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viernes, 22 de enero de 2016

¿ERES MÁS LISTO QUE LOT?


Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:10.

Sodoma era el sueño de todo empresario. Si tenías buen ojo para el comercio, podías hacer dinero fácilmente allí. El mercado bullía de actividad. Caravanas provenientes del desierto traían sus tesoros para enriquecer las casas y los palacios del rico. La gente vivía en el lujo, relajada y pasándola bien. Toda clase de hermosos trabajos de arte se exhibían por doquier.
Pero había algo malo. A pesar de la riqueza y el lujo que se veía por todos lados, había señales de indigencia, de gente necesitada que era abandonada. Aun con la muestra externa de belleza, había barrios pobres. Además, la tasa asquerosamente alta de crimen en la ciudad y la terrible violencia no se podían esconder.
No era un lugar para que un adorador de Dios viviera; sin embargo las seducciones de la gran ciudad atrajeron a Lot como un imán. Indudablemente, cada vez que regresaba de comerciar en Sodoma, pensaba en cuán conveniente sería si su tienda estuviera levantada un poquito más cerca. Era cierto que había una terrible maldad dentro de la ciudad, pero se sentía seguro. El y su familia hacían el culto matutino y vespertino. Serían cuidadosos. Lot no tenía la intención de participar con los malvados. Pero, lenta y constantemente, fue moviendo su tienda más cerca y más cerca, hasta que un día estaba, en efecto, buscando una casa donde vivir en Sodoma.
Cada vez que la conciencia de Lot lo molestaba por mudarse a la ciudad para hacer más dinero, lo discutiría con el resto de la familia. Esto siempre parecía convencerlo de que estaba haciendo lo correcto. Su esposa pensaba en todas las cosas hermosas que podía comprar. Con el mercado más cerca, podía ir de compras con más conveniencia que cuando tenía que hacer esos largos viajes desde el campo. Y además, sus hijas tendrían las ventajas de todo aquel arte maravilloso y esa cultura. Para las hijas, las escenas de la naturaleza no eran nada comparadas con las vistas y los sonidos fascinantes de Sodoma.
Es fácil para nosotros mirar hacia atrás, a jot. y sacudir nuestras cabezas por lo necio que fue. Pero, cuando nosotros, realmente, queremos algo que sabemos que no nos hace bien, nuestros deseos pueden conducimos por las mismas pisadas de Lot. Asi es: todos estos miles de años más tarde, descubrimos que podemos ser tan necios como él.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual

miércoles, 10 de abril de 2013

EL HOMBRE RICO

La heredad de un hombre rico había producido mucho, Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Lucas 12:16,17.

Este hombre lo había recibido todo de Dios. El sol había brillado sobre sus propiedades, porque sus rayos caen sobre el justo y el injusto. Las lluvias del cielo descienden sobre el malo y el bueno. El Señor había hecho que la vegetación prosperara, los campos produjeran abundantemente. El hombre rico estaba perplejo porque no sabía qué hacer con sus productos. Se consideraba favorecido sobre otros, y él mismo se tomaba el crédito por su sabiduría. Tenía grandes riquezas, y no se reprochaba a sí mismo por los pecados de los que muchos eran culpables. No había obtenido sus bienes a través del juego, ni al tomar ventaja del infortunio de otro que le tocara pasar por un bochorno en las finanzas y se viera obligado a vender sus bienes con pérdida; sino que había obtenido su riqueza a través de la providencia de Dios, quien causó que sus tierras rindieran abundantemente. Pero el hombre reveló su egoísmo y manifestó aquello que antes no sospechaba que existiera en su carácter.
No pensó en Dios, el gran Dador de todas sus bendiciones. No consideró que debía darle cuenta a Dios... Si hubiera amado y temido a Dios, habría ofrecido acción de gracias y se habría postrado ante Dios para pedirle: "Muéstrame cómo utilizar estos bienes"...
Cuántos hambrientos habrían sido alimentados, cuántos desnudos habrían sido vestidos, cuántos corazones habrían sido alegrados, cuántas oraciones por alimentos y ropas habrían sido contestadas. El Señor había oído las oraciones de los necesitados, y en su bondad había hecho provisión para el pobre por medio de las bendiciones conferidas al hombre rico. Pero el hombre que se había enriquecido súbitamente cerró su corazón al clamor del necesitado, y en vez de disponer de su sobreabundancia de bienes para suplir sus necesidades, dijo a sus siervos: "Esto haré; derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate"... Dios le con testó: "Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma".— Review and Herald, 19 de junio de 1894; parcialmente en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 201, 202.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 3 de marzo de 2013

EL ENGAÑO DE LAS RIQUEZAS


Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:10.

Muchos que profesan las verdades especiales para nuestro tiempo no tienen un discernimiento apropiado del carácter. No aprecian el valor moral. Pueden ufanarse mucho de su fidelidad a la causa de Dios y su conocimiento de las Escrituras, pero no son humildes de corazón. Tienen un aprecio especial por los que son ricos y prósperos, y olvidan que las riquezas no nos dan favor con Dios. La excelencia genuina del carácter es ignorada frecuentemente cuando la posee un pobre. El dinero ejerce una tremenda influencia. Pero, ¿le importa a Dios el dinero o las propiedades? Él es el dueño de los rebaños en miles de colinas, el mundo y todo lo que en él habita...
Dios les ha encomendado a sus mayordomos medios para utilizarse en hacer el bien, asegurando así un tesoro en el cielo. Pero si esconden sus medios como el hombre que tenía un solo talento, temiendo que Dios recibirá lo que le pertenece, no solo perderán la ganancia que le será otorgada finalmente al mayordomo fiel, sino también el capital que Dios les dio para que lo trabajaran...
El gran apóstol, en su carta a Timoteo, deseaba recalcar en la mente de este la necesidad de dar una instrucción tal que eliminara el engaño que se introduce tan fácilmente en los ricos: que debido a su habilidad para adquirir riquezas, son superiores en sabiduría y criterio a los que están en la pobreza, que las ganancias son [evidencia de] piedad...
Los individuos pueden dedicar toda su vida al objetivo de adquirir riquezas, pero al igual que no trajeron nada al mundo, no pueden llevarse nada... Han sacrificado principios nobles y elevados, han abandonado su fe por las riquezas, y si no están chasqueados en su objetivo, están chasqueados por la felicidad que se suponía que las riquezas traerían...
El apóstol muestra el único uso genuino de las riquezas, y le encarga a Timoteo que les encomiende a los ricos que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, listos para distribuir, dispuestos a comunicar, porque al hacerlo están colocando un buen fundamento para sí mismos para el tiempo venidero —en referencia al cierre del tiempo— de manera que puedan aferrarse a la vida eterna... La piedad con contentamiento es una gran ganancia. He aquí el verdadero secreto de la felicidad y la prosperidad real del cuerpo y el alma.— Review and Herald, 4 de marzo de 1880.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

lunes, 7 de enero de 2013

LA BRUJA DE WALL STREET - 2


Por eso mismo pagan ustedes impuestos, pues las autoridades están al servicio de Dios, dedicadas precisamente a gobernar (Romanos 13:6).

El Comentario bíblico adventista dice, refiriéndose a Romanos 13:6: «Es evidente que los primeros cristianos consideraban como una cuestión de principio el pagar impuestos, quizá como obediencia a las enseñanzas de Cristo (Luc. 20:20-25), lo que se refleja en Romanos 13:7». La cuestión es sumamente seria y requiere cuidadosa consideración. Los cristianos pagan impuestos, incluso cuando no están de acuerdo con las directrices que sigue el gobierno de su país.
Pero «la bruja» de Wall Street, que te presenté ayer, no pensaba lo mismo. Era extremadamente avara. Cambiaba a menudo de lugar de residencia para evitar el pago de impuestos de sus numerosas propiedades. Cuando tenía treinta y tres años se casó con Edward Henry Creen, otro multimillonario. Edward sentía que su matrimonio con Hetty era un acuerdo muy «interesante». Detectó en su esposa una sagacidad innata para los negocios, y se propuso enseñarle los secretos de la prosperidad financiera. Jamás se imaginó con quién se había juntado. Un año le bastó a «la bruja» para arrebatarle a su marido el control de todos sus negocios. Hasta que un día en que su esposo no siguió su consejo en una operación de compra de acciones de una empresa ferroviaria, lo echó a la calle. El desdichado Edward terminó sus días en una pensión para pobres.
Así continuó la historia, hasta que finalmente «la bruja» se fue a vivir con una amiga rica, la condesa Anne Leary. Aquella fue la última vez que vivió en un ambiente agradable, comió tres veces al día y durmió en una cama cómoda y limpia. Pero no lucia amistad la que la llevó a vivir con su amiga, sino consumar su plan de no pagar impuestos al gobierno. Después de una larga y costosa lucha por parte del gobierno para cobrarle los impuestos por su fortuna, «la bruja» se salió con la suya. Puesto que había dejado todo a su único hijo Ned y que no tenía domicilio registrado, fue imposible para el Estado de Nueva York identificar su residencia.
La fidelidad del cristiano se refleja en los pequeños detalles de la vida. Aunque nuestra ciudadanía está en los cielos (Fil. 3:20) aún vivimos en esta tierra. Por lo tanto, tenemos una serie de responsabilidades que debemos cumplir fielmente. ¿Eres un ciudadano responsable para con tu país? Que al final de nuestras vidas Dios pueda decirnos: «¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!» (Mat. 25:21).

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

sábado, 24 de noviembre de 2012

DINERO, DINERO, DINERO


«Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos» (1 Timoteo 6:10).

En una de nuestras salidas del mes pasado hablamos sobre las raíces. Dijimos que si no estábamos enraizados profundamente en Jesús, seríamos unos cristianos agonizantes. Hoy vamos a hablar de otra cosa donde la gente puede echar sus raíces. Si leíste el versículo de hoy, te habrás dado cuenta de que es el dinero.
Aferramos a dinero significa que vivimos pensando todo el tiempo en conseguir dinero. Hay gente que ama el dinero. Les gusta ahorrarlo, gastarlo o quejarse de él. Simplemente les encanta todo lo relacionado con el dinero.
El versículo de hoy dice que amar el dinero te puede meter en problemas. Algunos se aferran tanto al dinero que se alejan de Dios. Su vida se vuelve un desastre porque hacen del dinero su dios.
Es importante que te des cuenta de que el versículo no dice que el dinero es malo, sino de que el amar el dinero es malo. Dios nos ha dado el dinero como una bendición para ayudar a nuestras familias y a la gente. Recuerda esto: ama a Dios y ama al prójimo usa tu dinero para ayudar a ambos.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

jueves, 8 de noviembre de 2012

NO NECESITABA ORAR


Balaam [...] quiso ganar dinero haciendo el mal y fue reprendido por su pecado. 2 Pedro 2:15,16.

Balaam se ganaba la vida practicando la magia y la hechicería. Sus servicios estaban a la orden de todo el que pudiera pagar por ellos. Y parece que el negocio estaba marchando viento en popa porque Balac, el rey de Moab, contrató sus servicios para maldecir a Israel.
¿Y qué era lo que tanto le preocupaba al rey de Moab?
«De Egipto ha venido un pueblo que se ha extendido por todo el país, y ahora se ha establecido delante de mí. Ven en seguida y maldice a este pueblo por mí, pues es más fuerte que nosotros» (Núm. 22: 6).
Balaam sabía muy bien que Israel era el pueblo escogido de Dios. Y también sabía que sus encantamientos de nada servirían. Pero había un problema. Al parecer, el rey de Moab conocía el lado débil de Balaam. Por eso se aseguró de que sus emisarios fueran «con dinero en la mano para pagar las maldiciones» (vers. 7).  ¿Cómo respondió Balaam? «Quédense aquí esta noche, y yo les responderé según lo que el Señor me ordene» (vers. 8).
¿Necesitaba Balaam consultar a Dios? ¿Le permitiría el Señor maldecir a su pueblo? Solo en la mente de Balaam cabía semejante barbaridad, pero por amor al dinero este hombre estaba dispuesto a vender su alma. Ya conoces la historia. A la mañana siguiente informó a los emisarios que Dios no le permitía ir. Regresaron luego con más dinero. Otra consulta a Dios. Al final, se salió con la suya, pero cuando quiso maldecir a Israel, de su boca solo salieron bendiciones (ver Núm. 23, 24).
No sé si sabes cuál fue el fin de Balaam. Murió a espada en una guerra de Israel contra Madián (ver Núm. 31:8). Pero mucho antes de su muerte, ya habían muerto sus principios.
¿Qué le estás pidiendo a Dios en oración? La historia de Balaam nos enseña que cuando sabemos claramente cuál es nuestro deber, no necesitamos orar a Dios para que nos diga qué hacer. Lo que necesitamos es pedirle fortaleza y valor para llevar a cabo lo que ya sabemos que tenemos que hacer.
¿Puedes ahora mismo pedir la bendición de Dios para algunas de las cosas que estás haciendo (en tu vida privada, tus estudios, tus relaciones sentimentales, tus actividades de recreación).

Dios mío, que cuando la senda del deber esté clara, yo tenga el valor de seguirla, sin fijarme en las consecuencias.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

lunes, 29 de octubre de 2012

EL GOBERNANTE ACONGOJADO


Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. (Mateo 19:29).

El joven rico había estado observando cómo Jesús bendecía a los niños y su corazón fue tocado. Tenía una elevada opinión de sí mismo; sin embargo, sentía que algo le faltaba. A lo mejor, si Jesús ponía también sus manos sobre él y lo bendecía... Arrodillado a sus pies, le planteó la gran pregunta que tendría que preocuparnos a todos y cada uno de nosotros: «¿Qué me falta para ganar el cielo?». Le hizo la pregunta a la persona correcta. Solo hay una manera de llegar al cielo y es a través de Cristo.
Jesús le dijo al joven que, si quería la vida eterna, era necesaria la obediencia a los mandamientos de Dios; a lo cual, el dignatario le respondió que eso ya lo hacía desde su niñez. Si el dignatario hubiese entendido el alcance y la naturaleza espiritual de la ley y las obras de su corazón, habría dicho: «Todo eso lo he quebrantado desde mi juventud con el pensamiento, con las palabras y con los actos».
Si el dignatario hubiera amado de verdad a lo habría abandonado todo y lo habría seguido, costase lo que costase. Si realmente hubiera amado a sus hermanos, habría distribuido sus riquezas entre los pobres. Si hubiera abandonado el mundo realmente, no habría dudado en vender sus posesiones. Si realmente hubiera querido ir al cielo, no habría buscado otra cosa que hacerse un tesoro en él.
Hay mucha buena gente a la que un solo pecado le impedirá acceder a la salvación. Muchos que jamás dejarían a Jesús, de hecho, ya lo están dejando. Después de largo tiempo debatiéndose entre sus convicciones y sus corrupciones, estas últimas acaban por ganar la batalla. Los entristece sobremanera no poder servir a la vez a Dios y al dinero. En el camino al cielo, las riquezas son para muchos un gran obstáculo. Si el dignatario no hubiese sido tan rico, lo habría dejado todo y habría seguido a Cristo.
Quienes han renunciado a una herencia y a la familia por causa del reino de Dios gozarán del consuelo del Espíritu Santo, del placer de la comunión con Dios y una conciencia tranquila; ventajas que pagan con creces la pérdida. Sin embargo, eso no es todo; en el mundo venidero recibirán la vida eterna. Basado en Lucas 18:18-23.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 5 de julio de 2012

ERA LA ENVIDIA DEL BARRIO


¿Y qué voy a hacer con Jesús, el que llaman el Mesías? Mateo 27:22.

Su conducta era intachable. Además, era un joven brillante. Y rico. ¡Mejor, imposible! Casi se podría decir que era «la envidia» del barrio. Lo que nadie sabía es que en lo más íntimo de su corazón, había un enorme vacío.
Un día este joven vio al Señor bendecir a los niños. La escena lo conmovió tanto que corriendo se acercó y se arrodilló delante de él. Entonces hizo la pregunta que lo estaba quemando por dentro:
—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? (Mar. 10:17).
La respuesta del Señor fue contundente:
—Si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos (Mat. 19:17).
Sin embargo, no era de obediencia que el joven quería escuchar. ¡Precisamente ese era su problema! En su opinión, había obedecido toda su vida y, sin embargo, sentía un inmenso vacío espiritual.
—Todo eso lo he cumplido —dijo el joven—. ¿Qué más me falta? (vers. 20).
«¿Qué más me falta?» Con esta pregunta, el joven reveló que para él, «obedecer» a Dios significaba «portarse bien». Y no es que nuestras buenas obras no importen; pero más importa el motivo que las impulsan: el amor a Dios y al prójimo, no el amor al yo.
Para mostrar al joven en qué consiste la verdadera obediencia, Jesús fue directo al grano:
—Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme (vers. 21).
La prueba fue demasiado dura: «Cuando el joven oyó esto, se fue triste porque tenía muchas riquezas» (vers. 22). Al dar más importancia a sus posesiones que a Dios, el joven rico demostró que en realidad no había guardado todos los mandamientos. Peor aún, demostró cuál era su verdadero dios: ¡La riqueza!
¡Qué final tan triste el de su historia! ¿Podemos imaginar todo el potencial que ese muchacho podría haber desarrollado? ¿Todo el bien que podría haber hecho a la humanidad? Sin embargo, hoy día de él solo quedan las cenizas. Sus riquezas las disfrutaron otros. Y todo porque se equivocó en la decisión más importante: «¿Quién ocupará el primer lugar en mi vida? 
¿Puedes ahora mismo responder esta pregunta?
Dios mío, ocupa el lugar de honor en mi corazón, ahora y siempre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 16 de marzo de 2012

¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO TESORO?

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:21).

Se cuenta la historia de un granjero que, después que su mejor vaca hubo parido dos temeros gemelos, uno blanco y otro pardo, dijo a su esposa y a sus hijos:
—¿Saben? Sentí el impulso de dedicar uno de estos terneros al Señor. Los criaremos juntos y, cuando llegue el momento de venderlos, el dinero de uno será para nosotros y el del otro irá a la obra del Señor.
Entonces su esposa le preguntó cuál de los dos dedicaría al Señor. —No te preocupes por ello ahora —respondió—. Los trataremos igual y, cuando llegue el momento, ya lo decidiré.
Y se marchó. Al cabo de pocos meses, el hombre entró en la cocina con aspecto triste y abatido. Cuando su esposa le preguntó qué lo preocupaba, él respondió:
—Traigo malas noticias. El ternero del Señor se ha muerto.
¿Por qué siempre muere el ternero del Señor? Nos reímos con cierta incomodidad porque todos, alguna vez, hemos sido culpables de algo parecido. Por ejemplo, pensemos en el fondo de inversión de la Escuela Sabática. La idea es dedicar algo a Dios y darle el producto como una ofrenda especial. Pero sé de miembros de iglesia que dedican al señor un árbol frutal medio muerto y lo retan a que lo haga productivo.
Jesús dijo: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mat. 6: 19-21).
En los versículos que acaba de leer, Jesús nos da una visión magnífica de cómo debemos ver el asunto de la riqueza, el dinero y el lujo. En el siguiente pasaje, del versículo 25 al 34, habla de necesidades básicas (la alimentación, la bebida, la ropa y un lugar para dormir) y cómo debemos satisfacerlas. Pero en los versículos 19-21 cuestiona el lujo, no las necesidades.
¿Me permite que le haga una pregunta personal? ¿Qué es más importante para usted? ¿Dónde lo tiene, en el banco o en el cielo? Basado en Mateo 6: 19-21

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 15 de marzo de 2012

LA RAÍZ DE TODOS LOS MALES

«Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan» (Mateo 6: 20).

El apóstol pablo dijo a Timoteo: «Porque raíz de todos los males es el amor al dinero» (1 Tim. 6:10). El dinero no es la raíz de todos los males, sino el amor por él. No es necesario tener dinero para amarlo. Se puede ser pobre y, al mismo tiempo, amar el dinero.
El séptimo capítulo del libro de Josué narra la historia de un hombre llamado Acán. En lugar de heredar la tierra prometida, él y toda su familia murieron porque, a causa de su excesivo amor por el dinero, tomó lo que Dios había prohibido tocar —unos vestidos y unas monedas que había visto en la ciudad que su ejército acababa de conquistar— y lo ocultó en su tienda.
«Para muchos, el amor por el dinero es pecado capital. Los hombres y las mujeres que profesan adorar al Dios verdadero se engañan tanto en su búsqueda de las riquezas que suponen que la ganancia es piedad. Pablo declara: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento, porque nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos; pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición, porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, Se extraviaron de la fe y fueron atormentados con muchos colores"» (Signs of the Times, 13 de diciembre de 1899).
Jesús dice: «No os hagáis tesoros en la tierra» (Mat. 6:19). No dice que no tengamos una cuenta de ahorros. Habla de nuestra actitud hacia nuestras posesiones. Luchar para sacar adelante la familia, hacer planes de futuro, invertir el dinero con prudencia, ayudar a los pobres y tener dinero suficiente para hacer funcionar el negocio no es malo. Sin embargo, la avaricia y la codicia son un error. La cuestión está en el motivo. Si usamos nuestras posesiones e influimos en la vida de los que nos rodean para gloria de Dios y por su reino, Dios no ve un ningún problema en ello. Pero adquirir riquezas con el fin de acumularlas y amasar una para nuestra propia complacencia es pecado. Basado en Mateo 6: 19-21

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 26 de febrero de 2012

HABLANDO DE VICTORIAS PIRRICAS…

El pago que da el pecado es la muerte. Romanos 6:23.

Si una victoria pírrica es la que se obtiene pagando un precio demasiado elevado, entonces esa fue la clase de victoria que Rebeca y su hijo Jacob obtuvieron cuando engañaron a Isaac.
Ya conoces los detalles de la historia. Aunque Esaú era el hijo mayor, Dios había prometido que serviría al menor (Gen. 25:23). Sería Jacob, no Esaú, quien recibiría la bendición de Dios. De la descendencia de Jacob nacería el Salvador del mundo. Pero Isaac pensaba diferente. A pesar de que Esaú ya había despreciado este privilegio al venderlo por un plato de lentejas (Gen. 25:29-34), Isaac insistía en concedérselo (ver Patriarcas y profetas, p.159).
La Escritura explica el porqué: «Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba» (Gen. 25: 28). Fue así que, cuando Isaac pensó que había llegado la hora de morir, decidió otorgar a su hijo predilecto la bendición.
Entonces le pidió a Esaú que le preparara su comida favorita. Lo que no imaginó fue que Rebeca, quien «prefería a Jacob», estaba escuchando la conversación y, aprovechándose de la ceguera de Isaac, arregló las cosas para que Jacob engañara a su padre y recibiera su bendición (ver Gen. 27:5-29).
Rebeca, por cierto, logró su objetivo. Y también Jacob, quien se prestó al engaño. Pero, ¡a qué precio! Al enterarse de lo ocurrido, la ira de Esaú no conoció límites y resolvió matar a su hermano. Jacob debió huir de su casa y Rebeca nunca más vio el rostro de su hijo predilecto.
Una victoria pírrica, eso fue lo que logró Rebeca. Lo peor es que Dios ya había prometido que Jacob sería el heredero que recibiría la primogenitura. ¿Por qué, entonces, recurrir al engaño? En cuanto a Jacob, Elena G. de White escribe: «En solamente una hora se había acarreado una larga vida de arrepentimiento» (Ibíd., p. 160).
¡Muy triste! No sé qué es lo que más deseas en la vida (un matrimonio feliz, una profesión exitosa, buena salud o el aprecio de tus amigos), pero una cosa es cierta: por muy bueno que sea lo que anhelas, no intentes alcanzarlo ignorando a Dios o violando los principios de su Palabra. ¡Te aseguro que no vale la pena!

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

viernes, 23 de septiembre de 2011

CUIDADO CON LA CODICIA

Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. 1 Timoteo 6:10.

Los sobres se amontonaban, sobre la mesa de la cocina, como un castillo de naipes que en cualquier momento se desmoronaría. Cada sobre gritaba: "¡Pague, pague, pague!" Cintia evitaba entrar en la cocina, por miedo de oír el coro imaginario de los sobres. Pero, por más que no quisiese aceptar la realidad, las cuentas continuaban llegando, con valores cada vez más altos.
"Yo solo quería ser feliz", murmuraba, hastiada de huir de sus fantasmas: ropas caras, fiestas, restaurantes finos, viajes y más viajes. Todos sus amigos la consideraban alguien especial; una persona generosa y de buen corazón... con mucho dinero. Si el dinero en la mano es un vendaval, gastar sin tener dinero puede ser un tsunami.
Ser feliz. Ese es el constante anhelo del ser humano: buscar incansablemente la felicidad. Y, para encontrarla, no mide esfuerzos: lucha, corre, llora, se sacrifica, no come, no duerme; casi deja de vivir.
No es malo desear la felicidad; lo errado no es el objetivo sino el medio que usamos para conseguirlo. La mayoría de las veces, ese medio es la posesión de bienes materiales.
Desde que nos despertamos hasta la hora de dormir, somos bombardeados con mensajes consumistas. Las personas basan su felicidad en su capacidad de consumir: cuanto más compras, más feliz te sientes. Y eso es una rueda viva, que gira en función de un único sentimiento oculto: la codicia.
La codicia no es solo querer lo que los demás poseen, sino desear lo que no puedo tener. Cintia compró, compró y compró, queriendo tener más, y terminó con menos.
Tu felicidad no es la sumatoria de lo que tienes, sino a quién perteneces; es bueno tener, pero es mejor pertenecer. Cuando escoges pertenecer a Dios, escoges la felicidad: él te ayuda a vivir con lo que tienes y con lo que eres, y te dará mucho más de lo que un día soñaste.
Hoy, sal a la lucha de la vida procurando primeramente pertenecer a Jesús y permaneciendo en él. Cuando sientas el deseo de tener lo que no está dentro de tus posibilidades, a pesar de que te parezca bueno y agradable a los ojos, recuerda: "Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores".

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

martes, 23 de agosto de 2011

UN DIOS LLAMADO RIQUEZA

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Mateo 19:29.

La historia del joven rico ha sido un tema de perplejidad para muchos creyentes. ¿Por qué Jesús tuvo que poner el cielo y la vida eterna a la altura de las riquezas terrenales? ¿No podía obviar el Señor ese aspecto y hablar del dinero como algo intrascendente en la vida de los hombres?
La historia del joven rico demuestra que para algunos hombres sus posesiones son más importantes que cualquier otro bien de esta vida, y adquieren tal importancia para ellos que fácilmente suplanta a Dios.
Jesús hablaba y obraba en igualdad social, y aunque los apóstoles se opusieron, el Maestro de Galilea bendijo a niños y madres. El joven rico, al ver la ternura y el amor del Jesús, tuvo la convicción de que ese Hombre poseía filiación divina. Por eso, inició su diálogo yendo directamente al grano: "¿Qué bien haré para tener la vida eterna?" (Mat. 19:16).
Es probable que este joven ya había preguntado esto a los teólogos de su época, pero ellos enseñaban doctrinas tan pesadas y contradictorias que sus respuestas no habían llenado sus expectativas. Jesús le respondió: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". Luego, Jesús repitió los mandamientos dados en el Sinaí a Moisés, pero aun así el joven no se sentía satisfecho. "Todo esto lo he guardado desde mi juventud —le dijo al Maestro con aire de suficiencia propia, y añadió—: ¿Qué más me falta?" Jamás se imaginó que Jesús mencionaría en su respuesta el dios ajeno que acariciaba en su corazón: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; y ven y sígueme" (vers. 21).
Abraham, David, Salomón, Nicodemo y José de Arimatea fueron hombres muy ricos, pero ninguno de ellos recibió la sentencia de vender todos sus bienes. Entonces, ¿por qué Jesús dejó que esos hombres lo sirvieran con sus bienes, y al joven rico lo mandó a venderlos? La respuesta es obvia: El joven había desplazado a Dios de su vida por la abundancia de bienes terrenales, mientras que los antes mencionados nunca adoraron al dios de las riquezas.
Vivimos en una sociedad de consumo que idolatra los bienes materiales. No te contagies de esa idolatría, porque el joven rico, sin quererlo, perdió la posibilidad de disfrutar la vida eterna.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

miércoles, 3 de agosto de 2011

DIOS SOBRE TODO

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Mateo 22:37.

Como la Biblia condena la avaricia, muchos han llegado a creer que Dios desea para sus hijos una vida de pobreza y escasez permanentes, y que el aumento de bienes materiales es sinónimo de un alejamiento del Ser divino. Pero, cuando la Biblia condena la avaricia, no condena las riquezas sino la condición del corazón humano.
Recuerda el caso de Abraham. Señalado como un héroe bíblico, es llamado en las Escrituras amigo de Dios (Isa. 41:8) y hoy recordado como el "padre de la fe". Pero lejos de tener una vida de austeridad, la Biblia nos dice: "Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro" (Gen. 13:2). Poseía tantas riquezas que debió separarse de su sobrino Lot, porque la "tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar" (vers. 6).
Job fue otro de esos grandes hombres de Dios que vivió una vida de riquezas y bienestar material. Si bien en algún momento de su vida, afligido por las pruebas de Satanás, perdió todos los bienes que poseía, una vez que superó estas pruebas, la Palabra de Dios señala: "Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero" (Job 42:12); y luego enumera todas sus riquezas.
Asimismo, David y luego su hijo Salomón fueron hombres muy ricos y poderosos. Después de recibir el gobierno de mano de su padre, Salomón vivió en paz con todas las naciones que rodeaban a Israel. A causa de esto, su gobierno se dedicó al comercio y recibió la bendición divina desde sus comienzos. Después de años de holgura y bienestar material, la Biblia relata que "todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada" (1 Rey. 10:21).
Todos estos hombres y muchos otros volverán a la vida al oír la voz de Jesús en su regreso, y vivirán con él por la eternidad. Tuvieron una vida de opulencia y bienestar material, pero lejos de cultivar avaricia y amor por las riquezas, pusieron en práctica el mandamiento que Jesús nos dejó al decir: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente". Dios fue el objeto de su amor. Dios fue el primero en sus pensamientos, en sus emociones y en sus afectos. Dios fue la razón de sus vidas, y esa vida dedicada al servicio y a la causa divina será recordada por la eternidad.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel