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lunes, 20 de enero de 2020

¡QUÉ HERMOSA ERES!


“¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres!” (Cantares 4:1).

Una de las fuentes principales de autoestima para la mujer son las palabras de aprecio de su esposo. Por eso, las víctimas del maltrato doméstico (que incluye el abuso verbal) tienen la autoestima por el suelo. El trato vejatorio empuja a las personas a sentirse humilladas, inferiores y a no confiar en su propia capacidad. En la relación de pareja, está en manos del marido afirmar y edificar a su esposa o hundirla en la infelicidad con palabras hirientes.
No es de extrañar que los psicoterapeutas que tratan los problemas de relación en la pareja siempre incluyan técnicas de comunicación interpersonal. Mucho del éxito o del fracaso en las relaciones depende de los mensajes mutuos que emiten los miembros de la pareja. Tristemente, muchos hombres tienden a carecer de palabras de honesta alabanza hacia sus esposas. Elena de White aconsejó a un hombre con esta necesidad en 1869, cuando los derechos de la mujer apenas se consideraban: “Usted puede ayudarle y conducirla. No debería censurarla jamás. Nunca la reprenda si sus esfuerzos no son lo que usted piensa que deberían ser. Por el contrario, anímela con palabras tiernas y amorosas. Puede ayudarle a conservar su dignidad y su respeto propio. Nunca encomie las acciones de otras personas en su presencia, para que ella no crea que lo hace a fin de que sus deficiencias resalten. Usted ha sido duro e insensible en este sentido. Ha manifestado más cortesía para su servidumbre que para ella; ha puesto a sus servidores por encima de ella en la casa” (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 273).
El texto bíblico de hoy se centra en la hermosura. La belleza física es un valor preciado y es parte de la creación de Dios. Sin embargo, existen otras cualidades aún más valiosas. Por ello, el libro de Proverbios nos dice: “Engañosa es la gracia y vana la hermosura, pero la mujer que teme a Jehová, esa será alabada” (Prov. 31:30).
Sirva el pasaje de hoy para recordarnos a todos, jóvenes o mayores, hombres o mujeres, dentro o fuera del matrimonio, que hemos de usar palabras de aprecio, aliento y aprobación hacia otros en los momentos debidos. El Cantar de los Cantares se centra en la pareja, pero su mensaje, tomado en términos generales, puede ser útil para cualquier relación interpersonal. Y en especial, utilicemos mensajes de afirmación hacia las personas queridas y cercanas, pues tenemos tendencia a olvidar este principio con los que más amamos.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2020
UN CORAZÓN ALEGRE
Julián Melgosa y Laura Fidanza
Lecturas devocionales para Adultos 2020

jueves, 29 de noviembre de 2012

«ALENTAOS LOS UNOS A LOS OTROS»


«El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero» (1 Tesalonicenses 4:16).

Jesús y sus discípulos habían pasado algún tiempo de visita en un lugar que les era conocido, junto al Jordán, allí donde Juan el Bautista solía predicar. Es muy probable que en aquel tiempo, recordando a su fiel primo, Jesús sintiera una gran melancolía. Sin embargo, centró su atención en la mucha gente que había acudido a escucharlo.
Mientras estaban allí, un mensajero corrió al encuentro de Jesús con la noticia de que su amigo Lázaro estaba muy enfermo. Sus palabras exactas fueron: «Señor, el que amas está enfermo» (Juan 11:3).
Tras escuchar el mensaje, Jesús aseguró a sus discípulos: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (vers. 4). Dicho esto, sin dar más explicaciones, se entretuvo en el lugar durante dos días, después de los cuales dijo a los discípulos: «Vamos de nuevo a Judea» (vers. 7).
Tras un breve debate sobre el peligro de volver a Judea, Jesús dijo: «"Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo". Dijeron entonces sus discípulos: "Señor, si duerme, sanará". Jesús decía esto de la muerte de Lázaro, pero ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos a él"» (vers. 11-15).
A la muerte de un creyente Jesús la llama «sueño». La muerte de Lázaro, como la de la hija de Jairo, era, definitivamente, un sueño porque pronto serían resucitados. Por tanto, si estamos seguros de que al fin resucitaremos, ¿por qué habría de ser diferente para nosotros? Cuando muere, el cristiano, sencillamente, duerme. Descansa de los afanes de esta vida y espera la mañana de la resurrección. «Perece el justo, pero no hay quien piense en ello. Los piadosos mueren, pero no hay quien comprenda que por la maldad es quitado el justo; pero él entrará en la paz. Descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios» (Isa. 57:12, 2; ver también 1 Tes. 4:14-16).
«Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras» (1 Tes. 4:18).  Basado en Juan 11:1-44

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill