jueves, 2 de febrero de 2017

NO COMESTIBLE

“Ninguno de los descendientes de Aarón que esté enfermo de lepra o sufra derrames, comerá de las cosas sagradas hasta que haya sido purificado” (Levítico 22:4).

Recientemente, cuando iba a predicar en una reunión de jóvenes, pasé junto a un camión grande que transportaba una cisterna cromada gigante, de aquellas que, por regla general, contienen productos químicos. He visto esas cisternas antes, y portan señales en las que se puede leer “peligroso”, “nitrógeno”, “inflamable”, etcétera. Pero, en la señal de este camión, se leía “no comestible”. Tú y yo sabemos muy bien que una advertencia como esa está ahí porque un día algún descerebrado intentó tomarse un aperitivo de una de estas cisternas. ¿Quién en su sano juicio ve una cisterna y piensa: “Hummm, apuesto a que eso sabe bien”? Cuando adelanté al camión, otra señal me dio más detalles: “No apto para consumo humano, comida para animales”. Otra pregunta vino a mi mente: “¿Con qué están alimentando a los animales que las personas no pueden comerlo?”
La mayoría de la gente no tiene ni la menor intención de comerse lo que sea que haya en el interior de una cisterna pero, cuando se trata de la forma en la que se aproxima a la “comida” de Dios, lo hace con cierta frivolidad. ¿A qué me refiero? Pues, por ejemplo, a tomar la Comunión, que es un ritual establecido para aquellos que quieren dedicar nuevamente sus corazones a Dios y reconocer la necesidad de un Salvador. ¿Alguna vez has comido el pan sin levadura simplemente porque te apetecía? Vamos a tratarlo desde una perspectiva espiritual. La Biblia, la Palabra de Dios, es nuestro alimento espiritual. Sin embargo, quizá nos hemos acostumbrado tanto a ella que, a veces, la leemos como si fuera un libro cualquiera. En lugar de detenernos a orar y pedirle a Dios que nos llene de su Espíritu, leemos un versículo o dos y nos volvemos a centrar en nuestros asuntos.
Dios nos ha entregado cosas para nutrirnos y alimentarnos espiritualmente, cosas con gran significado. Pero, con demasiada frecuencia, no las valoramos. No preparamos nuestros corazones a fin de estar listos para consumirlas. La próxima vez que tengas una Biblia en las manos o participes de la Santa Cena, no lo hagas sin pedirle a Jesús que limpie tu corazón y tus pensamientos. Así podrás comer como Dios indica lo que él te ha proporcionado.

Tomado de lecturas devocionales para Adolescentes 2017
FUSIÓN
Por: Melissa y Greg Howell
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