martes, 22 de diciembre de 2009

PAQUETES FEOS

Yo soy el Señor, el Dios de todo ser viviente. Nada hay imposible para mí. Jeremías 32:27.

El año pasado, justo antes de la fiesta de Navidad de la escuela, los alumnos empezaron a traer los regalos para intercambiárselos. La mayoría estaban vueltos en papel de colores y atados con cintas del mismo color. Pero había un regalo que destacaba del resto.
Destacaba porque no estaba envuelto. Alguien había puesto el regalo en una bolsa de papel marrón y la había cerrado con grapas. Nadie dijo nada de ese regalo tan feo, pero se podría decir que todos pensaban: «Espero que el regalo de la bolsa no sea para mí».
El envoltorio suele indicar qué lleva dentro. Un envoltorio bonito, un regalo bonito. Un envoltorio mugriento, un regalo mugriento. Pero a veces las apariencias engañan.
Eso es particularmente cierto cuando se trata de los regalos que vienen de Dios. A veces, vienen envueltos con un papel muy feo. Los paquetes feos son acontecimientos o situaciones que son desagradables: un divorcio, una enfermedad, un suspenso, el rechazo, el temor, la soledad, la muerte y los defectos físicos.
Si se nos permitiera, nunca los escogeríamos. Pero Dios es tan inteligente, tan increíblemente poderoso, que puede hacer que la peor de las situaciones se vuelva en la mayor de las bendiciones.
Aquí tienes algunos paquetes feos. ¿Qué buenos resultados pueden salir de ellos?
• Scout sacó un insuficiente en el examen de Historia.
• Staci, la mejor amiga de Tiffany, se mudó.
• La familia de Brad no puede pagarle los estudios.
• Gina estaba muy excitada con la idea de ir al campamento de verano. Pero unos días antes de ir contrajo la varicela.
• Ricardo quería el papel protagonista de la obra de teatro de Navidad, pero no se lo dieron.
Cuando en la vida surgen problemas, es muy bueno saber que Dios puede sacar algo bueno de la peor situación. Nada escapa a su control.

Tomado de la Matutina El Viaje Increíble.

NADA QUE TEMER

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas. Josué 1: 9.

El mandato que con más frecuencia se repite en las Escrituras para los hijos de Dios es el de no tener temor. Se da más de 360 veces en toda la Biblia, y cada vez que aparece los autores bíblicos hacen mucho hincapié en él.
«¡Sean valientes! ¡No teman!» Eran palabras que oyeron desde los pastores que vieron a los ángeles anunciando el nacimiento de Jesús, hasta los discípulos que vieron caminar a Jesús sobre las aguas y creyeron que era un fantasma.
La Biblia está repleta de exhortaciones a no temer. Una de estas exhortaciones la encontramos en Isaías 41: 8-10: «Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia».
En las Escrituras se presentan exhortaciones enfáticas a no temer son hechas porque el temor nos paraliza. El temor hizo que los israelitas prefirieran creer a los diez espías que afirmaban que la tierra era inconquistable a creer el mensaje optimista de Josué y Caleb. El miedo era lo único que se interponía entre Israel y su herencia.
También hoy el temor puede privarnos de nuestra herencia. Una parábola de Jesús lo ilustra de esta manera: «Por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí» (Mat. 25: 25,26). Paralizado por el miedo, este hombre escondió el talento en la tierra. Por su temor, el siervo recibió de su señor la evaluación de ser un ocioso y un perezoso. Por el temor de no hacer nada mal, terminó no haciendo nada bien. No hizo nada en absoluto.
¿De dónde proviene nuestro valor para desechar completamente el temor? Atesoremos en nuestro corazón estas palabras del segundo Evangelio: «Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron» (Mar. 16: 6).
Hoy Dios quiere que deseches todo temor, porque si de verdad crees en un Cristo resucitado que venció la muerte, no habrá nunca nada que temer.

Tomado de la Matutina Siempre Gozosos.

lunes, 21 de diciembre de 2009

MOTIVOS PARA AGRADECER

Antes que me llamen, yo les responderé; todavía estarán hablando cuando ya los habré escuchado (Isaías 65: 24).

¿Tienes motivos para agradecer hoy? ¡Seguro que sí! El Señor te ha dado la vida, te ha permitido conocerlo, tienes libertad y tiempo para leer su Palabra. ¡Cada día disfrutas sus bendiciones! ¿Y tus problemas físicos? ¿Y la gente que te molesta? ¿Los problemas económicos? ¿Los conflictos en el trabajo o el desempleo? ¿Las oraciones sin responder? ¿Acaso darías gracias a Dios por eso?
El libro El escondite narra la experiencia de dos hermanas holandesas que durante la invasión nazi a Holanda, en la Segunda Guerra Mundial, fueron llevadas a un campo de concentración. Corrie y Betsie vivían en condiciones infrahumanas junto con otras mujeres. Habían logrado, por intervención milagrosa del Señor, retener consigo una Biblia que leían por las noches a sus compañeras. La lectura les traía consuelo y esperanza en medio del sufrimiento. Un día leyeron el texto de hoy y enlistaron sus motivos de gratitud: estaban juntas, tenían una Biblia y podían compartirla. Betsie añadió a la lista las pulgas que las picaban constantemente; Corrie, no muy convencida, también agradeció.
Días después, Betsie llegó feliz a la barraca. Ahora sabía por qué podían tener sus reuniones devocionales nocturnas sin ser descubiertas: había escuchado cómo los soldados se peleaban entre sí porque ninguno quería inspeccionar el lugar donde ellas vivían. ¿La razón? ¡Estaba infestado de pulgas! «En la vida futura, se aclararán los misterios que aquí nos han preocupado y chasqueado. Veremos que las oraciones que nos parecían desatendidas y las esperanzas defraudadas figuraron entre nuestras mayores bendiciones [...]. Todos nuestros padecimientos y tristezas, todas nuestras tentaciones y pruebas, todas nuestras pesadumbres y congojas, todas nuestras privaciones y persecuciones, todo, en una palabra, contribuye a nuestro bien. Todos los acontecimientos y circunstancias obran con Dios para nuestro bien» (El mi¬nisterio de curación, pp. 376, 389).
Agradece a Dios hoy no solamente por lo bueno que te pasa, sino tam¬bién por lo que no te agrada. A quienes aman a Dios, todo, inclusive lo que no parece bueno, les resulta bien.

Deysi Ble de Gil
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su Amor.

QUIZÁ SALVES TU PROPIA VIDA

Hay más dicha en dar que en recibir. Hechos 20:35.

¿Te has dado cuenta? Ser cristiano resulta bastante caro. Y no estoy hablando solo de dinero. Sí, Dios espera que le devolvamos al menos el diez por ciento de nuestros ingresos, pero también espera que demos una parte de nuestros talentos y nuestro tiempo para ayudar a los demás y hablarles de él.
¿Por qué querrá que demos tanto? La siguiente historia quizá responda esta pregunta.
Andrea era una mujer joven que tenía un grave problema. Una infección por estreptococos, que suele resolverse con medicación, le había afectado los riñones. Al final, tuvo que dejar de trabajar.
Buscaron entre sus familiares más allegados un posible donante de riñón para ella. Pero ninguno era compatible.
Mientras miraba un programa de televisión sobre la donación de órganos, Linda, una familiar por matrimonio, descubrió que no es preciso que los donantes de riñones tengan vínculos de consanguinidad con el receptor. Así que ella y su esposo se sometieron a las pruebas. Linda era una donante perfecta.
Poco después de que empezara la operación, el cirujano descubrió un aneurisma en el riñón que Linda estaba a punto de donar. Los aneurismas, vasos sanguíneos debilitados, son como bombas de relojería escondidas que pueden explotar en cualquier momento y acabar con la muerte del paciente. Si Linda hubiese caído antes de la operación, la arteria debilitada podría haberse reventado y Linda habría muerto antes de que nadie pudiera ayudarla.
Pero los médicos pudieron solucionar el problema y completar el trasplante. Hoy, Linda y Andrea viven una vida normal y saludable.
Al entregarse, Linda salvó la vida. Cuando damos tiempo y dinero, recibimos un beneficio similar. Sí, otros reciben ayuda en el proceso, pero nosotros también.
Cuando hacemos actos abnegados. Dios no nos da puntos extra. Ni siquiera dar todo tu dinero te salvaría. Pero cuando hacemos la obra de Dios nos parecemos cada vez más a él. A fin de cuentas, ¿ser cristiano no se trata de eso?

Tomado de la Matutina El Viaje Increíble.

ENDULZURA TU AMARGURA

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. Hebreos 12:15.

Esta declaración se basa en Deuteronomio 29: 18: «No sea que haya en vosotros raíz que produzca hiel y ajenjo». «Se aplica a cualquier persona de la iglesia dada a las discusiones con el deliberado propósito de fomentar mala voluntad y división entre los hermanos. Una raíz de amargura generalmente germina en la oscuridad de algún alma marchita, y luego florece convirtiéndose en una crítica pública y maligna contra los dirigentes de la causa de Dios en la tierra, y hace que los hermanos se dividan entre sí» (Comentario bíblico adventista, t. 7, pp. 501,502).
La amargura es una condición espiritual enfermiza. Conlleva un deseo excesivo de venganza capaz de todo. Está a la cabeza de la lista de los problemas que ahuyentan al Espíritu de Dios: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia, y toda la malicia» (Efe. 4: 31).
Es muy difícil curar la amargura, porque la persona amargada se acostumbra a vivir con ese espíritu, considerando que su comportamiento es normal y parte de su personalidad. Por desgracia, quien tiene este problema tampoco percibe el daño que le ocasiona la amargura.
Los efectos de la amargura son graves: pérdida del dominio propio, irritabilidad, insomnio, depresión, negatividad, y malestar del ser en su conjunto. La amargura ahu-yenta al Espíritu de Dios. Sin embargo, cuando arrancamos la raíz de amargura, el Espíritu Santo toma posesión y control de nuestras vidas.
Todos los cristianos deseamos llegar a ser como Jesús. Si ese es nuestro objetivo, el primero y más grande paso que debemos dar es el de ser personas dulces, en las cuales no tenga cabida la amargura. ¿Cómo sabremos que hemos triunfado y nos hemos deshecho de la amargura? Hemos arrancado la raíz de amargura cuando nuestra vida está dominada por el amor y ya no deseamos vengarnos de nuestros ofensores; cuando nuestra boca ya no pronuncia palabras hirientes que afecten la reputación de los demás. Seremos completamente libres de la amargura cuando les deseemos el mayor de los éxitos a nuestros ofensores.
Decide hoy poner a un lado la amargura. Pide al Señor que te dé un carácter dulce. Que tu oración sea: «Señor, ayúdame a ser una persona de carácter dulce, a la cual todos quieran acercarse porque sienten la presencia divina en su vida».

Tomado de la Matutina Siempre gozosos.

domingo, 20 de diciembre de 2009

EL GOZO DE LA GRATITUD

Te ofreceré un sacrificio de gratitud e invocaré, Señor, tu nombre (Salmo 116: 17).

Cómo dar gracias en medio de la aflicción? Solamente cuando nos acercamos a Dios podemos ver que, aun en medio de los momentos difíciles, él actúa a nuestro favor y su misericordia se re¬nueva cada mañana. En su presencia cultivamos un corazón agradecido. Su amor es lo que nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva. A pesar de las múltiples aflicciones, ¡cuántos prodigios ha realizado Dios en mi vida! Mi respuesta a su inmenso amor ha sido la confianza, la esperanza y la alabanza. No me puedo rendir ni esconder, ni tampoco desesperarme. No es lo que yo le diría a mi preciosa hija si fuera ella la que pasara por estas circunstancias. Seguramente, la animaría a confiar, a sonreír, a luchar y a no rendirse ante nada en el mundo.
Agradezco a Dios porque en medio de la tragedia intervino y logró salvar mis piernas, aunque lastimadas, pero completas. Gracias a Dios, mi cerebro no quedó herido ni mi nervio óptico traumado le alabo porque mi oído quedó intacto, rescató mis dos manos, el hígado, los pulmones, la columna vertebral. ¡Gracias Señor, por cuidar mis órganos vitales!
Gracias por amarme tanto. Sé que también tú celebras que yo te ame y que haya podido soportar tanto. Gracias porque soy tuya, y por nada ni por nadie te dejaré a un lado llorando por mí misma. Gracias, porque aunque mis dos niños preciosos se quedaron dormidos, hasta que tú me los devuelvas sanitos, hermosos, redimidos, tú eres mi fortaleza. Me gozo en tu ayuda y alabo que tu amor no tiene limites para conmigo. Gracias, por mostrarme tu gloria en medio de mi dolor. Simplemente, gracias Señor, por estar a mi lado y cuidarme como a la niña de tus ojos.
Guíame a tener un corazón lleno de amor y gratitud para ver en medio de las aflicciones las cosas hermosas que a diario haces por mí.

Lorena P. de Fernández
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su Amor.

EL SACRIFICIO DEFINITIVO

El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos. Juan 15:13.

Cuando el 30 de octubre de 1991, el avión de aprovisionamiento se estrelló en el Ártico, los pasajeros carecían totalmente de preparación. Cuatro murieron en los minutos que siguieron al accidente, pero otros catorce seguían con vida. Durante las primeras horas, los que podían localizaron a los heridos, les prestaron los primeros auxilios y buscaron en la oscuridad los elementos de supervivencia que habían quedado esparcidos por el terreno nevado en dos kilómetros a la redonda.

El piloto, el capitán John Couch, que salió ileso del accidente, había podido saltar del avión antes de que explotara. Reunió a los supervivientes en la sección de cola del avión, lo único que había quedado de la nave. Los sacos de dormir y la ropa se dividieron. El propio capitán Couch dio su pesada chaqueta a uno de los heridos.
Mientras los supervivientes se apelotonaban unos contra otros con la intención de mantenerse calientes, el capitán Couch yacía sobre la nieve, fuera de la sección de cola. Llevaba solo una chaqueta ligera y tenía las manos desnudas porque no había guantes para todos.
Pasaron 32 horas antes de que el equipo de rescate compuesto por seis hombres llegara en paracaídas y llevara a los supervivientes al hospital más cercano.
Cuando el oficial de enlace Arnie MacCauley llegó al escenario del accidente, descubrió que el capitán Couch yacía muerto en la nieve. Pero los otros trece seguían vivos. El capitán dio su vida para que los demás pudieran vivir.
Los héroes no tienen por qué ser apuestos o bellos. No tienen que salir en las portadas de las revistas. No tienen que ser deportistas profesionales ni grabar un CD superventas. Los verdaderos héroes son gente que está dispuesta a ponerse a un lado y hacer la obra de Jesús sirviendo a los demás

Tomado de la matutina El Viaje Increíble.

EL PRECIO DE LA FALTA DE ORACIÓN

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26: 41.

¿Has considerado el altísimo precio que hay que pagar por vivir una vida falta de oración? Considera por un momento el caso de un predicador de mucho éxito, que, inesperadamente para sus seguidores, cayó víctima del pecado del adulterio. Cuando se le preguntó cuál había sido la razón de su poco edificante conducta, contestó: «Todo comenzó cuando descuidé mi vida de oración». Todo el mundo tiene que pagar un alto precio cuando permite que la oración no sea prioritaria en su vida.
Cuando la oración no es algo esencial en nuestra vida, perdemos la preciosa oportunidad de pasar tiempo a solas con el Señor. En tal situación, se experimenta un vacío en el corazón, acompañado de un extraño sentido de intranquilidad e inseguridad y zozobra. En cambio, cuando vivimos una vida de mucha oración, el peso de las cargas se aligera enormemente, pues es quitado de nuestros hombros por la mano poderosa del Altísimo.
Si la oración es tan vital como el aire que respiramos, si la oración es considerada el aliento del alma, ¿por qué hay tantísimas personas que eligen orar tan poco? La triste realidad es que muchos se han acostumbrado a vivir vidas débiles y fracasadas, y a aceptar el funesto error de que no necesitan de la oración. Como consecuencia de cultivar un estilo de vida semejante, ponen toda su confianza en ellos mismos, en sus recursos y en su propia capacidad, en lugar de ponerla en Dios y en su omnipotencia. Así se vuelven vulnerables y corren el riesgo cierto de que les sobrevenga un desastre.
¿Cuál es la solución para evitar una vida pobre en lo que respecta a la oración? La solución se encuentra en dar una alta prioridad al compañerismo y a la comunión con nuestro Señor. Después de todo, necesitamos mantener nuestro compañerismo con Dios para escuchar su voz y conocer su voluntad para nuestra vida.
Si has permitido que ciertas cosas se interpongan entre tú y tu Padre celestial, si has permitido que algún pecado destruya tu vida de oración, confiésalo a él hoy. Cuando de nuevo revitalices tu vida de oración, que es la clave de toda victoria y la antesala de toda vida poderosa, serás capaz de experimentar las bendiciones del cielo, y tu vida cristiana será saludable.

Tomado de la Matutina Siempre gozosos.