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jueves, 21 de febrero de 2013

PARA SER UN HIJO DE DIOS


Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12.

Si pudiéramos apreciar esta gran bendición, ¡qué ventaja sería para nosotros! Se nos da el privilegio de ser colaboradores de Dios en la salvación de nuestras almas. Recibir y creer es nuestra parte del contrato. Hemos de recibir a Cristo como nuestro Salvador personal, y hemos de continuar creyendo en él. Esto significa morar en Cristo, y [estando] en él, mostrar en todo tiempo y circunstancia, una fe que es una representación de su carácter: una fe que obra por el amor y purifica el alma de toda mancha...
Cada uno debemos obtener una experiencia por nosotros mismos. Nadie puede depender de la experiencia o práctica de cualquier otro individuo para salvarse. Cada uno debemos familiarizarnos con Cristo para poder representarlo adecuadamente al mundo... Ninguno de nosotros necesita excusar nuestro temperamento apresurado, nuestro carácter deforme, nuestro egoísmo, envidia, celo o cualquier impureza del alma, cuerpo o espíritu. Dios nos ha llamado a la gloria y la virtud. Hemos de obedecer el llamado...
¿Cómo podemos escapar del poder de uno que fuera una vez un ángel exaltado en las cortes celestiales? Él era un ser lleno de belleza y encanto personal, bendecido con un intelecto poderoso. Debido a su exaltación se creyó igual a Dios... ¿Cómo podemos discernir sus falsas teorías y resistir sus tentaciones? Solo a través de la experiencia individual ganada al recibir un conocimiento de Jesucristo nuestro Señor. Sin ayuda divina no podremos de manera alguna escapar las tentaciones y trampas que Satanás ha preparado para engañar las mentes humanas...
Hemos de andar como él anduvo, siguiendo de cerca sus pisadas, manifestando su mansedumbre y humildad... El servicio de Cristo es puro y elevado. El camino que él transitó no es de agrado propio o gratificación propia. El les habla a sus hijos y les dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16:24). El precio del cielo es el sometimiento a Cristo. El camino al cielo es la obediencia al mandato, "niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Como Jesús transitó, debemos transitar nosotros. El camino que él siguió, nosotros debemos seguir; porque ese camino conduce a las mansiones que él está preparando para nosotros.— Review and Herald, 24 de abril de 1900.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

domingo, 13 de mayo de 2012

HIJOS AGRADECIDOS


Respeten todos ustedes a su madre y a su padre [...] Yo soy el Señor su Dios. Levítico 19:3, NVI.

Ese día la clase estaba por finalizar. La maestra había hablado sobre las madres de la Biblia y entonces oró: «Dios, espero que alguna persona, en algún momento, funde un día especial para honrar a las madres por el servicio que prestan a la humanidad. Realmente lo merecen».
Quien así oró fue la Sra. Jarvis. Lo que ella nunca imaginó fue que Ana, su hija de doce años, quien estaba en el salón de clases, quedaría impresionada por esa oración. Cuando su madre falleció el 9 de mayo de 1905, Ana hizo cuanto pudo para crear un día en el que se honrara a las madres. Escribió cartas a ministros religiosos, hombres de negocios y políticos, en busca de apoyo para su proyecto.
Finalmente logró su anhelado objetivo. El proyecto llegó a las manos del presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, quien en 1914 designó el segundo domingo del mes de mayo para honrar a las madres. (The Founder of Mother's Day. http://www.wvgenweb.org/taylor/mothersday/jarvis.htm).
Muchos otros países siguieron el ejemplo y hoy, aunque la fecha no es la misma en todas partes, se rinde un justo homenaje al ser que nos llevó en su vientre y veló por nuestro bienestar desde el primer momento en que llegamos a este mundo. Es verdad que al igual que en otros casos, la fecha ha sido transformada por el excesivo mercantilismo, pero hay que admitir que nos brinda la ocasión de demostrar a nuestras madres lo mucho que apreciamos lo que han hecho por nosotros y por la humanidad en general.
¿Deberíamos esperar que llegue ese día especial para demostrarles lo mucho que las amamos? Por cierto que no. En ese día el mundo las honra de manera especial, pero es nuestro privilegio demostrarles cada día nuestro aprecio y lo mucho que las amamos.
Padre amado, danos un corazón agradecido para reconocer cada día lo mucho que nuestros padres hacen por nosotros.
Algunos hijos esperan hasta muy tarde en la vida para mostrarse agradecidos. Otros lo hacen ante del féretro de la madre muerta, cuando sus expresiones de gratitud no tienen ningún sentido. Para los hijos agradecidos, sin embargo, cada día es bueno para demostrar a sus madres (y también a los padres, por supuesto), lo mucho que los aman.
Este día nos brinda una buena oportunidad para hacerlo. Realmente lo merecen.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala