domingo, 21 de febrero de 2016

EL DIFÍCIL ARTE DE LA RESOLUCIÓN

Para juzgar los comportamientos ajenos hay que informarse mucho. Marco Aurelio

Desde que existe el pecado en el mundo, existen los conflictos, y ¡qué difícil es resolverlos! La Biblia nos da claves para lograrlo. Una de ellas se encuentra en Josué 22.
“Las tribus de Rubén y de Gad y la media tribu de Manasés se separaron del resto de los israelitas […] para regresar a sus posesiones en la región de Galaad, donde tenían tierras según el Señor lo había ordenado” (vers. 9). Hasta aquí todo bien; Dios dirigía sus pasos. Pero cuando estaban “todavía en territorio cananeo, levantaron junto al río un gran altar” (vers. 10), hecho interpretado por las demás tribus como deslealtad a Dios, pues Israel tenía un santuario, erigido por mandato de Dios y en el que se manifestaba su presencia. ¡Era un acto de rebeldía! O así lo creyeron los demás, que “se reunieron en Silo para ir a pelear contra ellos” (vers. 12).
¡Una guerra! Palabras mayores… Afortunadamente, antes de que corriera la sangre, Finees y un jefe de cada una de las diez tribus fueron a presentar las duras acusaciones de traición y rebeldía, para evaluar si las respuestas eran satisfactorias. Para su sorpresa, los acusados resultaron ser inocentes: “La verdad es que lo hicimos porque no queremos que algún día los hijos de ustedes les digan a los nuestros: ‘¿Qué tienen ustedes que ver con el Señor y Dios de Israel?’ […] Por eso pensamos en construir un altar, no para ofrecer holocaustos al Señor. […] Dios nos libre de rebelamos contra él o de abandonarle” (vers. 24-29).
Como sucede en ocasiones, ambas partes del conflicto habían tenido algo de culpa: las dos tribus y media por no haber explicado lo que estaban haciendo y las restantes por haber condenado a sus hermanos sin investigar cuidadosamente los hechos. Sin embargo, es digna de imitar la actitud de los acusados, que en ningún momento mostraron resentimiento por la falsa acusación, y la disposición de los acusadores a escuchar antes de actuar. Para actuar con altura moral en los conflictos es necesario hacer las preguntas que procedan y escuchar las respuestas oportunas, intentando mantener la unidad.
Conclusión: cuando seas malinterpretada, explica sin orgullo tus actos y motivaciones; asimismo, cuando te sientas tentada a juzgar mal a otra persona, escúchala con cortesía, inclinada a tomar el punto de vista más favorable sobre ella, y dispuesta a alegrarte con la demostración de su inocencia.
“No juzguen ustedes nada antes de tiempo; esperen a que el Señor venga y saque a la luz lo que ahora está en la oscuridad y dé a conocer las Intenciones del corazón. Entonces Dios dará a cada uno la alabanza que merezca” (1 Cor. 4:5).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
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