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sábado, 26 de enero de 2013

LA PALABRA EN FORMA HUMANA

Porque les enseriaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Mateo 7:29.

Revestido del manto de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de los que deseaba salvar. En él no había ni engaño ni pecado; siempre fue puro e incontaminado; y sin embargo tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa. Al revestir su divinidad de humanidad, para poder relacionarse con la humanidad caída, trató de recuperar para el hombre lo que Adán había perdido como consecuencia de la desobediencia tanto para sí mismo como para el mundo. En su propio carácter exhibió ante el mundo el carácter de Dios; no se satisfizo a sí mismo, sino que fue por ahí haciendo el bien. Toda su historia durante más de treinta años fue de una benevolencia pura y desinteresada.
¿Nos asombra que quienes lo escucharon quedaran maravillados por sus enseñanzas? "Enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como los escribas". Las enseñanzas de los escribas y fariseos eran una repetición continua de fábulas y tradiciones infantiles. Sus opiniones y ceremonias se basaban en la autoridad de máximas antiguas y dichos de los rabinos que eran frívolos e inútiles. Cristo no abundaba en refranes débiles e insípidos y teorías humanas. Se dirigía a sus oyentes como uno que poseía una autoridad superior; les presentaba temas pertinentes, y sus apelaciones llevaban convicción a sus corazones. La opinión de todos, expresada por muchos que no pudieron guardar silencio fue: "Ningún hombre ha hablado como este".
La Biblia enseña la voluntad total de Dios concerniente a nosotros... La enseñanza de esta Palabra es precisamente lo que necesitamos en toda circunstancia en que podamos ser colocados. Es una regla suficiente de fe y práctica, porque es la voz de Dios que habla al alma, dándoles a los miembros de su familia indicaciones sobre cómo guardar el corazón diligentemente. Si se estudia esta Palabra; no leyéndola meramente, sino estudiándola, nos brinda una abundancia de conocimiento que nos permite mejorar toda dotación de parte de Dios...
Todos los que vienen a la Palabra de Dios en busca de conducción, con mentes humildes e inquisitivas, determinados a conocer los términos de la salvación, entenderán lo que dice la Escritura...
Necesitamos humillar el corazón, y con sinceridad y reverencia escudriñar la Palabra de vida porque solo los que tienen una mente humilde y contrita podrán ver la luz... El Señor habla al corazón que se humilla a sí mismo ante él.— Review and Herald, 22 de agosto de 1907; parcialmente en Comentario bíblico adventista, tomo 7A, p. 450.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 21 de enero de 2013

¿QUIÉN ERES? ¿A DÓNDE VAS?

No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Isaías 43:1.

Hace algunos años, debido a las circunstancias que imperaban en mi país, tuve que vivir un toque de queda. Nadie podía circular libremente por las calles en el horario que las autoridades habían fijado, con la finalidad de proteger a la ciudadanía.  Cuando por causa de una emergencia teníamos la necesidad de salir a la calle dentro del horario restringido, teníamos que cumplir con dos requisitos cuando nos topáramos con los responsables del orden público. Primero, había que levantar en alto un pañuelo blanco, y acto seguido, contestar sin titubear a dos preguntas: «¿Quién eres?» «¿A dónde vas?».
La voz imponente de los guardias nos urgía a contestar prontamente: «¡Identifíquese! ¡Identifíquese!» «¡Diga hacia dónde se dirige!». Si contestábamos con seguridad y prontitud, teníamos el salvoconducto para ir hasta nuestro destino y volver con seguridad. Más aún, los guardias nos escoltaban. De la respuesta a esas dos preguntas dependía nuestra vida.
Creo que como hijas de Dios deberíamos tener una respuesta pronta y convincente a estas dos preguntas. Sobre todo en un mundo en el que tantas mujeres viven sin saber quiénes son y desconocen su destino final. También porque de las respuestas que demos dependerá que obtengamos la vida eterna.
Me gustaría transmitirte un sentimiento de gozo y gratitud porque, en medio de la incertidumbre, nosotras conocemos nuestra identidad y sabemos cuál es la ruta que nos conducirá al destino final. Dios mismo nos la confirma cuando dice: «Te he llamado por tu nombre, tú eres mía. Yo estaré contigo» (ver Isa. 43:1-2). Amiga, gózate en el Señor, pues tu identidad fue determinada en la mente y el corazón de Dios, y nada ni nadie puede cambiar esa realidad.
Por otro lado, al reconocernos como hijas de Dios, también nos damos cuenta de que tenemos una encomienda sagrada que cumplir, lo que da sentido a la vida, la enriquece y la proyecta hacia cosas superiores, objetivos nobles. Esto, hasta el día memorable en que seremos trasladadas a nuestro hogar eterno.
No permitas que las preocupaciones, los fracasos y los chascos propios de la vida, le hagan perder de vista quién eres y cuál es el propósito que tiene Dios para ti. Nuestros hogares, nuestras familias y el prójimo necesitan mujeres de convicciones firmes que tengan creencias sustentadas en lo que jamás desaparece, en lo eterno, en Dios mismo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado