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lunes, 4 de enero de 2016

EL VECINO CRUEL

Defiendan la causa del huérfano y del desvalido (Salmo 82:3, NVI).

Huesos estaba ladrando nuevamente. Daniela no se podía concentrar en el libro que estaba leyendo, con el perro de su nuevo vecino haciendo tanto ruido. Con un suspiro, cerró el libro sobre su pulgar para marcar la página y caminó hacia la ventana.
— ¿Qué pasa esta vez, Huesos? — Daniela se preguntaba en voz alta mientras se asomaba entre las cortinas. Aunque no hubiera intrusos evidentes, Huesos parecía decidido a anunciar su propiedad del patio trasero a todo el barrio. Mientras observaba, el dueño de Huesos salió al patio.
— ¡Huesos! ¡Cállate! —gritó el hombre. Huesos continuó ladrando.
— ¡Dije que te callaras!
Esta vez, el hombre se dirigió hacia Huesos y pateó al pequeño perro en las costillas con su bota.
El ladrido de Huesos se transformó en un grito dolorido, mientras caía tirado sobre el pasto, temblando. Impactada, Daniela vio que el hombre pateaba nuevamente al perro mientras le gritaba para que entrara en la casa. Huesos cojeó lentamente a través de la puerta, y el hombre la cerró.
Daniela sintió ganas de vomitar. El ladrido del perro era molesto, pero ningún animal merece ser tratado tan cruelmente. Y ella quería ayudar al pobre animal. Recordó haber leído en la Biblia que, en el comienzo, Dios dio a los humanos la responsabilidad de cuidar de los animales.
¿Qué debería hacer? se preguntaba. ¿Debo ocuparme de mis asuntos? ¿Debo decir algo? ¡Debo llamar a la agencia de protección de animales y denunciarlo?

¿Y AHORA?
¿Has estado en una situación en la que hayas visto que una persona o un animal sufrían de abuso? ¿Qué hiciste?

SPLASH
Hay una relación entre el abusa a los animales y el abuso a las personas. Según una investigación realizada en Wisconsin (EEUU), cuatro de cada cinco víctimas de violencia doméstica en casas donde hay mascotas declaran que sus animales también fueron abusados.

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler.

martes, 11 de junio de 2013

LA GUERRA DE LOS BIGOTES

De Lugar: Francia
Palabra de Dios: Efesios 4:32

El casamiento debió haber sido un acontecimiento espectacular. El rey Luis VII, de Francia, se casaba con Eleanor, la hija de un duque muy rico. Ella traía consigo una gran dote, dos provincias del sur de Francia, y el rey se convertía, así, en un hombre mucho más rico.
La historia cuenta que, poco tiempo más tarde, el rey se fue de viaje. Durante ese viaje, se cortó la barba. No tenía idea de cuánto le molestaría esto a su esposa.
-¿Por qué te afeitaste la barba? -preguntó Eleanor, cuando su esposo volvió a casa-. Te ves muy feo sin ella.
"¿Cómo se atreve a hablarme así?" pensó, furioso, el rey. Su enojo ganó, y se negó obstinadamente a volver a dejarse crecer la barba.
La reina tampoco estaba dispuesta a ser tratada así. "Merezco más respeto", se dijo a sí misma. Se divorció del rey de Francia y se casó con el rey Enrique II, gobernante de Inglaterra. Entonces, exigió al rey Luis VII que le devolviera la dote y se la diera a su nuevo marido. Cuando el rey Luis VII se negó a hacerlo, el rey Enrique II le declaró la guerra.
Los dos países pelearon la "Guerra de los Bigotes" durante 301 años, hasta que finalmente, declararon la paz en 1453. ¡Cuán necio que todo haya comenzado porque un rey se haya cortado la barba! Un pequeño incidente llevó a una gran guerra; todo, porque dos personas rehusaron ser amigables una con la otra.
¿Qué habría pasado si Eleanor hubiera sido más bondadosa con su opinión? ¿Qué habría ocurrido si el rey Luis VII hubiese sido más comprensivo? ¿Qué habría sucedido si los dos hubieran estado más dispuestos a perdonar? Cuánto mejor habría sido todo si hubieran seguido el consejo del apóstol Pablo: "Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo". No permitas que las cosas pequeñas se agranden, hasta la desproporción.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

martes, 4 de junio de 2013

FUERTE EN CRISTO


Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu. Efesios 3:16.

Nuestro Salvador representa sus requisitos como un yugo y que la vida cristiana equivale a llevar cargas. Pero al contrastarlos con el poder cruel de Satanás y la carga que el pecado impone, él declara: "Mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11:30).
Cuando intentamos vivir la vida de un cristiano, llevar sus responsabilidades y cumplir sus deberes sin Cristo como ayudador, el yugo es abrumador y la carga intolerablemente pesada. Pero Jesús no desea que hagamos esto. Él invita al cansado y cargado: "Venid a mí... y yo os haré descansar... Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11:28-29). Aquí se revela el secreto del descanso que Cristo promete darnos. Debemos poseer su sencillez de espíritu, y hallaremos paz en él.
Muchos profesan venir a Cristo a la vez que se aferran a sus propios caminos, que son un yugo doloroso. El egoísmo, el amor al mundo u otro pecado acariciado destruyen su paz y gozo. Mi compañero cristiano... recuerde que usted se encuentra al servicio de Cristo. Sea cual fuere su carga o cruz, levántela en el nombre de Jesús; llévela con su poder. Él declara que su yugo es fácil y ligera su carga, y yo le creo. Yo he comprobado que sus palabras son verdad.
Quienes son inquietos, impacientes; [quienes están] insatisfechos bajo el peso de la preocupación y la responsabilidad, intentan llevar su carga sin la ayuda de Jesús. Si él estuviese a su lado, la luz del sol de su presencia esfumaría toda nube, la ayuda de su brazo fuerte haría liviana toda carga...
Nos cargamos a nosotros mismos con preocupaciones innecesarias y ansiedades y nos abrumamos con pesadas cargas porque no aprendemos de Jesús... Los verdaderos seguidores de Jesús no son como el mundo en palabras, obras y conducta. Oh, ¿por qué no lo siguen plenamente todos sus profesos hijos? ¿Por qué han de llevar cargas que él no les ha impuesto?...
En cada acción de la vida, los cristianos deben intentar representar a Cristo, hacer que su servicio parezca atractivo... Dejad que las gracias del Espíritu sean manifestadas en bondad, mansedumbre, paciencia, alegría y amor...
El amor a Jesús será visto, será sentido. No puede ocultarse. Ejerce un poder maravilloso. Hace que el tímido sea atrevido, el perezoso diligente, el ignorante sabio... El amor a Cristo no se desanimará por la tribulación ni se apartará del deber por los reproches.— Review and Herald, 29 de noviembre de 1887.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

viernes, 24 de febrero de 2012

¿UN MILLÓN DE SAPOS?

Por mucho que uno se preocupe, ¿cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora? Mateo 6:27.

Wayne Rice, escritor de temas para jóvenes, cuenta la historia de un granjero que fue al restaurante del pueblo y ofreció vender un millón de sapos. Al escuchar la oferta, el dueño del negocio, asombrado, preguntó:
—¡Un millón! ¿Y dónde conseguirá usted tantos sapos?
—En un pozo que hay cerca de mi casa —respondió el granjero—. Cuando cantan de noche, me vuelven loco.
Los dos hombres acordaron la entrega de quinientos sapos por semana, para comenzar.
Al cabo de unos días el granjero regresó al restaurante. Con rostro avergonzado, colocó sobre el mostrador dos sapitos tan escuálidos que cabían en la palma de su mano y todavía sobraba espacio.
—¿Y qué pasó con el millón de sapos? —preguntó el dueño del restaurante. Pues, verá... Solamente había dos, ¡pero hacían tanto ruido como un millón! (More Hot Illustrations for Youth Talks [Más ilustraciones actuales para charlas con los jóvenes] p. 23).
Me pregunto si no nos pasa a veces como al granjero de la historia. ¿Te ha ocurrido? Donde hay apenas dos miserables sapos, crees escuchar un millón. No jugaste bien en el partido de fútbol, y ya crees que el mundo se derrumba. El muchacho que te gusta no te presta atención, y ya piensas que la vida es cruel contigo. Tienes problemas con una materia en el colegio, y sientes que careces de suficiente materia gris para los estudios.
Quizá ahora mismo tengas algún problema con tus padres, tu novio, tu mejor amiga o tu salud. No le des más importancia de la que tiene. Quizás es un escuálido sapito al que le estás prestando demasiada atención, y en las noches se escucha como si fuera un millón. Por lo demás, ¿no tienes acaso en el cielo a un Padre amante, que conoce la carga que oprime tu corazón en este mismo Instante?. Si este es el caso, ¿qué tal si haces lo que dice el himno? «Cuando estés cansado y abatido dilo a Cristo, dilo a Cristo...»
Padres celestial, ayúdame a dar a cada cosa la importancia que tiene. Y cuando los problemas parezcan abrumarme, recuérdame que nunca estoy solo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala