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domingo, 8 de mayo de 2016

SEÑALES PARA CREER

“Dios es sabio y poderoso; él hace planes, y los lleva a cabo” (Job 12:13).

Cómo puedo saber cuál es la voluntad de Dios para mi vida? Sin duda alguna esta es una de las preguntas más acuciantes para cualquiera de nosotros. Por suerte, hasta Gedeón, uno de los héroes de la fe, tuvo que lidiar con las dudas que suscita este interrogante.
Un día el ángel del Señor se le apareció y le dijo: “¡El Señor está contigo, hombre fuerte y valiente!”, y a renglón seguido le ordenó: “Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los madianitas. Yo soy el que te envía” (Jueces 6:12, 14).
Como Gedeón no podía creer lo que estaba oyendo, pidió una señal que le confirmara que realmente esa era la voluntad divina: “Si de veras me vas a usar para salvar a Israel, como tú mismo has dicho, voy a poner el cuero lanudo de una oveja en el lugar donde se trilla el trigo. Si por la mañana la lana está mojada de rocío, pero la tierra está seca, sabré que de veras vas a usarme para salvar a Israel, como tú mismo has dicho” (vers. 36, 37). Efectivamente, Dios permitió que la tierra quedara seca, pero el pedazo de lana quedó empapado de agua.
No conforme con esto, Gedeón pidió una segunda señal: “No te enojes conmigo si vuelvo a insistir. Pero quiero hacer una sola prueba más. Esta vez harás que la lana quede seca y que el rocío humedezca la tierra” (vers. 39). ¡Y Dios una vez más lo complació! Ahora la lana estaba seca mientras que la tierra había quedado mojada. ¡Asombroso!
Quizás te preguntes: ¿Por qué Jesús no hace lo mismo conmigo? Creo que este es un momento oportuno para que respondas estas interrogantes: ¿Dudas de la palabra poderosa de Dios? ¿Consideras que es sabio imitar a Gedeón y pedirle al Señor pruebas adicionales que nos confirmen que su presencia está con nosotros? ¿No te parece que es más conveniente estar entre los dichosos “¡que creen sin haber visto!” (Juan 20:29)?
En lugar de pedir señales, te recomiendo que ores como lo hizo Moisés: “Hazme saber tus planes [Señor], para que yo pueda tener confianza en ti y pueda seguir contando con tu favor” (Exodo 33:13).

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
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sábado, 9 de abril de 2016

UNA SERPIENTE DE BRONCE

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Juan 3:14,15.

Los israelitas estuvieron de luto por la muerte de Aarón durante treinta días. Después de ese largo período de aflicción, uno pensaría que el pueblo se habría tranquilizado. Pero, no.
Ahora estaban atravesando un valle caluroso y arenoso, y los viejos hábitos de murmuración comenzaron de nuevo.
La columna de nube todavía estaba con ellos. Tenían mucha comida y agua. Sus pies no se habían hinchado para nada durante todo el viaje desde Egipto. Sus zapatos y sus ropas no se habían deteriorado. No había ningún enfermo o persona debilitada entre ellos. Dios constantemente los había protegido manteniendo lejos a las bestias feroces de caza y a las serpientes venenosas. Pero ellos, a pesar de todo esto, todavía se quejaban. Comenzaron con reclamos que eran una nueva variación de los viejos temas. “Odiamos este pan liviano”, protestaron, refiriéndose al maná.
Dios los había protegido incontables veces pero, por su ingratitud hacia su cuidado, quitaría su mano protectora. El desierto estaba lleno de serpientes ardientes, llamadas así porque su mordedura causaba una violenta hinchazón y una muerte rápida. Ahora, estas comenzaron a atacar a un gran número de personas. Casi no había tiendas donde alguien no estuviera muriendo o ya muerto.
¡Serpientes vivas! Estaban reptando y mordiendo tan rápido que era espantoso. Todos estaban tan ocupados asistiendo a aquellos que habían sido mordidos o intentando proteger a aquellos que no lo habían sido que no tenían tiempo para murmurar. El pueblo ahora confesó su equivocación y se humilló ante Dios.
Dios le indicó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce y la pusiese en una vara, de manera que quien fuera mordido pudiera mirarla, y vivir. Era un remedio muy inusual; ¿a quién se le ocurriría que podía ser sanado por mirar la imagen de una serpiente? A algunos les pareció que no daría resultado y murieron, simplemente, por rehusarse a mirar. Pero, para aquellos que miraron, hubo vida. Sabían que no había nada mágico en mirar a la serpiente de bronce, pero tenían fe en que era un símbolo de Cristo, quien se convertiría en pecado por todos.
Cuando miramos a Jesús, que fue levantado en una cruz, también podemos tener vida, el tipo de calidad de vida aquí y ahora que nos prepara para la vida que nunca terminará.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
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domingo, 3 de abril de 2016

DERROTADOS POR NO CREER

Pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros. Números 14:43.

Dios quería conducir a su pueblo directamente a la tierra de Canaán. Les había dado su palabra de que nunca perderían una batalla. Pero los hijos de Israel simplemente no creyeron en Dios, lo cual hizo imposible que Dios los protegiera. Ir de regreso al desierto era lo único seguro para hacer. Así como los espías habían pasado cuarenta días inspeccionando la tierra, también los incrédulos israelitas tendrían que vagar en el desierto durante cuarenta años. Hacia el final del tiempo, todos los quejosos y los incrédulos más viejos habrían muerto.
Fue un chasco amargo para Moisés y Aarón, para Caleb y Josué. Ellos estaban dispuestos a entrar en Canaán, listos para hacerlo, pero se sometieron a la orden de Dios sin siquiera murmurar.
Aquella noche, el pueblo tuvo otra sesión de llanto que duró toda la noche. Se lamentaban por la sentencia de Dios, pero no por su propia terrible incredulidad. Cuando salió el sol, se secaron los ojos y vinieron a Moisés con optimismo.
“Vamos a subir a Canaán ahora”, declararon.
“Satanás había logrado su objeto de impedirles la entrada a Canaán; y ahora los incitaba a que, contrariando la prohibición divina, hicieran precisamente aquello que habían rehusado hacer cuando Dios se los había mandado. En esa forma, el gran engañador logró la victoria al incitarlos por segunda vez a la rebelión” (Patriarcas y profetas, p. 413).
Le dijeron a Moisés que lamentaban haber pecado, pero sus corazones no habían cambiado ni un poco. Esto le ocurre con frecuencia a la gente que no cree en Dios.
Confiesan sus faltas pero, en sus corazones, todavía quieren seguir sus propios caminos.
“No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros” (Números 1M2).
Pero ellos subieron de todos modos. Sin orar, sin Moisés y sin el Arca de Dios, decidieron pelear con el enemigo a su manera, esperando que Dios cambiara de opinión y les permitiera entrar en la maravillosa tierra.
Marcharon derecho hacia la cima de la colina donde los cananeos estaban esperándolos, lo cual fue un auténtico suicidio. Y, antes de que el día terminara, los cadáveres de los israelitas estaban desperdigados por el desfiladero de la montaña desde la cual los feroces cananeos habían hecho caer piedras sobre ellos. Fue una derrota terrible, y no tendría por qué haber ocurrido.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
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lunes, 29 de febrero de 2016

Y SI NO ME CREEN

Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían. Lucas 19:40.

Moisés amaba al Dios de sus padres Abraham, Isaac y Jacob, pero había una pregunta que seguía dando vueltas en su cabeza:
¿Qué pasaría si ellos no creyeran?
El quería salvar a su pueblo, liberarlo de la esclavitud de Egipto, pero esa poderosa nación lo hacía dudar.
Dios tenía que ofrecerle la seguridad a Moisés para que él sea su mensajero. Entonces, le dio dos señales más.
En aquel tiempo, la lepra era considerada una enfermedad terminal, sin pocas esperanzas para el enfermo. Los médicos aplicaban diferentes tratamientos, pero cuando la enfermedad avanzaba en el cuerpo, les pedían que vivieran fuera de las ciudades. Esta enfermedad era común en todas las naciones y lugares. Pero aquel que se curaba, realmente experimentaba un milagro del cielo. No existía un remedio o tratamiento para esta vergonzosa enfermedad.
El gran YO SOY, consciente de todas las dolencias humanas, le indicó la primera señal a Moisés por medio de una acción, y le dijo: “Mete ahora tu mano en tu seno”.
Moisés lo hizo así y cuando la sacó, su mano estaba leprosa como la nieve. Seguramente, Moisés, asustado al ver su piel, quedó horrorizado. Sin embargo, el Señor le dio la segunda señal y acción. Y le dijo: “Vuelve a meter tu mano en tu seno”.
El volvió a meter su mano en su pecho; y al sacarla, estaba completamente restaurada. ¡Qué gran alivio habrá sentido Moisés con la restauración total de su mano!
Pero… ¿qué significaba todo esto para Moisés? La primera señal mostraba que él era el hombre a quien el Señor había llamado para ser el dirigente de su pueblo. Y la segunda señal fue para dejar en claro que, como mensajero de Dios, se le concedía el poder necesario para ejecutar la tarea.
Dios nos llama a todos de diferentes formas y con distintas señales para realizar una tarea específica. ¿Qué esperas para hacer la tarea que te ha encomendado?
Pasaron miles de años, y el autor del libro de Hebreos, en el capítulo 11:27, registra una actitud de este gran patriarca que tuvo mucha fe: “porque se sostuvo como viendo al Invisible”.
Para colaborar con Jesús, no necesitamos que aparezcan muchas señales, solo tenemos que creer en él. Sino, recuerda, las piedras lo harán.
Nota del editor: Esta meditación fue escrita por Stella M. Romero de Aranda.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
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domingo, 10 de enero de 2016

LAS VENTAJAS DE CREER

“Confíen en el Señor, su Dios, y se sentirán seguros” (2 Crónicas 20:20).

Decir que ya “leímos” un libro quizá sea una declaración bastante falsa. Uno de mis libros favoritos es El ministerio de curación, de Elena de White. Lo he leído de tapa a tapa en tres ocasiones. Sin embargo, cuando estaba escribiendo mi libro Lucas: el Evangelio de la gracia, lo volví a repasar y me encontré con decenas de afirmaciones que me parecía nunca haber leído con anterioridad. Compartiré contigo esta: “El evangelio simplifica maravillosamente los problemas de la vida” (cap. 30, p. 251). ¿Verdad que es una declaración hermosa? El evangelio es capaz no solo de ofrecerte salvación eterna, sino que además te ayuda a lidiar con los problemas comunes que forman parte de tu día a día. En otras palabras: creer en Jesús no solo te dará la oportunidad de vivir en el más allá, sino también de vivir mejor mientras estás en la tierra. Para muestra un botón.
La revista Psichology and Psychiatry Research publicó un artículo que pone en evidencia la fiabilidad de la declaración de El ministerio de curación. Según los investigadores que llevaron a cabo el estudio, orar y creer en Dios constituye una fuente de mejoría para quienes padecen algún tipo de trastorno psiquiátrico. De acuerdo con David H. Rosmarin, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, creer en Dios mejora el bienestar psicológico del individuo, disminuye sus riesgos de caer en depresión y evita el suicidio. El estudio, que abarcó a ciento cincuenta y nueve pacientes, puso de manifiesto que los que no creían en Dios tardaban dos veces más en responder positivamente al tratamiento que los que admitían creer.
Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Creer en él te abrirá las puertas de la verdadera felicidad. Ahora que estás viviendo la etapa más plena de tu vida -la juventud- puedes fomentar y profundizar tu fe en el Señor, y así disfrutar y usar en toda su plenitud las facultades mentales con las que Dios te ha dotado. Las palabras de Josafat siguen teniendo vigencia para los que vivimos en el siglo XXI: “Confíen en el Señor, su Dios, y se sentirán seguros” (2 Crónicas 20:20). Si lo haces, todo será más sencillo.

Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco

lunes, 10 de junio de 2013

JESÚS NOS AMA

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8.

Me encanta hablar de Jesús y de su amor incomparable. No tengo duda del amor de Dios. Sé que él es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los que vienen a él. Su precioso amor es una realidad para mí, y no tienen efecto en mí las dudas expresadas por quienes no conocen al Señor Jesucristo... Acepte a Jesús como su Salvador personal. Vaya a él tal como está, entréguese a él, aférrese a su promesa por la fe viva, y él será para usted todo lo que usted desea...
Los que le dan a Cristo su corazón, encontrarán reposo en su amor. Tenemos una muestra de la magnitud de su amor en sus sufrimientos y su muerte... Jesús soportó tal agonía... porque se convirtió en el sustituto y garante del pecador. El mismo llevó el castigo de la ley que los pecadores merecían, de manera que ellos tuvieran... otra oportunidad para demostrar su lealtad a Dios...
Hay solo dos grupos en todo el universo: quienes creen en Cristo y cuya fe los lleva a guardar los mandamientos de Dios, y los que no creen en él y son desobedientes...
Usted tiene toda razón para creer que él puede salvarlo y que lo hará. ¿Por qué? ¿Porque usted no tiene culpa? No; porque usted es un pecador, y Jesús dice: "No he venido para llamar a justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento" (Mat. 9:13). El llamado es para usted, y cuando Satanás le dice que no hay esperanza, dígale que sí hay. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16)...
La mano que fue clavada en la cruz por usted se extiende para salvarlo. Crea que Jesús oirá su confesión, recibirá sus pedidos, perdonará sus pecados y lo hará miembro de la familia real. Usted necesita la esperanza que Jesús le dará para alegrarlo en toda circunstancia...
Los que aceptan la verdad encontrarán que su amor por las cosas terrenales será desplazado. Ven la gloria superior de las cosas celestiales y aprecian la excelencia de aquello que se relaciona con la vida eterna. Son encantados por lo invisible y eterno. No se aferran a las cosas terrenales; fijan sus ojos con admiración en las glorias invisibles del mundo celestial. Advierten que sus pruebas consiguen para ellos un "cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2 Cor. 4:17), y en contraste con las riquezas que pueden disfrutar, las cuentan como aflicciones ligeras y momentáneas.— Review and Herald, 23 de junio de 1896.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

sábado, 2 de febrero de 2013

TU REALIDAD DEBE ENRAIZARSE EN DIOS


Gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. 2 Corintios 2:14-15

Hace algún tiempo visité un parque de atracciones en el que había una casa muy singular. Al entrar en ella daba la impresión de que estabas caminando de lado. El efecto visual era tan extraordinario que, aunque estábamos caminando sobre un piso llano, nos costaba mucho trabajo, como si en realidad estuviéramos subiendo una cuesta.
¿Cómo era posible que un asunto de percepción nos hiciera creer que nuestra realidad era otra? Muchos comenzamos a dudar de lo que era cierto, y por ende aceptamos una ilusión como algo real. Es más, al salir de aquella atracción, todavía el suelo parecía inclinarse, y varios de los que habían entrado sintieron mareo y desubicación, como si ciertamente hubieran caminado inclinados durante todo el trayecto.
¿No nos pasa lo mismo a veces en las experiencias de la vida? Creemos que lo que percibimos, que generalmente está basado en emociones y sentimientos, es la realidad. Puede ser que las circunstancias de un momento nos hagan experimentar emociones como temor, desconfianza, inseguridad e ira, y estas distorsionen nuestra realidad, haciéndonos pensar mal de nosotras mismas y de los demás. Es posible que bajo el influjo de hechos mal interpretados, podamos llegar a sentir lástima, enojo, e incluso a desconfiar del amor y del cuidado de Dios.
Puede ser también que bajo la influencia de una percepción incorrecta, alguien evalúe como demasiado positiva su actuación, convirtiéndose en una persona soberbia o, por el contrario, que subestime sus actos hasta llegar a despreciarse a sí misma.
Encuentra tu realidad en Cristo. Si se lo pides hará que te veas a ti misma en la dimensión correcta. Te dará el equilibro que te situará en el lugar preciso en el que debes estar, y producirá en ti la convicción exacta de lo que eres de acuerdo a los propósitos de Dios.
Busca hoy tu realidad en Cristo. Descubre que eres una hija amada de Dios, rienda para triunfar, aunque lo que percibas en tu entorno te diga lo contrario. Así verás que lo que se extenderá ante ti será un camino recto, con una meta bien definida.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

sábado, 22 de septiembre de 2012

LA RELIGIÓN DE LA CARGA


«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros» (Efesios 3: 20).

Durante la segunda guerra mundial, en el frente del Pacífico, los aliados utilizaban las pequeñas islas de las que casi nada se sabía cómo bases de aprovisionamiento para sus ejércitos en su travesía del océano. Los isleños, que nunca antes habían conocido la civilización, de repente, vieron que el cielo se llenaba de máquinas voladoras cargadas con personas de razas que les resultaban totalmente desconocidas. Aquellos «dioses» del cielo trajeron consigo jeeps, frigoríficos, encendedores Zippo, ventiladores y armas. Construyeron edificios, torres de control y aeródromos.
Luego, tan repentinamente como habían venido, se fueron. Los isleños estaban desconcertados. Supusieron que toda esa gente procedía del cielo. Como resultado la población local desarrolló una nueva religión llamada la religión de «la carga». Por supuesto, la carga eran los objetos que trajeron los que venían del cielo. El culto a la carga enseñaba que, algún día, en el futuro, los dioses de la carga regresarían y que era necesario estar preparados construyendo modelos de aviones y torres de control con cañas de bambú para su segunda venida.
Poco después los misioneros llegaron a las islas. Al principio, los adoradores del culto a la carga los recibieron con alegría porque pensaban que era la segunda venida de los dioses de la carga. Como es obvio, los misioneros habían ido a predicar el evangelio, pero cuando la población local vio que el mensaje no iba acompañado de una carga, pronto perdió el interés por lo que intentaban hacer los misioneros.
En el siglo XXI tenemos que estar en guardia para no desarrollar un culto a la carga. Jesús dijo que lo importante en la vida de una persona no son las posesiones materiales. «Y les dijo: "Mirad, guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee"» (Luc. 12:15).
¿Acaso usted ora por lo que puede obtener en lugar de hacerlo por lo que puede llegar a ser? Lo reto a que en su próxima oración no haga ninguna referencia a sus necesidades y deseos físicos (no es para siempre, se trata solo de un experimento). Reclame la promesa de que, si usted busca primero el reino de Dios y su justicia, él le dará todo lo que usted necesite. Si durante un tiempo usted ora así, descubrirá que las cosas de la carne ya no le interesan tanto.  Basado en Lucas 18:1-8.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

viernes, 23 de marzo de 2012

TAN SOLO CREE

Si puedes creer, al que cree todo le es posible (Marcos 9: 23).

Dios registró en su Palabra ejemplos inspiradores de personas que creyeron aunque su fe era débil. ¿Recuerdas la historia Bíblica de aquel hombre cuyo hijo estaba poseído por demonios? Él le pidió a Jesús que tuviera compasión de él (ver Marcos 9:22). El asunto no era lo que «podía» hacer Jesús, sino ¡cuánto podía creer el hombre! Jesús aclaró esto al decirle: «Si puedes creer, al que cree todo le es posible» (vers. 23). El hombre contestó de una vez diciendo: «Creo» (vers. 24). Es como si el Espíritu Santo le hubiera dicho: «Rápido, pide ayuda para tu incredulidad, antes de que Satanás venga y susurre palabras de desánimo en tus oídos». Con lágrimas en los ojos dijo: «Señor, ayuda mi incredulidad». Recordaba que otros habían tratado de sanar a su hijo sin ningún resultado. Dios le mostró su debilidad, y él reconoció su poca fe, pidiendo al mismo tiempo la ayuda de Jesús.
«La fe nos une con el cielo y nos da fuerza para contender con las potestades de las tinieblas. Dios ha provisto en Cristo los medios para contrarrestar toda malicia y resistir toda tentación, por fuerte que sea. Pero muchos sienten que les falta la fe, y por eso permanecen apartados de Cristo. Arrójense estas almas, conscientes de su desesperada indignidad, en los brazos misericordiosos de su compasivo Salvador. No se miren a sí mismas, sino a Cristo. El que sanó a los enfermos y echó fuera los demonios cuando andaba con los hombres, sigue siendo el mismo poderoso Redentor» (El ministerio de curación, p. 42).
Amiga, hoy el Espíritu Santo nos invita a que con urgencia pidamos a Jesús que nos ayude en nuestra incredulidad. Si él pudo ayudar a aquel hombre, también nos ayudará a nosotras. Jesús aún nos pregunta si creemos en él. ¿Cuál será tu respuesta?
Recuerda la maravillosa promesa que nos dejó: «Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor» (Luc. 1:45).
¡Creamos en el hoy y siempre!

Toma de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Jenny Avaylon

lunes, 28 de noviembre de 2011

¡CREER!

Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia. (Génesis 15:6).

Creer. En medio de un mundo materialista y racionalista, creer solo parece tener lógica cuando podemos palpar, razonar y entender. Sin embargo, un breve recorrido por la historia bíblica nos muestra el verdadero significado de la palabra «creer».
A Abraham se le pidió que creyera sin poder ver ni tocar. A Sara se le pidió que creyera cuando todo parecía indicar que no había ningún motivo para hacerlo, cuando los años conspiraban despiadadamente contra la promesa bienaventurada. También a ti y a mí se nos pide que creamos. ¿Que creamos en qué? En que nuestras vidas han sido salvadas por la sangre preciosa de Jesús en el madero del Calvario. En que no podemos alcanzar la salvación por muchas buenas obras que hagamos. En que nuestros pecados son perdonados si los confesamos y cambiamos de rumbo. En que Cristo puede y quiere hacernos vencedoras sobre el mal, y en que la redención está muy cerca.
El texto de hoy afirma que Abraham creyó y le fue contado por justicia. ¿Es que creyendo somos salvas? Por supuesto que no. La Biblia dice que también los demonios creen y tiemblan. ¿Por qué? Porque saben que Dios existe pero no aceptan el plan de salvación. Saben que su sentencia está emitida y que el tiempo se acorta. Pero nosotras, hermanas, tenernos un futuro distinto. Para nosotras sí hay oportunidad. Para nosotras hay un lugar en las mansiones eternas.
La prensa se hizo eco de la gran noticia: la NASA, utilizando el Telescopio Chandra, pudo capturar con su prodigioso lente la supernova más joven de la Vía Láctea, de solo 140 años, y a la que estaban siguiendo desde 1985. Nosotras no tenemos necesidad de ver la proximidad de la venida de Cristo por medio de telescopios. Es real, así como es real que él espera ansioso encontrarse contigo y conmigo en aquel día. Mira hacia el cielo, su venida está muy cerca. Cree y deja que su Espíritu obre en ti. Entonces tu fe te será contada por justicia.
Si crees, todo es posible. Tienes un Dios que se ocupa de que lo sea.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

miércoles, 20 de julio de 2011

CREER EN DIOS

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. Marcos 9:23.

Finalmente, hay un remedio sobrenatural que fortalece la salud física: La fe en Dios. Aunque haya ateos que lo nieguen, aunque haya médicos y científicos que le resten importancia, está comprobado que los que poseen una fe genuina en Alguien superior, tienen más expectativas de vida que los escépticos.
Cada vez que se comunica a una persona que tiene cáncer, ella misma y todos sus familiares y amigos parecen golpeados por la noticia. Este fue el caso de Graciela, una joven a la que después de haberle hecho numerosos estudios, su médico de cabecera le diagnosticó la aparición de varios tumores en la zona abdominal. El médico le había dado esperanzas de vida y recuperación si se sometía a una riesgosa operación quirúrgica. Ella aceptó. Como tenía un hijo pequeño, a quien no quería angustiar, llevó sola la carga emocional durante muchos días, hasta que se encontró en el colegio de su hijo con una persona que supo escucharla. Se trataba de un maestro adventista, quien al escuchar el dolor y la desesperación de esta joven madre, le transmitió su fe y confianza en un Salvador poderoso. Le aseguró que el grupo del personal del colegio estaría orando por su caso, y la invitó a que ella misma le pidiera a Dios que si era su voluntad, hiciera un milagro en su cuerpo.
Faltaban pocos días para la fecha propuesta para la operación, y su médico de cabecera sugirió un estudio adicional del abdomen, para tener más seguridad en el trabajo que realizaría. Lo notable y maravilloso fue que estos nuevos estudios no mostraron nada fuera de lo normal; y el médico, al compararlos con los estudios anteriores, exclamó: "Aquí hay un error!" Pospuso la fecha de la operación para hacerle más estudios que confirmaran la primera presunción de cáncer. Finalmente, ante los últimos resultados, Graciela le contó a su médico acerca de la fe que había abrazado y de la seguridad de que Dios había obrado como el Médico de los médicos.
La Biblia registra la historia de un leproso (Mat. 8:1-4), de una mujer con flujo de sangre (Mat. 9:20-22), de la hija de Jaira fallecida (Mat. 9:18-26), de un hombre con una mano seca (Mat. 12:9-14), del ciego en Betsaida (Mar. 8:22-26) y de un paralítico cargado por cuatro amigos (Mar. 2:1-12). En cada uno de estos casos se nos relata un milagro obrado por la fe del paciente o de los familiares o amigos. En cada caso Dios, a través de su Hijo, devolvió la salud quebrantada. ¿Realidad o fantasía?, se preguntan muchos al oír acerca de los milagros bíblicos, pero la respuesta está en la fe.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel