miércoles, 17 de julio de 2013

¡LAS DELICIAS DEL DESCANSO!

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana. Mateo 11:28-30

El descanso está catalogado como una de las necesidades básicas del ser humano.
No así el ocio, que puede ser una de las peores armas que se vuelven contra nosotros. Alguien que vive en la ociosidad no posee el elemento motivador que conduce al cumplimiento de metas. Es un hecho que una vida sin metas carecerá de sentido y, aquel que vive de ese modo, se mantendrá como un simple observador del avance de los demás mientras oscila entre sentimientos de impotencia y hastío.
El descanso ideal es aquel que surge de una jornada de trabajo productivo.
Provee al obrero la reparación de las capacidades físicas, mentales y espirituales.
Le provoca una grata sensación del deber cumplido, dando como resultado una vida plena y satisfactoria.
Nuestro Dios, quien nos dio el trabajo como una fuente de bendiciones, hizo provisión para el descanso del trabajador desde el principio de los tiempos. Con ese propósito estableció dos períodos especiales. Ellos son la noche, y el sábado.
Únicamente los seres humanos, así como algunos animales nocturnos, son los que dan la nota discordante en esta maravillosa sinfonía. Hemos hecho de las noches días, y de los días noches, distorsionando los propósitos divinos.
El Señor dijo: “Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios” (Éxo. 20:9-10). Dios apartó el sábado con la única intención de encontrarse con nosotros y proveernos paz interior, alimento para nuestra fe y, sobre todo, satisfacción al espíritu fatigado y cargado.
Amiga, recoge tu espíritu al llegar la noche y descansa en el Señor. El sueño del trabajador es dulce y reparador. Al mismo tiempo, cuando el santo sábado se acerca, llénate de alegría, pon fin a tus faenas terrenales y prepara tu cuerpo y tu mente para entrar en armonía con el Creador. No permitas que una actitud irreverente interrumpa el refrigerio espiritual que Dios tiene preparado para ti y para tu familia.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

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