viernes, 29 de marzo de 2013

TENER O NO TENER, ESA ES LA CUESTIÓN


No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Mat.6:31-32,34.

Lamentablemente, las mujeres hemos adquirido fama de despilfarradoras. Algunas personas dicen que mientras los hombres compran por necesidad, las mujeres compramos por impulso o por compulsión. En realidad quisiera defenderme, diciendo que no es así en todos los casos y desde luego no en el mío; aunque, viviendo en una sociedad consumista, el deseo de tener cosas se ha vuelto obsesión para muchas. En medio de todo esto he escuchado a muchos levantar la voz y decir en tono idealista: «Las mejores cosas de la vida son gratuitas». Entonces, ¿cuál es el punto de equilibrio en este asunto?
No debemos olvidar que los bienes materiales, cuando provienen de la mano de Dios, son una bendición y hemos de disfrutar de ellos. Me imagino que Sara, la esposa de Abraham, disfrutaba de los bienes materiales que Dios le había dado a su esposo (Gen. 13:1-2). La esposa de Job también disfrutó de sus riquezas (Job 1:1-3). Pienso en los finos tapetes y ornamentos de sus hogares, así como en las delicadas telas con que confeccionaban sus vestidos. No tiene nada de malo utilizar nuestros recursos para comprar cosas.
¿Dónde está, entonces, el peligro con respecto a la posesión de bienes materiales? Cuando el deseo de tener bienes es una tendencia dominante en la vida, y nos llenamos de frustración por no «poder tener», caminamos en terreno peligroso. El otro lado del péndulo es tener tanto que nos volvemos avaras, con el pretexto de ser buenas ahorradoras, y olvidamos compartir con quien nos ha colmado de bendiciones. También estamos en terreno peligroso cuando damos prioridad a nuestros deseos de poseer un bien material por encima de las necesidades básicas de nuestra familia, y cuando empezamos a dudar respecto a la devolución de los diezmos, arguyendo que Dios no necesita nuestro dinero, olvidando que de su mano proviene lo mucho o poco que tenemos.
Hoy es un día para agradecer a Dios por todo lo que de su mano proviene, y también para dar gracias por lo que no tenemos, pues de este modo dependemos más de su poder sustentador. No dudes de que él te dará el sustento diario, y acepta lo que te manda. Sé agradecida y generosa, y también cuida lo que tienes.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

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