domingo, 21 de julio de 2013

EL PODER SUPERIOR DE DIOS

Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Éxodo 7:2.

El Señor indicó a Moisés que volviera ante el pueblo y le repitiera la promesa de la liberación, con nuevas garantías del favor divino. Hizo lo que se le mandó, pero el pueblo no estuvo dispuesto a recibirlo: sus corazones estaban llenos de amargura, todavía restallaba el látigo en sus oídos, el clamor de angustia y de dolor ahogaba todo otro sonido, y no querían oír. Moisés bajó su cabeza en humillación y frustración, y nuevamente escuchó la voz de Dios: “Entra y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel” (Éxo. 6:11).
Se le dijo que el monarca no cedería hasta que Dios visitara con sus juicios a Egipto y sacara a Israel mediante una señalada manifestación de su poder…
Les mostraría, por medio de su siervo Moisés, que el Hacedor del cielo y la tierra es el Dios viviente y todopoderoso, sobre todo otro dios; que su fuerza es superior a la del más fuerte; que su omnipotencia podía sacar a su pueblo con mano fuerte y brazo extendido…
Obedientes al mandato de Dios, Moisés y Aarón entraron nuevamente en los señoriales salones del rey de Egipto. Allí, rodeados de altas columnas ricamente esculpidas y la belleza de ricas tapicerías y adornos de plata, oro y piedras preciosas, ante el monarca del reino más poderoso de aquel entonces, estaban de pie los dos representantes de la raza despreciada, uno con una vara en la mano, llegados una vez más para declarar su pedido de que dejara ir a su pueblo.
El rey exigió un milagro. Moisés y Aarón habían sido instruidos acerca de cómo proceder en caso de que se hiciese tal demanda, de manera que Aarón tomó la vara y la arrojó al suelo ante Faraón. Esta se convirtió en serpiente. El monarca hizo llamar a sus “sabios y hechiceros”, y “echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras: más la vara de Aarón devoró las varas de ellos” (Éxo. 7:11, 12)… Los magos no convirtieron sus varas en verdaderas serpientes; ayudados por el gran engañador, produjeron esa apariencia mediante la magia, para copiar la obra de Dios…
Así, la obra de Dios se manifestó superior a la de Satanás —Signs of the Times, 11 de marzo de 1880.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

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