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domingo, 29 de mayo de 2016

QUE NADIE CONDICIONE TU CONDUCTA

El evangelio no contiene nada que pueda dejar perplejo a nadie a menos que quiera voluntariamente quedar perplejo. Charles Spurgeon

Un policía de aduanas detiene a un camión que le parece sospechoso y ordena al camionero que salga del vehículo para registrarlo. Inspecciona meticulosamente la mercancía, retira las matrículas, los tapacubos y los parachoques, levanta las alfombrillas y desencaja los asientos, pero no encuentra ni rastro de ningún tipo de contrabando. El agente no tiene más remedio que dejar al camionero continuar su ruta.
Una semana después, el mismo camionero vuelve a atravesar la frontera. El policía, aún con más sospechas, nuevamente lo registra de arriba abajo, pero tampoco encuentra nada ilegal. Durante años se repite la misma escena, pero cada vez el agente utiliza métodos más sofisticados para intentar detener al contrabandista. Siempre con el mismo resultado. Tras toda una vida laboral, el agente va a jubilarse y, en su última guardia, reaparece el camionero: “Sé que usted es contrabandista, pero no sé qué carga transporta, ni dónde la esconde. Voy a jubilarme y le prometo que no haré nada, pero ¿podría decirme qué es lo que ha estado pasando y cómo?”, preguntó el policía. “Camiones”, respondió el contrabandista.
A veces nosotras actuamos como policías de aduanas. Inspeccionamos tanto a la persona que predica, nos complicamos tanto con ciertas doctrinas que finalmente son un misterio, u obligamos tanto al texto bíblico a encajar con nuestros conceptos racionales, que dejamos escapar lo obvio, de tan sencillo que resulta. Corremos así el riesgo de dejar pasar de largo la clave de la salvación. Porque la salvación es muy sencilla: se trata de confiar en Dios. No hacen falta métodos sofisticados de estudio, ni comprar grandes enciclopedias teológicas, ni apuntarse a un curso de griego o hebreo…
Cuando le preguntaron al renombrado teólogo Karl Barth cuál era la verdad más profunda que había aprendido a través de sus estudios teológicos, él contestó: “Sí, Cristo me ama, la Biblia dice así”.* Un simple canto infantil utilizó este erudito, autor de catorce gruesos volúmenes de teología, para remitirse a la esencia de la salvación. Así de sencilla; así de maravillosa. Mantengámosla así de comprensible, sin contaminarla con las filosofías que corren; todo es muy sencillo para quien somete su entendimiento a Dios “porque la oscuridad va pasando y ya brilla la luz verdadera” (1 Juan 2:8).

“Jesús dijo: ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos'” (Mat. 11:25).

En esto creemos (Doral, Florida: APIA; México D. F.: GEMA, 2012), p. 119.

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

viernes, 27 de mayo de 2016

QUE NADIE CONDICIONE TU CONDUCTA

No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal. Pablo

Un hombre recibió a un pariente en su hogar. A la mañana siguiente, anfitrión y huésped salieron a pasear juntos. Al salir del edificio, el anfitrión saludó cortésmente al portero, que respondió con un gruñido malhumorado. Ninguno de los dos caminantes le dio mayor importancia al episodio, y siguieron su camino. Al día siguiente se repitió la escena: el anfitrión cumplió con su habitual “buenos días, don Miguel”, y volvió a escuchar un murmullo similar al del día anterior. Cuando se repitió el suceso al tercer día, el huésped perdió la paciencia: “¡¿Cómo puedes saludar con tanta cortesía a una persona que siempre te responde mal?!” “Porque no permito que nadie condicione mi conducta”, fue la respuesta.*
Hay cuestiones menores que día a día parecen condicionar nuestra conducta, a pesar de que no implican ninguna gran injusticia. Una compañera de trabajo no tiene ganas de hablamos, y nosotras nos sentimos ofendidas y dejamos de hablarle durante una semana. Un hijo entra por la puerta de casa y no nos viene a dar el beso que esperábamos, y reaccionamos como si fuéramos nosotras las adolescentes. Un roce en la iglesia ha sacado lo peor de nosotras cuando en realidad no ha habido ninguna intención por la otra parte, simplemente así es la persona o nosotras veníamos cargadas de una conversación difícil en el auto con nuestro esposo… ¿Permitiremos que esas pequeñas experiencias diarias de descortesía y falta de sensibilidad, lamentables pero frecuentes, condicionen nuestra actitud? Es bueno tomar una decisión en frío, para poder llevarla a la práctica hoy mismo, cuando se produzca algún incidente que “saque lo peor de mí”.
Si existe una manera como hemos de comportamos siempre es “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Cor. 10:5, RV95) y no dejándonos vencer por el mal, sino al contrario, «venciendo con el bien el mal. No niego que es difícil llevar los pensamientos al cautiverio, pero es posible si hacemos de ello una firme determinación. Mi querida amiga, no te conviertas en enemiga de tu propia felicidad reaccionando ante cada acto de descortesía o permitiendo que la basura emocional que los demás arrojan en tu camino condicione tu conducta. Déjate afectar solo lo suficiente como para mostrarles un camino mejor, pero no más.
* http://www.elreloj.com/article.php?idH9283 [consultada en 2011].

Tomado de Lecturas Devocionales para Damas 2016
ANTE TODO, CRISTIANA
Por: Mónica Díaz
#AnteTodoCristiana #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMujeres #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

domingo, 18 de enero de 1976

SEGUIDORES CIEGOS

El que labra su tierra se saciará de pan; mas el que sigue a los vagabundos es falto de entendimiento. Prov. 12:11.

En los tiempos bíblicos la gente dependía del cultivo del suelo para su sostén. La persona que trabajaba persistentemente y confiaba en Dios siempre vivía satisfecha. Pero entonces, como ahora, había quienes pensaban que habían descubierto la manera de hacerse ricos a corto plazo. Generalmente esas personas confiaban demasiado en sí mismas y siempre fracasaban. Pero el fracaso no las detenía. Estaban seguras de ser lo suficientemente hábiles para descubrir la manera de vivir mejor y con menos trabajo. Posiblemente hablaban mucho acerca de su “instinto”. Jamás sigamos a tales personas.

Un naturalista francés llamado Fabre observó cierta vez la conducta de unas orugas. Nos servirán de ilustración para lo que queremos enseñar. Se trata de unas orugas que siempre van la una detrás de la otra, en procesión. Su alimento favorito son las hojas de pinos. Cierta vez Fabre puso una fila de estas orugas en el borde de un macetero. Puso al mismo tiempo una rama de pino en la mesa al lado del macetero. Hubiera sido muy sencillo para las orugas deslizarse por el costado del macetero y llegar a la rama de pino. Lo hubieran hecho fácilmente si se hubiera tratado de algún vegetal. Pero evidentemente estas orugas no saben comportarse cuando se encuentran con una superficie circular. Además, su instinto les dice que tienen que dejar una estela de seda por donde pasan, con el aditamento de que deben seguir el hilo de seda que encuentran ante sí.

En el borde de ese macetero, la oruga capitana exploró su camino en todo el contorno, mientras las demás seguían religiosamente tras ella, guiadas por el hilo de seda. Llegó el momento en que la capitana se encontró con su propio rastro de seda, y su instinto le indicó que lo siguiera, y no solamente el suyo, sino el de todas las otras orugas que iban detrás de ella. Esas orugas dieron vueltas sin parar por siete días seguidos, incapaces de quebrantar el hábito que habían contraído, y que no las llevaba a ninguna parte.

Allí también llegaremos nosotros si seguimos a alguien que no tiene buen juicio. Pablo dijo:
“Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21).


Devoción matutina

Por: Santiago A. Tucker.

«Maravillas de La Creación»