lunes, 4 de enero de 2016

MÁS QUE PALABRAS

“Creer en Dios el Padre es agradarlo y hacer el bien” (Sant. 1:27, TLA).
Anuncia el evangelio cada día y, si es necesario, usa las palabras. Francisco de Asís

Se cuenta que, en una ocasión, Francisco de Asís invitó a un compañero a salir con él a predicar. Recorrieron las calles atestadas de gente y, en el camino de regreso, el amigo comentó: “Yo creía que íbamos a predicar pero no lo hemos hecho. ¿Por qué?” Francisco respondió: “Hemos estado predicando todo el tiempo. Cuando nos insultaron aquellos jóvenes, les predicamos con nuestro silencio; cuando nos trataron mal en el mercado, predicamos respondiendo con cortesía; cuando llevamos el saco de ropa a aquella ancianita, predicamos con nuestra misericordia”.
Nadie duda de la importancia de predicar con palabras. Hablar de Dios a quien no lo conoce, leer la Biblia a quien ignora sus verdades, usar la comunicación para llegar al corazón de la gente con el amor de Dios es y siempre será necesario. Una palabra dicha en el momento oportuno y de la manera correcta puede abrir un corazón. Pero lamentablemente, abundan tanto la mentira y la hipocresía, que las palabras están devaluadas. Lo que se dice puede estar teñido de intereses, y por lo tanto perder toda efectividad cuando no encaja con lo que se hace. Así, cuando descubrimos el trasfondo de las cosas, nos descorazonamos y tal vez sentimos el deseo de alejamos de todo lo que suene a religión.
Dios nos dice: “¡Obedezcan el mensaje de Dios! Si lo escuchan, pero no lo obedecen, se engañan a ustedes mismos. […] Por el contrario, si ustedes ponen toda su atención en la Palabra de Dios, y la obedecen siempre, serán felices. […] Si alguien se cree muy santo y no cuida sus palabras, se engaña a sí mismo y de nada le sirve tanta religiosidad. Creer en Dios el Padre es agradarlo y hacer el bien, ayudar a las viudas y a los huérfanos cuando sufren, y no dejarse vencer por la maldad” (Sant. 1:22-27, TLA).
Acabas de leer la fórmula del éxito en la predicación del evangelio y en la vida cristiana. Esa misma fórmula que en tan pocas palabras condensó Francisco de Asís. Estudiemos la Biblia en nuestra soledad y transmitámosla a los demás mediante actos de bondad y misericordia, pero midiendo con sumo cuidado el número y la calidad de las palabras que empleemos. Dicho de otra manera: actuemos más y sermoneemos menos.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz

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