lunes, 9 de abril de 2012

LA FE Y EL PERDÓN



Oísteis que fue dicho: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero yo os digo: «Amad a vuestros enemigos, bendecid a. los que os maldicen» (Mateo 5:43-44).

El quinto paso que hemos de dar para llegar al perdón es tener fe. La fe te ayudará a tratar amablemente a quienes te han herido. La transformación que requiere llegar a hacer bien a quien nos ha hecho mal puede producirse de inmediato o paulatina y sutilmente. El Señor encontrará la forma de transformarnos cuando demos ese paso de fe. Eso no significa que debemos esforzamos para ser aceptados por quien nos rechaza. Significa que cada vez que Dios nos proporcione una oportunidad para acercarnos a ese alguien, debemos hacerlo. ¿No es así como Dios obra con nosotros? «Nosotros mismos erramos y necesitamos la compasión y el perdón de Cristo, y él nos invita a tratamos mutuamente como deseamos que él nos trate» (El Deseado de todos, las gentes, cap. 48, p. 417).
Querida amiga, nuestra esperanza radica en saber que Dios es nuestra ayuda segura en medio de los problemas. Él me ha ayudado a librarme del odio y del dolor. He encontrado la paz y me he despojado de una gran carga. Si le has entregado al Señor tu carga y has perdonado a la persona que te ha ofendido, debes creer por fe que Dios ha cambiado tu corazón.
Únicamente el Señor puede darnos el deseo de perdonar. La Biblia nos dice que toda cosa buena viene de él  «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Fil. 2:13). La pelea es del Señor. Cuando nos despojemos de todo dolor y resentimiento, obtendremos a la vez paz y una página en blanco, un nuevo comienzo. El milagro del perdón es algo que tan solo Dios puede sembrar en nuestro corazón. 
Te animo a que le entregues a Dios tu dolor y tu rencor.  Pídele a tu Padre celestial que te ayude a perdonar y olvidar, y que te dé paz. Recuerda que «cualesquiera que sean tus angustias y pruebas, exponlas al Señor. Tu espíritu encontrará sostén para sufrirlo todo. Se te despejará el camino para que puedas librarte de todo enredo y aprieto. Cuando más débil y desamparado te sientas, más fuerte serás con su ayuda. Cuanto más pesadas sean tus cargas, más dulce y benéfico será tu descanso al echarlas sobre aquel que se ofrece llevarlas por ti. (Exalta a Jesús, p. 91)
¡Que el señor te bendiga en tu trayecto hacia la paz y libertad en él!

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Sherie Lynn Vela

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