“No tenga deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros”. Romanos 13:8.El compromiso y la responsabilidad van de la mano. No solamente tenemos que hacer las cosas a que nos comprometemos: hay que hacerlas bien. “Ya no daré clases el año que viene”, pensaba la mujer en su casa aquella tarde. ”Sería bueno dar la oportunidad a otras personas: además, he invertido tanto tiempo y quién sabe si ha valido la pena”.Cierto día, al abrir su correspondencia encontró una carta. “Qué raro”, se dijo. “Viene del campo de batalla”. Abrió el sobre, sacó la hoja y empezó a leer.Querida maestra:No me es posible escribir esta carta yo mismo, le pedí a otra persona de buen corazón que o haga por mí. Estoy en el hospital herido de gravedad, no tengo esperanzas de sobrevivir, pero antes quise escribirle esta carta para agradecerle lo que hizo por mí.Recuerdo las lecciones de la Biblia que usted me enseñó. Quiero decirle que ha aceptado a Jesús como mi Salvador personal, y todo se lo debo a lo que usted hizo por mí.
La maestra no pudo seguir leyendo. ¿Cómo era posible que, cuando había perdido los deseos de seguir en la Escuela Sabática, recibiera esa carta? Cierto, a veces los resultados no se veían rápidamente, pero Dios prosperaría su trabajo más adelante. Decidió continuar al frente del grupo que durante tantos años su iglesia le había pedido que atendiera; esa era su misión. El compromiso debía continuar. Dios se encargaría de los resultados.Tomado de meditaciones matinales para menoresConéctate con JesúsPor Noemí Gil Gálvez
Las muchas aguas no padrán apagar el amor, ni lo ahogaran los ríos (Cantares 8:7)"¡Y vivieron felices para siempre!", solemos leer al final de los cuentos románticos, como si todas las historias de amor tuvieran el mismo desenlace. Si no terminan con un beso mágico o con una música sublime, los cuentos, las novelas y las películas románticas pierden gancho comercial. Pero, ¿te has dado cuenta de que el instante en que termina la narración es precisamente, ese en el que comienza la realidad?El noviazgo no es sino una etapa previa al comienzo de la pareja como tal, con compromiso, al inicio del resto de la vida juntos. ¿Comeremos perdices con nuestras parejas, o nos someteremos a una dieta rigurosa que poco a poco vaya apagando el amor?
Lamentablemente he escuchado frases como: «De novios me trataba de manera especial, pero de casados cambió, y yo desperté a la realidad». ¿Es posible que la luna de miel se convierta después en una noche de hiél?Todas las etapas de la vida tienen su encanto y conllevan una responsabilidad. Por ejemplo, el noviazgo es una etapa muy romántica. La lucha por la conquista parece ser el motor que nos impulsa a esmerarnos por agradar a nuestra pareja. No escatimamos esfuerzos para que nuestro amado tenga una excelente opinión de nosotras. También es cierto que no tenemos tantas responsabilidades, pues es fácil que todo esté perfecto para recibir a nuestro galán y cautivar así su corazón sabiendo que pronto se irá. Pero en la etapa posterior al noviazgo, cuando tenemos tantas tareas que hacer todos los días, cuando llegan las distintas presiones que conllevan el matrimonio y los hijos, aquel romanticismo, aquellos momentos de contemplación mutua, van siendo relegados a un segundo plano, cuando no desaparecen completamente de la escena. ¿Realmente pueden los ríos diarios ahogar el amor?Lucha por tu felicidad, sin hacer comparaciones, con un espíritu optimista y con mucha oración. Todas tenemos que enfrentar la rutina diaria, pero nuestro romanticismo, nuestro alimento emocional, indispensables para nuestra salud, no tienen por que ir desapareciendo hasta morir. El amor siempre encuentra una balsa en la que navegar.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea, sin acepción de personas. Santiago 2:1.Una característica común a todas las sociedades es la de discriminar a las personas. Los títulos académicos, la posición social, la raza, la religión, la edad o el sexo se constituyen dentro de muchos círculos como requisitos para pertenecer o ser rechazado. Mientras que entre los niños no hay distinción, y el que nació en una mansión podría jugar libremente con el niño del barrio más pobre, los adultos crean barreras y se discriminan unos a otros. Tristemente, esa manera de tratar a los demás, poco a poco se transmite de adultos a jóvenes y estos últimos la incorporan como propia.Ese fue el caso de Daniel, un joven adventista que había llegado de otro país y se inscribió en nuestro colegio. Como todo alumno nuevo intentó integrarse a los que llevaban varios años estudiando juntos, pero su manera de hablar y sus rasgos faciales causaron que los otros jóvenes lo ignoraran y lo hicieran sentirse fuera de lugar. Con el paso de los meses, la soledad y su baja autoestima afectaron su aprendizaje, y todo el proceso resultó en un bajísimo rendimiento académico.Como consejero de su curso, hablé con él por sus bajas calificaciones, pero en el transcurso de la conversación me di cuenta que el verdadero problema no era su capacidad intelectual, sino el sentido de desprecio que lo oprimía cada día.¿Por qué en un ambiente cristiano y adventista había discriminación? ¿Por qué, si Dios nos considera a todos hijos suyos e iguales ante su presencia, los hombres edificamos barreras para excluir y separar? La respuesta obvia a estas preguntas es: por causa del pecado. Pero si decimos amar a Dios, ¿no imitaremos a Jesús, que murió por todos sin hacer acepción de personas?No tienen valor las apariencias de religión ante Dios, si en el fondo del corazón albergamos el desprecio por otro ser humano. De nada valen los actos de bondad y desprendimiento, si nos creemos superiores a otros. La verdadera religión valora a todos por igual, como lo hizo Jesús, que se identificó con los publícanos, las rameras, los samaritanos y los más pobres, haciendo a un lado su título divino de Creador de toda la tierra.Hoy Jesús te invita a que seas su amigo y lo imites en este aspecto. Acepta a todos por igual así como él te acepta a ti.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuela
"Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría". Salmos 19:1,2.Dios es un Padre de amor, que se interesa por la vida de sus hijos. Él no te creó y te dejó abandonado a tu triste destino. Desea guiarte, y llevarte al puerto deseado de la felicidad. El problema es que, en este mundo, hay tantas voces que te dicen lo mismo y, a veces, tienes dificultades para identificar la voz de Dios. Pero, él siempre está a tu lado, llamándote e invitándote a vivir una experiencia de amor con él.El versículo de hoy dice que la naturaleza cuenta la gloria de Dios. Te habla de muchas maneras: mediante el canto del pajarillo; cuando abre una flor; de manera dulce, en la brisa mansa de la tarde calurosa, o de manera enérgica, en la voz del trueno. Pero, te habla. La pregunta es: ¿entiendes lo que la naturaleza te comunica? ¿Tienes tiempo para detenerte y observar lo que sucede a tu alrededor, o vives demasiado ocupado y ansioso con las cosas de esta vida?
Es una pena que, a veces, el ser humano, al observar la belleza de los astros y de la naturaleza, empieza a adorar las cosas creadas, y no al Creador. Cuánta gente se pierde en los recovecos del misticismo y de la astrología, en lugar de volver sus ojos al Dios maravilloso que creó todo aquello. La próxima vez que veas un arco iris, el vuelo de una mariposa o la salida del sol, trata de escuchar la voz de Dios.
El Señor desea comunicarse contigo no solo a través de su Palabra, sino también por medio de la naturaleza. Cuídala, obsérvala, protégela; y trata de aprender las lecciones que ella te puede proporcionar.
Haz de este un día de observación. Por el camino en que te diriges a tu trabajo, a tu colegio; en el jardín de tu casa o de la universidad; en la calle; en fin. Haz una pausa, observa lo que Dios creó, alza los ojos al cielo, mira el cielo azul o cubierto de nubes, y pregúntate a ti mismo: "¿Qué lecciones quiere enseñarme Dios, a través de las cosas simples que la naturaleza me muestra?"
¡Ah!, y no te olvides: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría".
Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
En aquel día el Señor hizo un pacto con Abram. Le dijo: A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates.Génesis 15: 18.
¡Qué privilegio! Dios había hablado a Abraham (en ese entonces, Abram), lo había elegido y hecho un pacto con él. ¿Cómo crees que se sentiría Abraham al escuchar la promesa del Señor? ¿Quién era él para que llegara su descendencia a ser una gran nación, de la que nacería el Mesías, Salvador de la humanidad?
Dios dirigió a los descendientes de Abraham, a pesar de sus fallas. El pueblo de Israel fue librado de la esclavitud egipcia. El Señor lo cuidó durante la travesía del desierto y lo llevó a la tierra prometida.
Una vez tras otra, el pueblo falló hasta terminar en manos de sus enemigos. No cumplió lo que prometió: «Obedeceremos tus mandamientos, andaremos en tus estatutos». Sí, durante un tiempo los israelitas se acordaban de su compromiso, pero después lo olvidaban y adoraban a otros dioses. A pesar de todo, Dios cumplió lo prometido. Agradece al Señor este día porque sí cumple lo que promete.Tomado de meditaciones matinales para menoresConéctate con JesúsPor Noemí Gil Gálvez
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; porque fuerte como la muerte es el amor. (Cantares 8:6).El texto de hoy hace una aplicación interesante de la palabra «sello». Un sello es una garantía de autenticidad. ¿Cuántas de nosotras deseamos que nuestra pareja sea sellada cada día, veinticuatro horas al día, todos los días del año, con el sello del auténtico amor?El mandato divino dado a Adán y a Eva sigue vigente en nuestros días. Ellos debían andar siempre juntos, pero el enemigo supo muy bien cómo separarlos. Adán, muy enfrascado en el trabajo, y Eva, ensimismada en la belleza de la creación (dos cosas completamente sanas), cayeron víctimas del engaño cuando se separaron el uno del otro.No dejes que ni siquiera las cosas buenas te alejen de tu pareja. No se trata de perder tu individualidad, que forma parte de la libertad que Dios ha dado al ser humano. Se trata de respetar a tu pareja. Respetarla significa valorarla, cuidarla. Los celos, el rencor, el remordimiento y otros sinsabores de la vida, no pueden tener cabida en una pareja sellada con el amor de Dios.El amor no es un mito, es una realidad. Innumerables sucesos lo corroboran, como el caso del joven que protegió con su cuerpo la vida cíe su amada perdiendo así la suya propia, o el de la madre que atravesó las llamas para rescatar a su bebé, o el del hijo que, desobedeciendo una orden militar, se lanzó al agua para recuperar una fotografía de su madre. En todos estos casos vemos que el verdadero amor es incluso más fuerte que la muerte.Siendo hoy un día tan especial, tienes la oportunidad de abonar, regar y cuidar esa plantita llamada amor que Dios le ha confiado. Busca la ayuda divina para brindar amor a tu pareja y a esas personas que te rodean. No te preocupes por lo que vas a recibir de ellas y entrégate sin esperar nada a cambio. De alguna forma, el amor se las arregla para devolver amor.Deja que Cristo ponga el sello del amor en ti. Esto será una garantía del amor divino.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Éxodo 33:11.Desde que el pecado entró al mundo, los seres humanos perdimos el privilegio de relacionarnos con Dios cara a cara. Adán y Eva tenían acceso a Dios mientras vivían inocentes en el jardín del Edén, pero después de la caída, tuvieron temor de conversar con él y se escondieron de su presencia.A partir de ese momento muchos hijos de Dios tuvieron el deseo de conversar con Dios de esa manera, y la oración fue el medio por el cual hombres y mujeres pudieron tener acceso al trono celestial. Pero hubo al menos una excepción. La Biblia habla de un hombre que tuvo el privilegio de conversar cara a cara con Dios, "como habla cualquiera a su compañero", y ese fue Moisés. Nacido en un hogar de esclavos, fue educado hasta los cuarenta años en la corte egipcia. Después de cometer un asesinato, huyó a Madián y se convirtió en pastor de ovejas, labor que realizó por otros cuarenta años. En la soledad del desierto, Moisés cultivó una amistad genuina con Dios, y el altivo príncipe de Egipto llegó a ser el manso líder de Israel.Con el sello y la autoridad del cielo, entró por las cortes egipcias para liberar a su pueblo, y después de una manifestación poderosa del Dios verdadero, guió la liberación de todos los israelitas. Con amor y devoción dirigió a ese pueblo que había vivido como esclavo por más de cuatrocientos años, enseñándoles la ley divina que sus padres habían honrado y ellos olvidado.Ese gran líder, que vio en visiones el Santuario celestial, tuvo el privilegio de conversar con Dios cara a cara, y era tan vivida y tan real la presencia divina a su lado, que "la piel de su rostro era resplandeciente" y todo el pueblo tuvo miedo de acercársele (Éxo. 34:30).¿Te gustaría conversar con Dios cara a cara como lo hizo Moisés? Estoy seguro que sí, y ese gran anhelo también lo tuvo Pablo cuando expresó: "Ahora vemos por espejo, oscuramente", porque a Pablo también le tocaba relacionarse con Dios como nosotros, a través de la fe y la oración. Pero luego agregó, "mas entonces veremos cara a cara" (1 Cor. 13:12). ¿Cuándo? Cuando Jesús regrese por segunda vez. ¡Qué alegría será conversar con Dios, mirarlo a los ojos, sin la presencia perturbadora del pecado! Para llegar allí, debemos cultivar nuestra amistad con él desde ahora, como lo hizo Moisés. Cada día es una nueva oportunidad para ser más amigos de nuestro buen Dios. Por eso, no pierdas la oportunidad que se te presenta hoy: renueva tu entrega al Amigo de los amigos.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuela
Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Isaías 26:3.Los dos últimos años fueron muy difíciles para Jaime. Desempleado, con la autoestima por el suelo y el hogar al borde del colapso, no resistió a la tentación de encaminarse por las tenebrosas avenidas de la deshonestidad. Al principio, todo iba bien. En pocos meses, había logrado ganar lo que no pudo percibir honestamente en varios años. Con dinero en el bolsillo, aparentemente su vida volvió a la normalidad. Tuvo paz exterior. Pero, pasaba noches enteras sin dormir, castigado por el peso de la culpa. A pesar de ello, creyó que valía la pena.Repentinamente, cuando pensaba que nadie lo descubriría, su delito se hizo de conocimiento público y, además de la vergüenza y el escándalo, acabó en prisión.La paz que el profeta menciona, en el texto de hoy, no es la paz del cuerpo sino del alma. La paz que realmente vale. Aquella que organiza tu mundo interior y te prepara para los embates de la vida.Es lamentable que, a veces, el ser humano confunda las cosas. Busca la paz exterior a cualquier costo, aunque para eso tenga que violar la propia consciencia. Después, en el silencio de su insomnio, no se explica lo que sucede; solo sabe que algo lo perturba por dentro, lo hace infeliz. Es como el martillo que golpea sin parar, incomodando, hiriendo, asfixiando.El profeta Isaías habla hoy acerca de la paz que nace de la confianza en alguien que nunca falla. Menciona la perseverancia como condición para recibir esa paz. Dice: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera". Perseverar, en el original hebreo, es camak, que literalmente significa "descansar la mente en algo".Yo sé que es difícil descansar cuando el mar a tu alrededor está agitado. Cuando no hay dinero para atender las necesidades de la familia; cuando la enfermedad toca a la puerta o la muerte te merodea. Sin embargo, el consejo del profeta no falla: en los momentos más difíciles, coloca la mente en Dios y descansa en él, aunque aparentemente nada ocurra, aunque te parezca infantil.No desistas. Lo primero que Dios hará en tu vida es colocar paz en tu corazón, y después, curado de tus ansiedades, él te usará a ti mismo como el instrumento poderoso para hacer maravillas.Por eso hoy, aunque solo veas sombras en tu entorno, parte hacia la lucha recordando que Dios "guardará en perfecta paz a los que en Él perseveran".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón