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miércoles, 12 de junio de 2013

LA GALLINA CIEGA

Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él. Colosenses 3:17.

Hace algún tiempo comencé a observar que una sección del césped de mi jardín había perdido su verdor. Se veía amarillento y pronto se marchitó hasta morir. En la siguiente visita que el jardinero hizo a mi casa le pregunté la razón de aquello. Él me dijo, después de reflexionar un poco: «Es por la gallina ciega». Ese es uno de los nombres con que se conoce a cierto escarabajo del género Phyllophaga. El jardinero me explicó que ataca la raíz de las plantas hasta hacerla morir. Durante algún tiempo estuve tratando de acabar con aquella plaga utilizando insecticidas. No obstante, aunque la situación mejoraba por un tiempo, el resultado era el mismo: la planta moría. Entonces, sin otro recurso, seguí el consejo del experto: quitar el césped enfermo y sembrar semillas nuevas.
Ese incidente doméstico me hizo pensar en el efecto de los malos hábitos sobre nuestra vida. Llegan a nosotras y se van introduciendo poco a poco en nuestra rutina diaria, hasta llegar a formar parte de nuestra personalidad. Una vez instalados ahí, hacen su trabajo silencioso aunque destructivo, hasta que llegan a formar parte de nuestro estilo de vida. Podríamos pensar que un mal hábito quizá desaparezca con algo de dominio propio, pero en ocasiones se tornará más fuerte hasta que se apodere de nuestra vida. Los estudiosos de la conducta humana aseguran que un mal hábito únicamente puede eliminarse si lo reemplazamos por otro. Es parecido a lo que sucedió en mi jardín: tuve que quitar de raíz la hierba y sembrar en su lugar nuevas plantas.
Los malos hábitos nos esclavizan, dominan nuestro comportamiento hasta llevarnos a la destrucción total. No intento ser sensacionalista, pero esta es la realidad, aunque nos parezca exagerada. Algunos mentirosos, ladrones, delincuentes y estafadores quizá comenzaron su mal proceder muy temprano en la vida, y todo ello se fue afianzando por medio de la repetición de dichos actos negativos.
Se dice que una acción repetida, continua y constante toma aproximadamente quince días para convertirse en un hábito. Cuanto más repitamos la misma conducta, más fuertes se volverán nuestros ismos. Por eso deseo invitarte a desarraigar, con la ayuda de Dios y con determinación personal, todo hábito pernicioso que pueda haber en tu vida antes de que te destruya.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

jueves, 18 de abril de 2013

LA CASA EN LLAMAS

Lugar: España
Palabra de Dios: Filipenses 4:8

Amanda tosió, mientras trataba de encontrar una manera de salir de su casa que se incendiaba; pero, estaba atrapada. Las llamas subían, devorando todo lo que tocaban. Un humo denso llenaba el aire.
Oyendo sirenas a la distancia, ella esperaba que los bomberos llegaran a tiempo para rescatarla. Unos minutos más tarde, uno de ellos la sacó del edificio en llamas.
-Tiene suerte -le dijeron los paramédicos -. Tiene solo algunas heridas leves.
Pero, Amanda no se sentía con suerte. Los bomberos lograron apagar el incendio, pero la mitad de su casa se había quemado. La mitad de sus posesiones había desaparecido.
El fuego había comenzado mientras ella cocinaba. Los ingredientes especiales que estaba usando incluían agua, aceite, alcohol y dentífrico. ¿Qué estaba tratando de hacer con esa mezcla poco apetitosa? Amanda confesó que había leído una historia sobre poderes y pociones mágicos, y estaba tratando de crear su propia poción mágica.
Suena tonto, ¿no es cierto? Pero, muestra, como ilustración, lo importante que es ser cuidadosos al elegir lo que ponemos en nuestra mente: lo que leemos, lo que miramos, lo que escuchamos. Algunas personas dicen: "A mí eso no me afecta"; "A mí no me hace nada"; "Yo sé que no es verdad".
La verdad es que lo que ponernos en nuestra mente nos afecta de alguna manera, aun si no termináramos incendiando una casa. Así que, este es un buen consejo: "Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio".
No llenes tu mente de basura. Pide a Dios que te ayude a ser sabio en cuanto a lo que lees, lo que miras y lo que escuchas.

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

domingo, 15 de julio de 2012

¡CON AMIGOS ASÍ…!


Júntate con sabios y obtendrás sabiduría; júntate con necios y te echarás a perder. Proverbios 13:20.

«Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?» Quizás no hay mejor ejemplo para ilustrar este dicho popular que el que nos dan las Escrituras, cuando Amnón, el hijo mayor de David, necesitó la ayuda de su amigo Jonadab.
Cuenta el relato bíblico que Amnón se enamoró perdidamente de Tamar, su medio hermana y hermana de Absalón (ver 2 Sam. 13). El «enamoramiento» de Amnón hacia Tamar fue tal que, según las Escrituras, el joven se enfermó de angustia.
Cierto día Amnón se encontró con su amigo, el astuto Jonadab. Entonces Amnón le «abrió su corazón», a la espera de una palabra de consejo. Y eso fue exactamente lo que hizo su «buen amigo» Jonadab. Solo que su consejo no pudo ser peor: Le aconsejó que se acostara y fingiera estar enfermo para que así pudiera atraer a Tamar a la cama y abusar de ella. Amnón siguió el consejo al pie de la letra (ver vers. 6-8). Le pidió a Tamar que le preparara comida y se la llevara a su cama. Cuando, con toda candidez, Tamar accedió, entonces Amnón «la forzó y se acostó con ella» (vers. 14).
¿No se daba cuenta Jonadab de lo perverso que era su consejo? ¿No se daba cuenta de que, además de perverso, era un plan estúpido? Estamos hablando de la hija del rey y hermana de un príncipe (Absalón). No había la más mínima posibilidad de que Amnón se saliera con la suya. Y así fue. Amnón pagó su infamia con su propia sangre, pues Absalón mandó que lo asesinaran (vers. 23-29).
Por supuesto, la decisión de violar a Tamar fue de Amnón, quien por lo demás no era ningún santo; sin embargo, es de esperar que los buenos amigos nos aconsejen sabia y oportunamente en los momentos de crisis.
Lo más cruel de todo este incidente es que Jonadab no derramó ni una lagrimita por su amigo muerto, cuya ruina él mismo contribuyó a labrar con su perverso consejo. Todo lo contrario. Habló de la muerte de Amnón como una consecuencia natural de haber violado a Tamar (vers. 32). ¡Que cosas tiene la vida!
¿Cuál es la lección? Escoge muy bien a tus amigos porque, tarde o temprano, ellos serán tus consejeros.  Y, con amigos como Jonadab, ¿quién necesita enemigos?
Padre mío, ayúdame a rodearme de amigos que teman y respeten tu nombre.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
Dímelo de frente
Por Fernando Zabala