lunes, 5 de marzo de 2012

REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES

«Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas y como la voz de grandes truenos, que decía “¡Aleluya!, porque el señor, nuestro Dios Todopoderoso, reina”». (Apocalipsis 19:6).

Nunca he vivido en un país con régimen monárquico. No obstante, viajé por Irán mientras en aquel país todavía gobernaba el Sah, como así se llamaban sus soberanos. En casi todas las paredes había un retrato de Su Majestad Imperial y todas las plazas estaban presididas por una escultura suya.
Salvo escasas excepciones, en la actualidad los soberanos apenas tienen poder político sobre sus súbditos. No obstante, el reino de Dios es una monarquía. Para los ciudadanos de países con régimen republicano, la forma monárquica de gobierno puede resultar difícil de entender, además de incómoda. Sin embargo, debemos comprender que el gobierno de Dios no es una democracia. En la mayoría de las monarquías constitucionales existe la posibilidad de que los ciudadanos las revoquen por referendo. En el reino de es imposible que esto ocurra. Mientras que muchos reyes y reinas reciben el poder del pueblo, en el reino del cielo sucede exactamente lo contrario. El Rey del cielo da el ser y la existencia al pueblo de Dios.
Al decir: «Venga a nosotros tu reino», reconocemos que Dios es nuestro rey. Este concepto tiene más alcance que el de Padre celestial. También es nuestro Soberano. Para nosotros, su palabra es ley.
Para muchos, este punto es causa de conflicto en su relación con Dios. No tienen dificultad en ver a Dios como su Padre celestial, sobre todo si su padre terrenal los consentía y les daba todo lo que le pedían. Sin embargo, estas mismas personas se resisten al hecho de que Dios les diga cómo tienen que vivir.
Si realmente queremos comprender el objetivo de la oración, es preciso que tengamos clara la idea de que Dios, además de ser nuestro Padre celestial, es nuestro Rey y Soberano. No es el presidente, ni un representante, ni tampoco un coordinador u orientador. Es nuestro Dios, por lo que, al decir: «Venga a nosotros tu reino», afirmamos que estamos dispuestos a reconocer lo como Rey de nuestra vida. Me encanta cómo se describe a Jesús en Apocalipsis 19:16: «En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores». Basado en Mateo 6: 9-13

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

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