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jueves, 4 de febrero de 2016

CUANDO VEAS MOVERSE UNA MONTAÑA

El secreto de la oración está en la oración secreta. Anónimo

A VECES incluso a nosotros, los cristianos, nos cuesta confiar en el poder de la oración. Fíjate en lo que sucedió ya en la época de la iglesia cristiana primitiva. El rey Herodes hizo “prender a Pedro. […] Lo metió en la cárcel y lo puso bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. […] Mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él. […] De repente apareció un ángel del Señor y una luz resplandeció en la celda. Despertó a Pedro con unas palmadas en el costado y le dijo: ‘¡Date prisa, levántate!’ Las cadenas cayeron de las manos de Pedro. […] Pasaron por la primera y la segunda guardia, y llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad. El portón se les abrió por sí solo, y salieron. […] “Entonces Pedro […] fue a casa de María, […] donde muchas personas estaban reunidas orando.
Llamó a la puerta de la calle, y salió a responder una sierva llamada Rodé. Al reconocer la voz de Pedro, se puso tan contenta que volvió corriendo sin abrir. ‘¡Pedro está a la puerta!’ exclamó. ‘¡Estás  loca!’, le dijeron. […] Cuando abrieron la puerta  y lo vieron, quedaron pasmados” (Hech. 12:1-16, NVI).
Probablemente yo hubiera sido una más de esa iglesia que “oraba constante y fervientemente a Dios por Pedro”, pero que cuando recibió una respuesta milagrosa a su oración, creyó que Rodé se había vuelto loca. Seguramente también me hubiera “quedado pasmada”. Y tú, ¿oras con fe, creyendo que Dios puede obrar milagros en tu vida? Responde con sinceridad: ¿Crees en el poder de la oración? Porque “sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan” (Heb. 11:6, RV95).
El evangelista Amzi Dixon (1854-1925) escribió: “Cuando dependemos de las organizaciones, recibimos lo que las organizaciones pueden lograr. Cuando dependemos de la educación, recibimos lo que la educación puede lograr. Cuando dependemos de los hombres, recibimos lo que los hombres pueden lograr. Pero cuando dependemos de la oración, recibimos lo que Dios puede lograr”. ¿Dependeremos de nuestro nivel cultural, de nuestros seres queridos, de nuestra iglesia, o dependeremos de la oración?
Si comienzas hoy mismo a orar con fe, entonces no te quedes pasmada cuando un día de estos veas “moverse alguna montaña”.

”Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6, RV95).

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

sábado, 15 de diciembre de 2012

UN MINISTERIO DIFERENTE


Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. (Salmo 9:1).

Antes de ser cristianos todas las noches sintonizábamos algunas radionovelas. Una noche perdimos la señal de la emisora radial. En la búsqueda, nos topamos con el programa La voz de la esperanza. El tema de aquella noche era la familia. Nos interesó mucho, pues nuestro hogar atravesaba una crisis que apuntaba a la separación. Nuestro amor se estaba transformando en gritos y peleas.
El pastor Pérez Marcio hacía referencia a un hogar dividido, donde los más perjudicados eran los niños, que en ningún momento habían pedido venir al mundo. Daba la impresión de que el pastor estaba hablando de nuestro caso y eso nos impresionó. El Espíritu Santo comenzó desde ese momento a trabajar en nosotros. Al término del programa ofrecieron unos estudios por correspondencia que mi esposo decidió solicitar. El curso constaba de veinticuatro lecciones y, tras concluirlo, buscó la Iglesia Adventista y comenzó a asistir a ella por las noches, ya que trabajaba los sábados. Yo acepté al Señor y tomé la decisión de bautizarme mientras estaba esperando a mi quinto hijo. Me dije: «Hoy, en el otoño de mi vida, me toma Dios y cambia el rumbo de mi existencia».
Tengo mucho que agradecer a ese Dios que me sacó de la oscuridad donde me encontraba. Empecé a hacer la obra del Señor, primero en mi hogar, luego con mi familia y después entre mis vecinos. A medida que hacía aquella labor fui descubriendo el don que Dios me había concedido. Era muy feliz, y me agradaba vivir lo que aprendía.
Decidí orar para entregar mis hijos al Señor. Creía que Dios me los había prestado y ahora yo se los devolvía. En la actualidad uno de ellos es misionero en tierras lejanas. Le agradezco a Dios porque ellos luchan por andar en sus caminos. No cesamos de interceder por ellos, sobre todo cuando enfrentan grandes luchas. Ruego al Altísimo por mis nietecitos, para que también ellos entren a su servicio.
Ojalá que puedas dedicar tu vida y la de tu familia por entero a Dios. Confía en él y él hará.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Emma Huaccho Porras