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martes, 22 de enero de 2013

"HACEOS TESOROS EN EL CIELO"

Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:20, 21.

¿Qué comeré?, ¿qué beberé? y ¿cómo me vestiré?, son las preguntas que ocupan la mente de hombres y mujeres, a la vez que la eternidad no forma parte de sus pensamientos. Hay algunos que no acuden al Señor Jesucristo como la única esperanza del mundo... Aquellos por los cuales él murió se concentran en proveer para sí cosas temporales que no se requieren. A la misma vez descuidan la preparación del carácter que los haría idóneos para una morada en las mansiones que él [Jesús] compró para ellos a un precio infinito...
Cuando las cosas temporales absorben la mente y ocupan la atención, toda la fuerza del individuo se empeña en el servicio del hombre, y las personas consideran la adoración que se le debe a Dios como un asunto trivial. Los intereses religiosos quedan supeditados al mundo. Pero Jesús, que ha pagado el rescate por las almas de la familia humana, requiere que los seres humanos subordinen los intereses temporales a los intereses eternos. El quisiera que cesaran de acumular tesoros terrenales, de gastar dinero en lujos, y de rodearse de las cosas que no necesitan...
Al escoger la acumulación de un tesoro en el cielo, nuestros caracteres serán moldeados según la semejanza de Cristo. El mundo verá que nuestras esperanzas y planes se llevan a cabo teniendo en mente el progreso de la verdad y la salvación de las almas que perecen...
Al procurar un tesoro en el cielo, nos colocamos en una relación viviente con Dios, el dueño de todos los tesoros de la tierra, y quien suple todas las necesidades temporales esenciales para la vida. Cada alma puede obtener la herencia eterna... La más elevada sabiduría consiste en vivir de tal manera que se asegure la vida eterna. Esto puede lograrse al no vivir en el mundo para nosotros sino para Dios, al transferir nuestra propiedad a un mundo donde jamás perecerá. Al utilizar nuestra propiedad para avanzar la causa de Dios, nuestras riquezas inciertas son colocadas en un banco que no falla... Cada sacrificio hecho con el propósito de bendecir a otros, cada apropiación de medios para el servicio de Dios, será tesoro colocado en el cielo.— Review and Herald, 7 de abril de 1896; parcialmente en Exaltad a Jesús, p. 123.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

sábado, 19 de mayo de 2012

EN LA SEMILLA ESTÁ LA VIDA


«Más la palabra del Señor permanece para siempre.  Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada» (1 Pedro 1:25).

Un hombre poseía una pequeña parcela en la que decidió plantar maíz. A tal fin, fue y compró semillas. Aró el campo y quitó las malas hierbas y las piedras. Luego, mientras andaba por el campo, fue sembrando el maíz. No obstante, no se dio cuenta de que, mezcladas con el maíz, había semillas del arbusto de la mostaza que en esa región crece de manera espontánea. Nadie siembra mostaza a propósito, porque se trata de una planta silvestre.
El maíz brotó y, allí, en medio del campo, sobresaliendo por encima de él, se erguía un arbusto de mostaza. El arbusto creció lozano y vigoroso hasta alcanzar una altura superior a la estatura de un hombre. Durante la temporada de crecimiento, los pájaros volaban hacia el arbusto, que ahora ya parecía un árbol, y encontraban refugio y descanso en sus ramas.
De esta historia podemos extraer varias lecciones. El hombre hizo un buen uso de su campo. Algunas personas descuidan su campo de servicio. Les gustaría que el mundo entero fuera cultivado, pero nunca se involucran en la tarea. El primer lugar en el que tendríamos que sembrar la semilla del evangelio es nuestro propio jardín. Tenemos la obligación de trabajar para que aquellos a quien Dios nos ha confiado de manera específica, empezando por nuestra propia familia, se conviertan.
La semilla, aunque muy pequeña, es una cosa viva. Entre un grano de mostaza y un trozo de cera del mismo tamaño hay una gran diferencia. En la semilla hay vida, aunque no lleguemos a entenderlo. Es un misterio.
Dentro del grano de mostaza está toda la planta reproducida en miniatura. Todas las ramas, todas las hojas, todas las flores y todas las semillas están, en esencia, contenidas en la semilla. Todavía no se han desarrollado, pero están ahí. ¡En la semilla del evangelio se esconden tantas cosas! Mírela. Vea la regeneración, el arrepentimiento, la fe, la santidad, la consagración y la perfección. El cielo está escondido en el evangelio. Así como el Dios eterno estaba en el recién nacido de Belén, en la sencilla expresión: «Cree y vivirás», se encuentran todos los elementos de la justificación y la santificación.
Cuando sembremos y crezcamos con fe, obtendremos árboles de bendiciones. Basado en Mateo 13:31,32.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 1 de octubre de 2011

PARA SIEMPRE

Secase la hierba, marchitase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Isaías 40:8.

“El auto fantástico" fue una serie de televisión que impactó a los adolescentes a principios de la década de 1980. Con la fachada de un auto deportivo, este vehículo estaba dotado con una cantidad de elementos pocos comunes en los automóviles, ya que poseía armas, información computarizada y un blindaje especial antibalas. Como si se tratara de un ser humano, este automóvil podía conversar, advertir y hasta tomar decisiones, si no recibía una orden contraria. Realmente era un "auto fantástico".
El mismo año que comenzó esta serie salió en la Argentina un automóvil con una apariencia similar al de la serie: el Ford Sierra XR4. La publicidad hablaba de su potencia, su forma aerodinámica y que daba la sensación de ser un vehículo de carrera. Además mostraban cada uno de sus atributos: confort, seguridad, velocidad y elegancia. Miles de familias se deleitaron al pasearse en este automóvil parecido al de la serie, y un grupo aún mayor soñó con poseerlo.
Hoy día, veinte años más tarde del lanzamiento del Ford Sierra, ya nadie desea poseer este vehículo. Si bien la empresa ha dejado de producir este modelo, los que quedan en la calle y en el mercado distan mucho de contener las prestaciones que un auto nuevo puede brindar. El Ford Sierra ya no llama la atención; no es el sueño de nadie y se lo ve como un automóvil anticuado.
El profeta Isaías comparó la Biblia con las hierbas y las flores. Una flor puede ser magnífica, esbelta, delicada y con un exquisito perfume, pero desde el momento que nació en este mundo está destinada a morir. Su belleza puede atraer, llamar la atención y hasta ser fotografiada, pero cada uno de esos atributos desaparece con el tiempo.
A diferencia de las flores, la hierba y el Ford Sierra, la Biblia "permanece para siempre". La Palabra escrita de Dios ha soportado el paso del tiempo, las guerras ideológicas, los ataques de filósofos, eruditos, ateos y, lo que es peor, la indiferencia humana. Pero aunque el mundo entero haya luchado para que sus páginas dejen de iluminar a los mortales, la Biblia permanece inalterable para irradiar paz, luz, gozo y esperanza a la raza caída.
Acompáñame a lo largo de este mes para que analicemos juntos algunos aspectos del libro más importante del mundo.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

domingo, 19 de junio de 2011

CORRE HASTA LA META

No pretendo haberla ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás y entendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:13,14).

Cuenta una antigua leyenda que en una selva vivían tres leones muy fuertes. Un día, el mono, que había sido elegido rey por los mismos animales, convocó una reunión para decidir quién de los tres leones seria su sucesor. Tras mucho deliberar, decidieron que el que fuera capaz de escalar la montaña más alta sería coronado rey.
Los tres leones aceptaron el reto y emprendieron la marcha con muchas energías, pero no obtuvieron éxito en su empresa, y bajaron derrotados. Siendo que no podían elegir al nuevo rey, los animales pidieron ayuda a un águila. «Yo sé quién debe, ser el nuevo rey -dijo el ave—. Mientras acompañaba en mi vuelo a los leones, escuché lo que decían. Los dos primeros dijeron: "¡Montaña, me has vencido!", pero el tercero dijo: "¡Aunque me has vencido, solo es por ahora! Tú has llegado al límite de tu tamaño, pero yo todavía estoy creciendo"».
En medio de las dificultades, el tercer león supo mirar hacia arriba y encontrar esperanza en la victoria que vislumbraba. Como mujeres cristianas a veces nos sentimos derrotadas por las enormes montañas que a diario se presentan ante nosotras y que debemos vencer. Tenemos grandes retos en la enseñanza de nuestros hijos, en las tareas del hogar, en los estudios, en el trabajo, en la conservación de la familia y en la gestión de las emociones.
Hoy te invito a que repitas las palabras de este sabio león, que revelan el secreto del éxito. Allá en el cielo está Jesús, quien nos ayuda a crecer diariamente. Puede ser que no alcances aún la montaña que te has propuesto escalar, pero como el apóstol Pablo puedes aprender a olvidar el pasado, las derrotas que ponen freno a tu presente y a tu futuro. Extiéndete hacia lo que está delante, prosigue hacia la meta. Tienes un objetivo que alcanzar, un premio que recibir. Corre, no te detengas. Sigue creciendo.
El que pone sus ojos en la meta, recibe el poder divino para obtener el premio.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera