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miércoles, 26 de febrero de 2020

DE LA PASIÓN A LA TRAGEDIA

“Los celos despiertan la ira del hombre, y en el día de la venganza este no perdona; no perdona ni se da por satisfecho, aunque se le ofrezcan muchos obsequios” (Proverbios 6:34, 35)

La Ilíada cuenta la historia de la guerra de Troya. De acuerdo con el relato, todo se debió al rapto de Helena de Esparta, quien era la esposa del rey Menelao, por parte del príncipe Paris de Troya. Durante un viaje diplomático a Esparta, Paris se enamoró de Helena, una de las mujeres más bellas del mundo. Después de seducirla, se la llevó a escondidas a Troya, donde la presentó como su esposa. Al ver lo que había hecho el príncipe, la corte troyana se dio cuenta de que la guerra era inminente. Menelao había sido ofendido en lo más íntimo. Así que todos los príncipes y reyes de Grecia fueron llamados para ir a recuperar a la reina. Debido a diversas circunstancias, el viaje de los contingentes griegos a Troya duró diez años, además de los otros diez que demoró el cerco que se impuso en la ciudad, la cual resistió los embates aqueos con gran ímpetu. Pero un ingenioso engaño, un enorme caballo que ocultaba soldados enemigos, señaló el final de la sangrienta lucha. Troya fue destruida y quemada. Aquella guerra dejó una profunda huella en toda la región y fue narrada en un ciclo de poemas épicos, de los cuales solo dos han sobrevivido intactos hasta nuestros días: La Ilíada y la Odisea, que se atribuyen a Homero (c. siglo VIII a.C.). Otras partes de la historia han sido narradas por poetas griegos y romanos posteriores.
¿Has escuchado alguna vez que “no se pueden controlar los sentimientos”, que “en el corazón no se manda” o que “hay que seguir los dictados del corazón”? Pues el ardiente romance de Paris y Helena costó la vida de miles de personas, acabó con cientos de familias, destruyó un reino y marcó drásticamente el devenir de aquella región del mundo. No, enamorarse no es ningún juego. El amor exige responsabilidad, respeto y compromiso. Los sentimientos no se pueden dejar al azar ni vale dar rienda suelta a las pasiones. Una relación sentimental con una persona casada o comprometida (que ya tiene novio/a) te acarreará graves problemas, que incluso afectarán a tu familia. Nunca consientas el coqueteo o insinuaciones de este tipo de personas.
Hoy ruega al Señor que te ayude a organizar de manera responsable tu vida sentimental y te enseñe a ser fiel a él en todo momento.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020
UNA NUEVA VERSIÓN DE TI 2.0
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2020.

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿MEJORES AMIGAS… PARA SIEMPRE?

Cruel es la ira, e impetuoso el furor; mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? (Proverbios 27:4).

Laura y Sara habían sido las mejores amigas desde sexto grado. Luego, en la secundaria, Sara conoció a Sonia en la práctica de fútbol y comenzó a pasar tiempo con ella.
Laura miraba con envidia cómo Sara y Sonia volvían del campo de fútbol hablando y riéndose juntas.
-Voy a la casa de Sonia después de la escuela -dijo Sara, aunque ella y Laura, por lo general, volvían juntas a casa-. Supongo que te veré mañana.
Laura volvió sola a casa, pateando las piedras de la acera y sintiendo lástima de sí misma. En casa, fue a su habitación y cerró la puerta. No quería hablar con nadie; solo quería estar sola y pensar en por qué ahora su mejor amiga ya no tenía más tiempo para ella.
Más tarde esa noche, Sara llamó queriendo contarle sobre su visita a la casa de Sonia.
-Mi mamá dijo que la semana que viene puedo venir contigo y Sonia después de la escuela. ¿No sería genial? -dijo Sara.
A Laura no le parecía una buena idea; quería que las cosas fuesen como siempre habían sido: solamente Sara y ella, las mejores amigas para siempre. Pero, sabía que si ella se mostraba celosa, perdería la amistad de S^ra por completo. De alguna manera tenía que encontrar espacio en su amistad para una persona más. Ella respiró hondo y dijo:
-Ok. Podríamos hacer eso.
Tal vez deba empezar a hacer nuevos amigos, para incluirlos también. Pensó «Laura.

¿Y AHORA?
¿Alguna vez has sentido celos cuando alguien te quitó tiempo y atención de un amigo? ¿Cuál es la mejor manera de lidiar con este tipo de situación?

SPLASH:
A una especie de vidrio grueso, acanalado y no transparente se lo llamaba vidrio celoso. Una ventana hecha de listones de vidrio que pueden abrirse para permitir que pase el aire se llama una celosía; es un término francés para los CELOS.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 12 de febrero de 2016

CELOS, ENOJO Y MISERIA

No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos; porque su corazón piensa en robar, e iniquidad hablan sus labios. Proverbios 24:1,2.

Cada año, durante la estación seca a finales del verano, los hijos mayores de Israel llevaban los rebaños de su padre hacia el norte, a tierras con mejores pastos. No era inusual para ellos ausentarse por varias semanas a la vez, pero en una ocasión estuvieron fuera más de lo esperado. Israel se preocupó.
“José, quiero que vayas a Siquem y encuentres a tus hermanos”.
Aunque se encontraban a más de 50 millas [80,45 km] de distancia, José estaba feliz de cumplir con el encargo de su padre. Cuando llegó al lugar donde esperaba encontrarlos, los muchachos mayores y sus rebaños no estaban en ningún lugar a la vista. Finalmente, un hombre lo vio desorientado en un campo y le habló.
El hombre señaló hacia el noreste. “Se han ido por aquel camino. Escuché por casualidad que decían: ‘Vamos a Dotán’ ”.
José le agradeció al hombre y se apuró. En las siguientes 15 millas [24 km], se olvidó de su cansancio porque quería “mitigar la ansiedad de su padre y encontrar a sus hermanos, a quienes amaba, a pesar de que eran duros de corazón con él” (Patriarcas y profetas, p. 210).
Finalmente, los localizó y los saludó con la mano mientras se apresuraba en su encuentro. Pero, cuando sus hermanos lo vieron acercarse con su hermosa túnica de colores brillantes, fue como poner una bandera roja enfrente de un toro enojado. Estaban furiosos y querían matarlo en el lugar. “José se aproximó sin sospechar el peligro, contento de haberlos hallado; pero, en vez del esperado saludo, se vio objeto de miradas iracundas y vengadoras que lo aterraron. Lo asieron y le quitaron sus vestiduras” (ibíd., p. 21l).
“¡Por favor, por favor, no me lastimen!”, suplicó.
Pero sus gritos fueron ahogados por las voces enojadas que se burlaban y lo amenazaban. Arrastrándolo hasta un pozo, lo tiraron allí adentro y se aseguraron de que no tuviera manera de escapar.
“¡Ahora te puedes sentar allí y morir de hambre!”, gritaron. Luego, ellos “se sentaron y comieron pan”.
Sin embargo, los hermanos no estaban felices. No sentían la satisfacción que habían esperado.
Los celos y el enojo son algunas de las mejores herramientas que Satanás tiene para hacer a la gente tan miserable como es él.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
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viernes, 1 de enero de 2016

CELOSO DE JESÚS

¡Cómo caíste del cielo, lucero del amanecer!… Pensabas para tus adentros: Subiré más allá de las nubes más altas; seré como el Altísimo. Isaías 14:12-14.

Ahora bien, esto último suena como una gran idea: ser semejante al Altísimo. ¿Acaso no es eso lo que todos deberíamos ser: semejantes a Dios? Pero, Lucifer no deseaba ser semejante a Dios en bondad y amor; él deseaba el poder y la autoridad divinos.
Todo comenzó un día, yendo bien hacia atrás en el tiempo, antes de que hubiera cualquier persona alrededor. Sucedió, de todos los lugares posibles, en el cielo; justo delante del Trono de Dios. Fue una idea completamente nueva para este gran ángel Lucifer, “el hijo de la mañana”. Nunca en su vida había tenido tal pensamiento. Para ser exactos, estaba celoso de Jesús.
Nadie sabía exactamente qué eran los celos en aquel entonces. Ningún ángel en todo el cielo podía decir qué era ser envidioso o querer algo que no le pertenecía. Ni uno de toda aquella multitud brillante podía describir qué era estar enojado o triste con otro ser.
Hoy sabemos qué son los celos. Hasta los animales los manifiestan. Toma dos perros, acaricia a uno y no al otro, y mira la reacción. ¡Cómo empuja, se acerca, gruñe y cruje solo para lograr ser acariciado! Pero, no era así en aquel entonces. Los ángeles siempre estaban felices y alegres.
“¿Por qué debería arrodillarme y adorar a Jesús?”, masculló Lucifer para sí mismo. “¡Yo soy tan grande como él! Soy el ángel superior del cielo. Tengo a todos los ángeles bajo mi mando y hacen exactamente lo que les digo que hagan. Tengo la mejor ropa, más brillante que todos los ángeles. ¿Por qué no soy primero, adelante de Cristo?”
Yo, yo, yo… Lucifer tenía un problema con el “yo”. Cuanto más pensaba en lo hermoso que era y en cuán grande era, tanto menos digno Jesús aparecía ante sus ojos hasta que, en efecto, odió a Jesús, odió su nombre, odió todo lo que tenía que ver con él. Su problema con el “yo” avanzó hasta que no pudo en absoluto ver la realidad muy claramente.
Cuando los pensamientos celosos aparecen en tu mente, pregúntate:
¿Por qué quiero ser mejor que esa persona? ¿Por qué quiero “serrucharle el piso”? ¿Por qué? Luego, hazte unas pocas preguntas más:
¿Quién me dio estos pensamientos? ¿Los obtuve de Jesús o de alguien que no entiende bien las cosas?

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward

viernes, 14 de junio de 2013

NO ESTABA CIEGA, SENCILLAMENTE NO LE INTERESABA

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos (Salmo 24:3,4).

Cuando esa mañana Ellen salió de la habitación, su hijo Sam no podía creer lo que veía. Su madre siempre había sido muy exigente con su apariencia personal. Se maquillaba con extremo cuidado, se pintaba y delineaba meticulosamente las unas, y peinaba con cuidado su cabello. Esa mañana, sin embargo, algo iba realmente mal. La parte izquierda del cabello de Ellen era una maraña con mechones en forma de nidos por aquí y allá, la mitad izquierda de la cara no había sido maquillada y arrastraba la parte izquierda del chal por el suelo. Ellen, sin embargo, había salido del cuarto solo después de haber pasado media hora maquillándose, peinándose, y arreglándose… la parte derecha del cuerpo.

Igualmente, al desayunar, Ellen ignoró completamente lo que se encontraba en la mitad izquierda de su plato. Ellen no estaba ciega de su lado izquierdo. Sufría de un mal bastante común conocido como “síndrome de negligencia unilateral”. El problema no era que Ellen no viera la mitad izquierda, sencillamente no le prestaba atención. El médico le demostró a Sam ese hecho con un experimento sencillo. Si levantaba un dedo a la izquierda de Ellen, frente a sus ojos, pero no lo movía, ella no lo veía. Si el medico movía el dedo entonces ella se percataba de su presencia. El sistema que gobierna el hecho de que prestemos atención a las cosas es bastante complejo y, en gran medida, está lleno de misterios para la ciencia. ¿Qué nos llama la atención, y por qué? ¿Cuáles son los factores determinantes? Estas preguntas son muy significativas, pero todavía no tenemos respuestas satisfactorias para ellas.

Por desgracia, muchos cristianos sufren de un problema similar, al que podemos llamar negligencia espiritual. Son muy cuidadosos con los aspectos externos de su vida. Son meticulosamente celosos y ordenados en el trabajo y en los estudios. Escogen la ropa y el arreglo personal con detenimiento y buen gusto. Sin embargo, su vida interior y espiritual es una maraña de desorden y falta de atención. Cada mañana, al mirarse en el espejo, se aseguran de que todo está bien antes de salir; pero Dios, que ve tanto el exterior como el interior, sabe que algo anda realmente mal. ¿Estás listo esta mañana para salir? ¿Por dentro y por fuera? Con Dios, manos limpias y corazón puro.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez