jueves, 20 de diciembre de 2012

NO MÁS PICADAS


«Tenían cola y aguijón como de escorpión; y en la cola tenían poder para torturar a la gente durante cinco meses» (Apocalipsis 9:10, 

No olvides llevar puestas hoy tus botas. Recuerda que las botas no solo sirven para proteger tus pies de las rocas cuando caminas. También pueden protegerte de los escorpiones.
¿Alguna vez has visto un escorpión? Dan miedo. Tienen unas tenazas amenazantes y una cola curva con un aguijón en la punta. Cuando pican con esa cola punzante a otro animal, le inyectan veneno. ¡Ayyy!
El versículo de hoy habla de gente que estuvo en guerra contra otras naciones hace mucho tiempo. Lamentablemente, Satanás ha hecho que las personas peleen entre sí desde el principio de este mundo.
Hay gente en el mundo hoy que sigue haciendo la guerra y haciendo daño. Tal vez nosotros no tengamos la capacidad de detener estas guerras, pero podemos orar por aquellas personas que son víctimas de ellas y por los que las causan. Podemos pedirle a Dios que suavice sus corazones para que puedan darse cuenta del daño que están causando. Todas estas guerras nos indican que Jesús está por regresar.  Oremos por ese día en que Jesús regresará a esta tierra y el «aguijón» de la guerra cesará para siempre. 

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

EL SEÑOR ES CONMIGO


Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1:9.

No me canso de alabar el nombre de nuestro buen Dios. En los años que llevamos viviendo en la inmensa Ciudad de México, el Señor nos ha acompañado a cada instante.
Recuerdo muy bien el día que mi esposo recibió la llamada de un amigo que le decía que el lugar indicado para nosotros era el Distrito Federal. Nos costó mucha oración y trabajo aceptar la invitación, pero consideramos que era un llamado de Dios, así que lo aceptamos con la convicción de que debemos ir al lugar donde él nos llame.
Recordé que cuando estaba por unirme en matrimonio con un siervo de Dios le hice la promesa de que lo acompañaría a cualquier lugar que Dios lo llamara. Ahora que llevo algún tiempo en esta inmensa ciudad en ocasiones pienso: «¿Por qué hemos de interferir con los planes de Dios cuando él conoce el principio y el fin y sabe lo que es mejor para nosotros?». Hoy estoy convencida de que lo mejor y más importante es colocarse en sus manos y hacer su voluntad. Es hermoso y seguro caminar bajo su santo cuidado y su bendita dirección, porque él nunca nos falla.
En esta ciudad hemos experimentado alegrías y tristezas, pero en todo momento Dios nos ha fortalecido con su divina presencia. Cada vez que recuerdo los otros distritos donde permanecimos uno o más años, me pregunto: «¿Hasta cuándo el Señor nos permitirá estar en este mundo?».
Lo que más desea el enemigo es desanimarnos para que dejemos de confiar en Dios y nos inclinemos a hacer nuestra voluntad. Sin embargo, si ponemos la mirada en el Señor, saldremos más que vencedores. El Señor nos ha estado preparando y purificando mediante cada una de las pruebas y obstáculos que enfrentamos.
Querida hermana, si nos aferramos a sus promesas y confiamos en que sus planes son mejores que los nuestros, llegaremos al convencimiento de que el mejor lugar para nosotros es aquel donde Dios quiere que estemos.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Beatriz Hernández de Paz

ENREDADO EN SU PROPIA RED


No se mientan los unos a los otros. Colosenses 3:9.

«Puedes engañar a todo el mundo durante un tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».
Dicho de otra manera: Tarde o temprano la verdad de las cosas saldrá a la luz: «Porque no hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse» (Mat. 10:26).
Este fue el caso de Brandon, según lo relata el pastor Sean Dunn. Brandon era un estudiante de secundaria al que sus amigos molestaban porque, a diferencia de los demás, no tenía novia. Cada vez que podían, sus compañeros de clase se burlaban de él. La situación llegó a tal extremo, que Brandon decidió ponerle fin. Cuando regresó de vacaciones, para el inicio del nuevo año escolar, Brandon ya había «conseguido» una novia. Contó a todo el que pudo que durante una visita que hizo a sus abuelos, conoció a la chica de sus sueños. Se las arregló para conseguir fotos de una hermosa trigueña de nombre Tasha, y él mismo escribió cartas de amor perfumadas que su «novia» le enviaba con regularidad.
El engaño funcionó a la perfección durante un tiempo. Brandon logró despertar la admiración e incluso la envidia de sus amigos. Sin embargo, para mediados del año escolar, la situación ya se había tornado insostenible. Brandon se sentía muy mal consigo mismo por haber engañado a tanta gente durante tanto tiempo. Atrapado en su propia red de mentiras, comenzó a rehuir el contacto con sus amigos. Hasta que ya no pudo más. Después de un programa juvenil, se acercó al pastor: «Pastor, he estado viviendo una mentira. Tasha no existe. Ya no puedo seguir mintiendo. Es demasiado».
Entonces oraron. El pastor le pidió a Dios que diera valor a Brandon para decir la verdad. Y así ocurrió. Apenas terminaron de orar, Brandon contó a sus amigos que todo había sido una vulgar mentira (Momentum. Gaining Ground with God [Impulso a avanzar: Aprendiendo a progresar en nuestra relación con Dios], pp. 15, 16).
¿Por cuánto tiempo puede alguien vivir una mentira? Para este joven fue duro reconocer que había sido un mentiroso pero, no era peor continuar con su engaño?
Que Dios nos ayude a ser dignos representes de Jesucristo, el camino, la verdad y la vida.

Señor, ayúdame a ser siempre honestos, de la palabra y obra.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

¿QUÉ ASPECTO TIENE?


«¿De qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?» (Marcos 8:36).

Antes de casarnos, mi esposa y yo tuvimos varios novios cada uno. Sin embargo, al casarnos nos prometimos fidelidad mutua. Eso significaba, por así decirlo, que teníamos que dejar el resto del mundo, las otras mujeres y los otros hombres, y unirnos uno al otro. Nuestro compromiso de fidelidad mutua tuvo un efecto inmediato sobre nuestra vida.
Cuando una persona entrega su vida a Jesús, vivirá de manera distinta a quienes no lo han hecho. Por eso la Biblia dice que los hijos de Dios comen, beben y lo hacen todo para gloria de Dios (1 Cor. 10:31).
Durante algunos años, Betty y yo enseñamos en una escuela y seminario cerca de Lahore, en Pakistán. En aquella región del mundo es frecuente que alguien le explique a otra persona cómo vive, a qué tribu o grupo lingüístico pertenece e incluso qué religión practica por la manera como se viste. Por ejemplo, es fácil reconocer a los encantadores de serpientes, porque siempre llevan un turbante de color naranja y un cesto con una serpiente dentro.
Si los pederastas y los violadores llevaran una corbata naranja, la gente se lo pensaría dos veces a la hora de comprarse una. Quienes son sinceros consigo mismos reconocerán que muchos de los estilos de vestir, modos de hablar y expresiones faciales actuales siguen el modelo de gente cuyo estilo de vida es incompatible con el de un seguidor de Cristo. La forma en que una persona se viste es una declaración de quién es o desea ser. Dios nos dio instrucciones precisas para que los que buscan la santidad se distingan de los que no la buscan.
En gran medida, el Antiguo Testamento es la historia de lo que les sucedió a los hijos de Israel cuando empezaron a vivir como las naciones vecinas. La historia bíblica enseña que cuando los cristianos empezaron a vivir y vestirse como sus contemporáneos pronto dejaron de amar a Dios. En la Biblia se nos dice: «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1 Juan 2:15).
¿Puede la gente decir que usted es cristiano por su aspecto? Basado en Juan 17:14,15.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

miércoles, 19 de diciembre de 2012

ELEVÁNDONOS JUSTO A TIEMPO


«El firmamento desapareció como cuando se enrolla un pergamino, y todas las montañas y las islas fueron removidas de su lugar» (Apocalipsis 6:14. NVI).

Si estuvieras en una isla el día del que está hablando este versículo estarías en serios problemas. Imagínate caminando de lo más feliz y de repente la isla se hunde y desaparece en el océano. ¡A nadar se ha dicho! Pero hay islas que han aparecido y desaparecido en el océano. Son islas volcánicas. A veces los volcanes que están dentro del mar entran en erupción y se acumula lava hasta que se forma una isla. La isla de Hawai es la mayor acumulación de lava volcánica y cenizas del mundo. También ha habido momentos en que algunas pequeñas islas volcánicas se han hundido y desaparecido en el océano. ¡Me alegra no haber estado en ninguna de ellas cuando eso ocurrió!
El versículo de hoy habla del día en que Jesús venga por segunda vez a esta tierra. Montañas e islas completas se hundirán y desaparecerán. Pero nosotros, los que somos sus amigos, no tenemos de qué preocuparnos. De hecho, nosotros ni siquiera estaremos pisando tierra cuando esto ocurra. Estaremos volando sobre las islas que se hunden para encontrarnos con Jesús en el cielo. Nos habremos elevado justo a tiempo.

Tomado de Devocionales para menores
Explorando con Jesús
Por Jim Feldbush

DIOS SIEMPRE ESTÁ AHÍ


No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. (Salmo  91:5-6).

Habíamos estado celebrando una semana de evangelismo en nuestra iglesia que había transcurrido sin que ningún incidente interrumpiera la armonía y la paz del lugar. El viernes, al final de aquella semana, para ser exactos la última noche de las conferencias, los hermanos que iban llegando se saludaban con el acostumbrado «feliz sábado». Era la última noche de las conferencias y las visitas habían comenzado a llegar; todo era alegría y entusiasmo.
De repente escuchamos unas detonaciones. Yo pensé que eran fuegos artificiales, ya que la Navidad estaba muy cerca. Pero mi esposo se nos acercó diciéndonos: «¡Tírense al suelo! ¡Están disparando!». Miré hacia la puerta y solo pude ver los destellos que provenían de una pistola que alguien sostenía. Nos lanzamos al piso y tratamos de protegernos de los disparos. En esos momentos algo golpeó el zapato de mi esposo. Luego él se dio cuenta de que una bala lo había impactado, aunque sin producirle daños graves.
El pánico y la confusión se adueñaron de la iglesia. Cuando todo pareció calmarse pudimos ver una escena terrible: en la puerta del templo yacía el cuerpo de un joven visitante que había estado asistiendo a las conferencias. Fue un momento desgarrador.
«El estado actual de las cosas muestra que tiempos de perturbación están por caer sobre nosotros. Los diarios están llenos de alusiones referentes a algún formidable conflicto que debe estallar dentro de poco. Son siempre más frecuentes los audaces atentados contra la propiedad. Las huelgas se han vuelto asunto común. Los robos y los homicidios se multiplican. Hombres dominados por espíritus de demonios quitan la vida a hombres, mujeres y niños» (El ministerio de la bondad, p. 139).
Aquella noche nos fue difícil conciliar el sueño. Por otro lado le daba gracias a Dios por permitir que aquella bala únicamente tropezara con el zapato de mi esposo.
Aprovechemos la oportunidad que tenemos de amar y de servir, mañana puede ser tarde, como lo fue para aquel joven.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Mary Sena de Salazar 

LISTOS PARA LA PRÓXIMA PELEA


¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Josué 1:9, NVI

«Puedes fracasar muchas veces —escribió alguien— pero eso no te convierte en un fracasado. El verdadero fracaso se produce cuando dejas de luchar». Esta verdad la ilustra Hyrum W. Smith al relatar la experiencia que vivió su hijo mayor mientras estaba en la escuela secundaria. Este joven había logrado, con mucho esfuerzo, ganarse un puesto en el equipo titular de basquetbol del colegio. Pero tenía un serio problema. Si no lograba encestar en el primer intento, entonces no intentaba más durante el resto del partido. Y cuando un jugador del equipo rival se acercaba, en lugar de marcarlo, se retiraba. Para colmo de males, esa actitud derrotista se había extendido hacia otras áreas de su vida, incluyendo sus estudios.
Preocupado por lo que consideraba una conducta extraña de su hijo, el padre decidió conversar con el joven.
—Creo que sé cuál es tu problema —le dijo el padre—. Le temes al fracaso y piensas que el fracaso siempre es malo.
—Papá —respondió el joven—, tú no sabes lo que es fracasar. 
—¿Qué quieres decir con eso de que no sé lo que es fracasar? 
—Bueno, me refiero a que has triunfado en la vida. Tienes una empresa grande, con muchos empleados que trabajan para ti.
En la conversación que siguió, el padre le contó al hijo muchos de los fracasos que había experimentado en la vida y, lo que es más importante, de qué manera esos fracasos lo habían ayudado a triunfar en su profesión. Eso fue todo lo que el joven necesitó. En los partidos de basquetbol que siguieron, el muchacho mostró un estilo agresivo de buscar el balón y de disparar al cesto sin temor, por más que hubiera fallado en el intento anterior. Mejor aún, también sus calificaciones escolares y hasta su sentido del humor mejoraron de manera notable.
Hyrum W. Smith, quien hoy es un respetado escritor y conferencista, concluye el relato con estas palabras: «El fracaso no es más que una lección que nos prepara para la próxima gran pelea» (What Matters Most. The Power of Living Your Valúes [Lo que más importa: El poder de vivir tus valores], pp. 151-153).
¿Te encuentras en el suelo como producto de algún fracaso sentimental, académico o de cualquier otro tipo? Pues, levántate. En la batalla de la vida, ahora estás mejor preparado para la próxima pelea.   Y recuerda que Dios siempre está de tu lado.

Ayúdame, Señor, a perseverar en el logro de mis metas, aunque a veces me equivoque al intentarlo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

MENTALIDAD DE GLADIADOR


«Ahora, pues, dad gloria a Jehová, Dios de vuestros padres, haced su voluntad y apartaos de los pueblos de las tierras y de las mujeres extranjeras» (Esdras 10:11).

Los hijos de Dios tienen que tomarse en serio lo que las Escrituras dicen en 1 Timoteo 2:9,10: «En cuanto a las mujeres, quiero que ellas se vistan decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos. Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan servir a Dios» (NVI).
Los apóstoles no reforzaban las normas culturales de su tiempo. De hecho, hacían justo lo contrario. Cuando Pablo escribió estas palabras, las mujeres romanas utilizaban, virtualmente, todos los tratamientos de belleza que usan las mujeres de hoy en día. Las mujeres romanas empezaban el día arreglándose el cabello y maquillándose. Se pintaban los labios, se ponían sombra de ojos y pestañas postizas, se cubrían el cutis con polvos blancos y en las mejillas se ponían colorete. Sus peinados eran elaborados y se componían de rizos, flequillos y trenzas; hasta tal punto que algunas llevaban peluca.
Las mujeres romanas adornaban el resto de su cuerpo tanto como sus rostros. Cuando salían, solían lucir joyas y, a menudo, llevaban uno o varios costosos anillos en todos los dedos de las manos. Además de ser extravagantes en el vestido, los romanos de clase alta disfrutaban de mucho tiempo libre. Llenaban las tardes y los días de fiesta con opíparos banquetes que podían durar hasta diez horas, funciones de teatro y acontecimientos deportivos.
El teatro romano seguía el modelo del griego. Las escenas preferidas del público se basaban en los crímenes, el adulterio y la inmoralidad. Lactancio, un cristiano del siglo III, escribió: «Efectivamente, las comedias hablan de estupros de doncellas o de amoríos de meretrices [...]. De igual forma, las tragedias meten por los ojos parricidios e incestos de reyes malvados» (Lucio Celio Firmiano Lactancio, Instituciones divinas VI, 20, 27-28; Trad. E. Sánchez Salor, Madrid: Credos, 1990).
Los juegos del circo y el anfiteatro estaban diseñados para saciar la eterna sed de violencia, brutalidad y sangre de los romanos. Las brutales carreras de cuadrigas eran su pasatiempo favorito. Durante las carreras era inevitable que los carros chocaran y que los aurigas fueran arrastrados hasta morir o atropellados por sus contrincantes.
En la actualidad, la televisión muestra juegos de computadora que simulan la violencia de los juegos de la Roma antigua.  La televisión que ve un cristiano medio es incompatible con una vida cristiana. Hágase el propósito de no ver nada en televisión que no honre y glorifique a Dios.  Basado en Juan 17:14,15.

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill