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sábado, 11 de mayo de 2013

RECUERDA EL ÚNICO MANDAMIENTO CON PROMESA - 2

Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios (Éxodo 20:12).

Viktor Frankl, desconcertado, salió a caminar para resolver el dilema: partir a los Estados Unidos o quedarse con sus padres para sufrir a manos de los nazis. No veía la manera de hallar una solución cabal. «¿Cuál era mi responsabilidad? ¿Ocuparme de mis padres?» Luego dijo: «En un momento así uno espera una señal del cielo».
Regresó a su casa lleno de pesadumbre. Al entrar observó un pequeño pedazo de mármol sobre la repisa de la chimenea. Se dirigió a su padre:
—¿Qué es eso?
—¿Esto? Oh, lo he tomado hoy de unos escombros, allí donde antes se encontraba la sinagoga que han quemado. El pedazo de mármol es una parte de las tablas de los mandamientos. Si te interesa puedo decirte también de cuál de los mandamientos es el signo en hebreo que se encuentra allí grabado. Porque solo existe un mandamiento que lo lleva como inicial.
—¿Cuál es? —le insistí a mi padre.
Entonces me dio la respuesta:
—«Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da el Señor tu Dios».
«Así es que me quedé en la tierra... junto a mis padres», confiesa Frankl.
Por eso, dejó caducar el visado para los Estados Unidos y sucedió lo previsible. Pocas semanas después la familia Frankl fue deportada al campo de concentración de Auschwitz. Allí se separó de su esposa, Tilly, de la que nada supo durante todo el tiempo del cautiverio. De su madre se despidió en el campo de concentración de Theresienstadt.
Al presagiar una despedida para siempre, le pidió su bendición. Así cuenta lo que ocurrió: «Nunca olvidaré cómo ella, con un grito que le brotaba de lo más profundo de su ser, y que solo puedo calificar de fervoroso, dijo: "Sí, sí, yo te bendigo", y luego me dio la bendición».
Pocos días antes había visto morir a su padre en el campo de concentración de Theresienstadt, en una agonía dolorosa. «Pero tenía la sensación más maravillosa que uno pueda imaginar: había hecho lo que tenía que hacer, permaneciendo en Viena por mis padres, acompañándolos hasta la muerte y evitando un sufrimiento mortal innecesario a mi padre».
Este mandamiento, el quinto, es muy importante. Es el único que tiene una promesa. Acuérdate del quinto mandamiento. Honra a tus padres. Ámalos. Obedécelos. Cuídalos en su vejez. Si ya han pasado al descanso, honra su memoria. Recuerda que Dios aprecia y valora lo que hagas por tus padres.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

jueves, 28 de marzo de 2013

DE LA GLORIA A LA VERGÜENZA

Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. 1 Juan 4:7.

Cuando era niña, le regalé a mi madre un cuadro de yeso en el que estaban pintadas unas hermosas rosas rojas, y una leyenda que decía: «Amor de madre, abismo sin medida». Yo quise expresar con aquel obsequio el gran amor que sentía por ella, sin darme cuenta de que la leyenda hacía alusión al gran y profundo amor que ella sentía por mí. Las madres son capaces de tener esos sentimientos porque Dios puso en ellas esa manera tan generosa y sublime de amar.
Me atrevo a decir que casi ningún amor terrenal puede ser comparado con este. Sin embargo, el amor del Hijo de Dios sobrepasa el entendimiento humano; él nos ama tanto que dejó su reino de gloria para experimentar la muerte ignominiosa resultado de la miseria humana. Por amor a nosotros estuvo dispuesto a:
  • Tomar la naturaleza humana, haciéndose sensible a nuestras necesidades. «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel (que significa "Dios con nosotros")» (Mat. 1: 23).
  • Experimentar la pobreza: «Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos [...], pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mat. 8: 20).
  • Humillarse a sí mismo y cargar él solo con el peso de nuestros pecados: «Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados» (1 Ped. 2: 24).

Hermana, ¿qué harás hoy en reciprocidad a este amor tan grande e inmerecido? Dios desea que ames con un amor sacrificado a todas las personas que están cerca de ti, y que muchas veces te resulta difícil amar.
¿Por qué, como madres, somos capaces de amar hasta dar la vida por nuestros hijos y no tenemos la capacidad de amar de esa forma al prójimo? Tal vez sea tu nuera, tu suegra, un hijo rebelde o un vecino insensible.... Si consigues amarlo de todo corazón, será una señal cíe que el amor de Cristo ha tocado tu vida, y ese es el mayor privilegio que puede, tener un mortal. Que tu oración para hoy sea: «Señor, enséñame a amar como tú me amas».

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

domingo, 13 de mayo de 2012

HIJOS AGRADECIDOS


Respeten todos ustedes a su madre y a su padre [...] Yo soy el Señor su Dios. Levítico 19:3, NVI.

Ese día la clase estaba por finalizar. La maestra había hablado sobre las madres de la Biblia y entonces oró: «Dios, espero que alguna persona, en algún momento, funde un día especial para honrar a las madres por el servicio que prestan a la humanidad. Realmente lo merecen».
Quien así oró fue la Sra. Jarvis. Lo que ella nunca imaginó fue que Ana, su hija de doce años, quien estaba en el salón de clases, quedaría impresionada por esa oración. Cuando su madre falleció el 9 de mayo de 1905, Ana hizo cuanto pudo para crear un día en el que se honrara a las madres. Escribió cartas a ministros religiosos, hombres de negocios y políticos, en busca de apoyo para su proyecto.
Finalmente logró su anhelado objetivo. El proyecto llegó a las manos del presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, quien en 1914 designó el segundo domingo del mes de mayo para honrar a las madres. (The Founder of Mother's Day. http://www.wvgenweb.org/taylor/mothersday/jarvis.htm).
Muchos otros países siguieron el ejemplo y hoy, aunque la fecha no es la misma en todas partes, se rinde un justo homenaje al ser que nos llevó en su vientre y veló por nuestro bienestar desde el primer momento en que llegamos a este mundo. Es verdad que al igual que en otros casos, la fecha ha sido transformada por el excesivo mercantilismo, pero hay que admitir que nos brinda la ocasión de demostrar a nuestras madres lo mucho que apreciamos lo que han hecho por nosotros y por la humanidad en general.
¿Deberíamos esperar que llegue ese día especial para demostrarles lo mucho que las amamos? Por cierto que no. En ese día el mundo las honra de manera especial, pero es nuestro privilegio demostrarles cada día nuestro aprecio y lo mucho que las amamos.
Padre amado, danos un corazón agradecido para reconocer cada día lo mucho que nuestros padres hacen por nosotros.
Algunos hijos esperan hasta muy tarde en la vida para mostrarse agradecidos. Otros lo hacen ante del féretro de la madre muerta, cuando sus expresiones de gratitud no tienen ningún sentido. Para los hijos agradecidos, sin embargo, cada día es bueno para demostrar a sus madres (y también a los padres, por supuesto), lo mucho que los aman.
Este día nos brinda una buena oportunidad para hacerlo. Realmente lo merecen.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

jueves, 10 de mayo de 2012

TU «MARCA DE FÁBRICA»


Todo lo hace bien. ¡Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen! Marcos 7:37

Hoy día algunas marcas de fábrica han llegado a alcanzar un nivel tan elevado de excelencia en sus productos, que «venden» solo con el nombre. Y lo mismo sucede con algunos deportistas, escritores y estrellas del espectáculo.
¿Te has preguntado alguna vez lo que pensará la gente cuando escucha tu nombre? ¿Qué pensará cuando oye el mío? ¿Qué «vende» nuestro nombre? ¿Es la excelencia nuestra «marca de fábrica»? ¿Y qué es la excelencia, a fin de cuentas?
Según lo expresa un autor, «la excelencia es la singular actitud de hacer siempre lo mejor posible hasta completar la tarea» (P. R. Lidstrom, «Excelencia: ¡Cuan pocos la logran!», Revista adventista, ed. interamericana, mayo de 1974, p.3).
¿Es así como haces las cosas? ¿Puede la gente comprobar, por la forma como vistes, como hablas, como trabajas, que la excelencia es tu sello de identidad?
Si esta es tu experiencia, entonces en tu vida estás honrando el nombre de Dios, porque a Dios le agrada la excelencia. ¿No dice la Escritura que Dios todo lo creó «bueno en gran manera»? ¿Y que el Señor Jesús todo lo hacía bien (Mar. 7:37)?
Ahora bien, si excelencia equivale a un trabajo de primera clase, superior, como el realizado por Dios al crear los mundos, entonces la pregunta obligada es: ¿con qué propósito? Es decir, ¿excelencia para qué? Para el servicio a Dios y a nuestros semejantes, tal como lo expresan las siguientes palabras del libro Patriarcas y profetas: «Todas las distintas capacidades que el hombre posee —de la mente, del alma y del cuerpo— le fueron dadas por Dios para que las dedique a alcanzar el más alto grado de excelencia posible. Pero esta cultura no puede ser egoísta ni exclusiva [...]. Toda facultad y todo atributo con que el Creador nos haya dotado deben emplearse para su gloria y para el ennoblecimiento de nuestros semejantes» (pp. 584, 585).
Te desafío para que hoy hagas todo lo que puedas, de la mejor manera que puedas. Dios lo espera. Y él estará cerca de ti para ayudarte.

Señor, capacítame para hacer siempre lo mejor, para tu gloria y para el servicio de mis semejantes.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

miércoles, 14 de marzo de 2012

MI PERSONAJE FAVORITO

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente. Josué 1:9, NRV2000.

¿Hay en la historia de nuestra iglesia algún personaje al que puedas llamar «tu ¿favorito»? A ver si adivinas el mío:
- A los 21 años se convirtió en uno de los principales redactores de la revista oficial de nuestra iglesia.
- Llegó a ser uno de los intelectuales más brillantes de la denominación.
- Fue el primer misionero adventista oficial de ultramar.
¿Su nombre? John Nevins Andrews. Por razones de salud, John tuvo que abandonar la escuela a los once años. Pero este hecho no lo desanimó. Por pedido de él, su padre le compró libros. Fue así como aprendió hebreo, griego y latín para comprender mejor las Sagradas Escrituras. Cada día se levantaba muy temprano para estudiar y, según escribe Adriel Chilson, «doquiera que iba llevaba consigo Un libro y, cada vez que tenía un momento libre, aprovechaba para leer» (They Had a World to Win [Ellos tenían un mundo que ganar], p. 58).
Por ello no sorprende saber que cuando tenía penas catorce años, John ya era un reconocido predicador. Llegó a ser uno de los teólogos y escritores más respetados de los primeros años de nuestra iglesia. Su conocimiento de la Biblia era tan amplio que se llegó a decir que podía repetirla de memoria. Para escuchar de sus propios labios la verdad del asunto, otro pionero de la iglesia, Juan Loughborough, le preguntó:
—Dime John, ¿es verdad que puedes repetir la Biblia de memoria? —Bueno, si el Nuevo Testamento fuera destruido, creo que podría reproducirlo palabra por palabra. En cuanto al Antiguo, no podría decir lo mismo (Everett Dick, Fundadores del mensaje, pp. 212, 213).
¡Qué tremendo! Si a esto añadimos que aprendió francés, italiano y alemán cuando fue misionero en Europa, la conclusión obligada es que J. N. Andrews demostró lo mucho que un joven puede hacer cuando decide vivir para la gloria de Dios. ¡Bien ganado tuvo el honor de que nuestra universidad insignia (la Universidad Andrews) lleve hoy su nombre!
¿Tienes pocos talentos? ¿Eres parte de una familia pobre? ¿Tienes algún impedimento físico? No te desanimes. Dios quiere que te esfuerces y que seas valiente, porque él promete estar contigo dondequiera que vayas (Jos, 1:9).
Señor, dame valor para llegar a ser todo lo que tú quieres que yo sea.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala

miércoles, 15 de febrero de 2012

«CREADOS PARA BUENAS OBRAS»

«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5: 16).

Dios nos creó para hacer buenas obras. «Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efe. 2: 10).
«En su divina disposición, en virtud del favor inmerecido del Señor, él ha ordenado que las buenas obras sean recompensadas. Somos aceptados solo por los méritos de Cristo; y los actos de misericordia, las acciones de caridad que realizamos, son los frutos de la fe, y llegan a ser una bendición para nosotros; pues los hombres serán recompensados de acuerdo con sus obras. Es la fragancia de los méritos de Cristo lo que hace aceptable para Dios nuestras buenas obras, y es la gracia la que nos capacita para hacer las obras por las cuales él nos recompensa. Nuestras obras mismas» Y Por sí mismas, no tienen ningún mérito. Cuando hemos hecho todo lo que nos es posible hacer, debemos considerarnos como siervos inútiles. No merecemos ninguna gratitud de parte de Dios. Solamente hemos hecho lo que es nuestro deber hacer, y nuestras obras no podrían haber sido hechas con la fuerza de nuestra propia naturaleza pecaminosa» (Mensajes selectos, t. 3, pp. 227, 228). El objetivo de las buenas obras no es llamar la atención sobre nosotros mismos, sino inducir a los demás para que miren a nuestro Padre celestial.
Esta cuestión es fundamental porque tendemos a hacer buenas obras para impresionar a los demás.
Nuestra naturaleza soberbia y pecaminosa nos lleva a practicar buenas obras por razones egoístas.
Supongamos que alguien está enfermo y que el diablo entra en la habitación y lo sana. ¿Podríamos decir que el diablo hizo una «buena obra» porque curó al enfermo? La respuesta es que no. Satanás nunca haría nada que pudiera glorificar a Dios. De hecho, cualquier cosa que haga el maligno, por buena que parezca, tiene un único fin: causar la ruina eterna de la persona a la que, en apariencia, ha ayudado. De la misma manera, aunque esté revestido de una apariencia de bondad, lo que no se hace para gloria de Dios nunca traerá nada bueno.
Que Dios nos ayude para que, si comemos, bebemos o hacemos cualquier otra cosa, sea todo para la gloria de Dios (1 Cor. 10: 31). (Basado en Mateo 5:)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

sábado, 9 de julio de 2011

UNA HISTORIA ESCRITA CON SANGRE

A filo de espada mataron a Hamor y a su hijo Siquem, y tomando a Dina de casa de Siquem, fe fueron (Génesis 34:26)

Las funestas consecuencias del libertinaje de Dina trajeron oprobio, a la familia del patriarca. Los hijos de Jacob, impulsados por un deseo de venganza, tomaron la justicia en sus manos, olvidando que solo Dios sabe hacer justicia. ¡Cuánto se podía haber evitado si Dina no se hubiera interesado por la vida de sus vecinas paganas!
La Biblia es categórica al afirmar que la amistad con el mundo se convierte en enemistad contra Dios (ver Sant. 4: 4). ¿No nos ha mandado Dios ir a los perdidos y predicarles el mensaje de salvación? Dina podía haber llevado a sus vecinas el conocimiento del verdadero Dios.
Hay mujeres que piensan que no corren peligro al implicarse emocionalmente con hombres que no pertenecen al pueblo de Dios. Justifican sus acciones diciendo que van a evangelizarlos, pero sucumben ante las telas de araña que el enemigo va entretejiendo. Podemos llevar el mensaje sin ningún tipo de prejuicio a todas las personas, pero esto dista mucho de mezclarnos con ellos y dar ventaja al enemigo.
Vilma era una joven muy activa en la iglesia hasta que un joven cautivó su atención. El muchacho quiso recibir estudios bíblicos y comenzaron a tener una relación más allá de la obra misionera. Pronto se hizo público su compromiso y a Vilma no dejaron de lloverle consejos y amonestaciones. Pero para ella todos parecían estar equivocados, incluso la Biblia. Estaba convencida de que tendría un hogar feliz, porque su futuro esposo estaría de acuerdo con su estilo de vida cristiano y no le prohibiría nada. Tampoco descartaba la posibilidad de que un día él fuera miembro de su iglesia, como había sucedido en otros casos. Así que Vilma continuó con sus planes de matrimonio. Pero Dios la amaba mucho, y tenía grandes propósitos para ella. Aquel joven tuvo relaciones sexuales con otra joven de la iglesia y Vilma, aunque destrozada emocionalmente, quedó libre.

Dios tiene grandes planes para tu vida. Escribe tu historia solo con la sangre de Cristo. Las decisiones que tomas hoy son el fruto que recogerás mañana.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera