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sábado, 18 de enero de 2020

EL AYUNO

Ayunamos y oramos a nuestro Dios pidiéndole su protección, y él nos escuchó» (Esd. 8: 23, NVI).

 Dios nos ha creado de una manera perfecta, y desde el mismo Génesis nos ha venido dando consejos certeros para que mantengamos esta maquinaria en el mejor estado posible. Si lees la Biblia te habrás dado cuenta de que habla sobre el ayuno en diversos pasajes. Aunque lo hace desde un punto de vista espiritual, está demostrado que un ayuno realizado correctamente tiene grandes beneficios para la salud física también. Empecemos por el aspecto físico para concluir después con el espiritual.
Cuando ayunas (te abstienes durante un tiempo prudencial de consumir nada que no sea agua pura y en un entorno de descanso y paz), tu salud recibe, entre otros, los siguientes beneficios: > Mejora la capacidad de autocuración del cuerpo.
Liberas toxinas, por lo que te desintoxicas.
Se reduce tu presión arterial.
Eliminas grasas no deseadas (aunque cuidado con usar el ayuno como método para perder peso; esa motivación no es la correcta).
Ayudas al equilibrio del sistema nervioso.
Te ayudas a ti misma a poner en sujeción un apetito descontrolado.
Mejora tu lucidez mental y tu discernimiento espiritual.
Sin duda ayunar es bueno para tu cuerpo, pero sobre todo para tu alma. De hecho, esta ha de ser la razón de nuestro ayuno; acudir a Dios con la mente despejada y con una dependencia total de él.
¿Por qué ayunaban los personajes de la Biblia? Jesús, nuestro ejemplo a imitar, ayunó antes de iniciar su ministerio: «Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del río Jordán, y el Espíritu lo llevó al desierto. Allí estuvo cuarenta días, y el diablo lo puso a prueba. No comió nada durante esos días» (Luc. 4: 1-2). Pablo y Bernabé ayunaban cuando tomaban decisiones que afectarían a la marcha de la iglesia: «Nombraron ancianos en cada iglesia, y después de orar y ayunar los encomendaron al Señor» (Hech. 14: 23). Esdras proclamó un ayuno «para que reconociéramos nuestras faltas ante nuestro Dios, y para pedirle que nos llevará con bien» (Esd. 8: 21-22). Joel anunció: «Ahora —lo afirma el Señor—, vuélvanse a mí de todo corazón. ¡Ayunen, griten y lloren!» (Joel 2: 12). Volverse al Señor, pedir su dirección, estar en comunión con él para que dirija nuestra misión, reconocer nuestra dependencia total de él, estos son los motivos espirituales del ayuno. Y sus beneficios son increíbles.


DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2020
UN DÍA A LA VEZ
Patricia Muñoz Bertozzi
Lecturas Devocionales para Mujeres 2020.

miércoles, 14 de marzo de 2012

SÍNTOMAS FÍSICOS

«El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper —todo yugo?» (Isaías 58:6).

Tenga en cuenta que el llamamiento de Dios no es para que el pueblo dejara de comer, sino para que no pecara más. El ayuno, el llanto y la lamentación no son más que signos externos de lo que sucede en el corazón.
Si decide participar en un ayuno espiritual, es preciso que tenga en cuenta algunos aspectos físicos de suma importancia:
  • Si el ayuno se prolonga por más de una o dos comidas y toma algún medicamento con regularidad o está bajo control facultativo, será conveniente que lo comente con su médico.
  • Al inicio del ayuno es probable que experimente síntomas desagradables como mareos, dolor de cabeza o náuseas. Si su estado general de salud es bueno, no permita que el malestar físico haga mella en su propósito. Esos síntomas suelen desaparecer.
  • Recuerde que, en parte, el hambre es una cuestión de hábito. En las primeras etapas del ayuno es posible que sienta hambre a las horas en que suele comer. Si no cede al impulso, la sensación acabará por desaparecer. A veces es posible «engañar» al estómago bebiendo solo un vaso de agua.
  • Durante un ayuno algunas personas solo beben agua. Otros toman varios tipos de líquidos, como por ejemplo jugo de frutas. Deberá encontrar la solución que mejor se adapte a sus necesidades.
  • Antes y después del ayuno es importante escoger alimentos que eviten el estreñimiento.
  • Abandone gradualmente el ayuno. Empiece con una dieta blanda, con comidas ligeras y fáciles de digerir. Cuanto más se prolongue el ayuno, tanto más cuidado deberá poner en este aspecto. Comer demasiado después de un ayuno puede ser causa de molestias físicas graves y la pérdida de sus beneficios.
El ayuno puede repercutir positivamente en nuestra vida de oración, ya que mientras nos abstenemos de ingerir alimentos podemos centrarnos en los aspectos espirituales de nuestra vida. En su sentido más amplio, el ayuno pone a un lado todos los obstáculos a la oración. «Señor, tú eres mi pan y mi agua, eres mi vida entera». Basado en Mateo 6: 16-18

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

martes, 13 de marzo de 2012

AYUNAR CON ALEGRÍA

«Para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público» (Mateo 6:18).

Nuestra generación solo tiene dos grandes intereses: el sexo y la comida. Nuestra raza no puede subsistir sin ninguno de los dos, pero esos dones de Dios acaparan todas nuestras energías; por lo que vivir de manera santa se convierte en algo imposible. Aunque nos dio un cuerpo y, con él, unos instintos básicos, Dios nos pide que mantengamos nuestra parte física sometida a la espiritual. El cuerpo tiene que ser nuestro siervo, no nuestro dueño.
La Biblia no prescribe el ayuno como una práctica obligatoria para el creyente, pero sí recomienda y promueve el ayuno espiritual. En la mayoría de casos, el ayuno espiritual implica la abstención de comida para que nada distraiga nuestra atención de la oración. Esto puede consistir en no comer entre comidas, saltarse una o dos comidas al día, la abstinencia de ciertos alimentos o un ayuno total durante uno o varios días enteros. Sin embargo, la decisión de practícalo no es exclusivamente personal y no está sujeta a ninguna imposición.
Jesús no nos ordenó explícitamente que ayunáramos, pero sí corrigió algunos excesos. El ayuno espiritual no es una manera de ganarse el favor de Dios de ni una medida de presión para que haga algo que nos interese. Bien al contrario, el objetivo del ayuno espiritual es producir en nosotros una transformación para que nuestra atención se centre de manera clara en nuestra dependencia de Dios, a la vez que es signo de la sinceridad de nuestra petición.
El ayuno no tiene que ser una muestra externa de espiritualidad, es un asunto entre Dios y cada uno de nosotros. De hecho, en Mateo 6:16-18 Jesús nos instruyó específicamente para que nuestro ayuno fuese en privado y con humildad; de lo contrario, no alcanzamos sus beneficios.
En el Antiguo Testamento, el ayuno era señal de duelo; en cambio, en el Nuevo Testamento se enseña a los creyentes que el ayuno debe ser practicado con actitud gozosa. Es preciso entender que el ayuno espiritual nunca ha de tener como fin la mortificación o el castigo del cuerpo.
Aunque, en lo que a Dios se refiere, el ayuno es innecesario, puede generar un claro impacto en el centro de nuestra atención espiritual porque puede contribuir a derribar las barreras que nuestra naturaleza carnal pueda levantar en oposición a la influencia del Espíritu Santo. La idea del ayuno va mucho más allá de la simple abstinencia de alimentos y una actitud piadosa en la oración. El verdadero ayuno implica moderación y abnegación, tanto en lo que respeta a los propios apetitos como a cualquier otro aspecto de la vida. Si decide ayunar, acuérdese de los que no tienen otra opción. Basado en Mateo 6: 16-18

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

lunes, 12 de marzo de 2012

AYUNAR CON UN OBJETIVO

«Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa» (Mateo 6:16).

Hace años, mi familia y yo vivíamos en un país en el que, una vez al año, se observa un mes entero de ayuno. La gente no come ni bebe desde la salida del Sol hasta su puesta. En consecuencia, los restaurantes están cerrados y si uno se aventura a salir a la calle tiene que llevar consigo el almuerzo.
Recuerdo especialmente un incidente que tuvo lugar durante un vuelo de la compañía aérea de ese país. Tuvo lugar alrededor de las 3:00 de la madrugada, cuando yo trataba de dormir un poco. De repente las luces de la cabina de pasajeros se encendieron y el personal de a bordo empezó a servir una comida completa. Yo estaba desconcertado. Que supiera, no habíamos cruzado ningún huso horario. Entonces se me ocurrió pensar que para la mayoría de los pasajeros esa comida antes del amanecer sería lo único que comerían hasta el atardecer.
Según sus practicantes, el ayuno anual tiene dos motivos: (1) el hambre y la sed les recuerdan el sufrimiento de los pobres, y (2) ayunar es una oportunidad magnífica para ejercitar el dominio propio y, por ende, limpiar el cuerpo y la mente. En ese país en concreto hay tres grupos de personas que están exentos de practicar el ayuno anual: los niños en edad de crecer, los ancianos y los enfermos. Un hombre me confesó que cada año caía «enfermo» antes de empezar el mes de ayuno.
¿Está el Señor satisfecho si pasamos hambre? ¿Qué dice sobre el ayuno? «He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como lo hacéis hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto. ¿Es este el ayuno que yo escogí: que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como un junco y haga cama de telas ásperas y de ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día agradable a Jehová? El ayuno que yo escogí, ¿no es más bien desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, dejar ir libres a los quebrantados y romper todo yugo?» (Isa. 58:4-6).
Prefiero el ayuno que escogió el Señor. Basado en Mateo 6: 16-18

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

domingo, 11 de marzo de 2012

¿ES ÚTIL EL AYUNO?

«Ahora, pues, dice Jehová convertíos ahora a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente» (Joel 2:12-13).

¿Ha ayunado alguna vez? No me refiero a si alguna vez ha hecho dieta. Ayunar y hacer dieta no son lo mismo, aunque a veces queramos que los demás piensen que adelgazamos porque somos piadosos cuando, en realidad, sufrimos un ataque de vanidad.
El ayuno es la abstinencia total de alimentos, o la ingestión de muy poca cantidad, como un acto de disciplina religiosa o de abnegación. Si usted nunca ha ayunado, quizá se pregunte cómo se sentiría. Si ya lo ha hecho alguna vez, jamás lo olvidará.
Hay dos tipos de ayuno. El ayuno puede ser voluntario, porque la persona, de manera consciente, y por la razón que sea, toma la decisión de no comer; o involuntario, porque, aunque se quiera, no hay alimentos que llevarse a la boca.
La Organización Mundial de la Salud estima que un tercio de la población del mundo está bien convertíos ahora a mi alimentado, otro tercio sufre malnutrición y una tercera parte se muere de hambre. Desde que empezó a leer la meditación de hoy, al menos doscientas personas han muerto de hambre. Este año morirán más de cuatro millones. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la alimentación, uno de cada doce habitantes de la tierra está malnutrido, entre los cuales se cuentan ciento sesenta millones de niños menores de cinco años.
El ayuno por voluntad propia puede consistir en la reducción de los alimentos ingeridos o de algún alimento determinado. Las causas pueden ser por prescripción médica o por motivos de salud y bienestar.
Hay quien se abstiene de comer o beber ciertas cosas como ejercicio de autocontrol. También se puede ayunar como señal de una intensa sinceridad. Ester ayuno antes de presentarse ante el rey. Daniel ayunó mientras esperaba la interpretación del sueño del rey. Cuando Pedro fue encarcelado, toda la iglesia participó en el ayuno y la oración (ver Los hechos de los apóstoles, cap. 15, p. 110). ¿Es bueno ayunar?. Sí, puede serlo. Depende de la salud de la persona, de las condiciones en que se practica y de la condición espiritual (los motivos) de quien lo practica. Al ayunar es preciso que nos preguntemos: «¿Por quién ayuno: por Dios o por mí mismo? Basado en Mateo 6: 16-18

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill