viernes, 4 de noviembre de 2011

TODOS JUNTOS, HASTA EL FINAL

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega. Mateo 13:30.

Susy era una alumna en su último año de educación media y se estaba preparando para ingresar a la universidad. Conocí a su padre, anciano en una iglesia adventista, casi de casualidad, y después de ese encuentro me invitó a predicar. En lo poco que lo conocí, lo vi como un hombre maduro, responsable, que desempeñaba su cargo con fidelidad.
Susy era mi alumna en la materia de Historia Sagrada, y a medida que fue entrando en confianza descubrí que decía malas palabras. En el aula, en los recreos, en las clases de educación física, Susy decía siempre alguna mala palabra que arruinaba el ambiente. Abordé este tema en charlas personales y en clases generales, pero nada la hacía cambiar. Una mañana, mientras yo estaba dando la materia, a Susy se le "escapó" nuevamente una grosería. Sintiendo que ya no tenía recursos para producir algún tipo de cambio, le pregunté: "¿Susy, hasta cuándo vas a decir malas palabras? ¿En tu hogar tus padres no te dicen nada cuando hablas así?" Inmediatamente Susy respondió: "Capellán, si usted escuchara las malas palabras que dice mi padre, nunca me llamaría la atención".
Desafortunadamente, algunos cristianos adventistas no practican lo que predican. Estoy seguro de que a esta altura tú también recordarás algún incidente ocurrido en tu iglesia por alguien que parecía un excelente cristiano, pero que en determinado momento manchó el nombre de Cristo haciendo algo que no debía.
Cuando los siervos del Señor notaron que en el campo había cizaña con el trigo, le preguntaron a su amo: "¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?" El dueño del campo respondió: "No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega" (Mat. 13:28-30). Y de allí se desprende una lección muy importante: el trigo y la cizaña crecerán juntos hasta la venida de Jesús.
No te desanimes si notas lo mal que se conduzcan algunos miembros de tu iglesia, lo que más importa es que tu vida esté en armonía con el único Modelo genuino: Cristo Jesús.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

GLORIA VENIDERA

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18.

¡No es fácil seguir a Jesús! No es fácil, para la naturaleza humana, renunciar a los apetitos del propio corazón. Hasta cuando creemos que estamos siendo sinceros, podemos estar siendo mal intencionados, y no lo percibimos.
¿Te acuerdas de los dos discípulos que sugirieron a su madre que le pidiese a Jesús un lugar importante, para ellos, en el futuro reino? ¿Crees que eran mal intencionados? Yo creo que no. Ellos, simplemente, no habían entendido lo que era el Reino de Dios. Por eso, Jesús tuvo que explicárselo, en detalle, muchas veces.
Les dijo que el Hijo del Hombre no tenía dónde reclinar la cabeza, mientras que las zorras tenían cuevas y los pajarillos nidos; les dijo que era necesario dejar al padre y a la madre para seguirlo. Incluso, dijo a una persona que ni siquiera se tomase el trabajo de ir a enterrar a su padre, si quería seguirlo. Todo esto, para que ellos no se confundiesen, y lo siguiesen por motivos equivocados.
La vida de un seguidor de Jesús tiene que estar llena de sufrimientos. El discípulo necesita entender que, a pesar de vivir una experiencia de comunión diaria con Jesús, puede haber dificultades a lo largo del camino.
Sin embargo, Jesús no solo les mostró el aspecto difícil del discipulado. No les habló únicamente de renuncia y de entrega, sino también les afirmó que, a pesar de eso, habría, también, maravillosas promesas para ellos.
Es verdad que, mientras vivamos en este mundo, habrá aflicciones para el pueblo de Dios. ¿Por qué no las habría, si vivimos en un mundo de dolor y en medio de seres humanos que, muchas veces, desprecian todo lo que tiene que ver con Jesús?
Pero, el tiempo presente es solo como un segundo comparado con la eternidad, en la que disfrutaremos de las bendiciones del Señor Jesús, que no tendrán fin. Eso es lo que afirma San Pablo, en el versículo de hoy. Él no niega la realidad dolorosa del presente: él afirma que, en esta vida, vamos a encontrar aflicciones. Tal vez, en este mismo instante tú estás viviendo unos de esos momentos terribles. Pero el apóstol afirma que todo ese sufrimiento es nada, comparado con la gloria de la presencia de Jesucristo en la eternidad.
Con estos pensamientos en mente, sal, recordando que "pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

jueves, 3 de noviembre de 2011

DIFERENTES

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. (1 Pedro 2:9).

Cuenta la leyenda que mientras Hércules sostenía en brazos a su pequeño hijo, afirmó: «Un día crecerás, y te darás cuenta de que eres diferente a los demás. Entonces tratarás de cambiar tu destino, pero no lo conseguirás. Así que deberás aceptarlo. Ser diferente resulta difícil, pero puedes convertirlo en algo especial. ¡Puedes ayudar!».
Tú y yo no somos hijas de un semidiós creado por la imaginación de mentes humanas, sino del único y verdadero Dios. También él un día nos tomó en sus poderosas manos para decirnos con inmenso amor: «Has sido creada para realizar grandes cosas. Eres especial porque eres mi hija. Ser diferente es difícil, pero te da la oportunidad de hacer grandes cosas. Tienes como destino la vida eterna. No trates de cambiar el futuro glorioso que reservo para ti por un presente temporal. Aunque la derrota parezca acecharte, no temas, yo estaré contigo».
El texto de hoy nos asegura que hemos sido llamadas para formar parte de un linaje escogido, de un real sacerdocio, de una nación santa y de un pueblo adquirido por Dios, y yo añado, a un precio infinito. ¿Para qué? Pedro nos dice que para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz admirable. Nuestra vida, a diferencia de la de este héroe de la mitología griega, no está regida por dioses sin escrúpulos que se deleitan en tergiversar nuestro presente para vengarse y acarrearnos desgracia. Aunque existe el mal, tenemos un Dios que venció todo pecado y su gracia nos da la victoria.
Qué privilegio tan grande poder anunciar el amor, la misericordia y el perdón de un Dios que no tenía por qué arriesgar su felicidad, pero lo hizo porque, somos especiales ante sus ojos. Nos tomó en sus manos y, con gran compasión, decidió colocar sobre nuestras cabezas una corona incorruptible. Si alguien quiere hacerte mirar atrás, recordándote tus errores pasados y tu debilidad presente, no olvides que eres diferente, porque eres hija del Dios eterno. Solo debes aceptar tu posición gloriosa y caminar con paso firme.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

EL ARCA DE DIOS

No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Hebreos 10:25.

Jesús profetizó que como ocurrió "en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre" (Mat. 24:37-39).
Si empleamos nuestra imaginación, podemos ver a Noé en la construcción de la gran embarcación. Lo podemos ver trabajando duro, y de tanto en tanto, dejando las maderas y mirando a la multitud para amonestarla con el mensaje de que "el fin del mundo" estaba cerca, que habría un diluvio universal.
Al principio, como toda novedad, su mensaje llamó la atención y ganó un buen número de adeptos, pero con el paso de los años, poco a poco, estos racionalizaron la veracidad del diluvio.
La gente se dijo: "Jamás hubo un diluvio universal, ¿por qué habría de cambiar ahora el clima? Parecía imposible que sucediera algo nunca antes sucedido. Una vez terminada el arca, muchos notaron que era incómoda. Cuando los animales entraron, los comentarios se hicieron oír: "El arca tiene un olor horrible. Además, ¿cómo podríamos dormir en paz, si todos se ponen a chillar? El arca debería ser solo para personas, no para animales". Finalmente, Noé y su familia entraron en el arca, y después de siete días de espera Dios cumplió su promesa. Un diluvio universal acabó con la civilización humana, y aunque muchos se negaron a verlo, al rechazar el arca aceptaron la muerte.
Actualmente, Dios también posee un arca de salvación: su iglesia. Quienes trabajan en ella llevan años predicando que el fin del mundo se aproxima con la venida de Jesús. De alguna manera, para muchos también la iglesia es un lugar "incómodo". En ella no hay solo gente santa, también asisten personas falsas, mentirosas y traicioneras. Pero aunque esto sea verdad, cuando Jesús vuelva a la tierra, no vendrá a buscar a cristianos "islas", sino a un pueblo que enalteció sus mandamientos por sobre todas la cosas. Por eso, más allá de lo que sientas o hayas visto en tu iglesia, contribuye para que ella sea un instrumento de salvación, para ti mismo y para otros.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

¡DECÍDETE!

Respondió Rut: no me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios. Rut 1:16.

Edson sufría. Su dolor era el dolor del espíritu. Su lucha, interior, aquella que, cuando te hiere, no sangra por fuera; aquella que nadie ve y, sin embargo, te incomoda de día y de noche.
Todo había empezado al encontrarse con verdades ignoradas. Estaban allí, en la Biblia; un libro tan antiguo y tan nuevo, al mismo tiempo. La actualidad, la practicidad y la relevancia de esas verdades lo asustaban y lo sorprendían; lo fascinaban y le causaban temor.
¿Puede la Biblia asustar? ¡Claro que sí! Remueve los fundamentos de todo lo creído; sacude tus convicciones; estremece tu realidad.
Frente a la Biblia, solo tienes tres caminos: la aceptas, la niegas o la relativizas (es decir, la acomodas a tu gusto, creas tu propia verdad, la particularizas, solamente para aplacar el grito de la conciencia).
Negarla sería falto de inteligencia. ¿Cómo negar el día, si el sol brilla, esplendoroso, en medio del cielo azul? Más fácil sería razonar en torno a esa realidad. Decir, por ejemplo, que es de día aquí, pero la noche envuelve a los que habitan el otro lado del planeta.
¡Olvídate de quienes viven al otro lado de la tierra! Estamos hablando de tu realidad. ¿Por qué no la aceptas?
Edson sufría. Sentía el dolor de Rut, cuando le dijo a la suegra: "Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios"; era el dolor de la decisión. Decidir jamás fue fácil; confortable es quedarse encima del muro, esperando ver de qué lado sopla el viento. Confortable, en palabras. Porque el espíritu sufre, se desintegra, se divide, se inhabilita para la felicidad.
Hay momentos, en la vida, en que es necesario dar el paso definitivo. Avanzar o retroceder: decidir.
La decisión de Rut, la joven moabita, quedará registrada en la historia como una de las decisiones más extraordinarias. Miró hacia su pasado sin miedo; contempló el nacimiento de un nuevo día. No renunció a sus convicciones: les dio otra dirección.
La verdad no borra tu pasado; le da sentido, lo restablece. Te ubica en la única realidad que vale: la que proviene de Dios. Por eso, Rut dijo a Noemí: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y donde quiera que vivieres, viviré; tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

miércoles, 2 de noviembre de 2011

CAMPEONES DEL MARATÓN

No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. (1 Corintios 9:24).

Durante las Guerras Médicas del siglo V a. C. la ciudad de Atenas fue incendiada por los persas, quienes trataban de conquistarla; pero finalmente los griegos vencieron a su enemigo en la batalla de Salamina y recuperaron la ciudad. Para anunciar aquella singular hazaña, un soldado griego llamado Filipides corrió desde la ciudad de Maratón, que da nombre a la popular disciplina olímpica, hasta Atenas, entre las que hay una distancia de unos 40 km. Cuando llegó a su destino, el soldado anunció: «¡Alegraos, hemos vencido!». Pocos años después de aquella destrucción de la ciudad. Pericles ordenó reedificar el conjunto de la Acrópolis, donde se encontraban, entre otros monumentos, dos templos admirados a lo largo de la historia: el Partenón y el Erecteion. El escultor Fidias supervisó la reconstrucción.
La historia de esta ciudad, uno de los mayores centros culturales e intelectuales del mundo, es extraordinaria. Fue cuna de grandes filósofos y de la mitología, esta última sustrato de un sinfín de creencias espirituales basadas en el temor al castigo y a la furia de los dioses. Hasta el día de hoy Atenas exhibe con orgullo sus monumentos y templos. Existe un paralelismo entre su historia y el conflicto entre el bien y el mal que puede resultar muy útil para nuestra enseñanza.
En la más universal de las guerras, Satanás intentó vencer al Rey del universo. Tras su fracaso en el cielo logró conquistar el planeta Tierra, el cual está intentando incendiar desde hace milenios. Muy pronto la ciudad de David será reconstruida por unas manos de amor, y entonces la gloria perdida será recuperada y un nuevo mundo se alzará ante nosotros, de tal belleza que excede el pensamiento humano. Sin embargo, lo más importante para ti y para mí es correr, como aquel joven soldado, como soldados de Cristo que anuncian el mensaje que se nos ha confiado: «¡Alegraos, hemos vencido!». Correr, llegar, alcanzar la meta, anunciar nuestro mensaje y obtener el premio, esos son los pasos del gran desafío que tienes por delante. ¡Corre!

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

"NO TE VAYAS"

Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Salmo 84:4.

Matías tenía algo más de 18 años y encontraba que la vida de iglesia lo aburría por completo. Se sentía un hipócrita por asistir cada sábado solo para complacer a sus padres, y él mismo decía que iba "solo para calentar el banco". El estudio de la lección de Escuela Sabática, los sermones, los cultos de la Sociedad de Jóvenes y las actividades sociales de los sábados de noche le parecían sin sentido y aburridos. Como no quería comentarles a sus padres lo que estaba viviendo, le contó su experiencia a otro joven de la iglesia, unos seis años mayor que él. En esa conversación de sábado de noche, Matías le abrió su corazón a su amigo. Le comentó que tenía ganas de abandonar la iglesia porque ya no sentía nada, y que se sentía un hipócrita ocupando un lugar solo para contentar a sus padres.
El joven escuchó pacientemente a Matías, y luego le dio su opinión: "Aunque sientas que tu vida espiritual esté vacía y que la iglesia no tiene sentido, en tu corazón sabes que no estás bien. Hace años que vienes a la iglesia gracias a la educación que te dio tu familia; y a pesar de lo que sientas, lo que ellos te dieron durante años fue lo mejor para ti. Aunque el sermón te aburra, aunque nunca estudies la Biblia y no te den ganas de cantar, sigue viniendo a la iglesia. Esta apatía espiritual pasará; si te vas, afuera corre más peligro tu futuro espiritual. No te vayas".
Gracias a Dios, Matías nunca abandonó la iglesia, aunque como él dice: "Durante varios años fui un falso que iba los sábados por mera costumbre". La situación cambió, Matías maduró y llegó a amar a Jesús con todo su corazón. Descubrió la alegría de asistir cada sábado a la iglesia después de una semana de estudio, y fue tal su apego a las actividades espirituales que decidió estudiar Teología. Por la gracia de Dios, hoy es un pastor de la Iglesia Adventista.
Y si te tocara dar testimonio de tu asistencia a la iglesia, ¿qué dirías? ¿Estás feliz por asistir cada sábado al templo a adorar a Dios, o estás viviendo alguna transición que te sugiere: "Abandona todo y no seas falso"? Ojalá nunca experimentes lo que vivió Matías, pero si llegaras a sentirlo, "no te vayas" de la iglesia. No sigas tus emociones. Permanece. Este consejo será vital en muchos momentos cruciales de tu vida, cuando tus emociones, en contra del dictado de tu conciencia, te sugieran abandonar a alguien o algo.
Dios desea que todos sus hijos se congreguen (Heb. 10:25), y tú formas parte de ese grupo especial de elegidos.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

NO QUISISTE

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! Mateo 23:37.

Dios es un Dios de comunidad. La propia esencia de su ser lo muestra: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en una unidad indivisible, de un único Dios eterno.
Ese Dios creó al ser humano por amor. Primero, a Adán. Y, al verlo solo, declaró: "No es bueno que el hombre esté solo". Realmente no es bueno; desde ningún punto de vista. El ser humano no fue creado para vivir aislado de las otras personas. Por eso, Dios les dijo: "Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra". Dios quería tener, en esta tierra, un pueblo peculiar y especial, que viviera unido. El factor de su unidad sería el propio Dios. Desdichadamente, el ser humano se apartó del Señor, y el resultado fue la fragmentación: empezaron las acusaciones, las agresiones y la división.
La historia bíblica muestra que cada vez que los seres humanos volvían los ojos a Dios, se unían; y, cuando se apartaban de él, se dividían. Sucedió con Caín: se alejó, fue a un lugar distante, se apartó. El pecado lo llevó a aislarse.
Pasaron los años. Vino el diluvio. Una familia se unió. El elemento de unión era Dios. Podrían haber sido muchos más los que se unieran, pero no buscaron a Dios. La comunidad de Dios nunca está cerrada; no es exclusivista, no hace diferencia entre los seres humanos. Basta creer.
Después del diluvio, los seres humanos trataron de formar una comunidad. En lugar de tener, como elemento de unidad, a Dios, escogieron colocarse en contra de Dios. ¿Cuál fue el resultado? Confusión, desorden y fracaso. Así terminó la historia, en Babel.
Por más bien intencionados que sean los planes de unidad del ser humano, si no tienen a Cristo como el centro, están condenados al fracaso. El ser humano natural es egoísta; quiere todo para sí. Y, aún cuando sus planes parezcan bellos por fuera, traen por dentro la mancha miserable del egoísmo, que lo arruma todo.
Si te sientes solo, distante, triste y aislado, revisa tu relación con Cristo. Si intentas unir a un grupo y, por más que te esfuerzas, nada logras, analiza la relación del grupo con Cristo. Solo él puede unir los corazones; la parte humana es aceptar. Recuerda el lamento de Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!"

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón