viernes, 27 de julio de 2012

ASIDOS DE SU MANO


En el día que temo, yo en ti confío (Salmo 56:3).

Habíamos decidido asistir a un campamento familiar que se celebraría en un estado vecino. Fue en el transcurso de las dos semanas previas al viaje que mi esposo nos dio la triste noticia de que no podría acompañarnos. Eso significaba que una amiga y yo tendríamos que manejar solas desde California hasta el estado Washington, algo que yo no deseaba hacer.
Otro problema fue que una semana antes del viaje nuestro gato se fracturó las patas traseras. ¡Y solamente faltaban siete días para el viaje! Aquella misma semana mi madre perdió su trabajo y mi padre fue hospitalizado. El viernes antes del viaje descubrimos que el remolque de alquiler que utilizaríamos para transportar el equipaje tenía que haber sido solicitado con una semana de anticipación. Para colmo, era un fin de semana largo y todo iba a estar cerrado hasta el martes, el día que supuestamente íbamos a salir.
Conforme enfrentaba cada una de aquellas dificultades me di cuenta de que únicamente tenía dos opciones: depender completamente de mi Padre celestial y asirme de su brazo, aun cuando todo parecía incierto, o angustiarme, abandonando toda esperanza. Yo me decidí por la primera. Hoy reconozco que Dios estaba usando aquellos percances con el fin de desarrollar mi fe en él.
No me fue fácil creer y confiar en aquellas circunstancias. ¿Podría Dios hacer un milagro por nosotras? Alabado sea el Señor porque, sin tomar en cuenta nuestra incredulidad, nos ayudó. En medio de todo me vino a la mente su hermosa promesa: «Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera. Al contrario, gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con alegría» (1 Ped. 4:12-13).
«Las pruebas y los obstáculos son los métodos de disciplina que el Señor escoge, y las condiciones que señala para el éxito. El hecho de que somos llamados a soportar pruebas demuestra que el Señor Jesús ve en nosotros algo precioso que quiere desarrollar. Lo que él refina es mineral precioso» (El ministerio de curación, p. 373).
Recordemos siempre el consejo del salmista: «Echa sobre Jehová tu carga y él te sostendrá» (Sal. 55:22).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Sherie Lynn Vela

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