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jueves, 11 de febrero de 2016

LOS TRES HERMANOS

La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es esta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones (Santiago 1:27).

Los tres hermanos africanos casi habían terminado la cena.
-Estoy lleno -dijo el menor, y empujó el alimento que le sobraba en el plato del hermano del medio.
Con una mirada agradecida, el de diez años continuó comiendo hasta que también se sintió lleno. Levantándose, descargó sus sobras en el plato de su hermano mayor, de doce años de edad, quien siguió comiendo. Cuando toda la comida se había terminado, el hermano mayor miró hacia arriba, con una sonrisa satisfecha. Dejando su plato para lavarlo, se reunió a jugar con sus hermanos.
-Todos los días veo estudiantes de nuestra escuela tirando comida -dijo el Sr. Torres al auditorio repleto de estudiantes-. Cuando veo que pasa esto, pienso en estos tres hermanos y en cómo ellos se aseguraban de compartir lo que tenían.
Los alumnos se mantenían en silencio, mientras miraban en la pantalla una fotografía de los tres hermanos comiendo.
-¿Cuántos de ustedes tienen doce años? -continuó el Sr. Torres. Un grupo de manos se levantó-, A los doce años de edad, el hermano mayor es la cabeza del hogar. Los padres de los niños fallecieron, y no tienen parientes que los puedan cuidar. El orfanato más cercano no tiene lugar. Después de la escuela, estos niños comían su única comida diaria, que les proveían algunas personas caritativas. Luego se van a su casa, una pequeña choza de barro con unas colchonetas en el suelo.
-Podemos ayudar a estos chicos -dijo con una sonrisa el señor Torres-. Podemos ayudar a proporcionarles comida e, incluso, algunos útiles escolares. ¿Les gustaría hacer esto?

¿Y AHORA?
¿Cómo puedes encontrar y ayudar a personas como los niños de esta historia?

SPLASH:
En Sudáfrica, el país más austral del continente africano, actualmente fallecen más personas que las que nacen cada año.

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 6 de enero de 2016

APRENDAMOS A DAR

Da lo mejor que tienes y llegarás a ser lo máximo que puedas ser. Ralph Marston

Los hijos de una mujer cristiana observaron con preocupación que su madre llevaba siempre el mismo viejo y desgastado abrigo a dondequiera que iba, tanto reuniones familiares como eventos sociales que requerían mejor presencia. Así que le regalaron un abrigo nuevo, más digno de ella y apropiado para cualquier circunstancia.
Durante el siguiente encuentro familiar, los hijos se fijaron en que su madre llevaba nuevamente el abrigo viejo, y le preguntaron: “¡Por qué no te has puesto el abrigo nuevo?” Ella contestó: “Porque una mujer pobre llamó a mi puerta y, cuando vi su chaqueta rota, se lo di”. “¿Pero por qué no le diste este abrigo en lugar del nuevo?”, insistieron. “Porque debemos dar lo mejor que tenemos”.
Dar lo mejor de nosotras, no entregamos a medias, es el camino al crecimiento espiritual. Porque es compartiendo nuestro propio pan con el hambriento -no el que nos sobra, sino el de nuestra mesa- como nace la luz del alba en nuestra vida; es recibiendo al sin techo en nuestra propia casa -no dándole unos dólares para que se busque la vida en la calle- como nuestras heridas sanarán muy pronto; es vistiendo al desnudo con nuestra propia ropa -no solo con la que otros depositan en ADRA ni con la que ya no queremos- como la gloria de Dios nos seguirá a cada paso; es no dejando de socorrer a nuestros semejantes sino saliendo activa y premeditadamente al encuentro de sus necesidades como llegaremos a convertimos en un manantial al que no le falta el agua. No lo digo yo, es la promesa divina dejada para nosotros en Isaías 58:6-11.
No hay nada que nos empequeñezca más como seres humanos que retener aquello que estamos en capacidad de dar para ayudar a los demás. En realidad, si lo pensamos bien, nuestras posesiones no son sino préstamos que nos ha hecho el cielo para que podamos ministrar a los necesitados, tomando el testigo de la obra que el propio Jesús hizo cuando estuvo en esta tierra. Teresa de Calcuta decía a sus colaboradores: “No tengo necesidad de que me den sus sobras; no quiero que me den lo que no necesitan. Lo que quiero es su amor y su bondad”. Es una buena máxima por la que vivir, ¿no te parece?

“El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: […] en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes” (Isa. 58:6-8).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz

martes, 21 de mayo de 2013

VIAJE MISIONERO

Lugar: Malasia 
Palabra de Dios: Hechos 20:35

Hace unos quince años, un grupo de nuestra escuela realizó un viaje misionero a una pequeña aldea en Sarawak, Malasia. Fuimos allá para ayudar a construir un lugar de captación de agua, para que los aldeanos pudieran tener una fuente de agua más confiable y conveniente.
Cuando llegamos a nuestro destino, estaba oscuro y lloviendo. Mientras corríamos hacia el edificio conocido como la casa comunal, los aldeanos comenzaron a aplaudir y a darnos ánimo. Inmediatamente, una persona con un vaso con líquido rojizo en la mano nos saludó y nos dijo que tomáramos un sorbo. Al lado, en la fila, había otra persona con otro vaso. Y detrás de esa persona nos esperaba todavía otro vaso. Recorrimos la fila de vasos con líquido rojizo, tomando un sorbo de cada uno. Era su manera de darnos la bienvenida.
Esa semana trabajamos junto con ellos cavando zanjas, mezclando cemento y construyendo una estructura que captaría y almacenaría el agua de lluvia. Pero, lo que sobresale en mi mente acerca de aquel viaje a Malasia fue la generosidad de los aldeanos.
Aunque habíamos ido allá para ayudarlos, esa semana, la gente de la aldea nos mostró el verdadero significado del texto que dice "Hay más dicha en dar que en recibir". No tenían mucho, pero lo que tenían querían compartirlo con nosotros. La bienvenida de esa noche, con las bebidas y la comida que nos dieron, fue solo el comienzo.
Nos enteramos de que el jefe acababa de terminar de construir una casa nueva. Todavía ni siquiera se había mudado a ella, pero nos la ofreció, generosamente, para que durmiéramos en ella. Y los aldeanos nos ofrecieron galletitas y otras comidas durante toda la semana. Su disposición a compartir fue inspiradora. Cuando terminó la semana, regresé al colegio habiendo recibido el recuerdo de que es más bendecido dar que recibir.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

viernes, 3 de mayo de 2013

LAS BENDICIONES DE LA BENEVOLENCIA


El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado. Proverbios 11:25.

En el plan de salvación, la sabiduría divina estableció la ley de la acción y de la reacción; de ello resulta que la obra de beneficencia, en todos sus ramos, es doblemente bendecida. El que ayuda a los menesterosos es una bendición para ellos y él mismo recibe una bendición mayor aún...
Para que el hombre no perdiese los preciosos frutos de la práctica de la beneficencia, nuestro Redentor concibió el plan de hacerle su colaborador... Por un encadenamiento de circunstancias que invitan a practicar la caridad, otorga al hombre los mejores medios para cultivar la benevolencia y observar la costumbre de dar, ya sea a los pobres o para el adelantamiento de la causa de Dios. Las apremiantes necesidades de un mundo arruinado nos obligan a emplear en su favor nuestros talentos, dinero e influencia, para hacer conocer la verdad a los hombres y mujeres que sin ella perecerían... Al dispensar a otros, los bendecimos; así es como atesoramos riquezas verdaderas...
La cruz de Cristo es un llamamiento a la generosidad de todo discípulo el Salvador. El principio que proclama es de dar, dar siempre. Su realización por medio de la benevolencia y las buenas obras es el verdadero fruto de la vida cristiana. El principio de la gente del mundo es ganar, ganar siempre; y así se imagina alcanzar la felicidad. Pero cuando este principio ha dado todos sus frutos, se ve que solo engendra la miseria y la muerte...
Cristo les asignó a los seres humanos la obra de esparcir el evangelio. Pero mientras algunos salen al campo a predicar, otros le obedecen sosteniendo su obra en la tierra por medio de sus ofrendas... Este es uno de los medios por los cuales los eleva al hombre. Es exactamente la obra que conviene a este, porque despierta en su corazón las simpatías más profundas y lo mueve a ejercitar las más altas facultades de la mente...
Dios ha establecido el sistema de la beneficencia para que el hombre pueda llegar a ser semejante a su Creador, de carácter generoso y desinteresado...
Los que creen en Cristo deben perpetuar su amor... Juntaos alrededor de la cruz del Calvario dominados por un espíritu de sacrificio personal y de completa abnegación... Al contemplar al Príncipe del cielo que muere en la cruz por vosotros, ¿podéis cerrar vuestro corazón, diciendo: "No, nada tengo para dar"?  Dios os bendecirá si hacéis lo mejor que podéis.— Review and Herald, 3 de octubre 1907; parcialmente en Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 15-18.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

sábado, 30 de marzo de 2013

EL PRIVILEGIO DE DAR


Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:10.

El Señor hizo de los hombres sus agentes, y con corazones llenos del amor de Jesús, han de cooperar con él en hacer que los hombres se vuelvan del error a la verdad. Dios bendice la tierra con el sol y la lluvia. Él hace que la tierra produzca sus abundantes tesoros para la utilidad del hombre. El Señor ha hecho del hombre su intermediario para que dispense sus dones celestiales trayendo las almas a la verdad. ¿Examinarán mis hermanos en los Estados Unidos cómo la verdad salvadora los alcanzó cuando ellos estaban en las tinieblas? Hombres y mujeres traían sus diezmos y ofrendas a Dios, y a medida que los medios llenaban la tesorería, se enviaban hombres a otras partes para hacer progresar la obra. Este mismo proceso debe repetirse si las almas que están en tinieblas son alcanzadas hoy...
Las necesidades de la obra ahora demandan un mayor desembolso que nunca antes. El Señor llama a su pueblo a hacer todo esfuerzo para controlar sus gastos... Que el dinero que se ha dedicado a la gratificación del yo fluya a la tesorería del Señor para sostener a quienes están trabajando para ganar a las almas que perecen...
El Señor viene pronto. Debemos obrar mientras dure el día, porque viene la noche cuando nadie puede obrar. Muchísimas personas han perdido su espíritu de abnegación y sacrificio. Han estado enterrando su dinero en posesiones temporales. Hay hombres a quienes Dios ha bendecido y a quienes está probando para ver cómo responderán ante sus beneficios... Apresúrense, hermanos, ahora que tienen la oportunidad de ser honrados con Dios; no demoren. Por el bien de vuestra alma, ya no roben a Dios en los diezmos y ofrendas...
El plan de la redención empieza y termina con un don, y así debe ser llevado adelante. El mismo espíritu de sacrificio que compró la salvación para nosotros, morará en el corazón de todos los que lleguen a ser partícipes del don celestial. Dice el apóstol Pedro: "Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Ped. 4:10). Dijo Jesús a los discípulos al enviarlos: "De gracia recibisteis, dad de gracia" (Mat. 10:8)...
Que todos hagan todo lo que puedan para ayudar, con sus medios y sus oraciones, a llevar la carga por las almas por quienes trabajan los ministros.— General Conference Bulletin, 30 de mayo de 1897.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

jueves, 28 de marzo de 2013

PEDIR PARA DAR


Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir. Marcos 10:45.

Cristo continuamente recibía del Padre lo que habría de comunicarnos. "La palabra que habéis oído —dijo él—, no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14:24)... El vivió, pensó y oró, no para sí mismo, sino para los demás. De las horas pasadas en comunión con Dios, él volvía mañana tras mañana para llevar la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo. En las primeras horas del nuevo día, Dios lo despertaba de su sueño, y su alma y sus labios eran ungidos con gracia para que pudiese impartir a los demás. Sus palabras le eran dadas frescas de las cortes del cielo para que las hablase en sazón al cansado y oprimido...
Los discípulos de Cristo estaban muy impresionados por sus oraciones y por su hábito de comunicación con Dios. Un día, tras una corta ausencia del lado de su Señor, lo encontraron absorto en una súplica. Aparentemente no notó la presencia de estos, y siguió orando en voz alta. Los corazones de los discípulos quedaron profundamente conmovidos. Cuando terminó de orar, exclamaron: "Señor, enséñanos a orar" (Luc. 11:1). En respuesta repitió el Padrenuestro, como lo había dado en el Sermón de la Montaña...
"¿Quién de vosotros —les dijo— que tenga un amigo, va a él a medianoche, y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante?" (vers. 5, 6)...
Aquí Cristo presenta al postulante pidiendo para poder dar de nuevo... De la misma manera, los discípulos habían de buscar las bendiciones de Dios. Mediante la alimentación de la multitud y el sermón sobre el pan del cielo, Cristo les había revelado la obra que harían como representantes suyos. Habían de dar el pan de vida a la gente... Las almas que estuvieran hambrientas del pan de vida vendrían a ellos, y ellos se sentirían destituidos y sin ayuda. Debían recibir alimento espiritual, o no tendrían nada para impartir. Pero no habían de permitir que ningún alma se fuese sin ser alimentada. Cristo los dirige a la fuente de abastecimiento. .. Y Dios, que ha enviado a sus siervos a alimentar a los hambrientos, ¿no suplirá sus necesidades para su propia obra?— Review and Herald, 11 de agosto de 1910; parcialmente en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 105-107.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

viernes, 19 de octubre de 2012

LA BENDICIÓN DE DAR


Más bienaventurado es dar que recibir.  (Hechos 20:35).

Una tarde fui de tiendas con una amiga y vi un hermoso vestido que consideré apropiado para cualquier ocasión, ya que no era ni muy elegante ni tan informal. Al conocer el precio me dije: «Olvídalo, tendrás que ahorrar por lo menos seis meses y cuando tengas el dinero seguro que ya no estará». Pensé que aunque no fuera el mismo vestido compraría otro parecido. Así que comencé a apartar dinero en mi cartera, bien escondidito para ni yo misma verlo.
Un sábado de mañana me dispuse a escuchar el sermón. El templo estaba muy lleno pero vi un asiento vacío y pregunté si me podía sentar allí. La persona que estaba a mi lado era conocida. Al preguntarle que cómo le iba, me respondió que «muy mal». Al contarme otros detalles de su situación me sentí conmovida. Sin pensarlo dos veces, saqué mi ahorro secreto y se lo entregué, diciéndole: «Dios ha permitido que yo apartara este dinero porque él sabía que tú lo ibas a necesitar. Tómalo».
Yo también había estado orando por la salud de una persona que vivía en el extranjero. Nos alegramos mucho al saber que Dios nos había escuchado y le había devuelto la salud. Aquella persona luego me envió un hermoso vestido como muestra de su aprecio y cariño. «Qué bueno es Dios, yo le brindé tan solo un poquito de amor a uno de sus hijos y él me agradece su ayuda dándome mucho más». Pero no sabía lo que Dios me reservaba. Unos días más tarde, mi amiga me invitó a salir y me llevó de nuevo a la tienda donde había visto el vestido. Estaba rebajado, su valor ahora era tres veces menor. Jesús me dijo ese día: «Y cualquiera que dé a uno de estos pequeños un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa» (Mat. 10:42).
Sus promesas están todas a nuestro alcance, solo permitámosle que actúe a través de nosotras y experimentaremos en nuestras vidas la felicidad del servicio, así como la calidez de su amor y de su ternura.
Querido Señor, gracias por colocar en nuestros corazones el afecto y el interés por nuestros semejantes. Ayúdanos a estar dispuestas a servir en todo momento.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Gloria Epalza de Pérez.

viernes, 12 de agosto de 2011

AYUDA CON LAS OFRENDAS

Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a estos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. 1 Corintios 16:3.

Como adventista habrás escuchado muchas veces el relato del informe misionero y luego una exhortación para beneficiar con tus recursos a otros adventistas que se encuentran en otra parte del mundo. La ofrenda del décimotercer sábado de la Escuela Sabática va dirigida a un lugar específico cada trimestre, con el propósito de ayudar en la construcción de templos, capillas, colegios, habitaciones para un colegio con internado, sanatorios, estaciones de radio, etc.
Esa sana costumbre de la Iglesia Adventista no es algo nuevo, sino que las Escrituras registran la ayuda desinteresada que los cristianos de Corinto brindaron a los cristianos de Jerusalén. En esos años, la iglesia en Judea estaba viviendo una crisis externa. La persecución lanzada por los dirigentes israelitas sobre todos los que decían seguir a Jesús se palpaba en cada rincón de la ciudad, y los cristianos sinceros se vieron despojados de sus familias, de sus casas, de sus trabajos e incluso de las leyes que los amparaban. La escasez y la pobreza rápidamente se manifestaron en la vida de muchos creyentes, y el pedido de auxilio resonó en todas las iglesias del Imperio Romano.
Pablo, como apóstol, fundador y pastor de muchas de esas iglesias, recurrió a la bondad cristiana para obtener los recursos que menguarían la pobreza de Jerusalén, y con sus cartas envió recomendaciones para que cada seguidor de Jesús colaborara dando de sus bienes a los más necesitados.
En nuestros días, cada sábado tenemos la oportunidad de ayudar con las ofrendas para satisfacer las diversas necesidades que surgen en nuestras iglesias. En algunos casos la ayuda es local, mientras que en otros casos, como lo mencionamos al principio, la ayuda beneficiará a lugares distantes de donde vivimos; pero en ambos casos, esa ayuda debe salir del corazón convertido que está dispuesto a colaborar con Jesús.
Dios prometió bendecir a quienes ayuden a los pobres, y de igual manera está presente la bendición divina para los que colaboren con sus bienes para la iglesia de Cristo. Recuerda esto cuando des tu ofrenda el próximo sábado.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

jueves, 11 de agosto de 2011

AYUDA AL POBRE

A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar. Proverbios 19:17.

Una costumbre que aprendí en mi hogar fue la de compartir algo de lo que tenía con los pobres y necesitados. Recuerdo a mi padre mientras fui pequeño, sacando una moneda o un billete y enviándome para que lo depositara en las manos de algún mendigo.
Esa costumbre se vio a prueba después que crecí y tuve que tomar la decisión de compartir algo de mis ingresos con los que no tenían nada. Todavía recuerdo cuando recorrí la peatonal de una populosa ciudad, y en el momento de sacar dinero para darle a un niño que necesitaba, mi amigo me advirtió: "David, a lo largo de esta peatonal te vas a cruzar con varias decenas de hombres, mujeres, niños y lisiados que te pedirán una moneda. ¿Les vas a dar a todos?"
Luego, para calmar mi conciencia, me adueñé de frases como: "Si es un niño, debe tener un padre alcohólico que lo envía a pedir"; "si es un lisiado, seguramente tiene una pensión por invalidez"... y así, para cada uno de los que pedía, un pretexto imaginario que me impedía compartir una pequeña porción de lo que Dios me había dado.
Estoy seguro de que tú también has escuchado alguno de esos pretextos para no compartir, y piensas que todo aquel que pide está recurriendo al engaño y no merece recibir nada. Pero, ¿qué seguridad hay en esas conjeturas? ¿Conocemos realmente la vida de esas personas que piden limosna?
La Palabra de Dios me ayudó a cambiar de opinión y a darme cuenta que en el momento de colaborar nunca debo pesar en balanzas humanas los motivos ajenos. A los ojos de Dios no pasa desapercibido ese acto solidario, ya que "a Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar".
Si tienes la oportunidad de compartir dinero, alimentos, ropa o algún bien con un necesitado, no rehuses hacerlo. Ser cristiano es mucho más que guardar el sábado, leer la Biblia, dar diezmos y ofrendas o esperar la segunda venida de Cristo. Ser cristiano es vivir como Jesús, ayudar como Jesús, compartir como él lo hizo. Hoy, seguramente, tendrás la oportunidad de ayudar a alguien. Anímate a ser como nuestro Señor.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

martes, 12 de julio de 2011

MANOS QUE DAN

Además, todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, púrpura, carmesí o tino fino. (Éxodo 35:25).

Cuando era niña, nuestra iglesia fue multada con una suma considerable de dinero que debía pagar en un plazo demasiado corto, por lo que cada miembro tuvo que realizar un gran sacrificio para superar aquel revés. Incluso los niños contribuimos a que nuestra iglesia se mantuviera abierta. En los días de Moisés también los israelitas tuvieron que buscar estrategias para reunir el material necesario para la construcción de un tabernáculo donde adorar al Dios que los acababa de liberar. Los corazones fueron conmovidos, ya que la ofrenda fue tan generosa que Moisés tuvo que pedir que nadie diera más.
La iglesia necesita recursos para llevar el mensaje de salvación a este mundo, para construir templos, hospitales, escuelas, etcétera. Hay muchas manos que se extienden esperando la ayuda de los que profesan ser seguidores de Cristo.
Una niñita pobre que iba descalza y con ropas raídas cantaba alegre mientras sus piecitos iban dejando sus huellas sobre la húmeda arena de la playa. Un señor bien vestido se le acercó para preguntarle el porqué de su alegría. «¿Le cantas a un Dios que permite que vayas con los pies descalzos?», dijo el hombre. «No, señor, le canto a un Dios que está esperando que usted venga a calzarme».
Muchas personas, movidas por el Espíritu Santo, extienden su mano al necesitado y mitigan la pena del doliente. Una de esas personas puedes ser tú. Quizás no tengas mucho que dar o consideres que tú misma necesitas ayuda, pero cuanto más pobres somos, más ricos podemos ser, porque nos acercamos más a un Dios que tiene en sus manos todas las riquezas del universo.
Esfuérzale en ser generosa con tus recursos, por escasos que sean, porque tu tesoro está en el cielo. Aquella pobre viuda que dio solo dos monedas fue reconocida por el mismo Cristo como la mayor donante entre los ricos. El pequeño aporte que dimos en aquella ocasión ayudó a sobrepasar la cantidad requerida. Aquellas mujeres israelitas también dieron lo que tenían. Y tú, ¿qué tienes y qué darás? Dios está esperando por tus manos para hacer grandes maravillas.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera