lunes, 10 de agosto de 2009

LA FE DE LOS MÁRTIRES

Y aunque sea derramado en libación por el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Filipenses 2:17

Dicen que una vez, después de que D. L. Moody predicase un impresionante sermón sobre la fe de los mártires, un individuo se le acercó y le preguntó: —Sr. Moody, ¿tiene usted suficiente fe para ser mártir?

—No —fue la respuesta del famoso evangelista.
—Sr. Moody —exclamó sorprendido su interlocutor—, ¿cómo ha podido usted predicar semejante sermón sobre la fe si no tiene usted suficiente fe para ser mártir?
—Si Dios quiere que yo lo sea, me dará la fe de un mártir —repuso Moody.
Y así es. A veces, cuando pensamos en el valor intrépido y en la fe de los héroes cristianos, desde los días de Esteban hasta los misioneros actuales que han arriesgado y arriesgan su vida —perdiéndola en ocasiones— por el evangelio, miramos a nuestro interior y temblamos. Comprendemos que no tenemos la resistencia espiritual o moral para hacer frente a lo que ellos afrontaron.
Por ejemplo, no podemos leer sin temblor la historia del bachiller Antonio Herre-zuelo y su esposa, Doña Leonor de Cisneros. Fueron condenados por la Inquisición por sus creencias evangélicas. Habían sido apresados y presionados para que denunciaran a sus hermanos en la fe. Dijo de él un contemporáneo: «En todas las audiencias que tuvo con sus jueces... se manifestó desde luego protestante, y no solo protestante, sino dogmatizador de su secta en la ciudad de Toro [...]. Exigiéronle los jueces [...] que declarase [...j los nombres de aquellas personas llevadas por él a las nuevas doctrinas; pero ni las promesas, ni los ruegos [...] bastaron a alterar el propósito de Herrezuelo en no descubrir a sus amigos y parciales. ¿Y qué más? Ni aun los tormentos lograron quebrantar su constancia, más firme que envejecido roble o que soberbia peña nacida en el seno de los mares» (El conflicto de los siglos, p. 275).
Su esposa, joven de 24 años, flaqueó y se arrepintió. Pero cuando vio a su esposo morir con aquella fe y aquel valor que asombraron incluso a sus enemigos, «interrumpió resueltamente el curso de penitencia a que había dado principio». En al acto fue arrojada a la cárcel, y, después de ocho años de horrores en las cárceles de la Inquisición, «murió ella también en la hoguera como había muerto su esposo».
Nuestros tiempos no nos exigen ese tipo de testimonio. Pero todos los fieles que «combaten hasta la sangre contra el pecado», son héroes y mártires de Cristo. Decidamos hoy dar nuestro testimonio doquiera nos encontremos.

Tomado de la Matutina Siempre Gozosos.

domingo, 9 de agosto de 2009

LA ORACIÓN FORTALECE AL ENFERMO

La oración del justo es poderosa y eficaz (Santiago 5: 16).

Mi hermano Gustavo sufrió un derrame cerebral a la edad de 41 años. Entonces él vivía en Valle Hermoso, Tamaulipas. Nos separaban muchos kilómetros de distancia, así que después de recibir la noticia emprendimos un largo viaje para verlo. Entonces escuchamos el diagnóstico del neurólogo: estado de coma. Después de una larga cirugía comentó que sería mejor empezar los preparativos para trasladar el cuerpo, pues su estado era muy grave y no daba ninguna esperanza de vida. Agregó que si creíamos en algún milagro lo pidiéramos a Dios. Nos unimos en oración toda la familia. Un pastor vino a ungir a Gustavo. Ya estábamos resignados a perderlo y esperábamos que mi hermano descansara, pues no mejoraba. Pasaron 45 días y el doctor ordenó la última tomografía; después de ese estudio, si no veía ninguna mejoría, lo desconectaría de los monitores. Ese día oramos con todo el corazón, rogamos a Dios para que hiciera un milagro. Tuve la oportunidad de entrar al lugar del examen, tomé su mano y oré, sabía que mucha gente hacía lo mismo en ese momento. Cuando la camilla salió se dejó ver el cuerpo inerte de Gustavo, pero increíblemente, él abrió sus hermosos ojos verdes y sorprendido me dijo: «¿Qué pasa? ¿Qué hago aquí?» Yo no lo podía creer y rápidamente llegaron los médicos. ¡Una vez más Dios había hecho un milagro! Sé que Dios nos dejó a Gustavo para darnos un ejemplo de paciencia, pues las secuelas de su enfermedad lo dejaron en silla de ruedas y con muchos problemas de salud. Lo maravilloso de todo fue que él nunca renegó, no se quejó de nada y mantuvo un carácter dócil y amable. Vivió fiel a Dios nueve años más y murió con la firme esperanza de resucitar una mañana gloriosa en que el Rey lo llame. En esta mañana te invito a orar sin cesar, pues solo el día en que estemos al lado de nuestro Dios nos despediremos de la dulce oración que durante nuestra vida terrenal nos mantuvo en comunicación con Dios.

Lupita López Cervantes
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su amor.

LA REFORMA DEFINITIVA

Pero quiero que conozcan el designio secreto de Dios: No todos moriremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene el último toque de trompeta. Porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados para no volver a morir. Y nosotros seremos transformados. 1 Corintios 15: 51, 52.

No importa quién seamos. A todos nos gustaría cambiar algunas cosas de nosotros mismos. Incluso las súper modelos. Nadie está completamente satisfecho con su aspecto. Uno de los programas de televisión más populares de los últimos años era uno en el que gente normal tenía la oportunidad de cambiar su aspecto mediante mugía plástica especializada, distintos maquillajes y nuevo corte de pelo y la ropa adecuada. Al final del programa podías comparar el aspecto de esas personas antes y después y ver cómo habían cambiado. Cuando miras un programa como ese empiezas a pensar: «Si ahora pudiese cambiarme algo, empezaría por...» Una de las ventajas de la segunda venida de Jesús es que Dios nos hará a todos una última remodelación. Ya no tendremos orejas de soplillo, las narices tendrán la medida correcta y los problemas de piel desaparecerán. Todos tendremos un aspecto fantástico. Pero los mejores cambios serán algo más que una remodelación de nuestro aspecto. Las personas ancianas recuperarán la juventud. Los dolores desaparecerán. Los ciegos verán, los sordos oirán y los paralíticos andarán. Todo cuanto recuerde al pecado desaparecerá. No solo tendremos buen aspecto, sino que tendremos una energía que nunca antes habremos experimentado. Nuestra mente será capaz de pensar de una nueva manera y aprenderemos nuevas habilidades, .a la vez que mejoraremos las que ya tenemos. Todos nosotros queremos sacarle el mejor provecho a la vida. Pero no importa el éxito que tengamos en la tierra, jamás llegaremos a acercarnos al gozo y la realización personal que Dios tiene esperando al otro lado de la esquina.

Tomado de la Matutina El viaje Increíble.

LA IMPORTANCIA DE LAS COSAS PEQUEÑAS

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. Mateo 10: 42

Para grandes predicadores como Moody, Spurgeon o Billy Graham, su ministerio consistió en predicar el evangelio a las grandes multitudes que se reunían para escuchar su presentación de la Palabra de Dios. Sin embargo, gran parte de la obra de Dios ha sido hecho en otros ámbitos. Fíjate en las palabras de Jesús en nuestro texto de hoy: «Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa». Un día, mientras un agricultor inglés apellidado Fleming trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente, soltó sus herramientas y corrió hacia el lugar. Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo, había un niño aterrorizado, que luchaba por librarse. Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible. Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor. Un noble, elegantemente vestido, se bajó del coche y se presentó a sí mismo como el padre del niño al que Fleming había salvado.
—Yo quiero recompensarlo
—dijo el noble británico—. Usted salvó la vida de mi hijo.
—No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice —respondió el agricultor, rechazando la oferta. En ese momento, el hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.
—¿Es ese su hijo?
—preguntó el noble.
—Sí —repuso el agricultor lleno de orgullo.
—Le voy a proponer un trato.
Déjame llevarme a tu hijo y ofrecerle una buena educación. Si se parece a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted se sentirá muy orgulloso—. El agricultor aceptó. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming, el agricultor, se graduó en la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital, en Londres, y se convirtió en un personaje de fama mundial: Sir Alexander Fleming, descubridor de la penicilina. Algunos años después, el hijo del noble inglés, cayó enfermo de pulmonía. ¿Sabes qué lo salvó? La penicilina. El noble inglés se llamaba Randolph Churchill. Su hijo, Sir Winston Churchill. Cumple hoy los pequeños deberes de hijo, padre o madre, amigo y ciudadano. Haz de hoy el festival de las cosas pequeñas; así sembrará grandes cosas para el futuro ahora y en la eternidad.

Tomado de la Matutina Siempre Gozosos

sábado, 8 de agosto de 2009

PLEGARIA A DIOS

Den gracias al Señor, invoquen su nombre; den a conocer sus obras entre las naciones (Salmo 105:1).

Señor Dios, tú que eres Santo, glorioso, grande en misericordia y tardo para la ira, a ti te alabo con todo mi ser. Pido tu bendición para este día. Acompáñame en todo momento. No te alejes de mí que soy incapaz de sobrellevar mis cargas sin tu presencia. Este día me entrego a ti totalmente. Utilízame para llegar a ser una bendición y levantar en alto tu bandera. Yo quiero ser una fiel hija tuya, cada momento y en todo lugar. Sin ti, oh Dios eterno, estoy perdida. Ilumina mi mente para obedecer tus mandatos y ser una buena influencia para toda aquella persona que encuentre en el camino de la vida. Deseo darles un fiel testimonio de ti. Gracias, oh Dios, porque siempre estás conmigo. Pues ¿cómo podría esconderme de tu presencia? Gracias Señor por tu sacrificio en la cruz por mí. Quiero decirte que eres todo para mí, por el amor que me brindas, me rindo a ti. Gracias Señor por tu gran amor inmerecido que gozo en mí. «Al reconocer ante Dios nuestro aprecio acerca de los méritos de Cristo, es dada una fragancia a nuestra intercesión [...] somos vestidos con sus vestimentas sacerdotales. Él nos abraza con su brazo humano mientras que con su brazo divino alcanza el trono del infinito» (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1078).

Martha Ayala de Castillo
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su amor

NO ERES MI JEFE

Así que quien se opone a la autoridad, va en contra de lo que Dios ha ordenado. Romanos 13:2.

No me digas qué tengo que hacer. Tú no eres mi jefe». ¿Alguna vez escuchaste a alguien que dijera eso? Y tú, ¿lo dijiste, quizá a un hermano o una hermana mayor? A nadie le gusta que alguien le diga qué tiene que hacer. De hecho, si se nos dejase, acabaríamos con toda autoridad. Libertad total. Ninguna norma que seguir, nadie dándonos la tabarra diciendo que hagamos tal o cual cosa. Si nos dejasen, votaríamos por eso. ¿O no? Piensa en cómo sería si la gente fuese libre de hacer lo que le viniera en ganas. Si tuvieses una magnífica tabla de snow o una carísima bicicleta de montaña el vecino de al lado se la podría llevar. Si las personas no tuviesen que obedecer las normas de circulación podrían conducir a cualquier velocidad sin respetar las señales de alto. Jamás te sentirías seguro a cruzar la calle. Las tiendas tendrían que cerrar. Si todas las normas fuesen suprimidas, la gente podría robar lo que quisiera. Toda la economía se colapsaría. Cuando se eliminan las normas, la seguridad y la prosperidad desaparecen. Después de que los Israelitas salieran de Egipto, Jetro, el suegro de Moisés, lo aconsejó que buscara líderes que lo ayudaran a llevar la responsabilidad de guiar al pueblo de Dios. Tan pronto como el plan de organización fue puesto en práctica, las cosas fueron mucho mejor. La sociedad funciona mejor cuando cooperamos con los que tienen la autoridad, ya sean nuestros padres, los maestros, los supervisores del trabajo, los policías o los líderes del gobierno. Cuando respetamos a los que tienen la responsabilidad honramos a Dios y ayudamos a construir una comunidad mejor.

Tomado de la Matutina El viaje Increíble.

HAZ TU TRABAJO COMO PARA EL SEÑOR

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría. Eclesiastés 9: 10

Aquí Salomón nos comunica el secreto para cumplir bien el propósito de la existencia, el secreto de cómo hacer bien las cosas. Fíjate en la progresión que hay en este versículo: actividad, planificación y sabiduría. Sabiduría es la habilidad para ver con comprensión. Planificación es la habilidad para organizar. Actividad es la habilidad para iniciar, perseverar y alcanzar objetivos. Las personas han sido creadas por Dios para imaginar, para planear y hacer cosas. Dios creó a Adán para que gozara de la vida y cultivara el jardín del Edén. Le dio trabajo para que lo desarrollase. Salomón dice que el trabajo es una de las actividades más benditas de las que podemos disfrutar. El apóstol Pablo resalta lo expresado por Salomón de la siguiente manera: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col. 3:23). Independientemente del lugar donde trabajes, de la clase de trabajo que realices, la cantidad de salario que recibas o para quién trabajes, piensa que Dios te ha asignado el empleo que tienes. Por lo tanto, no prestes una atención desmedida a los hombres, Préstasela toda a Dios. Él ve no solo la forma en que empleas el tiempo, sino la actitud con la que trabajas, que es más importante. No hay persona más despreciable que la que trabaja solo cuando el amo, el patrón, el mayordomo o el supervisor la ve. El cristiano trabaja como si Dios estuviera vigilando su tiempo. Por eso el cristiano se siente comprometido a trabajar con todas sus fuerzas, a ser leal en el uso del tiempo, pues se siente responsable ante Dios y no ante los hombres. A una persona que trabaja así, la empresa, la escuela, la oficina o el tal leí la reclaman. Será bienvenida en cualquier parte la persona que trabaja «como para el Señor y no para los hombres». De paso, ¿sabes cuál es el secreto divino del éxito? ¿Sabes cuál es el secreto de los ascensos? ¿Sabes cómo llegar a ser lo que quieres ser? Haz todo lo que se te encomiende «con todas sus fuerzas», «como para el Señor y no para los hombres». Si así lo haces, serás como el hombre justo del Salmo 1:3: «Todo lo que hace pros­perará». Serás como José: «Todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano» (Gen. 39: 3). Pregúntate hoy: «¿Cómo podría yo ser el mejor empleado, para la gloria de Dios?» Ya sabes el secreto.

Tomado de la Matutina Siempre Gozosos

viernes, 7 de agosto de 2009

LAS ORACIONES DE MAMÁ

El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mí oración (Salmo 6: 9).

Mi mamá es una mujer muy cristiana que educó a todos sus hijos en el temor a Dios. En la familia todos somos cristianos. Sin embargo, hemos pasado por pérdidas dolorosas como la muerte de mi hermana Mireya y la de mi papá. Ambas fueron muy inesperadas pues ninguno padecía alguna enfermedad. Fueron decesos tan sorpresivos que todavía hoy nos causan dolor y tristeza. Cuando voy a visitar a mamá a Río Grande, Zacatecas, le recuerdo que ella es una mujer bienaventurada porque sus tres hijos, así como sus respectivos cónyuges e hijos, aman al Señor y cada sábado, ya sea en California, en Monterrey o en Matehuala, estamos reunidos para alabar a Dios. Mi madre son­ríe. Ella es una mujer fuerte. Pero hace algunos días le tocó experimentar y pasar por dolor al perder a su hermana mayor, la tía Rosita, y a los pocos días se enteró de que ella tenía un tumor. Estábamos en casa de mis primos, guardábamos todas las pertenencias de mi tía Rosita para ser donadas, cuando mi mamá le dijo a mi primo, quien es médico, que le diera algo para el dolor que tenía en el pie. Mi primo examinó el pie, y luego levantó los ojos de asombro y me miró desconcertado. Luego hizo algunos comentarios a otra de mis tías que es enfermera. Entonces, mi primo regresó con un libro de medicina y le dijo a mi mamá: «Tía, usted no necesita una pastilla, usted necesita una operación para que le quiten esto». Oramos mucho por ella. Informé a mi iglesia y los hermanos oraron. Mis tías y hermanos también oraron mucho para que ese tumor fuera benigno. Lo comenté con algunas amistades y les pedí que oraran por mi mamá. Pasaron dos semanas después de la operación y la doctora le comunicó a mi mamá que el tumor era benigno. Agradecimos mucho a Dios por sanarla y darle la oportunidad de caminar y guiar sus pasos hasta donde esté la persona que necesita saber de Jesús, ya que ella es muy misionera. Gracias querido Dios por escucharnos y restau­rar la salud de mi madre.

Dina Núñez de León
Tomado de la Matutina Manifestaciones de su amor