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domingo, 8 de mayo de 2016

BIENVENIDOS AL CAMPAMENTO SOLEDAD

Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido (Salmo 25:16).

Darío echó la cabeza hacia atrás y miró hacia el cielo azul por encima de él.
Parecía extenderse por kilómetros, enmarcado por acicalados abetos, y tachonados de estrellas brillantes. El aire estaba lleno del olor del humo de la madera y el sonido de voces que cantaban en armonía. Darío estaba rodeado de todos sus amigos, sin embargo, se sentía muy solo.
Él había estado esperando el campamento de adolescentes todo el año. Él y sus amigos habían hecho planes para estar juntos en una cabaña. Darío nunca había estado fuera de casa, pero como era el campamento más largo y el que quedaba más lejos, sabía que iba a ser una aventura emocionante.
Y fue muy emocionante. A Darío le encantó la natación, el esquí acuático, los paseos a caballo, la escalada en las rocas, las artesanías y las fogatas. Lo que no esperaba era sentirse tan nostálgico. Él nunca se lo mencionó a sus amigos o a su consejero, pues temía que se rieran de él. Pero, a pesar de que estaba pasando buenos momentos, todas las noches pensaba en lo lejos que estaba de su casa. Extrañaba mucho a sus padres, a su perro e, incluso, su cómoda habitación.
Darío miró a las estrellas de nuevo y oró en silencio. Señor, yo sé que tienes tus ojos en mí, no importa lo lejos que esté de casa. Por favor, mantennos, a mí y a mi familia, a salvo hasta que estemos juntos de nuevo. Y ayúdame a recordar que nunca estoy solo; que esté siempre contigo.

¿Y AHORA?
¿Cuándo y dónde has estado solo? ¿Qué puedes usar como recordatorio del amor y el cuidado de Dios en situaciones en las que te sientes solo?

SPLASH:
El primer campamento oficial de verano auspiciado por la Iglesia Adventista del Séptimo Día se llevó a cabo en Australia en 1925.

Tomado de Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
#IntensamenteEjercitaTuCerebro #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaAdolescentes #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 10 de junio de 2013

AUNQUE TE SIENTAS SOLA

En su angustia clamaron al Señor, y él los libró de su aflicción. Los llevó por camino recto hasta llegar a una ciudad habitable. Salmo 107:6.

Hace algún tiempo escuché la historia de una joven que había sido víctima del abandono de su familia por haber aceptado a Cristo como su Señor y Salvador. No solo había tenido que sufrir el rechazo y el desamor de los suyos, sino que también había tenido que abandonar su hogar. ¡Una historia de fe y valor! Tuve la oportunidad de hablar con ella, y me conmovió algo que me dijo: «Estoy sola frente al mundo, pero caminando tomada de la mano de Dios».
La Biblia nos relata historias de mujeres que libraron las más intensas batallas de sus vidas cuando estaban solas. Ester salió vencedora, aunque enfrentó a todo un reino gracias al poder de Dios. Aquella joven fue una incansable testigo en medio de un pueblo pagano. Rahab fue capaz de negar sus creencias y derribar los prejuicios con el fin de convertirse en un miembro de la familia de Dios.
No es raro que, en un mundo que niega a Dios, muchas de las batallas de la vida se tengan que lidiar a solas, contando únicamente con la fuerza que emana de la fe en el Señor. Cuando nuestra lealtad a Dios es probada; cuando somos empujadas a pasar por encima de los principios de Dios con el fin de alcanzar aceptación, o cuando luchamos por mantenernos de parte de la verdad, no estamos solas. La promesa hecha a los discípulos también es hoy para nosotras: «Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo» (Mat. 28: 20).
Es la fuerza de Dios en nosotras la que nos permite decir «no» a la tentación; es su gracia la que nos hace limpias cuando nos mancha el pecado; es el amor infinito del Padre el que nos perdona y nos concede fuerzas para comenzar de nuevo.
La permanente presencia de Dios con nosotras es tan real como la nube que guiaba al pueblo de Dios en su transitar por el desierto, camino a Canaán. Asimismo como el agua que fluyó de la roca cuando la mano de Moisés, movida por la fe, la golpeó.
Si no has experimentado la presencia de Dios en tu vida, hoy puedes hacerlo. Busca el camino por donde pasará el Maestro y síguelo, esa es la senda segura.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

martes, 9 de octubre de 2012

EN EL POZO


Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.  Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.  (Salmo 40:1-2).

Quizá el salmista se imaginaba una profunda y oscura caverna en la cual rugían aguas subterráneas y de la que no había ninguna esperanza de liberación. El fondo de aquel pozo no era tierra firme donde el salmista en su desolación podría estar en pie. Era un cenagal. Con cada intento de librarse del lodo, se hundía más. ¿Cuantas veces tú y yo hemos estado en el fondo de innumerables pozos de desesperación, y como el salmista hemos descubierto que su omnipotente brazo nos ayudó? 
En pozos

  • de soledades, sus palabras llegaron a nuestros oídos: «No temas porque yo estoy contigo» (Isa. 41: 10);
  • de cansancio, le oímos decir: «Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas» (Isa. 40: 31);
  • de temor, escuchamos sus tranquilizadoras palabras: «Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí, el que contra ti conspirare, delante de ti caerá» (Isa. 54: 15);
  • de sufrimiento, nuestro consuelo fue: «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará, no dejará para siempre caído al justo» (Sal. 55: 22);
  • de tentación, alcanzamos a oír su voz: «No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana, pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir» (1 Cor. 10:13);
  • de escasez, su promesa nos alentó: «Jehová es mi pastor nada me faltará» (Sal. 23: 1);
  • de inseguridad, oímos: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios» (Rom. 8:38-39);
  • de culpabilidad, sus palabras nos animan: «Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación» (2 Cor. 7:10). 
El Señor nos sacó de esos pozos, poniendo nuestros pies sobre la peña. No conforme con lo anterior, colocó también un cántico en nuestros labios para hacer completa su obra. Nos queda entonces hacer que otros lo vean y luego confíen en Jehová.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Una cita especial
Textos compilados por Edilma de Balboa
Por Isabel Salinas de Martín