y otra por los metodistas. Los adventistas tenían a Jaime White como orador; los metodistas, al tesorero del condado. Hiram, un joven de 21 años, y su novia, estaban asistiendo a ambas reuniones. Querían obedecer a Dios, pero se encontraban confundidos: «¿A qué iglesia deberíamos unirnos?», era la pregunta que se hacían. El escritor Herbert E. Douglass nos relata los interesantes detalles de lo que ocurrió.
Mientras trataban de definir el camino a seguir, decidieron visitar a Elena G. de White, quien para entonces tenía unos 23 años de edad. Elena les dijo que esperaran un mes. Al cabo de ese tiempo, ellos sabrían con exactitud qué clase de persona estaba dirigiendo la otra campaña. A Hiram le pareció buena la sugerencia.
Dos semanas después de la entrevista, el predicador metodista se enfermó y tuvo que abandonar la campaña de evangelización y sus funciones como tesorero. Entonces las autoridades del condado se hicieron cargo de las finanzas públicas. Mientras cumplían esas funciones notaron que faltaban mil dólares de la caja. Sorprendidos por la situación, decidieron visitar al tesorero. Pero lo hicieron de una manera peculiar. Mientras el jefe de la policía fue por el frente de la casa, otro policía se ocultó en el patio trasero.
Cuando el jefe de la policía preguntó al tesorero por el dinero extraviado, el hombre negó saber algo al respecto. Mientras discutían el asunto, la esposa del tesorero salió por la puerta trasera y escondió una bolsa bajo un montículo de nieve, sin sospechar que el otro policía estaba escondido en los alrededores. Al poco rato, el policía entró a la casa con el dinero faltante y el tesorero-predicador ya no pudo negar su fechoría.
¡Caso cerrado! El tesorero—predicador fue desenmascarado; la campaña de evangelización que dirigía se vino al suelo y, lo más importante, Hiram y su futura esposa pudieron discernir a qué iglesia debían unirse (Thty Were There [Ellos estuvieron allí], pp. 33,34).
Si hoy te encuentras en una encrucijada y no sabes qué camino escoger, busca a Dios en oración. El siempre muestra el camino correcto a quien lo busca con sincero corazón.
Gracias, Señor, porque nunca defraudas a quien te busca con corazón sincero.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

domingo, 18 de enero de 1976

SEGUIDORES CIEGOS

El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento. Prov. 12:11.

En los tiempos bíblicos la gente dependía del cultivo del suelo para su sostén. La persona que trabajaba persistentemente y confiaba en Dios siempre vivía satisfecha. Pero entonces, como ahora, había quienes pensaban que habían descubierto la manera de hacerse ricos a corto plazo. Generalmente esas personas confiaban demasiado en sí mismas y siempre fracasaban. Pero el fracaso no las detenía. Estaban seguras de ser lo suficientemente hábiles para descubrir la manera de vivir mejor y con menos trabajo. Posiblemente hablaban mucho acerca de su “instinto”. Jamás sigamos a tales personas.

Un naturalista francés llamado Fabre observó cierta vez la conducta de unas orugas. Nos servirán de ilustración para lo que queremos enseñar. Se trata de unas orugas que siempre van la una detrás de la otra, en procesión. Su alimento favorito son las hojas de pinos. Cierta vez Fabre puso una fila de estas orugas en el borde de un macetero. Puso al mismo tiempo una rama de pino en la mesa al lado del macetero. Hubiera sido muy sencillo para las orugas deslizarse por el costado del macetero y llegar a la rama de pino. Lo hubieran hecho fácilmente si se hubiera tratado de algún vegetal. Pero evidentemente estas orugas no saben comportarse cuando se encuentran con una superficie circular. Además, su instinto les dice que tienen que dejar una estela de seda por donde pasan, con el aditamento de que deben seguir el hilo de seda que encuentran ante sí.

En el borde de ese macetero, la oruga capitana exploró su camino en todo el contorno, mientras las demás seguían religiosamente tras ella, guiadas por el hilo de seda. Llegó el momento en que la capitana se encontró con su propio rastro de seda, y su instinto le indicó que lo siguiera, y no solamente el suyo, sino el de todas las otras orugas que iban detrás de ella. Esas orugas dieron vueltas sin parar por siete días seguidos, incapaces de quebrantar el hábito que habían contraído, y que no las llevaba a ninguna parte.

Allí también llegaremos nosotros si seguimos a alguien que no tiene buen juicio. Pablo dijo:
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21).


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»