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miércoles, 25 de mayo de 2016

LA CONVERSIÓN DE HARRY ORCHARD PARTE 1

“No hay otro Dios como tú, porque tú perdonas la maldad” (Miqueas 7:18).

Harry Orchard no tuvo muy buena reputación. Se dice que asesinó a unas veintiséis personas. Su historial delictivo incluyó haber participado en la explosión de una estación de tren en la que murieron trece personas, haber atentado contra el gobernador de Colorado y haber intentado matar a miembros de la Corte Suprema del estado. En 1903 se convirtió en bigamo y el 30 de diciembre de 1905 asesinó a Frank Steunenberg, el exgobernador de Idaho.
Dos días después del asesinato, Harry fue capturado. En la cárcel tuvo tiempo para meditar en lo que estaba haciendo con su vida. Una de las preguntas más acuciantes que revoloteaban en su mente era: “¿Perdonaría Dios mis pecados?” Cuando fue trasladado a la cárcel del estado de Idaho, en Boise, Harry tuvo contactos con el detective James McParland, a quien le confesó todos sus delitos.
Tras leer sobre Harry en un periódico, David Paulson decidió enviarle una Biblia, con el objetivo de que el reo conociera más de la misericordia divina. Según nos cuenta James R. Nix, en un artículo publicado en Adventist Review (8 de mayo de 2014, pp. 19-22), tan pronto recibió la Biblia, Harry comenzó a estudiarla junto con otro recluso que había estado recibiendo estudios bíblicos de un adventista del séptimo día. Mientras estudiaba las Escrituras, Harry Orchard comprendió que Jesús había dado su vida para salvar a criminales como él, y que el Dios de la Biblia está dispuesto a perdonar al peor de los pecadores. Comprendió que nadie es tan malo ni ha llegado tan lejos, que no pueda ser transformado por el amor de Dios. La gracia de Cristo tocó su corazón y se produjo en él la experiencia del nuevo nacimiento.
Sentirse perdonado por Dios impulsó a Harry a declararse culpable de todos los cargos que se le atribuían. Como su confesión disipó cualquier duda sobre su culpabilidad, el juez lo sentenció a la pena de muerte. Su abogado apeló y logró que le rebajaran el castigo a cadena perpetua. Harry Orchard comprendió que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20, NVI). Aunque estaba preso, llegó a ser un hombre libre en Cristo Jesús.

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
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viernes, 17 de mayo de 2013

SALID DE ENTRE ELLOS

Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. 2 Corintios 6:18.

Hay solo dos caminos; uno conduce al cielo, el otro a la muerte y el infierno. Cada uno tiene una obra por hacer. Cada uno de nosotros que tiene facultades de razonamiento reconoce que hay un Dios... Deseamos un brazo sobre el cual apoyarnos, que nos sostenga en las horas de aflicción. Deseamos tal brazo en el que podamos confiar cuando la tierra se estremezca de allá para acá y sea removida como una casita de campo. En ese momento queremos saber que Dios es nuestro Padre, que nuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cada uno de nosotros necesita esta certeza. Los estudiantes de nuestra escuela necesitan esta certeza. Algunos pronto regresarán a sus casas. ¿Cuántos de ellos han llegado a esta escuela sin una esperanza en Cristo? ¿Cuántos le han dado su corazón a él desdé que asisten a nuestro colegio? ¿Cuántos todavía están indecisos, a veces inclinados a estar totalmente del lado del Señor, y luego se retiran nuevamente por las mismas razones que he mencionado, las responsabilidades y deberes que pesan sobre el cristiano? Estos parecen tan grandes que ellos vacilan y se mantienen indecisos...
¿Cuál es la duración de su vida? ¿Quiénes de ustedes tienen la seguridad de que vivirán hasta el próximo año escolar? ¿Cuántos tienen alguna certeza respecto de su vida? Aun si tuvieran una vida por delante, si supieran que vivirán setenta años, ¿qué representa ese corto tiempo de vida?... ¿Requiere tiempo Dios de ustedes algo que les convenga retener por interés o por felicidad? Oh, no...
¿Siente alguno que está haciendo un sacrificio para ser adoptado en la familia del Rey de reyes, el Señor que reina en los cielos? ¿Acaso no sabe que la más elevada exaltación es convertirse en hijos de Dios, "hijos e hijas del Señor Todopoderoso"?
Desde que tenía once años de edad he estado al servicio de este Rey celestial. Puedo hablar por experiencia. Él no me ha pedido que le dé algo que me conviniera retener. Precioso Jesús; precioso Salvador; lo amo y amo servirle.— Signs of the Times, 31 de enero de 1878.
Después de este discurso, numerosas personas se adelantaron para orar. El interés persistió hasta el campestre, se bautizaron más de 130 personas, muchas de las cuales eran estudiantes del Colegio de Battle Creek.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White