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viernes, 20 de enero de 2012

EL HOMBRE MÁS HUMILDE DEL PUEBLO

«Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo; hermoseará a los humildes con la salvación» (Salmo 149:4).

Había una vez un pueblo en el que alguien sugirió que se reconociera de manera especial a la persona más humilde. La población era pequeña y todos se conocían, por lo que decidieron que alguien fuera puerta por puerta y preguntara a los vecinos quién ellos creían que era la persona más humilde del lugar. De modo que uno fue puerta por puerta por toda la población y la respuesta fue unánime: casi todos votaron por la misma persona. Por tanto, decidieron que honrarían al hombre otorgándole una distinción especial; una banda en la que se leía: «Al hombre más humilde del pueblo».
Prepararon la cinta y eligieron una fecha para que el alcalde hiciera entrega de la distinción en el salón de actos de la escuela secundaria. Diríase que todos los lugareños asistieron al acto.
La orquesta de la escuela secundaria tocó una música. Cuando el alcalde hubo pronunciado su discurso en reconocimiento a tan especial ciudadano, pidieron al hombre que subiera al estrado para hacerle entrega de la banda distintiva. El público se puso en pie y estalló en una cerrada ovación.
Al día siguiente, el alcalde tuvo que retirarle la banda... ¡porque el hombre todavía la llevaba puesta! Una persona humilde de verdad no lo habría hecho.
Por supuesto esta historia no es más que una parábola; pero la lección es clara: El que es verdaderamente humilde no se jacta de ello porque, al hacerlo, deja de ser humilde. He aquí algunas maneras de comprobar si una humildad es genuina:
1. Una persona humilde no trata de ser el centro de atención. Recuerde que Jesús reprendió a los fariseos por su ansia de aplauso. «Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres» (Mat. 23: 5).
2. Una persona humilde no se apresura a expresar sus opiniones. «El necio da rienda suelta a toda su ira, pero el sabio, al fin, la apacigua» (Prov. 29: 11).
3. Una persona humilde no busca venganza. «No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor"» (Rom. 12: 19).
Si una persona es verdaderamente humilde, todos lo sabrán menos ella. (Basado en Mateo 5: 5)

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill

jueves, 14 de julio de 2011

SOLO LA MITAD

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir. (Mateo 25:13)

La parábola de las diez vírgenes es un tema recurrente en muchos sermones en los que se resalta la importancia de estar preparados para cuando Cristo vuelva. Pero de ella podemos aprender hoy otras lecciones.
La palabra «insensata» es sinónimo de «desaconsejada», por lo que podemos decir que las personas que no reciben consejo son insensatas. Un proverbio muy popular nos advierte de que «el que no oye consejo, no llega a viejo». Por supuesto, el que no oye consejos constructivos que se nos dan para nuestro bien.
Estas muchachas a las que Jesús llama insensatas habían recibido el buen consejo de hacer provisión para sus lámparas por si el novio se retrasaba, pero unas lo escucharon y otras no. Escuchar no siempre resulta agradable. El oído humano, aunque no tan sensible como el de algunos animales, a veces solo escucha lo que le gusta oír. Aunque tal vez sabemos que el consejo que estamos recibiendo es sabio, nuestra debilidad, alimentada por la complacencia propia, nos gana la batalla. ¡Cuántos tragos amargos ocasiona no prestar oído al consejo sabio!
Diariamente escuchamos la voz divina que nos habla a través de, agentes humanos en forma de consejos. Ser sabios en nuestra propia opinión resulta un peligroso camino que transitar. La famosa afirmación de Sócrates «solo sé que no sé nada» va más allá del mero conocimiento intelectual o científico. El ser humano no vive lo suficiente como para salir airoso de todas las vicisitudes de la vida, por lo que «cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar».
Estas muchachas imprudentes nos representan muy bien a nosotras, que encontramos en la Palabra de Dios consejos para nuestra enseñanza e instrucción, a fin de que podamos caminar tranquilamente por este valle de tentaciones y lograr llegar a la meta ansiada. Tú. que vives en un siglo de luces y avances, ¿en qué bando te colocarás?
«Señor, abre mis oídos para que siempre reconozca tu voz».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera