Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado. Colosenses 1:21.En otro tiempo. Allá, en los rincones más apartados de la ignorancia espiritual; en las sombras del alejamiento de Dios; en los páramos de la desesperación. Cuando no conocíamos a Cristo; cuando, intentando ser felices a nuestro modo, peregrinábamos por caminos tormentosos que nos conducían a la muerte.En otro tiempo. Cuando llegaba la noche y no podíamos dormir, porque la culpa generaba un miedo espantoso de la soledad; cuando sentíamos un dolor extraño dentro del pecho, y no sabíamos definirlo. A nosotros, que éramos extraños, porque nadie podía entender las incoherencias de nuestras acciones: sí, a nosotros, que éramos controlados por la mente enemiga; a nosotros, Dios nos buscó y nos encontró, y nos reconcilió por la sangre de su Hijo.El versículo de hoy nos muestra que la raíz del sufrimiento es la mente enemiga: solo una mente enemiga puede maltratar a la naturaleza de la forma que lo hace; solo una mente enemiga puede acabar con la fuente de los recursos naturales, llevado por la voracidad de la ganancia.¿Cómo explicar, si no existiese la mente enemiga, que un adulto abuse de un niño? ¿Cómo entender la autodestrucción de un joven, dominado por las drogas? ¿Cómo justificar la agresión de un hombre a la mujer que prometió amar hasta la muerte?En vano intenta la psicología humana explicar los meandros intrincados del comportamiento humano; en vano, trata la sociedad de reeducar a un delincuente: solo Dios tiene la solución para el problema del pecado, porque solo él puede transformar la mente enemiga.El instrumento para hacerlo se llama reconciliación. En la persona de Jesús, somos traídos de vuelta a los brazos del Padre. Y ese día, la alocada carrera del ser humano llega a su fin. Ese día, no necesitas probar a nadie que eres lo que eres; ese día, simplemente te encuentras a ti mismo.Por eso, hoy, sal de tu casa recordando la declaración de Pablo a los colosenses: "Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada. (Lucas 2:36).Esta poco conocida mujer aparece solo una vez en la historia mesiánica, pero en pocos versículos podemos saber varias cosas sobre ella: era una mujer de edad avanzada, estuvo siete años casada y llevaba ochenta y cuatro años viuda. Lo que más me llama la atención es saber que no se apartaba del templo, donde servía de noche y de día con ayuno y oración, ¡Cuán lejos estamos de parecemos a Ana!¿Cuál era el mayor anhelo de Ana? Al igual que Simón, esperaba con ansia la venida del Mesías prometido. Sus oraciones y súplicas llegaron al cielo, y se le concedió tomar en sus manos al Dios hecho niño. La Biblia no dice cuántos años llevaba Ana persistiendo con la misma oración, pero sugiere que era una mujer muy devota, fiel y consagrada. Dios honró su vida con el milagro de sostener a Jesús en sus brazos.¿Cuánto tiempo llevas rogándole a Dios por algo en concreto? ¿Piensas que son demasiados, y que no te escucha o que te está negando lo que pides? Una señora confesó que llevaba cuarenta años orando para que su esposo dejara el vicio del tabaco y se entregara a Jesús. Creo que hay que tener mucha fe para no perder la esperanza en cuarenta años. Otros tuvieron que esperar también largos períodos de tiempo: el pueblo de Israel vagó por el desierto cuarenta años, la viuda de Sarepta esperó tres años por la lluvia, la dicha y la alegría no llegaron a Rut y Noemí hasta después de un tiempo, la mujer que tocó el manto de Jesús gastó todo lo que tenía antes de recibir la sanidad gratuita.La espera es un método divino para que las bendiciones sean más apreciadas cuando lleguen. Ana esperó, «presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén» (Luc. 2: 38, 39). Jesús nos exhorta diciendo: «El que persevere hasta el fin, este será salvo» (Mar. 13: 13). No se trata solo de esperar y confiar; necesitamos estar en el lugar preciso cuando Dios conteste nuestras súplicas.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Tito 3:2.Estela era una de las jóvenes maestras con las que me tocó trabajar en un colegio. De espíritu alegre y sencillo, tenía la virtud de hacer sentir cómodo a quien estaba a su lado. Con una conversación atractiva, lograba captar la atención y despertar la confianza en los demás, y rápidamente entablaba amistades. Su amabilidad y cortesía brotaban de manera natural, y padres y alumnos sabían que podían confiar plenamente en ella.La amabilidad de Estela quedó registrada en mi memoria en los cultos de la iglesia. Cada mañana, cuando llegaban personas que venían por primera vez, ella se sentaba a su lado y procuraba hacerlos sentir cómodos. Con cariño explicaba en qué consistía cada parte del culto, y al finalizar invitaba nuevamente a la persona a que volviera al sábado siguiente.El don de la amabilidad es la virtud de ser afectuoso y complaciente con nuestro prójimo. En los libros de crecimiento de iglesia se hace gran énfasis sobre este don, ya que cuando una iglesia posee la amabilidad natural entre sus miembros, logra crecer numéricamente.Quiero compartir contigo los párrafos que me entregó un joven que se sentía herido por la falta de amabilidad entre los miembros de su iglesia: "Si alguna vez en una predicación se olvida las palabras justas, no se preocupe. La Escritura dice que el Espíritu Santo pondrá las palabras adecuadas en el momento oportuno. Pero nunca olvide la cortesía y la amabilidad cristiana, por la cual muchos, por falta de ellas, sufren en el mundo. ¿Cómo es posible que cosa tan simple cueste tanto darla? En realidad, un palabra de amor, un beso, un abrazo, el acercarse a conversar, el fomentar la amistad... todas estas cosas cuestan menos que la electricidad, y alumbran más"."La insignia del cristianismo no es una señal exterior, no consiste en usar una cruz o una corona, sino en aquello que revela la unión del hombre con Dios. Por el poder de su gracia manifestada en la transformación del carácter, el mundo ha de ser convencido de que Dios ha enviado a su Hijo como su Redentor. Ninguna otra influencia que pueda rodear el alma humana tiene tal poder como la influencia de una vida abnegada. El más poderoso argumento en favor del Evangelio es un cristiano amable y amante" (Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática, p. 111; la cursiva ha sido añadida). No dejes que la timidez, la baja autoestima o alguna emoción negativa te impidan mostrar tu amabilidad cristiana.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuel
Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad. Colosenses 1:11.El escritor griego Esopo, que vivió allá por el siglo VI, cuenta la historia de un anciano león que, incapaz ya de obtener alimentos por sus propios medios, decidió valerse de la astucia, para sobrevivir. Se dirigió, entonces, a una cueva, y se tendió en el suelo, gimiendo y fingiendo que estaba enfermo. Los animales, conmovidos al ver al rey enfermo, iban a visitarlo; pero, él los atrapaba y se los comía. Un día, la zorra fue a verlo y, sin entrar en la cueva, desde una distancia prudencial le preguntó:-¿Cómo está su salud, señor león?El rey de los animales, jadeante y cansado, le pidió:-¿Por qué no entras a visitarme?-Claro que entraría -le respondió la zorra-, si no viera que todas las huellas entran, pero no hay ninguna que salga.El enemigo de Dios actúa como el león: finge, disfraza, engaña y seduce. Te hace creer que el poder combina con los gritos y los golpes; te hace pensar que la fuerza está relacionada con el dominio, el abuso y el maltrato. Pero Pablo, en el texto de hoy, afirma que la "potencia de su gloria" sirve para toda paciencia y longanimidad.Los caminos de Dios son diferentes de los senderos establecidos por el príncipe de las tinieblas de este mundo. El Señor Jesucristo murió, y no obstante venció. Los hombres pensamos que la muerte es derrota. El Príncipe del universo se humilló y fue exaltado; pero los seres humanos pensamos que la exaltación está relacionada con palco, luces y aplausos.El consejo de hoy es que, a fin de percibir la vida desde la perspectiva divina, es necesario ser fortalecidos por Jesús. Eso significa vivir en comunión diaria con él; convivir minuto a minuto, día a día, mes tras mes, hasta que el carácter del Maestro sea reproducido en nosotros.Qué este sea un día de sumisión y de entrega al poder divino. Que el compañerismo con Jesús sea la gran preocupación de tus horas; y que el carácter de Jesús, reflejado en tu vida, sea una inspiración para los que están a tu lado.Sal, determinado a enfrentar los embates de la vida en el nombre de Jesús. Y sé "fortalecido con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
Pero el ángel dijo a las mujeres: No temáis vosotras, porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí. (Mateo 28:5).La ciudad turca de Kale (Demre) se levanta sobre el emplazamiento de la antigua Myra. Habitada por el pueblo licio en el siglo V a. C, en esta región se conservan numerosas necrópolis. Uno de los lugares de obligatorio encuentro para los turistas son las tumbas excavadas en la roca. No muy lejos de esta ciudad, en Egipto, puede encontrarse otra famosa atracción turística: las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, y la gran esfinge de Giza, construidas hacia el año 2500 a. C.El texto de hoy nos presenta un lugar de extraordinaria importancia, un lugar que también es visitado por miles de personas de las más variadas creencias, nos presenta el hallazgo más formidable, la tumba más valiosa, el tesoro más indescriptible. Una tierra que hace temblar a los que la visitan. ¿Por qué? Porque esta tumba no está ocupada por ningún cadáver ni momia, sino que está vacía. Jesús venció en ella a la muerte y dio así esperanza de vida a lodo cristiano.Tres días después de que Jesús hubiera sido sepultado, unas mujeres se dirigieron a la tumba donde lo habían puesto. A pesar de que estaba custodiada por guardias romanos, siendo muy de mañana estas mujeres valientes prepararon las especias aromáticas y se dispusieron a ungir el cuerpo de su Maestro. Anhelaban estar cerca de aquel que había transformado sus vidas llenándolas de paz, esperanza y amor. La presencia del ángel fue la certeza de que el cielo recompensaba el anhelo sincero de un encuentro apremiante con Jesús.Al igual que aquellas mujeres, nosotras también necesitamos un encuentro con el Salvador. Un encuentro con el Jesús de la vida. Después de tres días de intenso sufrimiento, saber que Jesús había resucitado fue un bálsamo formidable para aquellas mujeres. La certeza de que la tumba que representaba la derrota estaba vacía, era la garantía máxima de la victoria. Cuando la angustia y la soledad lleguen a tu corazón, recuerda que hay una tumba vacía que garantiza tu victoria. Entonces, como aquellas mujeres, ve a Jesús.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido. Isaías 35:10.Cada mañana al llegar al colegio había una alumna que me recibía con una hermosa sonrisa. Sumamente inteligente y vivaz, Andrea se había ganado el respeto de compañeros y profesores por sus excelentes calificaciones, y por su humildad cuando hablaba del tema. Como se la veía siempre con una linda sonrisa, nadie sospechaba, ni siquiera yo, los problemas terribles que estaba viviendo en su hogar. Luego de terminar una clase de Biblia, Andrea pidió hablar conmigo a solas, y ya en mi oficina, pasó a contarme parte de su historia familiar. Las lágrimas se hicieron presentes rápidamente, y esa sonrisa a la que yo estaba acostumbrado se esfumó mientras hablaba.Nunca hubiera pensado que ella tenía problemas serios. Al expresarle mi asombro, respondió: "No me gusta que me vean mal. Quiero ser una persona alegre, y eso intento transmitir; pero a veces los problemas me superan y son más fuertes que yo, y entonces necesito desahogarme con otra persona. Gracias por escucharme".Vivimos en un mundo que no transmite alegría ni paz. Los medios de comunicación y la sociedad en general expresan odio, envidia, amargura y enojo de diferentes maneras, y esto a veces parece contagioso. Si prestas atención, en los supermercados, en los ómnibus urbanos y en la misma calle, verás cientos de rostros con el ceño fruncido, personas enojadas o afligidas que deambulan por el mundo como esperando algo mejor. ¡Pobre gente! ¡Si conocieran cuan cerca está el remedio para su dolor!Nadie está libre de situaciones tristes y desafortunadas, pero esas situaciones no deben quitarnos la alegría de vivir. Andrea tenía motivos suficientes para vivir amargada y triste, sin embargo transmitía un mensaje diferente con su rostro, no por despreocupada, sino porque tenía a Jesús en su corazón. El Dios del cielo desea darnos desde ahora el don de la alegría, porque este don, bien utilizado, es una poderosa herramienta para atraer almas a los pies del Señor.Si hoy estás viviendo algún problema que te quita la paz, recurre a Jesús para que te dé las fuerzas que necesitas. Y recuerda: llegará el día cuando "la tristeza y el gemido" desaparecerán para siempre y viviremos con Jesús con "gozo perpetuo" en nuestro corazón.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuel
Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación. 2 Corintios 5:18.El ascensor era lo suficientemente amplio, y tenía capacidad para varias personas. Sin embargo, Clayton prefirió tomar las escaleras, a pesar del maletín pesado; es que Lauro estaba en el elevador, y Clayton no deseaba hablar con él. Nadie entendía la situación, porque ambos habían sido amigos hacía mucho tiempo. Lo peor es que los dos se sentían mal con esa situación. Entonces, surgió la presencia de Juana, que sirvió de mediadora para reconciliarlos. Los tres se abrazaron. A partir de aquel día, Clayton y Lauro volvieron a sonreír.No sé si percibiste que, cuando estás disgustado con alguna persona, no tienes paz en el corazón. Esa era la situación del ser humano después de caer en el pecado. Recuerda que lo primero que hicieron Adán y Eva, después de la desobediencia, fue huir y esconderse de la presencia de Dios. Esa situación tampoco dejaba feliz a Dios, porque amaba al ser humano y sufría al verlo huyendo de su amor. ¿Qué hacer?El texto de hoy enseña que la iniciativa de la reconciliación fue divina. "Todo esto proviene de Dios", aclara Pablo. El ser humano no se salva porque quiera salvarse, sino porque Dios quiere hacerlo: es Dios quien lo busca, incansablemente, hasta encontrarlo.A fin de que su presencia gloriosa, de santidad y de pureza, no destruya al pobre pecador, Dios se vale de un Mediador; y ese mediador es Cristo. "Quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo". Aquí, encontramos la idea de que había una distancia enorme entre Dios y el hombre, y Cristo se constituyó en el puente a través del cual podemos tener otra vez acceso al Padre. Con su naturaleza divina el Señor Jesús toma la mano del Padre, y con su naturaleza humana extiende su otra mano en dirección al hombre caído, a fin de rescatarlo. Y, de esta manera, reconcilia al hombre con Dios.Todo lo que necesitas hacer es aceptar que Jesús te tome de la mano. Y hoy puede ser ese gran momento, porque cada mañana es siempre una nueva oportunidad.No salgas, sin saber que "todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
Jehová tu Dios, te ha escogido para que le seas un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. (Deuteronomio 7:6).La Biblia es un libro especial, confeccionado por un motivo especial. Dios escogió gente pecadora, sujeta a defectos y sentenciada a muerte, para que trasmitiesen su especial mensaje de salvación. Pero lo más grandioso es que todo lo hizo porque tú y yo somos especiales. ¿Cómo es posible que Dios nos considere tan especiales, si en realidad no somos más que pecadores condenados a muerte?El texto de hoy nos dice que Dios nos ha elegido porque somos su especial tesoro. Tu vida y la mía son especiales porque por ellas se sacrificó el Señor. Dios nos ama, y por eso somos de un valor incalculable para él.En Ecuador se encuentra La Tolita, centro de la cultura precolombina. Los arqueólogos descubrieron en esta región un verdadero tesoro de objetos de oro, plata y cobre que habían sido enterrados por las tribus que la habitaron entre los años 500 a. C. y 500 d. C. Este tesoro estaba allí mucho antes de haber sido descubierto, pero nadie sabía de su existencia. Del mismo modo Cristo, el mayor de los arqueólogos, cavó tanto en las profundidades de esta tierra, que sacó a la luz tu tesoro escondido. Un tesoro enterrado no tiene valor. Tu vida enterrada en el pecado carece de sentido. Pero sí dejas que Cristo te desentierre, entonces serás un verdadero tesoro.El 21 de julio de 1966 nació un hombre formidable. Con la ternura de un bebé indefenso y arrullado por su madre, se convirtió en un especial tesoro de Dios. Este bebé ha llegado a ser un maravilloso tesoro para las congregaciones que ha pastoreado, para su familia y para mí, su esposa. De entre tantos hombres. Dios lo llamó a él para que pastoreara su rebañó, y él aceptó el llamamiento. Ahí radica la diferencia. Todos los seres humanos somos tesoros, pero algunos prefieren permanecer escondidos, mientras que otros se dejan utilizar por Dios.Eres especial porque eres un tesoro para tu Dios.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera