miércoles, 10 de febrero de 2016

EL HOMBRE MÁS SABIO DEL MUNDO

‘“Si de veras obedeces al Señor tu Dios, y pones en práctica todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy, entonces el Señor te pondrá por encima de todos los pueblos de la tierra” Deuteronomio 28:1, DHH

Quién es el hombre más sabio que haya habido (además de tu padre, naturalmente)?
El rey Salomón, todos estamos de acuerdo. ¿Y era viejo o joven cuando se hizo sabio? Era muy joven cuando Dios se aproximó al monarca recién coronado en medio de la noche y le preguntó qué quería.
La respuesta de Salomón fue rápida: “Ahora pues, Jehová, Dios mío, tú me has hecho rey a mí, tu siervo, en lugar de David, mi padre. Yo soy joven y no sé cómo entrar ni salir. […] Concede, pues, a tu siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo, pues ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?” (1 Rey. 3:7-9). Y Dios quedó tan complacido con la madura solicitud de este joven rey que prometió a Salomón no solo sabiduría, ¡sino también riquezas y honra! (lo cual sencillamente demuestra que, con independencia de si tienes dieciocho años u ochenta, si dependes humildemente de Dios, él se hará dependiente de ti. Dios necesita a los que lo necesitan).
¡Simplemente, fíjate en lo que ocurrió a Salomón!
“Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está a la orilla del mar. Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales y que toda la sabiduría de los egipcios” (1 Rey. 4:29, 30). Pero, ¿cuál era el propósito de esta increíble generosidad divina? ¿Aumentar la talla de sombrero del joven rey convirtiéndolo en una superestrella? ¡Más bien no! Lo consignado está muy claro: “Para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de parte de todos los reyes de los países adonde había llegado la fama de su sabiduría” (vers. 34).
Y cuando la reina de Sabá con su séquito rutilante se marchó de Jerusalén tras comprobar la afamada sabiduría del joven rey de Israel, su testimonio es prueba suficiente de que cuando Dios elige a los elegidos, estos no son elegidos por su valía: “Tienes más sabiduría y prosperidad que la fama que a mí me había llegado. [… ] Bendito Yahvé, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre el trono de Israel” (1 Rey. 10:7-9, NC). Una reina gentil canta las alabanzas del Dios de Israel: ¡la razón misma por la que, de entrada, Dios elige a los elegidos!

Tomado de Lecturas devocionales para Adultos 2016
EL SUEÑO DE DIOS PARA TI
Por: Dwight K. Nelson
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