Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas. Edesiastés 9:10.El primer año que enseñé la materia de Biblia en un colegio adventista no me fue fácil. Era un grupo numeroso y tenía algunos alumnos algo inquietos, los que representaban un gran desafío. Pero más allá de lo revoltosos que pudieran ser algunos, una meta que me propuse desde el comienzo fue lograr que un adolescente tomara la decisión de estudiar y lo hiciera.Este muchacho ya había repetido un año y en el presente no mostraba mejoría respecto al año anterior, así que lo cité en numerosas ocasiones a mi oficina para ver si lograba algo. Como de palabra prometía mucho, pero nunca cumplía sus promesas, recurrí a los padres. Con algo de preocupación llegaron a mi oficina y les planteé el problema para ver si ellos podían ayudarme, pero para mi sorpresa, ellos estaban más desesperados que yo. La madre me dijo que no sabía qué hacer para que su hijo estudiara y hasta me preguntó: "Algunos me dicen que le ofrezca dinero por cada materia aprobada, ¿a usted qué le parece?"Ningún método dio resultado, y este muchacho volvió a repetir el año de estudios y luego se fue del colegio.La adolescencia y la juventud son tiempos de crecimiento y preparación. Es verdad que también las mayores distracciones del mundo están dirigidas al mismo grupo social, pero si pasas distraído por esa etapa, estarás perdiendo una de las oportunidades más valiosas que te da la vida: el estudio. Sé muy bien que a la mayoría de los jóvenes no les gusta estudiar, y lo digo por experiencia propia, ya que a mí tampoco me gustaba estudiar, pero aun así era consciente de que el mundo civilizado en el que vivimos, brinda las mejores oportunidades a los que tienen capacidad y estudio.Más allá de lo que te pueda decir yo en este día, o de lo que te digan tus padres, profesores y amigos, si tú no estás convencido de que el estudio es lo mejor para tu vida, nadie te convencerá. Así ocurrió con el joven de la anécdota de hoy, y así ocurre siempre. Cada estudiante tiene que valorar la bendición del estudio, y si él mismo no lo ve así, de nada servirán los consejos.Al referirse a toda la vida, el rey Salomón expresó: "Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas", y si lo parafraseara con respecto al estudio, diría así: "Todo el estudio que te propongan en el colegio, acéptalo según tus deseos", porque es imposible estudiar si no quieres. Por eso, si tienes la oportunidad de progresar académicamente, no la desprecies. Acepta el desafío intelectual, que Dios te ayudará.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuel
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12.El otoño se va. Aquí, en los Estados Unidos, el invierno llegó. Los copos de nieve ya empiezan a caer, como motitas encantadoras de algodón. Pero, lo que me impresiona es la resistencia de las hojas ante el frío destructor. No mueren conformadas, luchan. Su lucha es una explosión de maravillosos colores: verde, amarillo, rojo, anaranjado, en fin... como si un pintor hubiera pasado por la naturaleza derrochando todo su arte.Las hojas mueren resistiendo hasta el fin. Mueren la gloriosa muerte de los inconformistas con la situación. Mueren derramando la última gota de vida, para alegría de los hombres.Si las hojas fuesen gente, la bienaventuranza de hoy sería para ellas. Soportan los vendavales del invierno hasta la muerte. Su corona de vida es el festival colorido de su muerte.Dios jamás habría presentado esta bienaventuranza si la victoria sobre el pecado no fuese segura. Al morir Jesús en la cruz y al resucitar el tercer día, estaba clavando la estocada fatal en el mismo corazón del enemigo de las almas.Satanás, hoy, es un enemigo derrotado, agonizante... gimiendo los estertores de la muerte. No tiene más derecho de vencer a nadie; no tiene condiciones. Todo lo que puede hacer es tentarte; obligarte a ceder, no. Si caes es porque, de alguna manera, decidiste caer. Si hay algo que el enemigo no puede hacer es obligarte a hacer lo que no quieres.Haz como las hojas: resiste. No estás solo. Cuando caes de rodillas, Dios envía millares de ángeles para auxiliarte. La batalla es dura, pero la victoria es segura.Hoy puede ser el día de victoria que tanto esperabas; hoy puedes levantarte de las cenizas. Camina por la vida sin temor; levanta la frente en alto. Tu enemigo está a tus pies. La hora final le llegó. ¡Hoy es tu oportunidad!Sal en el nombre de Jesús, y enfrenta todo lo que venga por delante sabiendo que a tu lado marcha alguien que no conoce la derrota. Y no te olvides: "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
Cuando el hombre caiga, no quedara postrado, porque Jehová sostiene su mano (Salmos 37:24).Recuerdo que cuando era pequeña mi madre me ponía pantalones largos porque me caía con facilidad. Es un hecho que el ser humano cuando comienza a intentar valerse por sí solo, se da cuenta de que el suelo está más cerca de lo que pensaba. Observa por ejemplo a un bebé que está dando sus primeros pasos. Se tambalea, pierde el equilibrio, tiene miedo y finalmente se cae. Pero cerca están los brazos de sus padres para volver a levantarlo, estimulándolo a seguir intentándolo. Así es como aprende a caminar.Para Dios seguimos siendo bebés que aprenden a caminar. Por eso, porque sabe cuan cerca están el suelo y la caída, sus manos están dispuestas a socorrernos. Si te caes, recuerda que tu Dios está presto a darte la mano y levantarte. Solo así aprenderás a caminar.A veces nuestra caída no es tan aparatosa y tan solo quedan unos rasguños, por lo que no nos cuesta seguir adelante. Pero cuando algo se rompe interiormente necesitamos el tratamiento apropiado. Cuando era niña me gustaba hacer de enfermera. Si alguien en mi familia se lastimaba, yo acudía rápidamente con mi botiquín y hacia lo que sabía para aliviar el dolor y curar la herida. Recuerdo que un día mi hermano menor se escapó descalzo y regresó trayendo un clavo en la planta del pie. A pesar de que era muy pequeñito, estaba tranquilo, esperando que yo lo ayudara con aquel problema, confiado en que todo saldría bien.Nosotros también necesitamos acudir a Cristo, ya sea para curar un simple rasguño, para evitar una infección, o porque algo se ha roto internamente. Recordemos que la mano firme del Señor nos sostiene tras la calda, por dura que haya sido. Él siempre estará a nuestro lado. Acudamos a él, confiemos y permanezcamos quietos, sabiendo que él puede curarnos, levantarnos, restaurarnos y darnos una nueva oportunidad. ¡No te sueltes de la mano de Dios, pero si flaqueas y por un momento te alejas, clama a él y su presencia sostendrá tu mano y te levantará.La mano de tu Dios es firme y poderosa, asegúrate cíe asirla con fuerza.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Mateo 25:10.Cierta vez me invitaron junto con mi esposa a presentar un tema en la Sociedad de Jóvenes en una iglesia alejada del distrito pastoral donde trabajaba. Hicimos los preparativos y, ya cerca de la fecha, llamé por teléfono al anciano de la iglesia que me había invitado para saber algunos detalles acerca de la reunión. En el diálogo, me dio la dirección del templo y el horario de comienzo, pero aclaró:—Está anunciado en el boletín de iglesia a las 5:30 p.m., pero es horario adventista.—¿Qué quiere decir con "horario adventista"? —pregunté.—Que comenzaríamos quince o veinte minutos tarde, porque la gente va llegando a esa hora.Un principio que muestra la diferencia entre la mediocridad y la virtud, es la puntualidad. Saber respetar los horarios establecidos, tomar todas las precauciones por imprevistos y salir con tiempo para llegar a tiempo, debiera ser lo cotidiano y lo normal en los templos cristianos.La parábola de las diez vírgenes muestra con terrible crudeza el desatino que significa ser impuntual delante del Señor. Las vírgenes insensatas eran adventistas (esperaban la llegada del Esposo), habían salido de la ciudad para esperarlo (abandonaron el mundo y sus pecados), y cada una de ellas tenía sus lámparas encendidas. Como el esposo no llegó en el tiempo esperado, todas se quedaron dormidas, hasta que a medianoche se escuchó el grito: "¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!" (Mat. 25:6). Al ver que no tenían aceite, rápidamente se dirigieron a comprar para que sus lámparas estuvieran encendidas, "pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta".La parábola dice que ellas llegaron a la fiesta, pero era tarde; y el esposo no las reconoció.La puntualidad es una virtud cristiana, porque respetar la hora del comienzo de las clases, del trabajo y de la iglesia, significa respetar a los demás. El mundo, con su ostentación y sus pecados, muchas veces manifiesta más respeto por el cumplimiento de los horarios que algunas congregaciones que se dicen seguidoras del Señor de los cielos. No debiera ser así.Si en verdad estás esperando la llegada de Jesús al mundo, procura ser siempre puntual, sobre todo cuando asistas a la casa de Dios.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuel
Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:14.Rigoberto despertó con el rostro amarillo, ojeras profundas y una horrible sensación pastosa en la boca. Como un autómata, se levantó y se dirigió al baño. El encuentro con su imagen, ante el espejo, le produjo una horrible sensación de náuseas. Casi no se reconoció. Se lavó la cara con jabón, como si en aquel acto quisiese borrar de su mente el recuerdo de la noche de pecado que había vivido.No era la primera vez. El joven de ojos grises y sonrisa de niño ingenuo sabía que no podía continuar con aquella vida. Conocía los principios bíblicos desde niño. Pero, eso no marcaba mucha diferencia. Cuando la tentación surgía, se convertía en una pobre e indefensa víctima de las tendencias que cargaba en su naturaleza.Después de pecar se sentía sucio, inmundo, indigno del amor de Dios... y con ganas de morir. Había prometido a Dios tantas veces que su vida cambiaría. Pero, cuanto más lo intentaba, más se hundía en la arena movediza de sus pobres intenciones.Un día, en su desesperación, tomó la Biblia y encontró el versículo de hoy: "Si mi pueblo buscare mi rostro, yo sanaré sus tierras", expresaba la promesa.Sanar sus tierras; era eso lo que Rigoberto necesitaba. Sus tierras estaban enfermas de pecado. Nada podía hacer él para resolver ese problema, a no ser buscar a Dios.La palabra "buscar", en hebreo, es baqash; literalmente, significa "desear". Todo lo que Rigoberto necesitaba hacer era desear, mirar a Jesús, y decirle: "Señor, yo no puedo. Si dependiera de mí, estoy perdido. Por eso, vuelvo los ojos a ti. ¿Puedes hacer algo por este humilde pecador?" En ese momento, viene el cumplimiento de la promesa divina: "Yo sanaré tu tierra".Esa promesa continua válida para ti. Nada hay, en tu vida, que el Señor Jesús no pueda sanar. La enfermedad del pecado es la peor de todas las enfermedades, porque no solo mata el cuerpo sino también el espíritu. Pero, a lo largo de la historia, Dios siempre ha cumplido su promesa en la vida de aquellos que se han acercado a él con fe.¿Qué harás tú con la promesa? Sal, para enfrentar la batalla de hoy, recordando que "si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
Mejor es lo poco del justo que las riquezas de muchos pecadores (Salmos 37:16).La búsqueda incesante del progreso ha llevado al ser humano a luchar desenfrenadamente por disfrutar de una vida más cómoda y placentera. La tragedia de este propósito aparentemente noble es que, muchas veces, el mismo afán le ha impedido disfrutar de esa comodidad por la que tanto ha luchado.No es pecado esforzarse por vivir mejor. Los hijos de Dios no deben conformarse con vivir mediocremente. Nuestra calidad de vida debe ser digna representante del reino celestial del que somos embajadores. Pero esto no debe absorber todo nuestro tiempo. Hay personas que tienen todo lo que un ser humano necesita e incluso para derrochar, pero se sienten vacías, hasta el punto de anhelar una limosna de amor, felicidad y paz.El versículo de hoy nos asegura que la felicidad no consiste en tener muchas riquezas. Lo que verdaderamente importa es el bando donde nos encontramos, pues «mejor es lo poco del justo» que lo mucho del pecador.¿Eres pobre materialmente? ¿Careces de comodidades? Pon lo que tienes en las manos de Dios. Él puede hacer con eso poco, ganado justa y honradamente, mucho para tu bien. ¿Sientes que tus esfuerzos por salir adelante encuentran toda clase de obstáculos? Pídele a Dios fuerza y sabiduría. Él te hará más fuerte que Sansón y más sabio que Salomón. ¿La enfermedad asuela tu vida y disminuye tus posibilidades de lucha? Pon tu salud en las manos de Dios. Él puede levantarte y restaurarte.¿Los años han ido reduciendo tu fuerza física y limitando tus recursos? Encomienda tus pasos a Dios y verás que tu camino se allana y tu carga se aligera. ¿Te sientes desamparada tras haber vivido un trauma emocional? Pon tus dudas y temores en las manos de Dios, y el que sabe el número de tus cabellos no te desamparará.Detente a pensar por un momento: ¿Qué te falta? ¿Dinero, salud, amor, trabajo, amistades, una casa? Recuerda que tienes un Dios que lodo lo puede, incluso lo que para ti es imposible. Él espera que se lo pidas con fe y confiando en su infinita sabiduría.Dios siempre espera por ti.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Romanos 12:11.Ayer reflexionamos sobre la diferencia entre ser bueno y ser mejor. Hoy lo haremos sobre una virtud que nos ayuda a ser mejores: la diligencia.Mientras servía como capellán en un colegio adventista, tuve la alegría de conducir, año tras año, las semanas de celebración relacionadas con la Pascua. En estas semanas procurábamos que cada alumno del colegio recordara los sucesos finales de la vida de Jesús en la tierra: su pasión, muerte y resurrección.Para evitar repetir las predicaciones y las charlas de cada año, durante los meses de vacaciones escribí pequeñas obras de teatro que mostraran con sus mensajes algún aspecto de la obra redentora de Jesús. No era una tarea fácil. Además de la creatividad y el ingenio, había que pasar tardes enteras frente a la computadora escribiendo los diálogos, procurando que llevaran coherencia y cordura a lo largo de toda la obra. Además había que tener en claro qué mensaje quería dejar. Con esfuerzo y dedicación, después de varias semanas, tenía tres obras de teatro listas para ser presentadas.Como dediqué las obras a los alumnos, elegí como actores a varios profesores, y nos esforzamos en cada ensayo. El resultado fue satisfactorio. Dios coronó tantos meses de esfuerzo y dedicación con la aceptación plena de parte de los alumnos.Al concluir las presentaciones, alguien se acercó a pedirme los libretos, ya que como le habían gustado las obras de teatro, deseaba que se representaran en el colegio al que asistían sus hijos. Luego de comentarle del gran esfuerzo invertido al escribir las obras, me negué a compartirlas con ella, aunque eso provocó cierto enojo de su parte por algún tiempo.A causa de la mediocridad que afecta a muchos, es fácil copiar lo que hacen los demás. Es cómodo pedir el trabajo realizado por otro y querer luego representarlo, evitando así la fatiga de poner en marcha el talento, la imaginación y la perseverancia. Jamás caigas presa de esta actitud. Si deseas ser mejor, procura ser original, deja volar tu imaginación, sueña en grande y trabaja mucho para que esos sueños se hagan realidad. El apóstol Pablo le aconsejó a la iglesia de Roma: "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor", porque sabía que solo los cristianos diligentes ayudan y benefician a la iglesia.Que Dios te bendiga hoy, para que así como en tu desempeño estudiantil o profesional, seas también un cristiano diligente.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuel
Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas. Apocalipsis 3:4.Las personas en Sardis eran dignas. Dignidad, perfección, rectitud, justicia: cualidades deseadas que, al mismo tiempo, asustan. ¿Quién se atrevería a decir que es digno? Mucho menos, Charles.No es que Charles sea malo o que sea un pecador contumaz. Es, simplemente, un hijo de Dios que lucha todos los días para vivir en conformidad a las enseñanzas de la Palabra de Dios. Charles es la imagen de muchas personas que van a la iglesia todas las semanas. Es un buen ciudadano, buen padre, buen amigo, buen empleado; pero, de ahí a decir que es digno, perfecto, recto y justo... hay mucha distancia. Por lo menos, eso piensa Charles.Su problema es que no sabe qué patrones utilizar para medir su dignidad, su justicia, su perfección y su rectitud. Él se mide por aquello que le parece correcto; por lo que los otros dicen; por lo que hace, come o viste.El legalismo hace, de la propia vida, el centro de la experiencia cristiana. Se concentra en la opinión de las personas, y no en Dios ni en su amor. El legalismo despoja a la ley de la gracia; la deja, fría, seca y sin vida.La definición de "dignidad", tal como aparece en el texto de hoy, no es merecimiento; no es la recompensa por el buen comportamiento. No soy digno por lo que hago o dejo de hacer, sino por lo que creo y acepto.Las personas de Sardis eran dignas porque poseían vestiduras blancas. Esas vestiduras son el símbolo maravilloso de la justicia de Cristo. Esas personas no esgrimen su propia justicia, sino que se esconden en la justicia de Cristo; se visten con las ropas del Cordero, y Dios las ve como si nunca hubiesen pecado.Hoy es un nuevo día. Apodérate de la justicia de Cristo. No dirijas los ojos hacia tus propias consecuciones, ni confíes en lo que eres capaz de hacer. Si lo haces, quedarás frustrado. Confía en el Señor Jesús.Por eso, no salgas para enfrentar las luchas de este día sin arrodillarte, y pedir que la gracia maravillosa de Cristo cubra tus pecados. Y recuerda las palabras de Jesús: "Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas; porque son dignas".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón