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viernes, 29 de enero de 2016

HERIDAS DEL CORAZÓN

Y por su llaga fuimos nosotros sanados (Isaías 53: 5).

Dan se sorprendió al ver las heridas en el brazo de Miriam.
-¿Qué te pasó? -jadeó.
Miriam bajó su manga por sobre las heridas, obviamente molesta porque Dan se había dado cuenta.
-Nada -murmuró ella.
-¿Miriam? – Dan la miró de cerca.
-Yo misma me lo hice, ¿okey? -ella comenzó a llorar-. No quiero que nadie lo sepa; por favor, Dan. Y deja de mirarme así. Tú no entiendes lo que es ser yo. Dan no sabía qué decir. Sintió náuseas. Miriam se quedó mirando al vacío.
-A veces, me duele por dentro; es tan intenso que no puedo soportarlo; es por eso que me corto. Por favor, no me juzgues -Miriam volvió su rostro hacia Dan-, Mi padrastro es un enfermo del control. Ni siquiera quiero pensar en lo que hará si se entera. Probablemente, me meta en un hospital de salud mental o algo así.
Los pensamientos de Dan le daban vueltas por la cabeza, confundido; se preguntaba qué debía hacer.
Las personas que se lesionan a sí mismas están experimentando angustia emocional severa. Ellos necesitan sentirse amados, escuchados y aceptados, para poder hablar sobre lo que les causa tanto dolor. Ellos no deben ser criticados, abandonados o burlados sobre este asunto. Si conoces a alguien que se esté cortando, golpeando o autolastimando (flagelando), sé un amigo que escucha y aliéntalo a hablar de su dolor con alguien en quien confíe.
Lo más importante: ora para que Dios intervenga. Él es el sanador de las heridas externas y las internas.

SPLASH:
¡La esperanza es algo poderoso! De acuerdo con los investigadores Zubieta y Stohler, la esperanza sigue el mismo camino químico en el cerebro que un analgésico (como el Paracetamol), y puede reducir el dolor y mejorar la salud y el bienestar.

¿Y AHORA?
¿Qué textos bíblicos podrías usar para alentar a alguien que sufre de una profunda angustia emocional?

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 1 de abril de 2013

HERIDAS DE GUERRA


Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús. Romanos 8:37-39.


En 1982, la reina Isabel II concedió el prestigioso título de Sir al piloto de aviación Douglas Bader, el primer hombre que no hizo la genuflexión ante la monarca, pues le habían amputado las dos piernas como consecuencia de un accidente aéreo anterior a la Segunda Guerra Mundial. A pesar de ello, combatió provisto de dos prótesis artificiales; sus hazañas, llenas de valor y gallardía, lo mantuvieron cumpliendo el deber hasta las últimas consecuencias. Ya anciano, se dedicó a visitar heridos de guerra para darles ánimo y esperanza.
Nosotras, las «guerreras de Dios», nos encontramos hoy en el campo de batalla del mundo, librando la lucha entre el bien y el mal. A veces la refriega es tan intensa que recibimos heridas, algunas de muerte. Tales heridas recibidas en combate posiblemente han sanado con el paso del tiempo, pero dejado tremendas y profundas cicatrices que aún producen dolor. Si has salido vencedora, no te avergüences de ellas, pues dan testimonio de que, con nuestro capitán Cristo Jesús al frente, podemos obtener la victoria. Las cicatrices de guerra están ahí para recordarte que Dios estuvo, está y estará siempre contigo.
La batalla de la vida es constante y permanente, y llegará a su fin solamente cuando el Soberano del universo levante su diestra y diga: «Todo se ha cumplido». Mientras el tiempo dura lidiemos con valor, seguras de que Dios dirigirá nuestro avance si nos revestimos con su poder. Claro, tampoco perdamos de vista el hecho de que son muchas las mujeres que militan en el ejército de Dios y están dispuestas a brindarte apoyo, consejo y esperanza.
Criar hijos, hacer prosperar el matrimonio, administrar el hogar, mantener la pureza en un mundo envilecido con toda clase de inmundicias, son algunas de las luchas que hemos de afrontar las mujeres de Dios. Recordemos que nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza (ver Efe. 6:12-13).
¡Tengamos ánimo, el Señor está con nosotras!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

jueves, 28 de junio de 2012

ALERTA DE SANGRE


«¿Para quién serán los oyes? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas sin razón? ¿Para quién los ojos enrojecidos? Para los que no dejan el vino, para los que van probando mixturas» (Proverbios 23:29, 30, RV95).

¿Alguna vez te has caído al caminar? Yo sí me he raspado las rodillas y me he cortado en los brazos. Me ha salido sangre. ¿Sabes por qué hasta las heridas más pequeñas a veces dejan fluir mucha sangre? El cerebro ordena a los vasos sanguíneos que se abran y que la sangre fluya rápidamente. Cuanta más sangre fluye, más células blancas se apresuran hacia el lugar del problema. ¿Alguna vez has visto a alguien con los ojos enrojecidos? Eso ocurre porque los vasos sanguíneos se abren y dejan fluir sangre hacia el globo ocular.  Los ojos pueden enrojecerse cuando entran en contacto con cosas como el humo o el polvo, pero también pasa cuando la gente toma alcohol, como dice el versículo de hoy.
Esto nos habla de la importancia de mantener nuestro cuerpo libre de venenos como el alcohol. El alcohol es sumamente dañino. Lee el versículo de hoy nuevamente y entenderás lo que estoy diciendo. Nuestros cuerpos y la Palabra de Dios nos pueden enseñar muchas lecciones. La lección de hoy es que debemos permanecer alejados del alcohol.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

domingo, 17 de julio de 2011

EL ÚNICO REMEDIO PARA TU MAL

No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad? Nahúm 3:19.

El sol de mediodía castiga la carretera con la fuerza del verano. Un hombre humilde carga un saco de papas sobre sus hombros. Todos lo conocen, en la ciudad, por su espíritu de servicio y su fidelidad a Dios. Al cruzarse en el camino con un muchacho incrédulo, oye la voz socarrona:
-¿Cómo sabes que eres salvo?
El cristiano sigue unos pasos adelante, y deja caer la carga. Entonces, dice:
-¿Cómo sé que se me cayó el bulto? No he mirado atrás.
-No -replica el muchacho-, no has mirado atrás, pero ya no sientes el peso.
-¡Exactamente! -respondió el hombre-. Es por esa misma razón que sé que soy salvo: ya no siento la carga de pecado y de tristeza, y he encontrado paz y satisfacción en el Señor.
El texto de hoy habla de una imposibilidad: "No hay medicina para tu quebradura", afirma el profeta. Se está refiriendo al pecado: cuando el pecado toca una vida, la anula poco a poco. Los estragos del pecado no aparecen intempestivamente; en la mayoría de los casos, no. Son como los efectos que causa la lepra: en los tiempos bíblicos, el leproso solo percibía su mal cuando su carne empezaba a caer en pedazos; entonces, ya era demasiado tarde. El pobre hombre tenía que abandonar a la familia, a los amigos, el trabajo, en fin. Su futuro era confinarse, con los otros enfermos, en el valle de los leprosos.
En aquellos tiempos, no había remedio para la lepra. Hoy, ayer y para siempre, nunca habrá remedio humano para el pecado. No es solo un asunto de conducta o de comportamiento: es un asunto del corazón. Acompaña al pecador por dondequiera que vaya. La única solución es Jesús. Y él no empieza trabajando por fuera; la fachada es lo último que él restaura. Su maravilloso trabajo de salvación empieza donde está el nido del pecado: en la mente. Él te brinda una nueva mente, nuevas motivaciones, nuevos horizontes. Las cosas pasadas quedan enterradas para siempre, y la vida empieza a partir del encuentro con Jesús.
Recuerda bien esto, a lo largo del día. Y piensa en el planteo del profeta: "No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón