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miércoles, 27 de enero de 2016

¡EXCELSIOR!

“Concentren su atención en las cosas de arriba” (Colosensea3:2, NVI).

Henry W. Longfellow, poeta, escritor y traductor, considerado el más ilustre de los literatos estadounidenses de su época, hizo muchas cosas significativas. Una de ellas fue realizar la primera traducción al inglés de la Divina comedia de Dante. De todos los poemas de Longfellow, ‘ y uno que me parece muy interesante. El poema lleva un título muy sugerente: ¡Excelsior!, un vocablo latino que significa “Más arriba”.
En ¡Excelsior!, Longfellow cuenta la experiencia de un joven, quizás como tú, que se había propuesto una meta muy elevada. Con el objetivo de no dejarse intimidar por nada, el muchacho llevaba siempre consigo un letrero que decía: ¡Excelsior!, porque sabía que a lo largo del camino se toparía con obstáculos que tratarían de impedir su ascenso. Una noche, mientras ascendía por las heladas cumbres alpinas, pudo ver a una familia que disfrutaba del calor de la chimenea; sintió deseos de quedarse, pero se dijo a sí mismo: ¡Excelsior! Más adelante se encontró con un anciano que le rogó: “Detente”; pero “él, con nuevo aliento, exclamó: ‘¡Excelsior!”’ Una doncella hermosa le pidió que abandonara el viaje; y con lágrimas en los ojos, el muchacho le dijo: “¡Excelsior!”
¡Excelsior!, ir más arriba, constituye una buena meta para todo joven. Dios te ha llamado a crecer, a ascender a lo más alto, a llegar hasta la cumbre, él quiere que te propongas nobles ideales. Puedes creer en lo dicho por Moisés: “El Señor te pondrá en el primer lugar, y no en el último” (Deuteronomio 28:13). Subraya la frase: “El Señor te pondrá”. Tu papel es seguir adelante, no desanimarte, hacer caso omiso a los que te quieren persuadir a no seguir “más arriba”. Dios no te fallará. Ahora bien, Dios tiene una condición para ponerte “en el primer lugar”. ¿Sabes cuál es? Que “atiendas a los mandamientos del Señor” (Deuteronomio 28:13). Por tanto, tus aspiraciones deben estar en armonía con la esencia de los mandamientos divinos: amar a Dios y amar a tu prójimo.
¿Adonde quieres llegar? ¿Cuál es esa montaña a la que te gustaría ascender? Si lo que quieres está en sintonía con los mandamientos de Dios, no te canses de mirar “más arriba”, no dejes de luchar por tus sueños. ¡Excelsior!, amigo, ¡excelsior!

Por: J. Vladimir Polanco Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
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martes, 13 de agosto de 2013

LA EXCELENCIA Y LA EXIGENCIA SON DOS CONCEPTOS QUE SE PARECEN

Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores dones. 1 Corintios 12:31

Hoy en día, la mayor parte de los seres humanos aspira a que se diga de ellos que tienen un desempeño excelente. Sin embargo, son pocos los que conocen el significado de la verdadera excelencia y están dispuestos a pagar el precio de la misma. La exigencia es la mejor senda para llegar a la cima de la excelencia. Quien aspira a alcanzar dicha meta debe esforzarse en dar lo mejor de sí.
Para dar lo mejor de uno es necesario buscar en nuestro interior con el fin de descubrir los recursos que Dios nos ha concedido. Luego, dedicar tiempo y esfuerzo a trabajar con ellos, pulirlos y usarlos a favor de los demás, así como para honrar el nombre de Dios. Ese es el único camino hacia la excelencia, y no siempre resulta fácil. Para algunos significa la negación de deseos personales; suprimir cosas que para otros serían esenciales; tener disciplina y ser capaces de superar los fracasos momentáneos.
Dios quiere que seamos mujeres comprometidas con la excelencia. En la Biblia leemos: «Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores dones» (1 Cor. 12: 31). Luego, la pregunta que nos toca formularnos es: ¿Cuál es el límite de esta sana «ambición» personal? Por supuesto, al reconocer que todo talento y don provienen de Dios, nuestra prioridad debería ser ofrecer al Señor y al prójimo un servicio abnegado y de calidad. «Vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder» (Col. 1: 10-11).
Si nuestra búsqueda de la excelencia no está centrada en Dios, en quien se origina todo don, esta podría convertirse en una búsqueda infructuosa, frustrante y desgastadora. La medida de Dios para la mujer que anhela la excelencia está expresada en su Palabra: «Y todo lo que te venga a la mano, hazlo con todo empeño» (Ecle. 9: 10).
 Amiga, al realizar tus faenas diarias, recuerda que Dios espera lo mejor de ti, No importa en qué lugar te encuentres, en tu hogar, en la escuela, en el trabajo, recuerda servir a tu prójimo y glorificar a Dios en todo lo que hagas y también en la forma en que lo hagas.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

sábado, 3 de noviembre de 2012

NUESTRA TARJETA DE PRESENTACIÓN


Y Dios vio que todo lo que había hecho estaba muy bien. Génesis 1:31

«Excelencia» es una de esas palabras que tienen su época. Todo el mundo habla de ella, pero muy pocos saben exactamente qué significa. ¿Qué es la excelencia? Si buscas la palabra en un diccionario, encontrarás que excelencia hace alusión a aquello que es excelente. Y si buscas excelente, encontrarás que es lo «eminentemente bueno, de primera clase, superior». P. R. Lidstrom nos ayuda a entender su significado cuando afirma que...

EXCELENCIA ES PROCURAR SIEMPRE HACER LAS COSAS DEL MEJOR MODO POSIBLE.
¿Y dónde podemos encontrar un buen ejemplo de excelencia!.  El mejor ejemplo lo encontramos, por supuesto, en nuestro Señor Jesús. Desde el pesebre hasta el Calvario, demostró su «pasión» por un trabajo bien hecho. De su trabajo la gente decía: «Todo lo hace bien». Y hablaba tan bien que los oyentes quedaban «admirados de las cosas tan bellas que decía» (Luc. 4:22).  Aun sus enemigos llegaron a exclamar: «¡Nunca ha hablado nadie como habla él!» (Juan 7:46). Sin lugar a dudas, la excelencia era para Jesucristo su tarjeta de presentación.
Ahora viene la pregunta importante: ¿Es la búsqueda de la excelencia una actitud permanente en ti? ¿Lo es para mí? ¿Es nuestra «tarjeta de presentación»? El caso es que si nos llamamos «cristianos», entonces se espera que representemos bien a Cristo. Y si algo dejan bien en claro las Escrituras, es que nuestro Señor nada tiene que ver con lo mediocre, lo chabacano, lo chapucero. Él todo lo hace bien. Se cuenta que Alejandro Magno, el gran conquistador, supo que entre los soldados de su ejército se hallaba uno cobardón, también llamado Alejandro. Un día lo mandó a llamar y, en términos contundentes, le dijo: «O demuestras que eres valiente, o te cambias de nombre».
El mensaje está claro: o aprendemos a hacer las cosas bien siempre, como las hace Jesucristo, o mejor nos cambiamos de nombre.

Señor, hoy me propongo hacer lo mejor para ti.  Prospera la obra de mis manos y glorifica de este modo tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

miércoles, 4 de enero de 2012

LO MEJOR Y SIEMPRE LO MEJOR

Y todo lo que esté en tu mano hacen hazlo con todo empeño. Eclesiastés 9:10.

«¿Qué significa que una persona siempre haga lo mejor que pueda?», preguntó el profesor a sus alumnos el primer día de clases del nuevo año escolar. Luego señaló hacia un lugar del salón donde estaba un letrero bien grande con el mensaje:
HAZ SIEMPRE LO MEJOR QUE PUEDAS
Cuando los alumnos le preguntaron a qué actividades específicamente se refería y durante cuánto tiempo debían hacer lo mejor, el profesor contestó mostrándoles otro cuadro: «No importa cuál sea la actividad, dondequiera estés, con quien quiera estés, haz siempre lo mejor que puedas».
Luego explicó con más detalles que hacer lo mejor equivale a establecernos altos ideales en la vida y luego esforzarnos por vivir a la altura de esos ideales.
El profesor del cual estoy hablando es Hal Urban. En uno de sus libros, él cuenta que cierto día, después de clases, uno de sus alumnos pidió hablar con él.
—¿Recuerda profesor aquella clase en la cual nos preguntó lo que significa hacer siempre lo mejor?
—¡Claro que sí! —respondió el profesor—. Hago la misma pregunta todos los años.
—Pues le confieso que no he podido sacarla de mi cabeza. He pensado y pensado en esa pregunta y la verdad es que siempre he llegado a la misma conclusión: Si uno tiene algo que hacer, ¿por qué no hacerlo de la mejor manera posible?
Cuenta el profesor Urban que doce años más tarde recibió un correo electrónico de parte del mismo joven. En ese mensaje el joven le contó de sus éxitos profesionales y de sus planes de contraer matrimonio. Luego le preguntó al profesor si recordaba aquella conversación que habían tenido sobre la intención de hacer siempre lo mejor. Al final escribió: «Hoy soy lo que soy porque aprendí que siempre tengo que hacer lo mejor que pueda. Espero que todavía siga enseñando lo mismo a sus alumnos» (Chotees that Change Lives [Elecciones que transforman vidas], pp. 139, 140).
Y yo espero que tú, apreciado joven, estimada jovencita, tampoco olvides que siempre tienes que hacer lo mejor que puedas. No importa cuál sea la actividad, dondequiera que estés, con quien quiera estés, haz siempre lo mejor que puedas.
Jamás te conformes con menos. Dios espera lo mejor de ti. Y el mundo lo necesita. ¿Cuál es tu decisión?

Hoy resuelvo, Señor Jesús, al igual que tú, hacer siempre lo mejor.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala