domingo, 1 de mayo de 2016

¿ES ESA LA VOLUNTAD DE DIOS?

“Enséñame a hacer tu voluntad” (Salmo 143:10).

El mensaje fue bastante claro: “Cuando llegues, el Mediterráneo se dividirá para que pases con tu ejército”.

“¿Por qué dudar de estas palabras? ¿Acaso no dice el profeta Joel que en los últimos días ‘los jóvenes [verán] visiones’ (Joel 2:28)?” Estas eran las preguntas que revoloteaban en la cabeza de Esteban, un joven pastor de ovejas que vivía en Vendóme, Francia. Según él, Jesús le prometió abrir las aguas del mar si reclutaba a niños y jóvenes y los hacía marchar hacia Jerusalén, para asesinar a los musulmanes que dominaban la ciudad.
Tras recorrer varias naciones de Europa, y reunir a miles de niños, en 1212 Esteban dio inicio a la Cruzada de los Niños. Los católicos de esa época creían que el fracaso de las antiguas cruzadas se había debido a la impureza de los soldados adultos; pero que la pureza de los niños garantizaba que el Señor les daría el triunfo.
Los chiquillos salieron cantando, recitando pasajes bíblicos, confiando en que serían los vencedores porque estaban cumpliendo la voluntad divina. ¿Qué pasó con esos jovencitos que creían obedecer al pie de la letra un mandato del Señor? Muchos murieron de hambre cuando intentaron cruzar los Alpes. Como el mar no se abrió, una gran cantidad pereció tras zozobrar las embarcaciones que los llevarían a Jerusalén; entre estos se hallaba Esteban, el chico de la visión. Otros fueron vendidos como esclavos a mercaderes árabes. Sin duda alguna, la Cruzada de los Niños ha quedado registrado como uno de los capítulos más atroces de la historia cristiana.
Una religión enfermiza, desprovista de la gracia de Cristo, provocó la destrucción de los sueños e ilusiones de esos ingenuos muchachos. Y todo sucedió bajo el lema: “¡Dios lo quiere!” No prestes atención a ningún mensaje que contradiga la voluntad revelada de Dios en su Palabra. Ahí radicó el problema de Esteban, ¿cometeremos nosotros el mismo error?
A nosotros nos conviene unirnos a David y decirle al Señor: “Llévame por el camino de tus mandamientos, pues en él está mi felicidad” (Salmo 119:35). Y si nos parece muy complicado hacer de tales mandatos nuestra voluntad, entonces podemos arrodillarnos y pedirle a Jesús: “Enséñame a hacer tu voluntad” (Salmo 143:10), y él nos enseñará.

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
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