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miércoles, 22 de mayo de 2013

LOS OJOS DEL SEÑOR ESTÁN SOBRE TI

Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. Salmo 34:15.

Muchos abrigan la impresión de que la devoción a Dios va en detrimento de la salud. Aunque esta conclusión es radicalmente falsa, no carece de un fundamento aparente. Muchos profesos cristianos caminan bajo una nube. Parecería que piensan que es una virtud quejarse de la depresión de espíritu, de grandes pruebas y de severos conflictos.
Pero estas personas no representan correctamente la religión de la Biblia. En vez de ser un perjuicio para la salud y la felicidad, el temor del Señor se encuentra en la base de toda prosperidad real...
Ser conscientes de hacer el bien es la mejor medicina para los cuerpos y mentes enfermos. Quienes están en paz con Dios han asegurado el requisito más importante para la salud. La bendición del Señor es vida para el receptor. La seguridad de que los ojos del Señor están sobre nosotros, y que su oído está dispuesto a escuchar nuestra oración, es una fuente infalible de satisfacción. Saber que tenemos un Amigo que todo lo sabe, a quien podemos confiar todos los secretos del alma, es un privilegio que las palabras nunca podrían expresar.
El pesimismo y el desánimo causados supuestamente por la obediencia a la ley moral de Dios a menudo se los atribuye al descuido de sus leyes físicas. Aquellos cuyas facultades morales están ensombrecidas por la enfermedad no son los que deberían representar apropiadamente la vida cristiana, mostrar el gozo de la salvación o la belleza de la santidad. Demasiado a menudo se encuentran en el fuego del fanatismo o el agua de la indiferencia fría o el desánimo tenaz...
El deber de todo cristiano es seguir de cerca el ejemplo de Cristo: cultivar la paz y la esperanza y el gozo, que se manifestarán en una alegría no fingida y una serenidad habitual. Así pueden esparcir luz a todo su alrededor, en vez de proyectar la oscura sombra del desánimo y la tristeza.
Muchos constantemente ansían la emoción y la diversión. Se encuentran inquietos e insatisfechos cuando no están ocupados en risas, frivolidad y la búsqueda del placer. Estas personas pueden hacer profesión de fe, pero están engañando sus propias almas. No poseen el artículo genuino. Su vida no está oculta con Cristo en Dios. No encuentran gozo y paz en Jesús. — Signs of the Times, 15 de junio de 1882; parcialmente en Reflejemos a Jesús, p. 152.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

martes, 5 de febrero de 2013

RECONQUISTANDO AL ERRANTE


Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mateo 18:15.

Si usted está apenado porque sus vecinos o amigos están haciendo algo que los perjudica, si ellos están abrumados por su falla, siga la regla bíblica: "Repréndelo estando tú y él solos". Al acercarse a aquel que usted supone que está en error, asegúrese de hablarle con un espíritu manso y humilde, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. El errante no puede ser restaurado de otra manera que no sea con espíritu de mansedumbre, tacto y amor tierno. Sea cuidadoso con su trato. Evite cualquier sabor de orgullo o autosuficiencia en apariencia o gesto, palabras o tono de voz. Guárdese contra la palabra o mirada que pueda exaltar su yo o presente su bondad y rectitud en contraste con sus fracasos. Esté atento contra la aproximación más remota al desprecio, el autoritarismo o el repudio. Evite con cuidado cualquier apariencia de enojo, y aunque hable con claridad, que no haya reproche, acusación insistente, ni afecto fingido, sino un amor ferviente. Sobre todo, que no haya una sombra de odio o malas intenciones, tampoco amargura ni gestos de desagrado...
Recuerde que el éxito de una amonestación depende grandemente del espíritu con que se expresa. No descuide la oración ferviente para poseer una mente mansa y que los ángeles de Dios obren en los corazones que usted intenta alcanzar antes que usted, y así los suavicen con impresiones celestiales, para que sus esfuerzos cuenten...
Quizás usted se ha justificado por hablar mal de su hermano o hermana o vecino a otros antes de hablar con ellos, y dar los pasos que Dios ha estipulado claramente. Quizás usted dice: "No hablé con nadie hasta que me sentí tan abrumado que no pude aguantar". ¿Qué es lo que lo abrumó? ¿Fue un descuido simple de su deber, un así dice el Señor? Usted se encontraba bajo la culpa del pecado porque usted no reprendió a su hermano en privado...
A veces el reproche más suave y tierno no tendrá un efecto positivo. En un caso tal, la bendición que usted quería que otro recibiera al seguir un camino de justicia, apartándose del mal y aprendiendo a hacer el bien, retornará a su propio seno. Si el errante persiste en el pecado, trátelo con bondad y déjelo con su Padre celestial.— Review and Herald, 17 de julio de 1879.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White