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lunes, 9 de mayo de 2016

UNA MAGDALENA MODERNA

Dios es lo primero en mi vida; no soy nada sin él. Karen Green

“Digamos que no tuve una infancia feliz”, afirma Karen Green.* Cuando tenía seis años, sus padres se divorciaron y ella se quedó con su mamá, quien la dejaba al cuidado de sus vecinos. El vecino comenzó a abusar sexualmente de ella, siempre dándole dinero a cambio. Aunque no entendía lo que pasaba, Karen sentía que aquello estaba mal, y se lo contó a su madre. Pero la policía no encontró pruebas.
A los trece años, Karen tuvo un hijo, pero no contó con el apoyo de su madre para criarlo. El novio de la madre se propasaba sexualmente con Karen y, en lugar de irse él de la casa, ella se fue a vivir con su tía, quien la condujo al desastre. Le impedía salir con muchachos jóvenes y cada vez que salía con un hombre, le preguntaba: “¿Cuánto dinero te ha dado?” Aquel se convirtió en su modo de vida… y de ahí a la droga.
Para mantener a su segundo hijo Karen fue a vivir con un hombre, que poco después la abandonó. Ella acabó suplicando ayuda por las calles, hasta que en su vida se cruzó una mujer compasiva que se comprometió a alimentar regularmente a su hijo. Entonces, Karen se volvió a Dios; comenzó a orar diariamente y decidió entregarse a la policía por un delito de prostitución. Dios escribe recto en renglones torcidos y en la cárcel esta mujer encontró su libertad. Gracias a un programa de desintoxicación con enfoque cristiano, se convirtió. Hoy Karen cuida de sus hijos y ha creado una organización sin ánimo de lucro que, en colaboración con la policía de Dallas, Estados Unidos, rescata a prostitutas de las calles y les ofrece una segunda oportunidad.
En todas partes hay Magdalenas modernas que esperan que alguien, siguiendo el ejemplo de Jesús, se cruce intencionalmente en su camino y les abra la puerta hacia una segunda oportunidad. Personas que acepten el llamado a compartir su pan con el hambriento, albergar a los pobres en casa, cubrir al desnudo y no esconderse de su hermano. ¿Serás tú una de ellas? Si lo eres, “entonces nacerá tu luz como el alba y tu sanidad se dejará ver en seguida; tu justicia irá delante de ti y la gloria de Jehová será tu retaguardia” (Isa. 58:7, 8). Pero no lo hagas por la recompensa, sino por amor.
“El ayuno que a mi me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; […] en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes” (Isa. 58:6, 7).

* Doug Bender y Dave Sterrett, I am second [Yo estoy en segundo lugar] (Tennessee: Thomas Nelson, 2012), pp. 61-71.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

martes, 19 de abril de 2016

LA CURA DE DIOS PARA TUS BOSTEZOS -3

“¿A quién sino a ti tengo en el cielo? A tu lado no me agrada ya la tierra. Aunque mi corazón y mi cuerpo desfallezcan, mí refugio y mi heredad por siempre es Dios”. Salmo 73:25, 26, LPH

Últimamente, los estadounidenses nos venimos gastando diez mil millones de dólares al año simplemente por cambiar el tono de llamada de nuestros teléfonos móviles. La mitad del mundo se va a dormir por la noche con hambre y nosotros gastamos diez mil millones de dólares cambiando el tono de llamada. Seamos sinceros: los occidentales somos dados a gastar, ¿no? No importa la economía (por la que, por supuesto, todos estamos muy preocupados estos días). Cuando hay que tener algo lo compramos sin importar los líos que tengamos que hacer para ello. Y así, la mayor colección del mundo en juguetes (tanto para niños como para adultos), cachivaches, herramientas, gangas que no necesitamos compradas en liquidaciones, vajillas de porcelana, discos de DVD, ropa, tonos de llamada, zapatos, cortacéspedes y demás sigue creciendo más y más.
Quizá por eso nos hayamos convertido en la nación con mayor déficit de la tierra. Exprimiendo nuestras tarjetas de crédito más allá de su límite, hemos descubierto una manera de no ser más que el vecino y de pagar nuestra colección de posesiones y nuestro costoso estilo de vida. Un comentarista lo describió como nuestra negativa a reconocer los límites naturales. ¿Es eso?
Y entonces se presenta el sábado, el más inmaterial de todos los dones confiados a la raza humana. No puedes envasarlo, cortarlo en trocitos y luego venderlo al mayor postor. No puedes recogerlo ni pintarlo. Es, más bien, de la sustancia de lo inmaterial, lo invisible, un trozo de tiempo eterno esbozado en los calendarios de la supervivencia humana, que nos ofrece lo máximo en lo inmaterial: una amistad personal con nuestro Creador.
El grito del Salmista en nuestro texto de hoy proviene de alguien que ha adquirido la dura conciencia de que las posesiones materiales de la tierra se desvanecen en la insignificancia frente al ofrecimiento divino de que poseamos a Dios. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?” Como un progenitor que se goza en el sentido de posesión de un niño -“Este es mi papá, esta es mi mamá”-, Dios anhela ser así poseído. Y, siendo sinceros, junto a él, ¿qué tenemos realmente en el cielo o en la tierra que sea comparable? Su don del sábado llega fielmente con una liberación silenciosa de esa fatiga que nos consume los huesos. Impulsados a dar cada vez más, oímos el llamamiento del sábado a menos: menos de nuestras querencias y cada vez más de nuestro Dios. Es la libertad que venimos anhelando.
“Venid a mí […] y yo os haré descansar” (Mat. 11:28).

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian #MiBibliaDice #DiosEscucha #SeñorTransfórmame

sábado, 27 de febrero de 2016

LA OBRA MAESTRA RESTAURADA

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas”. 2 Corintios 5:17

Con tantas buenas noticias sobre el hecho de que Dios acepte a los elegidos tal como son (incluso lo cantamos: “Tal como soy”), nos rodee con su gracia, nos emancipe, nos absuelva y nos perdone, y de que nos introduzca en su árbol genealógico, ¿concluiremos que, cuando nos llama a acudir tal como somos, permanecemos tal como somos?
Alister McGrath, científico inglés luego teólogo, cuenta que, durante sus dos años de estudio en la Universidad de Cambridge solía caminar hasta la cercana capilla del King’s College. Allí, en la silenciosa magnificencia del santuario, descansaba su mente y refrescaba su alma. Había en la capilla un viejo cuadro colgado, obra de un maestro, que McGrath se detenía a menudo a contemplar. Un día un manifestante, deseando transmitir cierto posicionamiento político, se acercó a aquel cuadro, sacó una navaja y rajó el lienzo. Varios días después, cuando Alister volvió a la capilla, descubrió que habían puesto una nota junto al cuadro echado a perder: “Se cree que esta obra maestra puede ser restaurada” (Justification by Faith, p. 18).
Hubo una vez, hace mucho tiempo, en que toda la raza humana se perdió, rajada por un ángel caído enloquecido y demente. Pero unos días después, fuera del huerto del Edén, vedado y cercado, Alguien puso una nota: “Se cree que esta obra maestra puede ser restaurada”.
Es la verdad del evangelio eterno. Porque cuando Dios elige a un hombre o a una mujer, o incluso a una comunidad, y los llama a él y a su salvación, no es solo en aras de la redención, sino también en aras de la restauración.
“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” promete nuestro texto de hoy. Sí, la absolución y la emancipación divinas son instantáneas, pero la obra divina de restaurar la creación y obra maestra humana original es, verdaderamente, la obra de toda una vida, día tras día, noche tras noche.
Sí, acudimos tal como somos. Pero, no, no permanecemos tal como somos. Porque en Cristo hay en marcha una nueva creación. Y por eso tenemos esta esperanza: “estando persuadido [s] de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
#ElSueñoDeDiosParaTi #MeditacionesMatutinas #DevocionMatutinaParaAdultos #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

miércoles, 31 de julio de 2013

EL REPARADOR DE PORTILLOS

“Y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Isaías 58:12.

Podemos regocijarnos en que el mundo no ha sido abandonado a una impotencia sin esperanza. Jesús dejó el Trono real y su alto mando del cielo y se hizo pobre, para que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Tomó sobre sí nuestra naturaleza, a fin de enseñarnos cómo vivir. En los pasos que el pecador debe dar en la conversión -el arrepentimiento, la fe y el bautismo-, él nos dio el ejemplo. No se arrepintió por sus pecados, porque no los tenía, pero lo hizo en nombre de los pecadores.
Jesús se convirtió en el “reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. Se convirtió en un exiliado en la tierra para traer de regreso a la oveja perdida y errante, el único mundo arruinado por el pecado. En él se combinaron lo terrenal y lo celestial, lo humano y lo divino; de otra manera, él no podría ser un Mediador a quien los pecadores pueden acercarse, y por medio del cual puedan ser reconciliados con su Hacedor. Pero ahora él rodea a la humanidad con brazos de simpatía y de amor mientras se aferra del Trono del infinito, uniéndonos de ese modo, en nuestra debilidad e impotencia, con la Fuente de fortaleza y poder…
Estamos endeudados con Jesús por todas las bendiciones que disfrutamos.
Debemos estar profundamente agradecidos por ser los objetos de su intercesión.
Pero Satanás engaña a hombres y mujeres cuando presenta ante ellos el servicio de Cristo bajo una luz falsa, y al hacerlos pensar que para ellos sería una humillación aceptar a Jesús como su Redentor. Si percibimos el privilegio cristiano bajo la luz apropiada, debiéramos considerar ser contados como hijos de Dios, herederos del cielo, como la más elevada exaltación…
¿Dejará usted las oscuras moradas del pecado y el dolor, y buscará las mansiones que Jesús fue a preparar para sus seguidores? En su nombre lo instamos a plantar sus pies firmemente en la escalera y subir. Abandone sus pecados, venza sus defectos de carácter y aférrese con todas sus fuerzas de Jesús, el camino, la verdad y la vida. Todos podemos triunfar. Nadie que persevere perderá la vida eterna. Los que creen en Cristo no perecerán; ni nadie los arrebatará de su mano —Signs of the Times, 31 de julio de 1884.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White 

martes, 23 de julio de 2013

IMPOSIBLE DE RESTAURAR

Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública (Hebreos 6:4-6).

¿Cómo puede una persona crucificar otra vez a Cristo Jesús? La expresión no puede ser literal porque Jesús está a la diestra del Padre en una posición de poder (Heb. 1:3; 8:1). Por otro lado, no crucificamos de nuevo a Cristo cada vez que pecamos.
Cristo murió “una sola vez” por nuestros pecados (Heb. 9:27,28). Su sacrificio es, por definición, único e irrepetible (Heb. 7:27; 9:12; 10:10).
Esta expresión es una metáfora de un fenómeno que ocurre en la relación individual entre el creyente y Jesús. El creyente crucifica a Cristo Jesús cuando mata su relación con él.
En este sentido el creyente crucifica “para sí mismo” al Hijo de Dios.
Este acto implica un rechazo total del principio esencial del evangelio. Jesús definió la vida cristiana como el acto de “tomar la cruz”, es decir, “negarse a sí mismo”, y seguirle (Mat.16:24; Mar. 8:34; Luc. 9:23). Esto quiere decir que la aceptación de Jesús en nuestra vida implica la crucifixión del yo (Gál. 2:20). Por eso, Pablo habla de crucificar al “mundo […] para mí” (Gál. 6:14), “la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos” (5:24), y la “vieja naturaleza” (Rom. 6:6).
En nuestra vida solo puede haber un rey, Cristo o el yo. No hay lugar para dos. Esto es metafóricamente una nueva crucifixión porque el individuo repite, en el plano personal, el rechazo de Cristo que efectuaron en la cruz las fuerzas del mal en el plano cósmico.
La gran mayoría de los cristianos experimenta una lucha muy difícil para decidir quién controlará su vida. Por un lado aman a Dios y desean cumplir su voluntad. Por otro lado, se aman a sí mismos y desean llevar a cabo su propia voluntad. Aquellos que, después de haber conocido a Dios matan su relación con él, es decir, que cierran totalmente su vida a su influencia, nunca se podrán recuperar de su situación. ¿Por qué? Porque Dios es el que produce arrepentimiento (Hech. 5:31) y si le cerramos totalmente la puerta, ¿cómo podremos arrepentimos? Ábrele hoy la puerta a Jesús y su voluntad.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

martes, 26 de marzo de 2013

EXPERTO EN RESTAURACIÓN


Les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de abundante paz y seguridad. Jeremías 33:6.

Uno de los relatos más hermosos de la Biblia, especialmente para nosotras las damas, es el de la mujer que tocó el manto de Jesucristo. No conocemos su nombre ni de dónde era. Bendita fue, pues gracias a que fue sanada, nosotras podemos tener la certeza de que Dios el Todopoderoso no escatima en sus cuidados. La referencia bíblica nos dice únicamente que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y había gastado todos sus recursos buscando salud.
A nosotras las mujeres nos impresionan estos hechos profundamente, pues nos resultan muy cercanos. Sabemos lo que esa mujer padecía, y si nos pusiéramos en su lugar, seguramente también entenderíamos los sentimientos y las emociones que experimentaba con respecto a ella misma y hacia los demás, con ese desgaste físico y también emocional, con sus cambios hormonales y el fastidio de diversas situaciones por las que seguramente tuvo que pasar durante tanto tiempo.
¿Baja autoestima? ¿Vergüenza? ¿Impotencia? ¿Desesperación? Posiblemente estos eran los estados emocionales más frecuentes que asaltaban la mente y el corazón de aquella pobre mujer. En la época de Jesús, el sangramiento de la mujer, al igual que la lepra, era considerado inmundicia, y quien padecía alguno de ellos era confinado a la soledad y al ostracismo. En tales condiciones ella decidió tener un encuentro con Cristo, y fue así como se produjo el más maravilloso de los milagros: «Ella se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, y al instante cesó su hemorragia» (Luc. 8:44). Fue una restauración instantánea y total. En un abrir y cerrar de ojos la mujer fue librada de su mal, no quedó en ella el más mínimo vestigio de su enfermedad.
La buena noticia para hoy es que Jesús tiene poder para restaurar a todos aquellos que se sienten atrapados en el pecado y la enfermedad. Los que caminan en un callejón sin salida. Los que se sienten solos e incomprendidos. Los cautivos del dolor y la desesperación.
Si tú eres uno de ellos, confía; confía y no dejes de confiar hasta que la mano poderosa de Dios se mueva a tu favor. Dile al Señor: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mar. 1:40). Ten fe y pronto verás resultados.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

martes, 4 de septiembre de 2012

RESTAURA MI ALMA



«Devuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente» (Salmo 51:12).

Cuando todavía estaba en el país lejano, el hijo pródigo tomó la decisión de decirle a su padre: «Hazme como a uno de tus jornaleros» (Luc. 15:19). Me imagino que, mientras andaba el largo camino de regreso a casa, mentalmente, una y otra vez, ensayó el discursito. Pero su padre lo detuvo antes de que pudiera terminar.
¿Cómo un jornalero? ¡No, jamás! En ese momento el feliz padre empezó a restaurar a su hijo al estado de miembro de la familia. Ordenó que le dieran vestidos nuevos y que se celebrara un banquete en su honor.
Si alguna vez su hijo o su hija se han escapado de casa estará en condiciones de entender cómo se sentía aquel padre. Su hijo se marchó de casa y usted no supo nada de él durante años. Para remachar el clavo, llevó una vida llena de pecado. Cuando tuvo noticias de él, el corazón casi se le rompió. ¿Recuerda cómo lo acogió? Usted habría deseado que fuera aquel jovencito o jovencita que solía sentarse en su había creído hasta convertirse en un pecador y un adulto hecho y derecho. No obstante, le dio un abrazo y le repitió tantas veces.  Las palabras de bienvenida que quedaron grabadas para siempre en su memoria. Entenderá, pues, que ese arrollador saludo se pareciera al del padre: «Muchacho, tú eres mi hijo. A pesar de todo lo que hayas hecho, eres mío. Por lejos que te hayan llevado el pecado y la locura, no dudo en reclamarte para mí. Eres hueso de mis huesos y carne de mi carne». En esta parábola, Cristo quiere que usted sepa que Dios lo reclamará si acude a él confesando sus pecados por medio de Jesucristo. Estará encantado de recibirlo. Ha ordenado que lo aseen, que le den ropas limpias y que se celebre un banquete en su honor.
El padre recibió a su hijo con tanto amor porque sabía que sus oraciones habían sido respondidas. De hecho, el padre escuchó la oración de su hijo antes incluso de que él la llegara a pronunciar. El joven recibió la misericordia antes de que la oración hubiera terminado. Dios, nuestro Padre, escucha el clamor de nuestro corazón antes de que lleguemos a terminar nuestra oración. Basado en Lucas 15:11-32

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 27 de abril de 2012

SUELTE EL ARCO


«Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa» (Isaías 11:10).

No sé cómo a alguien se le pudo ocurrir la idea de que cada semana, cuando llega el sábado, Dios nos quita algo bueno. Por lo menos algunos lo ven de esa manera. No obstante, los casados no consideran que su aniversario sea la negación de nada bueno. Por ejemplo, suponga que es su aniversario y usted y su cónyuge tienen previsto salir. Pero yo voy y digo:
—Oigan, ¿por qué no vienen los dos a mi casa esta noche?
Inmediatamente, usted me contestaría:
—No, gracias.
—¿Qué sucede, no les caigo bien? —protestaría yo.
Y usted respondería:
—¡Claro que nos cae bien! Pero esta noche es nuestro aniversario de boda y queremos salir.
El aniversario del sábado es nuestro tiempo con Dios. Es nuestro. El mundo quiere compartir el sábado con nosotros, pero no debemos dejar que eso suceda. ¿Ha trabajado duro esta semana? Le voy a dar una buena noticia: en seis días o menos se librará de la rutina. Saber que no tenemos que soportarlo durante más de seis días ayuda a sobrevivir. Jesús invita a todos los que están cansados a descansar en él (Mat. 11: 28).  
Un hombre vio que un profesor participaba en los juegos infantiles de unos niños. Se echó a reír y le preguntó al profesor por qué desperdiciaba su tiempo con una actividad tan frívola.  El profesor respondió tomando un arco, soltando la cuerda y volviéndolo a poner en el suelo. Entonces dijo al criticón:
—Ahora resuelva el acertijo, si es que puede... Díganos qué implica que el arco no tenga cuerda.
El hombre lo miró unos instantes, pero no tenía ni idea de a qué se refería el profesor. El profesor explicó:
—Si mantiene un arco en tensión constante, llegará un momento en que se romperá; pero si suelta la cuerda y permite que se enderece, cuando lo necesite, estará en mejor condición.
Cuando Dios «reposó de toda su obra» (Gen. 2:3), estableció una pauta para nosotros. Deberíamos tomarnos su ejemplo muy en serio. Por tanto, reserve cada sábado como un tiempo especial para reposar físicamente y para renovarse espiritual y emocionalmente, Si dedica tiempo a «aflojar el arco»,  estará en las mejores condiciones para el Señor.  Basado en Mateo 12:8

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 20 de abril de 2012

EL BILLETE ARRUGADO


Nosotros somos ciudadanos del cielo. Filipenses 3:20

Si se te pidiera que escogieras un objeto con características similares a tu personalidad, ¿cuál escogerías?
Esta fue la pregunta que una profesora hizo a sus alumnos al dirigir una dinámica de grupos. «Debes describir un objeto —dijo a la clase— que posea características  parecidas a tu persona; y decir por qué ese objeto se parece a ti».
La profesora Amy Smith relata lo que sucedió en su clase ese día. Dice ella que la actividad se desarrolló normalmente hasta que le llegó el turno a Joana. Cuando Joana hablaba, todo mundo escuchaba. Tenía solo catorce años de edad, pero conocía bien el mundo de los adultos, incluyendo lo que significa un aborto.
Entonces Joana sacó de su bolsillo un billete de un dólar, arrugado y desgastado.  Lo exhibió ante la clase y dijo: «Mi vida es como la de este billete. Puedo ir a muchos lugares. Le gusto a todo el mundo. La gente me manosea y soy popular, exactamente como este billete».
Ahora le tocaba a sus compañeros reaccionar. Pero nadie se atrevió a hablar. Entonces se puso de pie un jovencito. Mirando fijamente a Joana, le dijo:
—Me da mucha pena que te consideres barata y manoseada, como ese billete.
Acto seguido, metió la mano en su bolsillo, sacó cuatro monedas, cada una de 25 centavos, y las entregó a Joana, a cambio del billete arrugado. Luego, mostrándole el billete, añadió:
—Al igual que este billete, tú también puedes cambiar. Eres valiosa, Joana. Todo depende de cómo tú te consideres.
Mientras el jovencito regresaba a su asiento, se escucharon los aplausos de los compañeros de clase. ¿Y Joana? Allí permaneció por unos instantes, mientras no podía evitar que las lágrimas le corrieron por las mejillas.
Cuenta la profesora que Joana no fue la misma después de escuchar esas palabras. Su concepto de sí misma cambió notablemente y hasta se relación mejor con sus compañeros (Women of Spirit | Mujeres de espíritu], noviembre-diciembre de 2004, pp. 6,7).
Y tú, ¿qué concepto tienes de ti mismo? Nunca pierdas de vista que tu Padre celestial es el Rey del universo. Tampoco permitas que nadie te robe tu dignidad porque eres un príncipe, una princesa, para Dios.
Gracias, Dios, porque soy un príncipe, una princesa, en la familia real de Jesucristo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

martes, 27 de marzo de 2012

JESÚS NOS LIMPIARÁ

«Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus maldades, el que sana todas tus dolencias» (Salmo 103:2-3).

Jesús se apercibió de que a su alrededor se estaba congregando una gran multitud, subió a la ladera de una colina para que el gentío pudiera verlo y oírlo sin dificultad y empezó a pronunciar un sermón muy largo. Es probable que el leproso se situara al margen de la multitud y que el sermón que escuchaba lo empujara a acercarse a Jesús para pedirle que lo sanara. Había oído decir que aquel Maestro que hablaba con tanta autoridad también era capaz de sanar. Así, a pesar de las críticas de los demás, se acercó lo suficiente a Jesús para pedirle a gritos: «Señor, si quieres, puedes limpiarme» (Mat. 8:2).
Jesús se preocupa por nuestras dolencias. Se compadece de nuestras debilidades (ver Heb. 4:15). Nosotros también podemos acercamos a Jesús, el cual tiene poder sobre todas las enfermedades. Su poder para curar enfermedades es el mismo ahora que cuando anduvo en la tierra; pero siempre tenemos que someternos a su voluntad: «Señor, si quieres, puedes».
No siempre podemos tener la certeza de que lo que pedimos armoniza con la voluntad divina, pero sí podemos estar seguros de que Dios tiene poder para concederlo; porque su poder es ilimitado si lo que pedimos es para su gloria y nos hace bien. Además, podemos confiar en su sabiduría y su misericordia. Por eso podemos decir: «Hágase tu voluntad». Esto nos asegura que, sea cual sea el resultado, estaremos en paz.
Jesús no curaba siempre de inmediato. Pero en este caso, tan pronto se hizo la petición la concedió. Cuando, en oración, pedimos bendiciones terrenales, es probable que la respuesta a nuestra oración se demore o que Dios nos responda de un modo distinto al esperado; pero no sucede así cuando pedimos que nos libre del pecado. Limpiarnos del pecado, convertirnos en sus hijos y prepararnos para vivir una vida de santidad ha sido siempre su voluntad. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). Esa oración recibirá una respuesta inmediata. Basado en Mateo 8:1-4.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 6 de febrero de 2012

PURIFÍCATE EN JEHOVÁ

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el como el carmesí vendrán a ser como blanca lana (Isaías 1: 18).

Todas nosotras mantenemos una lucha constante contra las manchas; utilizamos cualquier producto que esté a nuestro alcance con el fin de eliminarlas. Existe un producto que está al alcance de todos y que en ocasiones puede ser de gran utilidad: el vinagre. Siempre me ha llamado la atención los usos que tiene. Uno de ellos tiene que ver precisamente con la limpieza, pues purifica a la vez que desinfecta.
A veces sufrimos experiencias traumáticas que nos parecen imposibles de superar, y llegamos a creer que nunca podremos borrar las manchas que han dejado en nuestra personalidad. Sin embargo, deseo darte una buena noticia y es que contamos con alguien que obra maravillosamente pata limpiar nuestras vidas: Jesús! ¡Él es como el vinagre! Si permitimos que actúe a diario en cada una de nosotras realizará una obra extraordinaria y nos restaurará a la condición de pureza.
Recordemos que Dios permite que mediante el llamado del Espíritu sintamos la necesidad de ser limpiadas por él. Podremos alcanzar la pureza que él desea para nosotras en el momento que decidamos entregarle nuestras vidas, sellando dicho pacto mediante el bautismo y confirmándolo mediante el estudio cotidiano de su Palabra.
«El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco. En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debe desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él» (Los hechos de los apóstoles, cap. 45, p. 355).
Si sientes el deseo de bautizarte o de reconsagrar tu vida, hazlo, no rechaces la invitación del Espíritu Santo, ¡Acéptala! ¡No te arrepentirás jamás! Nadie es responsable de tu salvación, sino únicamente tú.

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Rhode Suriano Suárez

martes, 1 de noviembre de 2011

PARA RESTAURAR LA VERDAD

Y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó... Y él dijo: hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado. Daniel 8:12, 14.

Durante siglos, la verdad de Cristo permaneció oculta a los corazones humanos. No es casualidad que en nuestros días existan cientos de religiones que pretendan tener la verdad y aseguren conducir al cielo. Esa enorme cantidad de religiones son simplemente una reacción contra la tiranía y opresión religiosa que durante siglos dominó al mundo cristiano.
Daniel anticipó proféticamente que la verdad celestial sería echada por tierra y que un poder usurpador prosperaría con el engaño. Tristemente, muchos de esos engaños aún repercuten en las mentes de quienes no se han animado a estudiar las Sagradas Escrituras.
Seguramente has escuchado hablar de que los muertos van al cielo, o al infierno o al purgatorio; que ellos nos están mirando y alentando desde el más allá en los momentos de dificultad y dolor. Todo eso es parte de un gran engaño ideado por los enemigos de Dios y de su verdad. También habrás oído que a Dios no le importa a qué iglesia uno va, porque lo realmente importante es pertenecer a una. Eso es falso; porque es posible ser cristiano y estar en el error. Otra mentira es creer que podemos ganar la salvación a través de actos de benevolencia, creyendo que Dios está obligado a salvarme si soy una persona "buena". Error, mentira, engaños: todo esto prosperó en la mente del "cuerno pequeño" que hostigó a la humanidad durante 1.260 años.
La Biblia, la única fuente de verdad, señala que los muertos están descansando, esperando el regreso de Cristo para volver a la vida. Es importante nuestra creencia, porque "hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte" (Prov. 16:25), y la salvación solo viene por la fe en los méritos y la obra de Cristo.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día no nació como una iglesia más, sino que fue levantada por Dios en el tiempo indicado para restaurar la verdad en todo el mundo. No existe otra iglesia en el planeta con una doctrina tan pura, coherente con toda la Biblia, y que predique la observancia de los Diez Mandamientos.
A lo largo de este mes, acompáñame para que juntos veamos la importancia de vivir a la luz de la verdad.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel