sábado, 20 de abril de 2013

UN LADRÓN EN EL TREN

Lugar:Europa
Palaabra de Dios: 1 Tesalonicenses 5:2, 4-6

Mientras viajábamos por Europa, mi familia pasó varias noches sobre el tren. Nos subíamos al tren a la noche y cuando nos despertábamos, a la mañana siguiente, estábamos en otro país. Cada vagón tenía una cantidad de compartimientos para seis personas, y como nosotros éramos seis, teníamos un compartimiento para nosotros solos.
¿Alguien vio mi cartera? -preguntó mi mamá una mañana. Rápidamente te buscamos en el estante sobre nuestras cabezas. Miramos debajo de los asientos. Buscamos por todas partes, pero no pudimos encontrar la cartera. Alguien debió haber entrado durante la noche y se la había llevado. Afortunadamente, no tenía nada de valor allí, ya que mi papá tenía nuestro dinero, pasaportes y otros documentos importantes.
Cuando mi mamá fue al baño del tren, allí encontró, desparramada en el piso, el contenido de su cartera. Aparentemente, el ladrón se había chasqueado con lo que había encontrado. Desde ese momento, estuvimos más alerta. Mi papá dormía con un extremo del cinturón alrededor de su muñeca y el otro en la manija de la puerta. De esa munera, si alguien abría la puerta, tiraría del brazo de mi papá y lo despertaría.
La Biblia dice que "el día del Señor llegará como ladrón en la noche". En otras palabras, así como el ladrón nos sorprendió porque no estábamos atentos, la segunda venida de Jesús tomará a algunos por sorpresa. Pero, esa no es la manera en que necesariamente tiene que Ser. La Biblia continúa diciendo: "Ustedes, en cambio, hermanos, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio".

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

UN BOLETO AL CIELO

Jesucristo es «la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular». De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos. Hechos 4:11-12.

Una de las cosas más frustrantes que me ha pasado en la vida es llegar al mostrador de una aerolínea en un aeropuerto para hacer efectiva una reserva y, a pesar de tener mi boleto en la mano, tener que oír cómo el dependiente me dice que no estoy en la lista de pasajeros del avión. ¿Te ha pasado alguna vez?
Para mí fue una experiencia realmente horrible, sobre todo porque teníamos la seguridad de que nada estropearía nuestra llegada a destino. Por un momento una solo ve barreras, las puertas parecen cerrarse, y no se sabe qué hacer.
Lo mismo sucederá a muchos en su viaje al cielo; pensarán que ya tienen el pase o el boleto para llegar allá, pero se llevarán un gran chasco cuando comprueben que el boleto obtenido no es válido y que no podrán llegar a su destino. Hicieron la reserva equivocada, y se confiaron en exceso.
Son muchas las iglesias, doctrinas y filosofías que prometen llevarnos hasta Dios. Nos aseguran que la travesía por el mundo será fácil, placentera y segura hasta que lleguemos al cielo. Desgraciadamente, muchas personas serán seducidas por estos planteamientos y caerán en la trampa. Cuando creen tener todo listo para la vida eterna, resulta que están obteniendo un boleto no válido.
El único boleto seguro para viajar al cielo es el que obtenemos cuando nos apropiamos de la sangre de Cristo vertida en la cruz, y por fe rendimos nuestra vida a sus pies para que él nos indique el camino. Cuando hagas tu reserva para el destino final de tu vida, no olvides estos requisitos.
La seducción satánica toca con bastante insistencia la conciencia de nosotras, las mujeres. Esta seducción consiste en llevarnos por caminos incorrectos, pero que a simple vista parecen rectos, buenos y seguros. Jesús, por medio de su Palabra, nos advierte: «Yo soy el camino, la verdad y la vida [...]. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14: 6).
Amiga, revisemos cada día la senda por donde transitamos, apliquemos con determinación un «así dice el Señor» a cada decisión que tomemos, teniendo en cuenta que no solamente nos afectarán a nosotras, sino también a los que vienen detrás.

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

EL MISTERIO DE LA MANO ASESINA

Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno (Mateo 5: 30).

Hace más de sesenta años una mujer de mediana edad entró a la clínica del famoso neurólogo Kurt Goldstein buscando ayuda. La mujer conversaba con fluidez y no habla nada en su apariencia o comportamiento que indicara que tuviera algún problema de salud. Sin embargo, se quejaba de un padecimiento realmente extraordinario: de vez en cuando su mano izquierda se precipitaba hacia su garganta y trataba de estrangularla. A menudo estos ataques repentinos eran tan difíciles de controlar que la mujer tenía que dominar la mano asesina con su mano derecha y retirarla hacia su costado. De hecho, en ciertas ocasiones, la pobre mujer tenía que sentarse sobre su mano izquierda para evitar otra embestida violenta.
La mujer no estaba loca. Su médico anterior la había enviado a varios psiquiatras en busca de una solución, pero ellos se dieron cuenta de que el problema no era un trastorno mental, psicosis o histeria. Después de examinarla, el doctor Goldstein llegó a la conclusión de que la mujer debía haber sufrido una embolia que había dañado el cuerpo calloso. Este es un tejido nervioso muy importante que coordina la comunicación" entre ambos hemisferios del cerebro. Goldstein sospechó que deberían existir en el hemisferio derecho del cerebro de esta mujer algunas tendencias suicidas latentes que habían sido inhibidas exitosamente por el hemisferio izquierdo. Pero la embolia había dañado la comunicación entre ambos hemisferios y ahora el hemisferio derecho había quedado libre para llevar a cabo sus intenciones siniestras.
Poco después la mujer murió repentinamente, probablemente por una segunda embolia (no te preocupes, no se estranguló a sí misma). La autopsia confirmó las sospechas del doctor Goldstein. Antes de que se iniciara el extraño comportamiento de la mano izquierda, esta mujer había sufrido una embolia masiva que había dañado el cuerpo calloso.
Si te analizas con cuidado encontrarás que muchas veces los miembros de nuestro cuerpo amenazan nuestra propia vida. Sansón fue traicionado por sus propios ojos. David fue vencido por sus propios impulsos sensuales. De acuerdo con el sabio Salomón, la lengua es el enemigo mortal del necio. Por eso, de forma figurada, Jesús indicó que era necesario cortar el miembro rebelde si hemos de sobrevivir. Además, es necesario restaurar nuestra comunicación con Dios si queremos restaurar el control de nuestros miembros.
¿Hay algún miembro de tu cuerpo que hoy debas dominar? Puedes hacerlo con la ayuda de Dios.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

EL MATRIMONIO DEL HIJO DEL REY

El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas estos no quisieron venir. Mateo 22:2, 3 (lea Mateo 22:1-14).

El rey envió sus mensajeros primeramente a los que habían sido llamados como su pueblo especial. Pero estos, con toda intención de asegurar ganancia personal, enviaron su negativa con las palabras: "Ruego que me disculpen”…
Cuando el grupo que fue llamado primero rechazó la invitación, el rey envió a sus mensajeros a los caminos, donde encontraron a los que no estaban tan ocupados en el trabajo de comprar y vender, sembrar y edificar...
"Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Más él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mat. 22:11-13).
Hay quienes vienen para disfrutar los privilegios del banquete de la verdad, pero no han comido la carne ni bebido la sangre del Hijo de Dios. Dicen creer y enseñar la Palabra a otros, pero obran las obras de la injusticia...
La invitación rechazada por los que fueron llamados primero fue enviada a otro grupo. Fue dada al mundo gentil. Y primero hubo de ser proclamada en "los caminos" a quienes tenían una parte activa en el trabajo del mundo, a los líderes y maestros de la humanidad...
Quienes dan el último mensaje de misericordia a un mundo caído no han de pasar por alto a los ministros. Los siervos de Dios han de acercarse a ellos como personas que tienen un profundo interés en su bienestar e interceder por ellos en oración...
Para que no pensemos que debemos pensar únicamente en los grandes y los dotados, y descuidemos a las clases más pobres, los que están en circunstancias humildes, Cristo en la parábola de la gran cena instruye a sus mensajeros que también vayan a los que están en los caminos y veredas, a los pobres y humildes de esta tierra... Se han de ejercer esfuerzos por todas las clases.— Review and Herald, 8 de mayo de 1900.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White

viernes, 19 de abril de 2013

HORA DE DUCHARSE

Lugar: Francia 
Palabra de Dios: Mateo 8:2,3; Salmo 51:2,7

Si hubieras estado en la Exhibición de la Bicicleta en París, en 1897, habrías visto un aparato muy raro. Se exhibía un aparato para ducharse diseñado por un inventor inglés. Lo diferente que tenía era su fuente de energía: algo parecido a una bicicleta, accionado por pedales.
Aparentemente, si querías lavarte, había que trabajar. En lugar de dar vuelta una llave para abrir o cerrar el agua, la ducha tenía un pedal que controlaba el flujo del agua. Cuanto más pedalearas, más agua podías tener. Para tener un chorro de agua más grande, había que pedalear más.
Afortunadamente, estar limpio no tiene que ser tan difícil, ni física ni espiritualmente. La Biblia cuenta la historia de un leproso. En esa época, la sociedad consideraba inmundos a los leprosos y los aislaba. El leproso se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. "-Señor, si quieres, puedes limpiarme -le dijo". Él sabía que Jesús tenía el poder para curarlo.
Jesús no lo hizo a un lado, como habrían hecho otros, ni se apartó de él. En lugar de eso, extendió su mano y tocó al hombre. "-Sí quiero -le dijo-. ¡Queda limpio!" El leproso fue curado de su enfermedad inmediatamente, y pudo volver a reunirse con su familia y sus amigos una vez más.
Eso es lo que Jesús nos dice a cada uno de nosotros. "Sí quiero. ¡Sé limpio!" Él podría damos un empujón, pero, en lugar de eso, se acerca a nosotros. Él quiere sanarnos espiritualmente; quiere tomar nuestras vidas manchadas de pecado y limpiarnos.
Hoy, unámonos al salmista, pidiendo a Dios: "Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado". '"Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve".

Tomado de Devocionales para menores
En algún lugar del mundo
Por Helen Lee Robinson

LA ABUNDANCIA ES DE DIOS Y TAMBIÉN TUYA

Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad. Proverbios 3:1-2.

No podemos permanecer ajenas a las circunstancias de nuestro mundo. La palabra «crisis» es el vocablo que mejor describe lo que pasa en todo orden de cosas. Crisis en los gobiernos y los gobernantes, crisis económicas, crisis de valores, etcétera, son asunto de estudio y análisis por parte de muchos profesionales, pero la solución parece cada día más lejana. Por otro lado, la miseria aparte de ser la nota tónica que rige la vida del ser humano. Nos hace falta de todo.
Sumida en la pobreza espiritual, la humanidad niega la existencia de Dios. La pobreza moral hace estragos en la vida de hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños, llevándolos a negar la eficacia de los valores. Por otro lado, el hambre es lo único que se sirve a la mesa en millones de hogares.
Nadar en la abundancia no es algo que esté al alcance de todo ser humano simplemente porque así lo decida, sino que la prosperidad la da Dios. No está en manos de los gobiernos del mundo resolver la pobreza y la miseria que nos rodean. El Dios de la abundancia, al crearnos, nos regaló todo lo necesario para que no sufriéramos escasez. Las fuentes de bendiciones estaban abiertas para satisfacer todas nuestras necesidades, pero el despilfarro humano nos condujo a la miseria.
Ningún plan humano logrará restituir lo que hemos perdido, pero la mano de Dios todavía se abre generosa para brindarnos lo que nos hace falta. Su promesa es: «Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10:10).
Sigue las indicaciones divinas para hacer posible esta promesa:
«Honra al Señor con tus riquezas [...]. Así tus graneros se llenarán a reventar» (Prov. 3:9-10).
«Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro» (Prov. 3: 13-14).
«El oro, aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo se revele» (1 Ped. 1:7).

Tomado de Meditaciones Matutinas para la mujer
Aliento para cada día
Por Erna Alvarado

PEOR QUE EL CÁNCER

El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos (Proverbios 14:30).

Pocos estados de ánimo son tan dañinos para la salud emocional como la envidia. Como dice Salomón, la envidia es como carcoma, o peor, cáncer, en los huesos. Va destruyendo poco a poco al ser humano, hasta acabar con su vida. Además, le impide disfrutar las alegrías cotidianas. La envidia, como dice Baltasar Gracian, mata al que la padece, tantas veces como la persona a la que envidia reciba elogios.
La envidia es una enfermedad tan mala y contagiosa, que quien la padece nunca lo admite. Incluso reconocerse como envidioso se considera más vergonzoso que delatarse como el peor de los delincuentes. Por eso lo mejor es negarla y simular que no pasa nada. ¡Y qué decir cuando se le imputa a una persona respetable! ¡Ni pensarlo! No se puede aceptar de ningún modo.
¿Has sentido envidia hacia alguno de tus amigos? ¿Tienes envidia de tu hermano mayor porque él tiene una novia hermosa? ¿Te molesta ver a tu mejor amiga con el joven que tanto te gusta? Por si no bastara con nuestros malos deseos, la envidia tiene embajadores por todas partes y no falta quien te siembre actitudes envidiosas hacia los demás o invente algún ardid para desarrollar dicha insatisfacción en tu corazón. ¿Qué hacer cuando te das cuenta de que la envidia ha empezado a ganar espacios en tu conciencia?
En realidad, no existe defensa humana contra esta enfermedad. ¿Qué te parece? Es mucho más grave de lo que te imaginas. Solo el poder del Espíritu Santo puede salvarnos de este veneno, de este cáncer de los huesos llamado envidia. Por eso es necesario prevenir su aparición y vacunarnos a través de la oración todos los días. Y si ya hay indicios de su presencia en tu corazón, no hay tiempo que perder. Suplica al cielo que la erradique. De otra manera, la amargura, la insatisfacción y la enemistad serán los principales rasgos de tu carácter.
La buena noticia es que para Dios no hay imposibles. Él puede transformar tu corazón y convertirte en una persona que aprenda a disfrutar el éxito de los demás, alegrías ajenas y los logros de tus semejantes. Lo anterior es evidencia de madurez emocional y solidez espiritual. Entonces, te estarás preparando para vivir en el reino de los cielos, un sitio donde todos sus habitantes celebran, gozan y colaboran en la felicidad de su prójimo.

Tomado de Meditaciones Matutinas para jóvenes
¿Sabías que..? Relatos y anécdotas para jóvenes
Por Félix H. Cortez

¿CUÁNTAS VECES DEBO PERDONAR?

Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. Mateo 18:22 (lea Mateo 18:15-35).

Pedro había ido a Cristo con la pregunta: "¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?"... No "hasta siete —dijo él—, sino aun hasta setenta veces siete"...
"El reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.
"Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso"...
Esta parábola intenta mostrar el espíritu de ternura y compasión que debiéramos manifestar hacia otros. El perdón de este rey representa un perdón que es sobrenatural: un perdón divino de todo pecado. El rey, quien, movido a la compasión, perdonó la deuda de su siervo, representa a Cristo...
En la parábola se revocó la sentencia cuando el deudor pidió una prórroga, en la promesa: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo". Toda la deuda fue cancelada, y pronto se le dio una oportunidad de seguir el ejemplo del señor que le había perdonado... Pero el que había sido tratado tan misericordiosamente, trató a su consiervo en una forma completamente distinta...
La lección a aprender es que debemos tener el espíritu del perdón verdadero, al igual que Cristo perdona a los pecadores, quienes de ninguna manera pueden pagar su enorme deuda. Hemos de tener en mente que Cristo ha pagado mi precio infinito por los seres humanos falibles, y hemos de tratarlos como la posesión comprada por Cristo. — Review and Herald, 3 de enero de 1899; parcialmente en Palabras de vida del gran Maestro, pp. 190-192.

Tomado de Meditaciones Matutinas para adultos
Desde el Corazón
Por Elena G. de White