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domingo, 17 de abril de 2016

EL PADRE QUE TE CARGA

“¡Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas!” Salmos 8:19.

¿Has oído hablar de Yu Xukang? Estoy casi seguro de que no sabes nada de él, ya que el señor Xukang no es un encumbrado político, no es un artista famoso, no es un empresario de éxito, ni es un conocido líder espiritual. Sin embargo, Yu Xukang es más que todo eso: es un padre que ama a su hijo, y esto lo hace digno de mención.
El hijo de Xukang, que sufría de parálisis y no podía caminar, fue rechazado en todas las escuelas de su comunidad debido a su problema físico. Esto lo condenaba no solo a la inmovilidad física, sino también a la mental; sin embargo, Xukang estaba convencido de que su pequeño tenía un cerebro saludable y anhelaba darle una buena educación. ¿Pero qué se puede hacer cuando ningún maestro quiere tener a un paralítico entre sus alumnos?
¿Sabes qué hizo Xukang? No se rindió y siguió buscando un centro educativo donde su hijo fuera aceptado. Finalmente, lo encontró. Solo que había un problema: la escuela se hallaba a veintiocho kilómetros de distancia de donde vivía Xukang. “Bueno -pensarás para tus adentros- eso se resuelve fácil: ¡qué vaya en autobús!” Pero Xukang no tenía dinero para pagarlo. Y aquí es donde ocurre lo maravilloso: Xukang preparó una cesta de mimbre para llevar a su hijo diariamente, sin faltar nunca, a la escuela. ¿Y cómo lo hace? ¡Caminando con él sobre sus hombros! ¡Qué buen padre es Xukang! No se rindió, procuró por todos los medios un mejor futuro para su hijo. ¿Te gustaría tener un padre así?
Si alguna vez te has sentido denigrado a causa de tu condición, o has creído que tus maestros te rechazan, o supones que no tienes un padre como el de Xukang que se empeñe en ayudarte, recuerda siempre que tienes un Padre en el cielo que en todo momento está listo para llevarte sobre sus hombros, que no te dejará abandonado por las limitaciones físicas, emocionales o espirituales que pueda haber en tu vida.
Como el hijo de Xukang, deja que sea Dios el que cargue contigo. “Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti” (Salmo 55:22, NTV).

Tomado de Lecturas devocionales para Jóvenes 2016
“VISITA MI MURO, 366 MENSAJES QUE INSPIRAN”
Por: J. Vladimir Polanco
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lunes, 1 de febrero de 2016

PADRE ADÁN

Y llamó Adán el nombre de su mujer Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes (Génesis 3: 20)

-¿Con quiénes se casaron los hijos de Adán? -preguntó Ana a su maestra de Biblia después de la clase.
Tomada por sorpresa, la profesora Luda pidió a Ana que repitiera su pregunta.
-Lo que quiero saber es, considerando que no había otras familias con hijas con las que pudieran casarse Caín y Set, ¿quiénes se casaron con ellos?
La profesora Lucía sonrió.
-Tienes razón -le explicó-. No había otras familias en la Tierra; Dios había creado solamente a Adán y a Eva. Pero la primera pareja tuvo muchos hijos, y con el correr del tiempo los hermanos y las hermanas se casaron entre ellos.
Ana, con el ceño fruncido, dijo:
-Pero… ¿cómo sabes eso? Pensé que Adán y Eva solo habían tenido a Caín, Abel y Set. Yo no pensaba que hubiesen tenido alguna hija…
La profesora tomó su Biblia.
-Veamos lo que dice el Génesis -dijo.
Dirigiéndose al capítulo cinco, encontró el versículo que estaba buscando.
-Después del nacimiento de Set -leyó-, Adán vivió ochocientos años y tuvo otros hijos e hijas (Gén. 5:4).
Entonces la maestras Lucía pasó su Biblia a Ana, para que ella pudiera leerlo.
Con una sonrisa, Ana le devolvió la Biblia a su maestra.
-Nunca me había dado cuenta de esto -le dijo-. Pienso que esa es la razón por la que esta clase me gusta tanto: siempre encontramos las respuestas en la Biblia.

SPLASH:
Adán tenía 687 años cuando, en la octava generación humana, nadó Matusalén. Durante 243 años Matusalen pudo pasar tiempo con Adán. Noé nació 126 años después de que Adán falleciera, Matusalén fue su abuelo y le contó las historias de los orígenes.

¿Y AHORA?
¿Qué otro tipo de preguntas podría hacerte la gente que tú podrías responder con la Biblia? ¿Cómo puedes saber dónde encontrar las respuestas?

Tomado de: Matinal para Adolescentes 2016
“Intensamente, Ejercita tu Cerebro”
Compilado por Penny Estes Wheeler
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sábado, 1 de junio de 2013

JESÚS ES DIOS

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14.

Cristo vino al mundo para revelar el carácter del Padre y para redimir a la raza caída. El Redentor del mundo era igual con Dios. Su autoridad era como la autoridad de Dios. Declaró que no había existido separado del Padre. La autoridad con la cual él hablaba y hacía milagros era expresamente suya, y sin embargo nos asegura que él y el Padre son uno...
Jesús ejerció como legislador la autoridad de Dios; sus órdenes y decisiones estaban respaldadas por la Soberanía del trono eterno. La gloria del Padre se revelaba en el Hijo; Cristo manifestó el carácter del Padre. Estaba tan perfectamente relacionado con Dios... que el que había visto al Hijo había visto al Padre. Su voz era como la voz de Dios...
Cristo fue juzgado erróneamente por los judíos porque no se concentraba constantemente en la ley escrita en las tablas de piedra. Invitaba a hombres y mujeres a aprender de él, porque él era una representación viva de la ley de Dios... Él sabía que nadie podía señalar un defecto en su carácter o conducta. ¡Cuánto poder le otorgó a sus instrucciones su pureza intachable, cuánta fuerza a sus reproches, cuánta autoridad a sus mandatos! La verdad nunca languideció en sus labios, nunca perdió su carácter sagrado, porque era ilustrada en el carácter divino' de su Defensor...
Cuando Jesús hablaba, no era con incertidumbre vacilante, con repetición de palabras y figuras comunes. La verdad salía de sus labios revestida en representaciones nuevas e interesantes que le daban la frescura de una nueva revelación. Su voz nunca fue entonada en una clave antinatural, y sus palabras eran expresadas con un fervor y una seguridad apropiados a su importancia y las consecuencias tremendas de recibirlas o rechazarlas. Cuando alguien se oponía a sus doctrinas, las defendía con un celo y una certidumbre tan grandes que sus oyentes recibían la impresión de que él habría muerto, si hubiera sido necesario, para sostener la autoridad de sus enseñanzas.
Jesús era la luz del mundo. Vino de Dios con un mensaje de esperanza y salvación a los descendientes caídos de Adán. Si los hombres y mujeres solo lo recibían como su Salvador personal, él prometía restaurar en ellos la imagen de Dios y redimir a todos los que se habían perdido por el pecado. Les presentaba la verdad sin entretejerle una fibra de error.— Review and Herald, 7 de enero de 1890; parcialmente en Comentario Bíblico Adventista, tomo 7a, p. 260.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White