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viernes, 10 de enero de 2020

COMO DESTRUIR UNA CARRERA BRILLANTE

«Esto es pecado: los ojos altivos, el corazón orgulloso y los  planes malvados» (Proverbios 21: 4).

Fue un joven entregado a Dios (2 Crónicas 26: 4). Su madre le enseñó a amar al Señor y a conocerlo a través de su Palabra. Además, tuvo el privilegio de que el profeta Zacarías lo instruya en el camino del Señor. A su corta edad, sintió un fuerte deseo de buscar a Dios de todo corazón, ¡Y lo encontró! En el año 792 a. C., con tan solo dieciséis años, Uzías fue proclamado rey de Judá como corre gente junto a su padre, Amasías. A pesar de su juventud, Uzías demostró un enorme liderazgo, pues decidió enfrentar a los eternos enemigos de Judá: los filisteos. Gracias a sus efectivas estrategias militares y a la ayuda divina, logró someter a sus rivales (2 Crónicas 26: 6-8). Además, derrotó a los árabes e hizo tributarios a los amonitas. El éxito empezó a sonreírle. Su fama como conquistador llegó hasta Egipto.
Uzías también fue un gobernante emprendedor: construyó y fortificó torres en Jerusalén, edificó fortificaciones en el desierto y cavó un gran número de pozos (2 Crónicas 26:9-10). La economía del país empezó a crecer. El joven rey acumuló mucho ganado. Además, se mostró como un «amante de la agricultura». Después de muchos años de pobreza, sometimiento y mediocridad, Judá volvía a vivir la bonanza económica y el éxito en la guerra. Organizó uno de los mejores ejércitos de la historia del reino de Judá, conformado nada menos que por 307,500 soldados muy valientes, más del doble de las legendarias tropas de los madianitas con las que peleó Gedeón. El ejército estaba bien armado y entrenado; además combatía organizado en escuadrones, algo nunca antes visto en la historia militar hebrea. Uzías marchaba orgulloso a las batallas y hacía pedazos a sus enemigos.
La Biblia describe cómo este joven llegó a la cima del poder: «Con la poderosa ayuda de Dios, Uzías llegó a ser muy poderoso y su fama se extendió hasta muy lejos» (2 Crónicas 26: 15, CST). El monarca había alcanzado los grandes objetivos de su vida de la mano de Dios: someter a los enemigos de Judá, fortificar sus poblaciones, mejorar la infraestructura de su país, desarrollar la economía, promover la fidelidad a Dios. No obstante, la Biblia dice lo siguiente: «Pero cuando se hizo fuerte, su corazón se enalteció, y eso fue su ruina, porque se rebeló contra el Señor su Dios y hasta entró en el templo del Señor para quemar incienso en el altar del incienso» (2 Crónicas 26: 16).
El orgullo puede destruir la carrera más exitosa. Pide a Dios que te ayude a ser humilde.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2020
UNA NUEVA VERSIÓN DE TI
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2020

sábado, 3 de agosto de 2013

SÉ UNA CONSTRUCTORA DE PUENTES

Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará? […] Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor. Proverbios 31: 10,26

Hace unos cuantos meses recibí la visita de una madre y de su hija adolescente. Al sentarse frente a mí parecían dos completas desconocidas la una para la otra; rehuían todo contacto físico. Además al hablar se descalificaban mutuamente. En cierto momento pensé que si las hubiera dejado a solas, se habrían propinado no solamente duros golpes verbales, sino también puñetazos. Me puse a pensar en la situación, y me pregunté cómo podían haberse alejado tanto dos mujeres que en algún momento de sus vidas habían compartido incluso el mismo torrente sanguíneo.
Este tipo de escenas y desencuentros son cada vez más frecuentes y más dañinos. Las madres y las hijas parecen ir por caminos contrarios hasta llegar a la controversia, y en casos más graves a la confrontación. Muchas madres vuelcan todas sus frustraciones y proyectos inconclusos sobre sus hijas y se vuelven controladoras, autoritarias, críticas e insensibles. No reconocen que la hija tiene una vida propia y que, como madres, tan solo les compete brindar orientación, consejo y guía, además de dar amor. En muchas ocasiones privan a sus criaturas del derecho a construir su propia vida, sembrando graves conflictos emocionales tanto en ellas como en otras personas.
Por otro lado, también hay madres que, afectadas por un pasado conflictivo, no desean intervenir en el desarrollo personal de sus hijas. Se mantienen al margen y argumentan que no están capacitadas para brindar consejos y orientaciones. Las hijas, por su parte, aseguran no sentir el amor de sus madres y eso las lleva a experimentar sentimientos de abandono y distanciamiento. Las consecuencias de esa soledad se verán en el tipo de relaciones que establecerán con otras personas.
A las madres nos corresponde mantener abiertos los canales de comunicación, especialmente cuando nuestros puntos de vista no coinciden con los de nuestras hijas. Somos nosotras, por haber sido antes hijas, las que deberíamos hacer esfuerzos para entender mejor las actitudes de nuestras herederas. Es conveniente tener en cuenta que ellas se esfuerzan ante todo por encontrarles un sentido a sus vidas.
Las madres deberíamos tender puentes si la relación con algunos de nuestros hijos se viera interrumpida. Puentes de amor y de confianza por los cuales nosotras y nuestros vástagos podamos transitar hasta el día en que concluya nuestro peregrinaje.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

jueves, 11 de agosto de 2011

EL PLACER DE ENSEÑAR

Porque Esdras había preparado su corazón para estudiar la ley de Jehová para cumpliría, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos. (Esdras 7:10).

Cuando era pequeña mi mamá me contaba una anécdota sobre Elena G. de "White. Un día, mientras Elena enseñaba a tejer a una de sus nietas, esta, no teniendo deseos de aprender, replicó: «Abuela, tejer es para las ancianas como tú». Elena respondió: «¿Y cuándo crees que las ancianas como yo aprendimos a tejer? Pues cuando erarnos niñas como tú».
Ese consejo fue seguido por mi madre al pie de la letra. Ella se esmeró en que yo aprendiera muchas cosas durante mis primeros años de vida. Ahora le doy gracias por haberme hecho tan enorme favor.
El versículo de hoy nos presenta una escalera cuyos peldaños conducen a una vocación privilegiada: la enseñanza. Subamos uno a uno los peldaños que subió Esdras:
  1. Concentró su mente en lo que. Dios quería enseñarle. Se dedicó a inquirir la Palabra de Dios, indagó, escudriñó y escuchó. Todos estos verbos indican una actitud esforzada y alejada de la pasividad. El corazón de Esdras estaba abierto a la búsqueda de la verdad y al estudio profundo de la ley de Dios.
  2. Cumplió lo que Dios le había enseñado. El conocimiento de este profeta no se quedó en la comprensión teológica de la verdad, sino que pasó a la práctica: la obediencia.
  3. Compartió lo que había aprendido. Como resultado de los conocimientos adquiridos y respaldado por una vida consecuente con esos principios, se involucró en la misión sagrada de enseñar.
El pueblo de Israel se benefició porque Esdras subió los peldaños de la verdadera enseñanza. Como dijo el lamoso filósofo y pedagogo cubano José de la Luz y Caballero: «Instruir puede cualquiera. Educar, solo quien sea un evangelio vivo». Este hombre, que modernizó la enseñanza en Hispanoamérica, señaló la importancia de los valores religiosos.
Hoy te invito a que emplees tu tiempo en enseñar a los que te rodean valores humanos puros y nobles. Respáldalos con una vida igualmente elevada y entonces, como Esdras, habrás subido la escalera de la enseñanza, actividad enormemente apreciada por Dios.
Enseñar es alimentar el alma hambrienta.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera