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jueves, 7 de abril de 2016

RECIBIENDO UN “CHIRLO” DE DIOS

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina. Hebreos 12:5,6.

Raramente usamos la palabra “disciplinar” estos días. Esta tiene que ver con corrección y castigo, y tanto Moisés como Aarón tenían que ser corregidos por su impaciencia en Cades. Dios les dijo que no podrían entrar en Canaán. Después de todos esos años de haber vagado por el desierto, ¡no podrían entrar a la increíble tierra!
A primera vista, no parece justo, ¿verdad?
¿Era un pecado tan serio golpear la roca dos veces porque estaban enojados?
Miremos la situación más profundamente. Nos ayudará a entender más sobre nuestro amoroso Dios.
Moisés había elevado su voz cuando estaba irritado, y había dicho impacientemente: “¡Oigan ahora, ustedes, rebeldes!” Los hijos de Israel eran rebeldes, pero incluso la verdad no debería ser dicha con enojo. Cuando Dios llamó al pueblo “rebelde”, a Moisés le fue doloroso decirles la verdad. Ahora él mismo se atrevió a decirles la verdad mientras estaba enojado, lastimando al Espíritu Santo y haciendo un gran daño entre el pueblo.
Ahora sospechaban que pudo haber estado encubriendo su impaciencia personal todo el tiempo. Quizá solo estaba alegando que Dios le dijo que moliera el becerro de oro hasta convertirlo en polvo. Con estos pensamientos, podrían rechazar todos los juicios de Dios con la idea de que, de todos modos, no era Dios realmente quien estaba hablando.
Moisés también había arruinado la maravillosa lección que Dios quería que el pueblo aprendiera sobre la roca, que era un símbolo de Cristo. Así como fue golpeada una vez, también Cristo iba a morir solo una vez. “La segunda vez bastaba hablar a la roca, así como ahora solo tenemos que pedir las bendiciones en el nombre de Jesús. Al herir la roca por segunda vez, se destruyó el significado de esta bella figura de Cristo” (Patriarcas y profetas, p. 442).
Más que esto, tanto Moisés como Aarón se atribuyeron el poder que pertenece solo a Dios. Cuando preguntaron: “¿Acaso debemos sacarles agua de esta roca?”, se estaban colocando en el lugar de Dios. El Señor fue deshonrado enfrente de todos.
Por eso fue necesario mostrar al pueblo que Dios no hace favoritismos con sus líderes escogidos, ni tolera el pecado en ninguna de sus formas.

Tomado de devoción matutina para menores 2016
¡GENIAL! Dios tiene un plan para ti
Por: Jan S. Doward
#GenialDiosTieneUnPlanParaTi #MeditacionesMatutinas #DevociónMatutinaParaMenores #vigorespiritual #plenitudespiritual #FliaHernándezQuitian

lunes, 10 de diciembre de 2012

ELIMINAR LO QUE CARECE DE VALOR


«Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:5,6).

A mi esposa y a mí nos gusta salir a dar un paseo cada día. Dicen que caminar es el mejor ejercicio. Donde vivimos hay kilómetros de acera pavimentada, por lo que caminar resulta una actividad agradable.
Una mañana, mientras andábamos, vimos que un mandarinero extendía sus ramas por encima de la cerca. Estaba repleto de mandarinas; así que tomé un par para comerlas durante el paseo. Pelé una y me llevé un gajo a la boca. Era terriblemente amarga. Más tarde leímos sobre cómo cuidar los árboles de cítricos. El artículo decía que, si no se podan a menudo, vuelven a su estado salvaje. Esto respondió a mi pregunta de por qué la fruta que quise comer por la mañana sabía tan amarga. Era obvio; el árbol nunca había sido podado.
Cuando me enteré de ello, fui donde tenemos plantado el toronjero y, con unas tijeras de podar, corté todos los brotes que crecían fuera de la copa. Nunca darían fruto y, sin embargo, debilitarían al árbol e impedirían que la luz del sol alcanzase el tronco.
Cuando entendí la importancia de podar mi toronjero, comprendí lo que Jesús quiso decir al declarar: «Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto» (Juan 15:2).
La poda hace que el árbol frutal crezca sano y, como resultado, dé más fruto. Eliminar los brotes estériles no hace daño al árbol. Así como es preciso podar los árboles para que no vuelvan a su estado salvaje y no den frutos amargos, Dios conoce qué hay en nuestra vida que nos impide crecer espiritualmente o puede hacemos volver al mundo. A diferencia de mi toronjero, que Dios nos «pode» puede ser doloroso. Sin embargo, «sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Rom. 8:28).  Basado en Juan 15:1-6

Tomado de Meditaciones Matutinas
Tras sus huellas, El evangelio según Jesucristo
Por Richard O´Ffill