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jueves, 15 de diciembre de 2011

ESTAMOS SIENDO JUZGADOS

Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas. Apocalipsis 14:7.

El mensaje de predicación que debemos dar es un mensaje de preparación y de advertencia para un mundo que no conoce a Dios. En nuestros días la gente obra como si cada persona fuera el juez de su propia vida. Pero las Escrituras advierten que hay un solo juez, Dios, que juzgará a toda la tierra y pagará a los hombres conforme a sus obras.
En esta era posmoderna las religiones hacen un énfasis desmedido en el amor de Dios en desmedro de su justicia. Hombres y mujeres viven de manera pecaminosa, y al llegar al fin de sus días, creen con seguridad que Dios los llevará "al cielo" porque es un Dios de amor. La Palabra de Dios pone el equilibrio exacto, y nos muestra un Dios de amor, pero también de justicia, que no dará por inocente al pecador empedernido.
Hoy se bombardea a niños, jóvenes y adultos con escenas eróticas y sensuales, lo que produce como nunca antes una generación lasciva, esclava de sus deseos. También alaba a quienes viven en la opulencia y la ostentación, mientras miles de personas fallecen porque no tienen qué comer. La cultura actual fomenta el juego, el vicio y los malos hábitos para ganarse la vida, y muchos piensan que quien trabaja honradamente es un "tonto". Los robos, asesinatos, violaciones, secuestros, peleas familiares, envidias, borracheras, y un sinfín de actividades pecaminosas demuestran que nuestra sociedad no está preparada para enfrentar al Juez de toda la tierra.
Nuestra misión es doble. En primer lugar, cada cristiano sincero debe rogar por su salvación y prepararse para ser hallado "sin mancha delante del trono de Dios" (Apoc. 14:5).
En segundo lugar, es nuestra responsabilidad advertir que Jesús volverá al mundo después que todos hayan sido juzgados. Ahora estamos viviendo en el tiempo del juicio previo a la segunda venida, y cuando ese juicio termine vendrá el fin.
Más allá de lo que piense la gente, comparte el evangelio de arnor y de juicio que Cristo proclamó cuando vino al mundo. Así te estarás ayudando a ti mismo a edificar tu carácter, y te hallarás listo cuando tu nombre sea examinado por el Gran Juez.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel

sábado, 5 de noviembre de 2011

NO DEBEMOS JUZGAR

No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7:1, 2.

Si en la iglesia hay personas que cometen pecados a sabiendas, ¿por qué tengo que asistir a esa iglesia?" "¿Es necesario ir a la iglesia, cuando se conoce que hay gente hipócrita?" Escuchaba a menudo preguntas como estas de labios de los alumnos del colegio donde me tocó trabajar, y notaba en ellos que de alguna manera estaban buscando una razón para dejar de asistir los sábados al templo.
Tengo que admitir que en cierta medida ellos tenían razón. A la iglesia asisten personas que cometen pecados voluntarios y a sabiendas, personas que tienen una doble personalidad, que sirven a Dios y a su enemigo; personas que pretenden ganar el cielo solo por asistir a un templo, cuando su vida espiritual está muy lejos del modelo divino que Dios dejó en su Palabra. La parábola del trigo y la cizaña dejó en claro que en el mismo campo habrá dos tipos distintos de "plantas". La presencia de cizaña no debe ser la razón para que nosotros dejemos de congregarnos en la iglesia.
Por otro lado, ¿cómo sabemos que otras personas son falsas o hipócritas? ¿Tenemos nosotros el derecho de juzgar el corazón y las intenciones de otros?
En general, a las personas no les gusta que se las juzgue o se las critique, y la Biblia apoya este sentimiento. Los labios de Jesús dijeron: "No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido". Es decir, quienes vamos a la iglesia no tenemos derecho a juzgar a los demás, ya que esa misma medida usará Dios para juzgarnos a nosotros. Además, Santiago agrega otras razones por las cuales no debemos juzgar. "Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley, y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?" (Sant. 4:11, 12).
Por lo tanto, al asistir a la iglesia cada sábado, recuerda esto: No importa quienes vayan o porqué lo hacen, tu asistencia tiene que ser por amor a Jesús y para encontrarte sábado a sábado con él.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuel