domingo, 23 de junio de 2013

EL REMEDIO PARA LA POBREZA DEL ALMA

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:3.

Estas palabras de alivio de Cristo son dirigidas no al orgulloso, ni al jactancioso o engreído, sino a los que advierten su propia debilidad y pecaminosidad.
Quienes sufren, los mansos que se sienten indignos del favor de Dios, y los que tienen hambre y sed de justicia son los incluidos con “los pobres en espíritu”…
Los pobres en espíritu sienten su pobreza, su necesidad de la gracia de Cristo. Advierten que saben poco de Dios y de su gran amor, y que necesitan luz para poder conocer y observar la senda del Señor. No se atreven a enfrentar la tentación con su propia fuerza, porque saben que no tienen la fuerza moral para resistir el mal. No sienten placer en repasar su vida pasada, y tienen poca confianza al mirar hacia el futuro, porque están enfermos de corazón. Pero, a los tales Cristo les dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. Cristo vio que los que sienten su pobreza pueden ser enriquecidos…
¡Cuán grandes privilegios están al alcance de los que sienten la pobreza de sus almas y se someten a la voluntad de Dios! El remedio para la pobreza del alma se encuentra únicamente en Cristo. Cuando el corazón es santificado por la gracia, cuando los cristianos tienen la mente de Cristo, poseen el amor de Cristo; son riquezas espirituales más preciosas que el oro de Ofir. Pero antes de que pueda existir un deseo intenso por la riqueza contenida en Cristo, que está disponible para todos aquellos que sienten su pobreza, debe haber un sentido de necesidad.
Cuando el corazón está lleno de autosuficiencia y preocupado por las cosas superficiales de la tierra, el Señor Jesús nos amonesta y castiga para que los hombres y las mujeres despierten y se percaten de su verdadera condición…
Usted puede venir a Jesús en fe y sin demora. Su provisión es rica y libre, su amor es abundante, y él le dará gracia para llevar su yugo y levantar su carga con alegría. Puede reclamar su derecho a esta bendición sobre la base de su promesa. Puede entrar en su Reino, que es su gracia, su amor, su justicia, su paz y gozo en el Espíritu Santo. Si se siente en una necesidad profunda, puede recibir toda su plenitud, porque Cristo dice: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mat. 9:13). Jesús lo invita a venir.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” -Signs of the Times, 1° de agosto de 1895. 

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

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