«El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre», Proverbios 27: 17.El tren había emprendido su marcha. En una de las estaciones subió al tren una mujer mayor. Por supuesto deseaba sentarse, pero el vagón parecía estar lleno; caminó por el pasillo para ver si algún asiento estaba desocupado.La dama avanzó. Sucedía que en ese tren viajaba también un grupo de soldados, acompañados por su coronel. Al pasar la anciana cerca de aquellos hombres, estos solamente la miraron y la ignoraron. Parecía que tendría que hacer el viaje de pie, pues no había asientos vacíos y nadie cedió el suyo.De pronto se escuchó la voz del coronel:-Señora, venga por favor, siéntese aquí.La mujer sonrió, le agradeció y se sentó en el asiento que le ofrecían.Varios soldados se pusieron de pie para ofrecerle su lugar al oficial que ahora estaba de pie. Iba a ser un privilegio para cualquiera de ellos que él aceptara sentarse en alguno de esos asientos. Pero simplemente anunció:-Muchas gracias. He decidido permanecer de pie. Si no hubo lugar para esta mujer, tampoco hay para su coronel.Hay que ser corteses con toda la gente, pero muchas veces nos olvidamos de los mayores. Qué hermoso es tratar con cariño, respeto y cortesía a estas personas, y en sus años de cansancio necesitan ayuda.Es de personas educadas conceder el asiento a una persona mayor que tú, también a un discapacitado o a una madre que lleva a su hijo en brazos. Si se lo pides, Cristo te ayudará a actuar así.Tomado de meditaciones matinales para menoresConéctate con JesúsPor Noemí Gil Gálvez
Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás y no perdonaras a aquel lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? (Génesis 18:24).«Yo me casé engañada. Él antes no era así». Frases como esta son comuñes en nuestros días. ¿Es que acaso esperábamos casarnos con alguien perfecto? ¿Existe esa posibilidad o debemos admitir que todos tenemos defectos?Bien sabía Abraham que no hay nadie perfecto y que en el corazón de los hombres que viven separados de Dios no existe más que maldad. Pero a pesar de conocer la depravación de los habitantes de Sodoma y Gomorra, Abraham dialogó con Dios en busca de misericordia y perdón. ¿Por qué? Porque además de saber cómo es la naturaleza humana, Abraham también sabía cómo es la naturaleza divina. La pregunta que le hizo al Dios de amor que se preparaba para destruir, llega a nuestros hogares instándonos a meditar en el perdón.Escucha la voz divina diciéndote: «Si tienes problemas en tu matrimonio, ¿le pondrás fin sin perdonar?». Puede ser que tú no tengas la culpa de lo que está sucediendo en tu hogar, pero piensa antes de actuar que el amor puede superar todo obstáculo. Tal vez consideras que tu pareja se merece que le pidas el divorcio, pero ¿sabes que los habitantes de Sodoma y Gomorra también merecían el castigo divino? Aun así, Dios los perdonó.Cuando todo parece un continuo fracaso en tu vida matrimonial, en tus relaciones afectivas y sociales, ¿estás dispuesta a dialogar con tu Dios para que te enseñe a perdonar y a amar como él ha hecho contigo?
La Biblia asegura que no podernos amar a Dios si no somos capaces de amar a nuestros semejantes. Antes de criticar y condenar a tu pareja, antes de ciarte por vencida y alejar de ti el perdón divino, recuerda que muchos hogares se han salvado y muchas relaciones se han restaurado gracias al antídoto del perdón divino. No dejes pasar la oportunidad de beber esa dosis celestial que te mostrará la felicidad; porque el perdón le reconcilia con tu pareja, con tus hijos, con tus amigos c incluso con tus enemigos, pero sobre todo con tu Dios. Señor, concédeme tu perdón.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Santiago 4:4.Uno de los grandes engaños que el enemigo de Dios procura introducir en el pensamiento humano es que es posible mantenerse neutral en medio del conflicto entre el bien y el mal.En la Biblia se presenta otra situación: o somos amigos de Dios y enemigos del diablo, o somos amigos del diablo y enemigos de Dios. Para algunos, hablar en estos términos es ser inflexible o fanático, como si no fuera real este concepto o fuera algo negociable; pero más allá de tales opiniones lo que realmente importa es lo que sostienen las Escrituras, y ellas dicen que solo hay dos caminos: o somos amigos o enemigos de Dios.Presta atención. Jesús en el sermón del Monte señaló que están los que tienen sabor y los insípidos, los que alumbran y los que no alumbran, los que guardan la ley y los que no la guardan, los que aman a sus enemigos y los que los odian, los que oran para ser vistos y los que oran para encontrarse con Dios, los que hacen tesoros en la tierra y los que hacen tesoros en el cielo, la puerta ancha o la puerta estrecha, el camino ancho o el camino angosto, los cimientos en la arena o los cimientos en la roca (Mat. 5-7).¿Te das cuenta? Si no somos amigos de Dios, somos amigos de su enemigo. Esto trae a mi memoria a una alumna que no quería que su amiga tuviera otras amigas. Como era hija única y estaba acostumbrada a recibir toda la atención en su hogar, pretendía que su amiga fuera amiga de ella sola y de nadie más.En términos humanos podemos tener numerosos amigos sin que eso nos convierta en enemigos de otros, pero en términos espirituales no es así. Por eso es importante analizar qué cosa o cosas nos atan a este mundo y pueden hacer tambalear nuestra amistad con Dios.De parte del Señor está el ofrecimiento permanente de su amistad, porque todo lo que hay en este mundo pasará y dejará de ser, pero su amor incondicional es eterno. Jesús desea que su amistad contigo comience aquí en la tierra y continúe en el cielo, después que él venga a buscarnos. Acepta la invitación que él te hace: elige ser amigo de Dios siempre.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuela
Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13.La noche avanza, y avanzan también sus pesadillas. Braulio no duerme. Fantasmas imaginarios invaden su noche solitaria, y la transforman en preámbulo de muerte. Siempre es así, desde los quince años, cuando empezó a usar cocaína. Ya pasaron siete largos años; tiempo de dolor, de promesas incumplidas, de lágrimas y de abandono.Braulio sufre más al percibir el sufrimiento de sus padres; los ama, aunque ellos no lo crean. Daría la vida por verlos felices y orgullosos del hijo primogénito, pero no tiene voluntad. El vicio se ha apoderado completamente de él.Pero, esta noche es diferente. El hombre que diserta en la televisión habla de esperanza, de restauración, de una nueva vida. Cuenta historias de vidas destruidas por los vicios, y de la manera maravillosa en que Dios restauró esas vidas. Y Braulio quiere creer, pero no puede. Ya creyó en tanta cosa, y nada dio resultado. Tiene miedo de seguir frustrándose, y engañando a sus padres; por eso decide cambiar de canal. Entonces sucede algo imprevisto: las cámaras cierran en el plano del rostro de la persona que habla en la televisión y, sin querer, el joven drogadicto se encuentra cara a cara conmigo, y oye mi voz:-No eres tú; es Dios quien lo hará. Tus promesas son promesas de arena; tú no tienes fuerza de voluntad. Lo que estás sintiendo en este momento ya es el trabajo del Espíritu Santo, en tu corazón. Deja que Dios termine lo que está comenzando a hacer.Y Braulio cree. Acepta el milagro divino, y continúa viendo el programa. Cuando termino de hacer el llamado, el muchacho se arrodilla delante de la televisión, y llora. "Señor", dice, "yo no tengo fuerzas; no soy nadie, no puedo ni quiero. Pero, si el querer y el hacer son tuyos, entonces opera el milagro en mi vida y libérame de este vicio".Conocí a Braulio años después. Un día, mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto de Dallas, un joven elegante, maletín de ejecutivo en la mano, se aproximó a mí y me preguntó:-¿Es usted el pastor Bullón?Al oír mi respuesta, me abrazó con emoción, y me dijo:-No sabe cómo agradezco a Dios porque aquella noche triste, de mi triste vida, él lo usó a usted como instrumento para traer esperanza a mi corazón.Por eso, sin importar cuál sea la lucha que tú enfrentas, comienza este día seguro de que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,por su buena voluntad".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón
«Salúdense los unos a los otros con un beso de amor fraternal», 1 Pedro 5: 14.Escribe el nombre de los personajes bíblicos a que se refiere cada descripción, para que puedas formar el acróstico.- No mostró cortesía al enojarse con su hermano y se convirtió en el primer asesino.
- Quiso acompañar a su suegra en primera instancia, pero prefirió regresar a su pueblo.
- Jovencita cortés que hasta agua le dio a los camellos.
- El abuelo de Isaac, que salió de Ur de los Caldeos.
- Profeta que mostró respeto al rey Josafat.
- Mujer a quien su cuñada rechazó porque era morena.
- De niño ayudó a su padre a preparar su propio sacrificio.
- Joven que se mostraba amable con el pueblo para quedarse con el reino de su padre.
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La cortesía no siempre la demostramos en casa. A veces se nos olvida que nuestra familia es lo más importante que tenemos y debemos tratarla muy bien.Tomado de meditaciones matinales para menoresConéctate con JesúsPor Noemí Gil Gálvez
Me devuelven mal por bien y odio por amor (Salmos 109:5).Muchas veces nos lamentamos por los golpes que recibimos. Lloramos y nos quejamos, cuestionamos a Dios y le preguntamos por qué. Aunque vivimos en un mundo donde predomina la injusticia, somos alérgicos a que se nos trate injustamente. Sin embargo, a veces somos injustos con los demás, incluso sin darnos cuenta. Por eso nos rebelamos, luchamos y pataleamos, quejándonos a Dios como si fuera el responsable.Si pudiéramos ver cómo Dios toma nota de cada acto hiriente, tendríamos más cuidado al escoger el bando en el que posicionarnos. Si somos criticadas y juzgadas injustamente, no debemos sentirnos por ello las más dignas de lástima, ni tan siquiera víctimas, sino luchadoras que pelean la buena batalla y que vencen gracias a la sangre del Cordero. Dignas de lástima seríamos si nos convirtiésemos en juezas, calumniadoras, mentirosas o chismosas.El autor de nuestro texto de hoy estaba experimentando la injusticia humana, recibiendo lo que no había dado. Debía comprender que cuando el amor es el que nos motiva a dar, no hemos de esperar recibir nada a cambio. Así que. cuando mires al cielo para quejarte por la ingratitud que recibes, considera primero todas estas cosas.No seas nunca portadora del látigo, más bien alégrate porque eres de las que recibes doble porción: el látigo ajeno y el bálsamo divino. En el plan de salvación estaba previsto que alguien traicionaría al Mesías, pero qué lástima para Judas que fuera él. Del mismo modo, en la iglesia siempre habrá personas dispuestas a herir, pero qué triste ser una de ellas.Cuando alguien te lastime con el dardo venenoso de la ingratitud, recuerda que Cristo fue herido por ti. Si sientes que es muy profunda la herida, acude a él y seguramente hallarás fuerzas para seguir y salir victoriosa. No te rindas. Comparte hoy tus experiencias de victoria así como yo he compartido las mías contigo, y verás que el peso que te agobia se aligerará, porque ya no lo cargarás sola, sino que Cristo lo llevará por ti. Sigue amando «a pesar de».El amor sigue besando, aun cuándo está herido.Tomado de meditaciones matutinas para mujeresDe la Mano del SeñorPor Ruth Herrera
He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28:20.La sociabilidad es una de las cualidades que poseemos los seres humanos y que fue dada por Dios. Nuestro Creador nos diseñó como seres que poseen la capacidad de relacionarse con otros seres similares en el plano espiritual, emocional, mental y físico.Por diversas razones, no todos tienen la virtud de relacionarse bien con otras personas, y este era el caso de uno de mis alumnos en el colegio. Inteligente, despierto e inquieto, no paraba de molestar y perseguir a compañeros y compañeras del aula. En varias situaciones me vi obligado a llamarle la atención para que se tranquilizara y dejara en paz al resto de los alumnos, quienes a veces se sentían incómodos por sus chistes y bromas.A medida que avanzó el año, su rendimiento escolar fue decayendo, así que en una entrevista en mi oficina conversamos largo y tendido por ese motivo. Mi sorpresa fue que al conocerlo y tratarlo personalmente, advertí que el problema real era que se sentía solo y no tenía amigos. Sus padres trabajaban todo el día, así que no tenía con quién conversar en su hogar; sus chistes y bromas solo eran para llamar la atención y sentirse querido por alguien, pero en el aula sentía que nadie era su amigo o amiga. Oramos para que sus calificaciones mejoraran, pero también oramos para que el Señor le quitara ese vacío interior que llamamos soledad.No todos hemos experimentado el sentimiento de soledad, pero es bastante común. Muchas personas desearían tener amigos para poder compartir su vida, para sentirse queridos, comprendidos y acompañados. Desafortunadamente, les toca enfrentar solos todos sus desafíos.A todos ellos, el Amigo de los amigos les dice: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Cada día y todos los días podemos disponer de la compañía y amistad de Jesús. Cada día tenemos la posibilidad de buscarlo para que nos escuche y atienda nuestros pedidos. Cada día podemos sentir su amor y su cariño como si fuéramos los únicos seres del mundo. La gran promesa de Jesús de estar contigo "hasta el fin del mundo" permanece inalterable hasta el presente, para que la recuerdes en todo momento, especialmente cuando sientas que no tienes amigos. Quizá te digas: "No siento que Jesús esté conmigo", pero déjame decirte que no necesitas sentirlo, debes creerlo, porque ese Jesús que lo prometió se hará presente en tu vida a través de la fe.Tomado de meditaciones matinales para jóvenesEncuentros con JesúsPor David Brizuela
No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Mateo 6:8.Si Dios conoce tus necesidades antes de que le pidas cualquier cosa, ¿por qué necesitas orar? Muchos piensan que la oración tiene, como propósito, informar a Dios acerca de la situación difícil por la que están atravesando; pero, no es así. El propósito principal de la oración es la comunicación con Dios.¿Imaginaste cómo sería la vida si las personas se aproximasen unas a las otras solo para pedirse cosas? Sería un acercamiento egoísta y sin significado. Las personas conversan por el simple placer de conversar; para cultivar el compañerismo, la amistad, y para conocerse mejor.La oración no es otra cosa que conversar con Dios. ¿Sobre qué? ¡Sobre todo! Orar es abrir el corazón a Dios como a un amigo. ¿De qué conversan los amigos? De todo: deportes, noviazgo, cocina, trabajo, automóvil, finanzas; y, a veces, de cosas insignificantes e irrelevantes, solo para pasar tiempo con el amigo.¿Es Jesús, para ti, el mejor amigo? Entonces, ábrele tu corazón. Pasa tiempo con él, a solas. Sepárate de las multitudes y, en tu habitación, exprésale a tu mejor Amigo todo lo que estás sintiendo: tus tristezas, dolores, alegrías, sueños y frustraciones.Al hacer eso, no le estás informando de nada; Jesús ya sabe lo que te está sucediendo. Pero, cuando tú se lo cuentas, algo extraordinario sucede dentro de ti. Al levantarte de tus rodillas, percibes las dificultades desde una perspectiva diferente. El temor, las dudas y la desconfianza desaparecen, y te sientes con valor para enfrentar los embates de la vida.En vez de rumiar tus tristezas y preocupaciones, en soledad, dando lugar a la ansiedad, cuéntale a Jesús lo que te está perturbando. El versículo de hoy aconseja: "No hagáis como ellos" ¿Quiénes son ellos? Quienes no conocen a Jesús. Los que tratan de resolver sus problemas solos, creyendo que la fuerza de voluntad o la disciplina mental son suficientes para salir de las dificultades.Hoy es un nuevo día; ayer ya se fue. Pudo haber sido un ayer lleno de momentos tristes, pero ya es pasado. Abre las ventanas de tu corazón a los nuevos desafíos que la vida te presente. Nada está perdido cuando estás con Jesús. Pero, no salgas sin recordar el consejo del maestro: "No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis".Tomado de meditaciones matinales para adultosPlenitud en CristoPor Alejandro Bullón