viernes, 22 de julio de 2011

EL DON DEL HABLA

Manzana de oro configuras de plata, es la palabra dicha como conviene. Proverbios 25:11.

Desde la creación del hombre, uno de los metales más preciados para la humanidad fue el oro. Actualmente, el metal dorado sigue teniendo un alto costo a nivel mundial, ya que el gramo oscila entre los 39 dólares americanos (US$1200 por onza).
Como Salomón conocía el valor de este preciado metal, hizo una comparación que habla hasta nuestros días: "Manzana de oro con figuras de plata, es la palabra dicha como conviene". Si materializáramos esta ilustración y le diéramos a esa manzana el peso promedio que las caracteriza, podría pesar aproximadamente unas diez onzas (280 gramos), y su costo sería de US$12.000. Una buena suma, ¿no es cierto? ¿Qué persona se negaría a recibir esa cantidad de dinero?
Según Salomón, nuestras buenas palabras tienen un valor impresionante en los oídos ajenos; a tal punto que se las podría comparar con una joya de oro, con forma de manzana y adornos de plata, de un costo elevado.
¿Te has detenido a pensar en el modo que empleas con tus palabras? ¿Tiene valor lo que expresas con tus labios?
Pedro había pasado momentos inolvidables con su Maestro, y se había encariñado tanto con él que había prometido acompañarlo en todo momento, incluso hasta la muerte. Las predicaciones de Jesús, el amor manifestado hacia niños y madres, sus grandiosos milagros y su mensaje divino habían despertado los sentimientos más puros en el corazón de Pedro. Al estar en una conversación íntima, Pedro reconoció con valor a Jesús como "el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mat. 16:16); y si la historia hubiera terminado en ese momento, Pedro sería recordado como un apóstol "sin pecado". Pero días más tarde, cuando Jesús se encontraba preso y ultrajado, con cobardía Pedro negó haber conocido al Maestro de Galilea. Tres veces el apóstol utilizó el don del habla para jurar y maldecir, y de esta manera romper el lazo verbal que lo unía a Jesús.
¿Por qué los seres humanos nos animamos a mentir, a criticar e incluso a insultar mediante el don del habla? ¿Por qué no emplear este bendito don para animar, fortalecer y aconsejar a quienes nos rodean? El don del habla debe ser usado con responsabilidad, y por eso Jesús te invita en este día a regalar palabras que parezcan "manzanas de oro con figuras de plata".

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

IMPIEDAD

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad. Romanos 1:18.

Las angostas callejuelas del pueblecito nos llevaron hasta el único hotel. Había comenzado a nevar, y el frío atravesaba el abrigo de lana que vestía. Era un pequeño hotel, de pocas habitaciones y techo de calamina. Para pasar una noche de emergencia, estaba más que bien.
El recepcionista, un hombre obeso, mal encarado, nos recibió de mala gana. Al enterarse de que éramos pastores, vociferó y espetó pestes de Dios y de los creyentes. No le hicimos caso; pagamos y entramos. "Es un hombre sin cultura", me comentó mi compañero, en un intento de amenizar la actitud grosera del hombrón. Tal vez sí; quizás, él dijo todo aquello porque era falto de cultura. Pero la impiedad, que significa irreverencia contra Dios, no es patrimonio de gente sin cultura.
La mañana que escribo este devocional, los periódicos publican la noticia de que la escritora Ariane Sherine y el biólogo Richard Dawkins iniciaron una campaña publicitaria, en los ómnibus de Londres. Enormes pancartas exhiben la frase: "Probablemente Dios no existe. Para de preocuparte y vive la vida".
Los autores de la campaña alegan que la suya es una reacción en contra de la histeria de los cristianos que, frente a la crisis económica que asusta al mundo, dicen que es el juicio divino sobre los hombres impenitentes.
Hay dos problemas detrás de la noticia: el primero es la "impiedad" del hombre moderno: San Pablo ya anunció que esta sería una característica de los tiempos previos a la segunda venida de Cristo.
El segundo problema es la idea equivocada de la ira divina. La palabra "ira", en hebreo, es orge, que literalmente significa "impulso violento", pero que también significa "indignación" o "rechazo". Tú no puedes imaginar a Dios llevado a actuar por impulso violento; eso es propio de la naturaleza pecaminosa. Dios es santo; en él, no tienen cabida los "impulsos violentos".
Pero, por otro lado, Dios tampoco acepta la actitud rebelde e irreverente del ser humano: lo libera a su propia destrucción. Dios no necesita hacer nada para destruir al impiadoso; es solo dejarlo, y él se autodestruirá.
Hoy es el día de buena nueva; hoy es el día de salvación. Este es el momento de reconocer a Dios, y de permitir que él asuma el control de la vida. "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

jueves, 21 de julio de 2011

TELAS DE ARAÑA - 2ª PARTE

Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más. (Juan 8:11).

La sentencia estaba a punto de ser ejecutada. Pocos segundos separaban la vida de la muerte. Algunos se sentían satisfechos porque creían que se estaba haciendo justicia; otros, con lágrimas, luchaban contra la idea de no haber podido hacer nada para que la víctima fuera liberada. Muchos han experimentado la injusticia humana mientras otros juegan con el mal sin recibir su merecido. Pero la escena que se mostraba aquel día en el templo no pondría de manifiesto la justicia humana, sino la divina.
Era cierto que la mujer era culpable. ¡Había sido hallada en el mismo acto del adulterio! Y había testigos. ¿Te imaginas el complot? Los que pecaron con ella solo encontraron culpable a la mujer. ¿Y ellos? Hay personas que acusan porque quieren librarse de su propia culpa. Condenar a un culpable es la gran vía de escape para muchas conciencias. Y en realidad allí había muchos culpables. Jesús podía haber hecho un juicio público y haber revelado los secretos de cada acusador. Podía haberlos sentenciado por sus maldades, pero Cristo no condena, él salva.
Cuando soy condenada por los demás tengo un abogado que puede limpiar aún los residuos de la tela de araña con que me ha atrapado el pecado. Pero esto no me exonera de la condición de pecadora. Cristo no le dijo a la mujer cómo poner su vida en orden. Simplemente le dijo: «Ni yo te condeno, vete y no peques más». ¿Cómo no pecar más? Jesús no la había convertido en santa, no la habla tocado con una varita mágica para eliminar su inclinación al pecado. Jesús, mediante palabras llenas de amor y perdón, le estaba diciendo que, si lo aceptaba como Salvador, él cambiaría su vida.
Cristo no espera que tú cambies para ir en tu ayuda. Te dice que confíes en que él puede vencer lo que para ti es imposible. Cuando un insecto cae en una tela de araña, por más que luche no puede liberarse de ella, tiene que esperar que alguien más poderoso que él le dé la libertad. Dios es ese alguien. Acude a él.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EL DON DEL SERVICIO

El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:28.

Desde que el pecado entró al mundo, los hombres lucharon para ser servidos. Reyes, gobernantes, ricos y poderosos tenían la autoridad suficiente (o el dinero suficiente) para que otras personas los atendieran y los sirvieran. En la época de Cristo, este deseo de ser servido no estuvo ajeno a los apóstoles, quienes deseaban un lugar preferencial al lado del trono del Mesías. Jesús tuvo que explicarles que el reino espiritual que deseaba formar estaba asentado sobre bases diferentes. Les dijo: "Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo" (Mat. 20:25-27).
El Maestro de Galilea deseaba que sus apóstoles recordaran que el don del servicio no era insignificante ante los ojos de Dios, y por eso les enseñó una lección que jamás olvidarían. Esa noche tenían que celebrar la pascua, y, aunque el aposento y la cena estaban preparados para recibir a Jesús y los doce discípulos, no había nadie para servir. "Los discípulos no hacían ningún ademán de servirse unos a otros. Jesús aguardó un rato para ver lo que iban a hacer. Luego él, el Maestro divino, se levantó de la mesa. Poniendo a un lado el manto exterior que habría impedido sus movimientos, tomó una toalla y se ciñó. Con sorprendido interés, los discípulos miraban, y en silencio esperaban para ver lo que iba a seguir. 'Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido'. Esta acción abrió los ojos de los discípulos. Amarga vergüenza y humillación llenaron su corazón. Comprendieron el mudo reproche, y se vieron desde un punto de vista completamente nuevo" (El Deseado de todas las gentes, pp. 600, 601).
Según la Biblia, hay dones que son otorgados exclusivamente a ciertas personas, pero todos los cristianos hemos recibido el don del servicio. Si ves que en tu vida careces de este don, no dejes de pedírselo al mismo Maestro.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

LA SOMBRA

Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Hechos 5:15.

Hay personas que jamás olvidamos: el tiempo pasa, la juventud se va, las arrugas aparecen, como surcos que abre el tiempo; pero, el recuerdo de ellas perdura. Su influencia es semejante a un perfume que insiste en quedar impregnado en la piel. Creo que Pedro era una de esas personas. Los últimos años de su vida, la gente seguía colocando lechos y camas con la idea de que, al pasar el apóstol, "a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos".
Me emociona leer esto, porque este Pedro que las personas seguían por todos lados era el mismo que, una noche oscura y fría de invierno, había negado al Señor Jesús. En aquel momento, después de que el gallo cantara por tercera vez, el derrotado Pedro corrió desesperado, rumbo a las tinieblas de su propia consciencia. El martilleo de la culpa lo golpeaba, inclemente: había traicionado a su Maestro; lo había abandonado en el momento en que el Señor más lo necesitaba.
El rayar de un nuevo día encontró a un hombre hecho pedazos. El enemigo le susurraba: "Tú ya no vales nada, ¿por qué no te ahorcas, como lo hizo Judas?" En el silencio del alba, sin embargo, recordó aquella mirada de Jesús, al cruzar el patio del Templo. Humillado, azotado, burlado, el Maestro le expresó, en aquella mirada: "Tú, Pedro, lo arruinaste todo. Pero, yo vine para hacer todo de nuevo. Confía en mí; yo te sigo amando". Fue aquella mirada lo que lo animó a creer que era posible levantarse. Y se levantó. Cayó de rodillas, pidiendo perdón, y se irguió. Antes de levantarte, es necesario caer arrodillado, y reconocer que tú no puedes. El poder de Dios solo se manifiesta en el alma contrita y humilde.
Poco tiempo después, encontramos a Pedro ordenando al paralítico: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesús te digo, levántate y anda". Y el hombre salió, saltando como un niño.
Sí, algunas personas van y vienen. Pero otras, como Pedro, llegan a tu vida y, a partir de ese momento, jamás eres el mismo: su influencia marca, impresiona e inspira.
Haz de este día un día de inspiración. Utiliza tu influencia para el bien. Pide a Dios que, por donde fueres, las personas deseen estar a tu lado, aunque sea para recibir tu sombra. Que tu vida y tu influencia sean como las de Pedro: "Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 20 de julio de 2011

TELAS DE ARAÑA -1ª PARTE

E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. (Juan 8:8)

¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?», estas son las palabras que Jesús dirigió a una mujer que sin duda había caído en la tela de araña de Satanás. Presa de su pecado, había sido llevada ante el Maestro para recibir la justa condena por su transgresión. Jesús conocía el dilema de aquella mujer, conocía su vida y que lo que la impulsaba a actuar como lo hacía eran las trampas de los mismos que la acusaban. Jesús veía el corazón y las intenciones de los que la habían arrastrado hasta donde estaba, pero también conocía el corazón de aquella mujer. Sabiendo lo que podía pasarle según la ley de. Moisés, la mujer no se atrevía a levantar la cabeza. Esperaba su sentencia entre sollozos. Pero Jesús no había venido para condenar ni destruir, sino para salvar a los pecadores como ella.
Cuando el enemigo te acusa ante el trono celestial, no menciona las telas de araña que él mismo ha tejido para que cayeras en ellas, sino que pregona a voz en cuello que estás atada y que mereces recibir la paga de tu culpa: la muerte eterna. Sin embargo, tus acusadores no pueden hacer cumplir la ley por sí mismos, así que reclaman a Dios que haga justicia. Cuando esto sucede, ocurre algo frustrante para el maligno: Cristo levanta sus manos, y sus heridas hablan por sí solas. Tú quedas libre, porque hubo uno que murió por ti.
Aquella mujer confió en que Jesús había roto cuanta tela de araña había preparado Satanás para apresarla. Tenía una vida nueva que comenzar. Era muy difícil enfrentar a la sociedad que la consideraba una mujer adúltera y mostrar el cambio que Cristo había efectuado en su vida.
Cuando tú trates de hacer lo mismo, también encontrarás muchos obstáculos que te señalarán tu condición de víctima del mal, y habrá quien te censure por tu buen proceder, o quien dude de tus intenciones. Pero recuerda que esta mujer te enseña que Cristo puede destruir la tela de araña que te tiene atada e indefensa.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

CREER EN DIOS

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Marcos 9:23.

Finalmente, hay un remedio sobrenatural que fortalece la salud física: La fe en Dios. Aunque haya ateos que lo nieguen, aunque haya médicos y científicos que le resten importancia, está comprobado que los que poseen una fe genuina en Alguien superior, tienen más expectativas de vida que los escépticos.
Cada vez que se comunica a una persona que tiene cáncer, ella misma y todos sus familiares y amigos parecen golpeados por la noticia. Este fue el caso de Graciela, una joven a la que después de haberle hecho numerosos estudios, su médico de cabecera le diagnosticó la aparición de varios tumores en la zona abdominal. El médico le había dado esperanzas de vida y recuperación si se sometía a una riesgosa operación quirúrgica. Ella aceptó. Como tenía un hijo pequeño, a quien no quería angustiar, llevó sola la carga emocional durante muchos días, hasta que se encontró en el colegio de su hijo con una persona que supo escucharla. Se trataba de un maestro adventista, quien al escuchar el dolor y la desesperación de esta joven madre, le transmitió su fe y confianza en un Salvador poderoso. Le aseguró que el grupo del personal del colegio estaría orando por su caso, y la invitó a que ella misma le pidiera a Dios que si era su voluntad, hiciera un milagro en su cuerpo.
Faltaban pocos días para la fecha propuesta para la operación, y su médico de cabecera sugirió un estudio adicional del abdomen, para tener más seguridad en el trabajo que realizaría. Lo notable y maravilloso fue que estos nuevos estudios no mostraron nada fuera de lo normal; y el médico, al compararlos con los estudios anteriores, exclamó: "Aquí hay un error!" Pospuso la fecha de la operación para hacerle más estudios que confirmaran la primera presunción de cáncer. Finalmente, ante los últimos resultados, Graciela le contó a su médico acerca de la fe que había abrazado y de la seguridad de que Dios había obrado como el Médico de los médicos.
La Biblia registra la historia de un leproso (Mat. 8:1-4), de una mujer con flujo de sangre (Mat. 9:20-22), de la hija de Jaira fallecida (Mat. 9:18-26), de un hombre con una mano seca (Mat. 12:9-14), del ciego en Betsaida (Mar. 8:22-26) y de un paralítico cargado por cuatro amigos (Mar. 2:1-12). En cada uno de estos casos se nos relata un milagro obrado por la fe del paciente o de los familiares o amigos. En cada caso Dios, a través de su Hijo, devolvió la salud quebrantada. ¿Realidad o fantasía?, se preguntan muchos al oír acerca de los milagros bíblicos, pero la respuesta está en la fe.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

EL NOMBRE DE JESÚS

Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Hechos 4:10.

Creo en los milagros. A lo largo de mi vida, los he presenciado muchas veces. Desde vidas transformadas hasta enfermos curados por Dios, cuando la ciencia dictaminaba que no había más posibilidad de recuperación.
El otro día, un joven me preguntó por qué hoy Dios no sigue operando milagros, como en los tiempos apostólicos. La verdad es que sí, los sigue operando hoy como ayer. Solo que, en los tiempos apostólicos, la iglesia necesitaba más de ellos porque representaban una especie de credencial de poder, para establecer la obra del evangelio.
El texto de hoy menciona el nombre de Jesucristo. En los tiempos apostólicos, los grandes milagros ocurrían "en el nombre de Jesús". Mirando hacia aquellos tiempos, el pueblo cristiano corre el peligro de banalizar el nombre de Jesús, creyendo que es una especie de fórmula mágica para resolver todo tipo de problemas.
En la Biblia, el nombre de una persona simbolizaba su carácter. Hacer las cosas en el nombre del Señor es vivir la vida que él vivió, reflejar su carácter y andar en sus caminos.
Cuando Jesús estuvo en esta tierra, advirtió que, en el día final, muchos que estarán condenados a la muerte eterna se presentarán a él, alegando que habían hecho milagros en "su nombre". Y la respuesta del Maestro será: "Yo no os conozco, apartaos de mí, obradores de maldad".
¿Puede un obrador de maldad hacer milagros en el nombre de Jesús? ¡Evidentemente que sí! Esas personas se limitaron a mencionar el nombre, pero se resistieron a reflejar el carácter del Salvador. Hoy es un día para meditar. ¿Hasta qué punto el carácter de Jesucristo se refleja en mi vida?
Ve a Jesús esta mañana, y permite que él conduzca tus caminos. Y prepárate para los grandes milagros que el Señor está dispuesto a obrar en la vida de los que lo buscan de todo corazón y con toda humildad. "Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón