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jueves, 2 de enero de 2020

TENER BUENOS HÁBITOS

«Mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos y sé sabio (Prov. 6: 6, LBLA). 

Durante una época en que vivíamos en Altos del Trapiche, Tegucigalpa, cada atardecer mi esposo y yo veíamos a un hombre de abrigo azul y gorro en la cabeza que caminaba con las manos en los bolsillos y con ciertas dificultades por causa del sobrepeso. Siempre, sin falta, cada tarde, caminaba vestido igual y por el mismo sendero. Lo perdimos de vista cuando nos mudamos, pero, dos años después, lo vimos de nuevo, a la misma hora, en el mismo lugar y con el mismo abrigo azul. Sin embargo, no todo era lo mismo: ahora el abrigo le quedaba enorme. Había perdido peso y su paso era dinámico y sin dificultades, totalmente decidido, como el de quien no desea regresar a los días del pasado. Aquel hábito de salir cada tarde a caminar había dado fruto.
Los hábitos… Eso que hacemos a menudo y que, a fuerza de repetición, se convierte en nuestra naturaleza, en aquello que nos nace de manera automática. ¡Qué importantes son! Siendo que el Señor nos llama a renovar nuestra mente, nuestra manera de vivir (ver Romo 12: 2), es crucial que empecemos a dar importancia al desarrollo de hábitos saludables, para que lleguen a convertirse en nuestra naturaleza, en aquello que nos nace de manera automática. Y así como la salud física depende en gran medida de hábitos diarios como el ejercicio, el descanso, la buena alimentación o el agua, la salud espiritual depende de hábitos diarios como:
La oración a solas con Dios: «Jesús se retiraba a orar a lugares donde no había nadie» (Luce 5: 16).
La lectura de la Biblia, que nos enseña a tener discernimiento: «La comida sólida es para los adultos, para los que ya saben juzgar, porque están acostumbrados a distinguir entre lo bueno y lo malo» (Heb. 5: 14).
La puesta en práctica de los principios del evangelio: «¡Quiero poner en práctica tu enseñanza, siempre!» (Sal. 119:44).
Huir de la ociosidad: «El perezoso desea y no consigue; el que trabaja, prospera» (Prov. 13:4).
Ser constante en toda buena obra (ver 1 Cor. 15: 58; 2 Cor. 9: 8).
«Llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Cor. 10: 5, RVC).
Te propongo hoy comenzar a desarrollar buenos hábitos físicos (porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo) y espirituales (porque por la fe vivirá el justo). Sin duda cosecharás los frutos en esta vida y en la venidera.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020.

martes, 5 de abril de 2016

¿POR QUÉ DIANA SE SENTÍA DIFERENTE?

Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa (1 Pedro 2:9, DHH).

Diana a menudo se sentía dejada de lado. Ella era nueva en la pequeña escuela primarla, y tuvo que unirse a los estudiantes de los grados superiores. Aunque era inteligente, los niños de su clase a menudo discutían cosas de las que ella no entendía mucho. Entonces, un día empezó a comprender por qué se sentía tan sola.
-Alumnos: como parte de la Clase Bíblica de esta mañana, van a participar en una encuesta -anunció su maestra-. Por favor, completen cada pregunta con la respuesta que mejor se aplique a cada uno de ustedes. Recuerden, esta encuesta es confidencial. No tienen que compartir sus respuestas con nadie, a menos que deseen hacerlo.
Diana inclinó la cabeza sobre el pupitre y comenzó a llenar la encuesta. Algunas preguntas eran: “¿Alguna vez has fumado?”; “¿Alguna vez has Ingerido una bebida alcohólica?”; “¿Tu familia se reúne para hacer el culto?” Diana completó con lápiz sus respuestas a cada pregunta. Luego leyó: “¿Alguna vez fuiste a una sala de cine?” Y marcó: “No” De vez en cuando su familia alquilaba un DVD, pero a ella le gustaba leer y montar a caballo en su tiempo libre.
En el recreo, los compañeros de Diana hacían una fila en la fuente de agua potable esperando su turno mientras hablaban de la encuesta. Todos ellos habían visto películas en los cines. Dos de ellos habían probado el tabaco, y se enteró de que había cuatro que habían tratado de tomar vino o cerveza. Y en su clase, ella y Ted eran los dos únicos cuyas familias tenían culto todos juntos. Diana comenzó a entender por qué a veces sentía que no pertenecía al grupo de compañeros.

¿Y AHORA?
A menudo Jesús se sentía solo cuando estuvo en esta tierra. Piensa en las promesas que él te hecho para cuando te sientas solo o dejado de lado.

SPLASH:
En la traducción de la Biblia de la versión King James (KJV), 1 Pedro 2:9 dice que los cristianos “son personas peculiares”. Si bien “peculiar” significa extraño o raro, también es extraordinario, notable y especial. En otras palabras, tú eres extraordinario. Tú eres especial.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 19 de octubre de 2012

LA ORACIÓN ES UNA FORMA DE VIDA


«Orad sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17).

La oración es más que el tiempo que pasamos a solas con Dios; es más que las palabras que le decimos a Dios. La oración es una forma de vida, una comunión constante con nuestro Padre celestial.
Sin embargo, sería erróneo concluir que, por tanto, no es necesario que pasemos un tiempo específico con Dios. Mi esposa y yo hablamos todo el día: mientras desayunamos, mientras damos el paseo matutino, incluso cuando estamos en casa haciendo nuestras tareas diarias. Pero si esas fueran las únicas ocasiones en las que habláramos, ¿cuándo podríamos compartir nuestros sentimientos más profundos? ¿Cuándo podría yo mirarla a los ojos y saber que tengo toda su atención? Un momento especial a solas con Dios en la devoción personal es absolutamente esencial para mantener una relación vibrante con él.
El mejor momento para estar con Dios es a primera hora de la mañana. Si bien puede ser inspirador, no es menos cierto que escuchar que alguien se levanta a las cuatro de la madrugada para pasar dos horas en oración puede llegar a intimidar. Puede dar la sensación de que, para ser alguien en sentido espiritual es preciso levantarse antes del alba y que quien no lo hace así es un enclenque espiritual. El alarde de nuestras prácticas religiosas puede convertirse en causa de desaliento para los demás. Con parábolas y ejemplos, Jesús mostró que el tiempo de adoración tiene que ser privado y secreto; no tiene que ser exhibido ante los demás como una señal espiritual de valor.
Para aquellos que no son especialmente madrugadores —que son bastantes— me atrevería a decir que si no se es capaz de levantarse a las cuatro de la madrugada y pasar un tiempo de calidad con Dios, lo más aconsejable es pasarlo nada más levantarse, sea a la hora que sea. Eso no es «ser vistos por los hombres» (Mat. 6:5) sino sobrevivir. Aunque ayer comí, bebí y respiré, mi bienestar físico, mi existencia, demanda que yo coma, beba y respire cada día. Con la vida espiritual sucede lo mismo. Recuerde que, en el desierto, los israelitas que habían guardado el maná de un día para otro descubrieron que estaba infestado de gusanos. Cada día tenemos que pedir a Dios nuestro pan diario.
John Bunyan escribió: «El que huye de Dios por la mañana, difícilmente lo encontrará el resto del día».  Basado en Lucas 18:1-8

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 4 de octubre de 2012

EL ESPÍRITU


El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.  (Isaías 61:1).

Observamos en la biblia que la medicina que Jesús nos proporciona actúa sobre la totalidad del ser, y contribuye a quebrar las cadenas que entorpecen la vida del ser humano. Es un remedio que nos libera del sufrimiento, de la soledad, de la angustia, del remordimiento, de la rebeldía y de toda esclavitud que compromete nuestra salud física, psíquica y espiritual.
El objetivo que debemos perseguir es el de la famosa máxima «mente sana en cuerpo sano», teniendo presente que los dos elementos son interdependientes, y que juntos forman un todo. Tenemos la oportunidad de disfrutar no solamente del privilegio de una salud integral, sino de ayudar a otros a alcanzarla. En el mundo hay demasiado sufrimiento y enfermedad, tanto física como espiritual. Muchos males podrían evitarse si la gente conociera las leyes de la salud y las practicara.
Sabemos que no es la voluntad de Dios que existan tantas enfermedades, por tanto hemos de ser sensibles a esa realidad y aprender lo que Dios quiere que hagamos con los medios que tenemos. El primer paso que deberíamos dar es el de aprender por nosotros mismos lo que el organismo necesita para tener equilibrio, y el segundo es el de educar. Debemos, con inteligencia, educar con la verdad a las personas que nos rodean, orar por la salud de los demás y ser una influencia positiva sobre sus vidas, de modo que ellos puedan acercarse cada vez más al Dador de la vida y Restaurador de la salud.
En la Biblia está la respuesta a los problemas cotidianos. Conviene que nos preguntemos: ¿Mi alimentación y mis hábitos contribuyen al buen funcionamiento de mi organismo? Si la respuesta es negativa, encontremos en Dios el modo de cambiar el rumbo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Janet Ribera de Diestre

COMO UN PROGRAMA DE COMPUTACIÓN


Debes ser un ejemplo para los creyentes en tu modo de hablar y de portarte, y en amor; fe y pureza de vida. 1 Timoteo 4:12.

Un grupo de viejas amigas se reúne para pasar el día juntas.
—¡Montemos bicicleta a la orilla del lago, como en los viejos tiempos! — Sugiere Arlene.
—¡Pero yo no he manejado una bicicleta desde hace años! —responde Nancy.
 —No te preocupes —contesta Arlene—. Ese software todavía está en tu cerebro, aunque no hayas recurrido a él durante años.
Si alguna vez aprendiste a manejar bien la bicicleta, esa información, el software, está todavía archivado en tu cerebro, aunque no lo hayas hecho desde hace varios años. Y lo mismo ocurre si aprendiste, por ejemplo, a nadar o a tocar la guitarra. ¿Cómo es eso?
Arlene Taylor, quien es hoy una especialista en funciones cerebrales, explica que los hábitos son como un programa de computación que funciona en nuestro cerebro a través de las neuronas. Cuando repetimos muchas veces una acción, se forma en el cerebro algo así como un camino o sendero por donde «corre» el hábito. Lo que esto quiere decir es que, cuando ya está establecido en el cerebro, el hábito nos impulsa a actuar en forma consecuente y predecible (Women of Spirit [Mujeres de espíritu], abril de 2005, pp. 6, 7).
Esta característica de los hábitos ha sido bien ilustrada por la historia de la mula ateniense, que el pastor Sergio V. Collins narra en el libro La personalidad triunfadora del joven moderno. Cuenta ese relato que durante la construcción de la Acrópolis de Atenas, se usaron muchas mulas para el transporte de piedras cerro arriba.  Una de ellas, quizás porque se enfermó de reumatismo o porque ya estaba muy vieja, fue «jubilada». Lo curioso del caso fue que, hasta el día de su muerte, la vieja mula siguió subiendo y bajando el cerro con las demás mulas jóvenes, ¡aunque no llevaba carga alguna sobre el lomo! ¡Qué tremendo el poder de los hábitos!
Si, por ejemplo, has cultivado el hábito de la buena lectura, de hacer ejercicio físico, de ingerir alimentos sanos, de orar, de acostarle y levantarte temprano, etc., esos buenos hábitos le acompañarán mientras vivas. Pero si son malos, vas a tener que «declararles la guerra» hoy mismo. Es verdad, no lograrás eliminarlos de un día para el otro, pero recuerda que todo lo puedes en Cristo que te fortalece.

A partir de hoy, ayúdame. Padre, a cultivar hábitos que glorifiquen tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

jueves, 6 de septiembre de 2012

TRATA BIEN A TU CORAZÓN


Dame, hijo mío, tu corazón y miren tus ojos mis caminos. (Proverbios 23:26).

A veces da la impresión de que a muchas personas no les interesa seguir viviendo, dado el trato que le dan a su propio corazón, que es el órgano del cual dependen sus vidas. ¿Recuerdas la última vez que te sentiste culpable por haber comido en exceso, o por haber consumido alimentos poco saludables? ¿Sientes preocupación cada vez que piensas que llevas demasiado tiempo sin hacer ejercicio físico?
El corazón trabaja sin descanso impulsando la sangre oxigenada hacia los órganos, tejidos y células del cuerpo. En un período de veinticuatro horas podría latir unas cien mil veces, bombeando oxígeno y nutrientes a las células y contribuyendo a recoger las sustancias de desecho producidas por las mismas células.
La sangre es repartida por todo el cuerpo mediante una compleja red de vasos sanguíneos. ¡Cuánto trabajo realiza el corazón y sin embargo qué poco nos preocupamos por mantenerlo sano y fuerte!
¿Qué podemos hacer para contribuir al buen funcionamiento de nuestro corazón? He aquí algunas sencillas recomendaciones:

  • Consume alimentos que contengan pocas grasas saturadas, que sean bajos en sal y ricos en fibra. 
  • Cuida de no ingerir más calorías diarias de las que necesitas, con el fin de mantener un peso equilibrado.
  • Incluye más granos, cereales, frutas, verduras y hortalizas en tu alimentación.
  • Camina, nada o realiza alguna actividad física que sea de tu agrado. 
  • Vigila los niveles de colesterol de tu sangre. 
  • Controla el estrés, utilizando técnicas de relajación y durmiendo lo suficiente.

Si ponemos en práctica estos sencillos consejos, nuestro corazón lo agradecerá y viviremos más y mejor.  Así mismo nuestro «corazón espiritual» debe contribuir a que el amor de Dios fluya a los demás. Eliminemos todo lo que obstruye el libre flujo de ese amor. Activemos su circulación poniendo en práctica las buenas obras que Dios desea que realicemos.
Que tu oración sea: «Señor, deseo tener un corazón sano y activo, que extienda sus redes de amor a quienes más lo necesitan; que sea una fuente inagotable de energía y de gozo».

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Perla Edith Sánchez

viernes, 13 de julio de 2012

UNA MORDIDA MORTAL


«Esta es la sentencia que se ha dictado contra los animales del Néguev: Por tierra de dificultades y angustias, de leones y leonas, de víboras y serpientes» (Isaías 30:6).

Víboras y serpientes. ¿No te asusta eso? A mí sí, especialmente la parte de la víbora. Algunas víboras son muy venenosas.
Hay muchas clases de víboras, pero la peor de todas es la víbora de la muerte. Esta especie de vibora vive en Australia y se esconde debajo de las hojas y las ramas durante el día. Sale durante la noche y se alimenta de lagartijas y roedores. Cuando encuentra una lagartija se enrosca, se lanza sobre su víctima y le clava los colmillos. El veneno que le inyecta paraliza al pobre animal y hace que su sangre se espese. Eso es terrible, ¿verdad?
Hay algunas cosas en la vida que son iguales de mortales. Las drogas, los cigarrillos y el alcohol pueden matar. Cuando estas sustancias entran en tu cuerpo, te atrapan y comienzan a hacer un daño terrible en tu sangre, tu cerebro y todos tus órganos.
Por eso es tan importante tomar decisiones correctas sobre tu cuerpo. Si no puedes pensar claramente, no podrás escuchar la voz de Dios hablándote a través de tu conciencia.
Mantén las cosas malas fuera de tu cuerpo. No dejes que te «muerdan» y te alejen de Dios.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

jueves, 26 de abril de 2012

LIBÉRATE DE LOS MALOS HÁBITOS


Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme» (Mateo 19:21).

¿Te gustaría ser perfecta? Esla es una de mis metas, pero si analizo mi vida me doy cuenta de que me falta mucho para llegar a la perfección. Hay algo en mi interior que anhela lograrlo y que a la vez se resiste a ello con mucha fuerza.
Recuerdo al joven rico que buscó a Jesús para hacerle una pregunta: «Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?» (Mat. 19:16). Aquel joven y nosotras tenemos mucho en común: ansiamos la perfección, creyendo que se necesita hacer mucho para alcanzarla. Por esa razón procuramos comer sanamente y poner en práctica determinados principios de salud. Pero una vez lo hemos hecho, sigue faltándonos algo. ¿Qué nos falla?
Recientemente recibí una encuesta sobre alimentación. Al terminar de leerla, reflexioné respecto a la importancia de seguir los principios de salud que como adventistas del séptimo día predicamos. Considero que actualmente tenemos muchos conocimientos sobre la buena alimentación pero, ¿los ponemos en práctica?
Creo que es importante que reflexionemos sobre las ideas del siguiente párrafo: «Muchos violan las leyes de la salud por ignorancia, y necesitan instrucción. Pero la mayoría sabe cosas mejores que las que practica. Necesitan comprender cuán importante es que rijan su vida por sus conocimientos» (Consejos sobre la alimentación, cap. 1, p  576, §759).
El principal problema es que tenemos muchas costumbres y hábitos fuertemente arraigados que resultan difíciles de erradicar para llevar un estilo de vida correcto. Cada una de nosotras conoce cuáles son los hábitos cuestionables que practica. Tal vez comer entre comidas, no hacer ejercicio, no beber suficiente agua, no descansar adecuadamente, o no ser temperantes.  Al mismo tiempo, sabemos qué hacer para corregir dichos defectos.
Mi querida hermana, ya es hora de que pongamos en práctica los conocimientos que Dios nos ha dado respecto a los principios de salud y de que abandonemos los malos hábitos que nos perjudican.
Escuchemos a Jesús y sigámoslo. Únicamente así lograremos la perfección.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Perla Edith Sánchez

viernes, 9 de marzo de 2012

CADA GOTA DEJA SU «HUELLA»

Instrúyeme, Señor en tu camino para conducirme con fidelidad. Salmo 86:11, IMVI.

¿Sabes lo que es una estalactita? ¿Y un carámbano? La estalactita es un pedazo de roca con forma de cono y con la punta hacia abajo que se forma en los techos de las cavernas. Su nombre viene de una palabra griega que significa «gota», porque su formación es el resultado de miles de gotas de agua mineralizada que, cuando caen, dejan detrás una sustancia de carbonato de calcio llamada «calcita». Cada gota que cae deja una «huella», hasta que forman una especie de tubo que con el paso de los años se convierte en una estalactita.
El carámbano, por su parte, es un pedazo de hielo que queda colgando al congelarse el agua que gotea de los techos. Su proceso de formación es similar al de la estalactita, solo que el agua que cae no tiene carbonato de calcio.
¿Qué tienen en común el carámbano y la estalactita? Su formación comienza con una simple gotita de agua que a su paso deja una marca, seguida de otra gota, y de otra, y otra durante días, meses y a veces años. Una sola gota de agua no es suficiente para formarlos, pero cada gotita aporta su pequeña cuota a la «obra de construcción».
¿No es así como se forma el carácter? Cada pensamiento, cada acción, cada decisión, es como una gota que deja su huella. Los libros que leemos, la música escuchamos, las películas que vemos: cada actividad deja su huella en nuestro carácter. Nos hace mejores o peores personas. Lo mismo sucede con los amigos que escogemos y los lugares que visitamos. Si cada gota de agua es limpia, el resultado será un carácter noble. Si lo que ingresa a la mente es sucio, ya puedes imaginar lo que sucede.
¿Es fácil desarrollar un carácter puro, trasparente? No lo es, porque hoy día hay muchas «gotas sucias» que salpican con facilidad. Y están en todas partes. Por esta razón hay que apartar la vista de algunas cosas, negarse a ir a lugares y alejarse de ciertos amigos.
Y aquí viene la gran noticia: si algunas de esas gotas ya han dejado una marca en tu mente, pídele a Dios que te limpie con su preciosa sangre. No importa cuánto te hayas manchado, en Cristo hay poder para limpiarte.
Señor, dame la integridad de corazón para que honre siempre tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

lunes, 6 de febrero de 2012

HÁBITOS DEL CORAZÓN

La luz se esparce sobre los justos, y la alegría sobre los rectos de corazón. Salmo 97:11, NVI.

«Los años críticos». Así califica la escritora Sharon Parks los años entre la adolescencia y la edad adulta. Esta es la etapa del desarrollo en la que, sin lugar dejar de ser joven, comienzas a vivir en el mundo de los adultos. Es la fase de tu vida en la que, en condiciones ideales, tus conceptos de lo bueno y lo malo echan raíces profundas que te guían en la toma de decisiones.
Durante la infancia y los primeros años de la adolescencia, tus padres y maestros te enseñaron los principios y valores que orientan tu conducta. Esas enseñanzas conforman lo que tú sabes de lo bueno y de lo malo. En una palabra, modelan tus creencias. Cuando llegan los años críticos, la labor formadora de tus padres y maestros idealmente ya ha sido hecha y ahora eres tú quien debe convertir esas creencias en una forma de vida.
¿Qué factores contribuyen para que integres tu conocimiento moral (lo que crees) a tu conducta moral (la forma en que vives) ? Según Steven Garber, existen tres factores, que él denomina «los hábitos del corazón».
- Hábito n° 1 (las convicciones): «¿En qué creo?»
- Hábito n° 2 (los modelos): «¿A quién admiro?»
- Hábito n° 3 (los amigos): «¿Con quién me asocio?»
Después de años de observación y de investigación como profesor universitario, Garber afirma que los jóvenes que han logrado integrar lo que creen con la manera en que viven poseen estas tres características:
1. Tienen sólidas creencias, principios y valores.
2. Han escogido como modelos a personas (en especial a sus padres, maestros y profesores) que han sido un ejemplo viviente de esas creencias.
3. Se han asociado con amigos que los han animado a vivir de acuerdo a lo que creen, y que los han inspirado para hacer lo correcto (The Fabric of Faithfulness [La trama de la fidelidad], pp. 37, 18, 176, 177).
En otras palabras, para vivir a la altura de tus principios no es suficiente que sepas qué es lo correcto. También necesitas ponerlo en práctica. Para lograr este ideal, es muy importante que escojas bien a tus modelos y a tus amigos. Y que lo hagas ahora, durante los años críticos de tu vida.
Señor, dame sabiduría para escoger bien a mis modelos y amigos. Y dame poder para vivir de acuerdo a lo que creo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala